EL REINO DE DIOS Y LA TRANSFORMACIÓN DEL INDIVIDUO Jorge Himitian



Introducción

Es muy notable observar en las últimas seis décadas el crecimiento numérico del pueblo evangélico en muchos países de África, Asia y América Latina. También es animador ver en este período de la historia un nuevo derramamiento del Espíritu en casi todos los países del mundo. Además hoy existe en la iglesia de todos las naciones una mayor apertura a la acción del Espíritu Santo, una nueva expresión en la alabanza y la adoración, en todas partes se habla de discipulado, de la unidad de la iglesia, y de la misión integral de la iglesia en el mundo. Gracias a Dios por todo ello.
Pero lejos de caer en un engañoso triunfalismo, serena y objetivamente debemos revisar nuestros puntos flojos para superarlos. Las estadísticas sobre el crecimiento de la iglesia solo tienen en cuenta la cantidad pero no la calidad de los creyentes evangélicos. Hoy día, hay en todas partes una especie de fiebre por la cantidad, pero no por la unidad, y menos aún por la calidad.
Necesitamos replantearnos algunas cosas básicas. ¿Acaso nuestro objetivo es meramente lograr las naciones del mundo tengan una mayoría evangélica? ¿Qué de la calidad de vida? ¿Porqué hay tanta mediocridad en el carácter y en la conducta de muchos cristianos? ¿Qué de los cambios morales y sociales que el evangelio debe producir en las naciones? ¿Dónde están los hombres y las mujeres que están siendo transformados a la imagen de Cristo? ¿Por qué es tan débil la influencia de la iglesia sobre la sociedad?
Necesitamos seria y profundamente revisar, evaluar nuestra realidad y a fin llegar a ser en nuestra generación la sal de la tierra y la luz del mundo como el Señor lo declaró.

Primera Parte: ¿QUÉ ES TRANSFORMACIÓN?

1. LA CONDICIÓN DE LA SOCIEDAD

Dios creó al hombre a su imagen y semejanza (Génesis 1.26-17), es decir, con sus mismas virtudes morales y espirituales, pero el pecado deformó la imagen de Dios en el ser humano.
La sociedad actual tiene un estilo de vida muy opuesto al carácter de Dios.

• Dios es AMOR, pródigo, generoso, da de lo que suyo en abundancia.
 En la sociedad prevalece el egoísmo, el individualismo, el materialismo, la avaricia.

• Dios es SANTO, santísimo. No existe en él la más mínima sombra de pecado.
 En la humanidad hay tanto pecado, inmundicia moral, sexo libre, prostitución, adulterio, mentira, engaño, corrupción, soborno.

• Dios es JUSTO. En la sociedad hay tantas injusticias, robos, estafas, corrupción, soborno, leyes injustas, juicios injustos, discriminación racial. Existe una injusta distribución de las riquezas tanto a nivel personal, empresarial, nacional como
internacional. Hay explotación laboral, violencia familiar, abuso de autoridad.

• Dios es LUZ, es VERDAD. Los hombres, mentirosos, engañadores, hipócritas, falsos.

• Dios es PAZ. La historia de la humanidad se caracteriza por las peleas, la violencia, las guerras, el odio, los crímenes, las agresiones, insolencias, desórdenes.

• Dios es FIEL, cumple el pacto. Cuánta infidelidad hay en los pueblos: Adulterios, divorcios, irresponsabilidad, pereza, incumplimiento laboral, estafas, mentiras.

• Dios es MISERICORDIOSO. A pocos les importa hoy la condición de los que sufren, de los pobres y marginados. Cada uno vive para sí.
 Pocos manifiestan en su manera de ser virtudes de carácter como honestidad, amabilidad, fidelidad, humildad, mansedumbre, santidad en el área sexual, integridad y honradez en el área de las finanzas, generosidad, paciencia, amor al prójimo, solidaridad, respeto a los padres, diligencia, perseverancia, disposición a servir, contentamiento, dominio propio y cosas semejantes.

2. EL OBJETIVO DEL EVANGELIO

- No es meramente la salvación del alma sino la transformación del hombre a la imagen de Dios (Romanos 8.29; 2 Corintios 3.18; Colosenses 3.10).
- La meta del discípulo de Cristo no es simplemente llegar al cielo sino llegar a ser como Jesús, y vivir como él aquí en la tierra (1 Juan 2.6).
- Dios no nos escogió desde antes de la fundación del mundo para que seamos salvos, sino para que seamos santos en toda nuestra manera de vivir (Efesios 1.4; 1 Pedro 1.15-16).
- Fuimos llamados no sólo a ser hijos de Dios, sino también a ser perfectos como él (Mateo 5:48; Colosenses 1:28). Perfectos, en griego ‘teleios’, significa completos, maduros, edificados en todos los aspectos de nuestro carácter y conducta.
- No es suficiente nacer de nuevo; debemos crecer hasta llegar a la medida de la estatura de Cristo (Efesios 4:13-15).
 La transformación del individuo a la imagen de Dios es el factor principal – no el único – para la transformación de las familias y de la sociedad.
[Digo “no el único”, pues además de la redención del individuo, es necesaria la redención de los aspectos pecaminosos de las diferentes culturas, y sobretodo la transformación de las estructuras sociales, políticas y económicas mediante leyes y sistemas más justos acordes con los principios del reino de Dios. Pero como mi tema es la transformación del individuo, sigo ese tema]..

3. TRANSFORMACIÓN EN TÉRMINOS PRÁCTICOS SIGNIFICA:

• Familias que viven en paz y armonía.
• Maridos sabios y amables.
• Esposas sumisas, con un carácter amable y apacible.
• Hijos respetuosos y obedientes. Muchachos y chicas que llegan castos y vírgenes al matrimonio.
• Ancianos respetados y venerados por la generación joven.
• Hijos criados en el amor y el temor de Dios.
• Mujeres virtuosas, felices y llenas de buenas obras.
• Discípulos que están aprendiendo a ser humildes, pacientes, amables, generosos, sinceros, honestos.
• Discípulos cuyo estilo de vida es amar, perdonar, servir, confesar sus pecados, obedecer, pagar los impuestos.
• Trabajadores responsables, eficientes, diligentes, fieles, confiables, productivos, obedientes y respetuosos de sus autoridades.
• Empresarios y profesionales que aman a sus obreros y empleados como a sí mismos, y consecuentemente usan sus capacidades intelectuales y recursos económicos para ayudar al desarrollo integral de ellos. Lejos de explotarlos laboralmente los dignifican con los mejores sueldos posibles, apoyan el desarrollo y el bienestar general de sus familias: vivienda, salud, educación, progreso económico y espiritual.
• Hombres y mujeres que manifiestan el carácter de Cristo: aman a su prójimo, ayudan a los necesitados, lloran con los que lloran, se alegran con los que están felices, devuelven bien por mal, soportan la injusticia con paz y alegría, dan gracias a Dios por todo, vencen la tentación, viven en el gozo del Señor, oran sin cesar, dan testimonio de Jesús, hacen discípulos, ponen su dinero para servir a los hermanos y, sobre todas las cosas, aman a Dios con todo su ser.
• Y si algún hijo de Dios ocupara un cargo importante o secundarios, en una institución privada o pública, en una empresa comercial o de cualquier índole, ya sea como presidente de la nación o como portero de una pequeña escuela; en su carácter de discípulo, ejercerá esa función con absoluta integridad, honestidad, fidelidad y responsabilidad; sin dar ni recibir soborno, sin mentiras ni engaños, sin buscar ventajas personales ni favoritismos; con total imparcialidad y equidad. Sabiendo además, que su cargo, sea el que fuere, es solo un puesto de servicio para el bien de sus semejantes.

4. EJEMPLOS BÍBLICOS DE PERSONAS TRANSFORMADAS

••• Zaqueo: De funcionario público ladrón y corrupto a un hombre honrado que restituye lo robado. De avaro y egoísta a un hombre que generoso que da la mitad de sus bienes a los pobres (Lucas 19.1-10).
••• María Magdalena: De una mujer que tenía siete demonios a una santa mujer que servía a Jesús con sus bienes (Lucas 8.1-3).
••• El Gadareno: De un hombre feroz con legión de demonios, que vivía en los sepulcros, y que no podías sujetar ni con grillos ni cadenas a un hombre completamente libre sentado (tranquilo), bien vestido y en su juicio cabal, y que maravillaba a todos los de Decápolis al testificar cuán grandes cosas había hecho Jesús con él (Marcos 5.1-20).
••• Los Doce Apóstoles: De hombres carnales que discutían quien iba ser el mayor, de ambiciosos como Jacobo y Juan que pedían sentarse en la gloria al los dos lados del Jesús, transformados por el Espíritu Santo, el día de Pentecostés, en hombres espirituales y siervos humildes del Señor.
••• Bernabé y muchos otros: Que vendían sus propiedades y sus bienes y lo ponían a los pies de los apóstoles para que fuese repartido entre los necesitados (Hechos 4.34-37).
••• Onésimo: De un esclavo vago, inútil y ladrón a un hombre nuevo convertido y discipulado por Pablo en la prisión de Roma. Ahora útil para su antiguo amo Filemón, y
útil para el ministerio como colaborador del apóstol Pablo (Epístola a Filemón).
Y miles y millones más a lo largo de la historia, la mayoría de ellos anónimos para nosotros pero no para Dios ¡Aleluya!

2da. Parte: RECURSOS NECESARIOS PARA LA TRANSFORMACIÓN

1. EL EVANGELIO DEL REINO DE DIOS

Durante años hemos predicado que la condición para ser salvos es aceptar a Jesucristo como único y suficiente Salvador. Por supuesto que Cristo es el único y suficiente Salvador; la Biblia enseña con suma claridad que fuera de él no hay salvación (Hechos 4.12). Pero eso no es lo que está en cuestión, sino ¿cuál es la condición para que un pecador sea salvo?
Aunque parezca sorprendente, no existe ni un sólo versículo en las Escrituras que afirme que Jesucristo me salva cuando lo reconozco como mi Salvador. El apóstol Pablo, en Romanos 10.8-9 declara: “Esta es la palabra de fe que predicamos: que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor (el Kyrios), y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, SERÁS SALVO”.
No sólo este versículo sino un cuidadoso estudio a través de todo el Nuevo Testamento nos revela que la CONDICIÓN para ser salvos es reconocer a Jesucristo como el KYRIOS.
Kyrios es la palabra griega traducida por “Señor” en castellano.
- Pedro en Pentecostés concluye su predicación diciendo: “A este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho KYRIOS y Cristo” (Hechos 2.36)
- Pablo le dice al carcelero de Filipos: “Cree en el KYRIOS Jesucristo, y serás salvo tú y tu casa”. (Hechos 16.31)
- En 2º Corintios 4.5 el apóstol dice: “porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Jesucristo como KYRIOS”.
El término “KYRIOS”, con referencia a Cristo, aparece en el Nuevo Testamento más de 610 veces, mientras que el término “SOTER” = SALVADOR sólo se encuentra 16 veces
referido a Cristo.
Los apóstoles no mutilaban el evangelio presentado a Jesucristo solamente como Salvador. El Kerigma apostólico lo presenta como el Hijo de Dios que murió, resucitó y es el Señor.
Para ser salvo el pecador debe creer y reconocerlo como SEÑOR con todo lo que ello implica.
Aceptar a Cristo meramente como Salvador sería pretender recibir el perdón, la salvación, la paz, la felicidad y la vida eterna sin una verdadera sujeción a su Señorío, y tal cosa no coincide con las enseñanzas del Nuevo Testamento. Cristo me salva y me da todos los beneficios de la salvación cuando doblo mis rodillas delante de él y le reconozco como Señor. Esto marca el fin de mi rebelión y la aceptación de su gobierno y autoridad sobre mí. Es la entrega total de lo que soy y tengo, incluyendo mi familia, mi casa, mis bienes, mi dinero, mi tiempo, mis planes, todo, absolutamente todo.
Aceptar a Cristo como Señor es reconocerlo como mi dueño, amo y autoridad absoluta sobre mi vida. Es reconocerlo como Dios y Señor. Para que Cristo sea mi Salvador debo reconocerlo como mi Señor. Esta es la esencia del evangelio del reino de Dios.
Reconocer a Cristo como Señor no solo es la condición indispensable para la conversión sino también la condición necesaria para la formación y transformación del nuevo discípulo.

2. ARREPENTIMIENTO, LIBERACIÓN, BAUTISMO EN AGUA y BAUTISMO EN EL ESPÍRITU SANTO

Los apóstoles guiaban a los que querían seguir a Cristo al arrepentimiento (Hechos 2.38), a la confesión de los pecados, a la renuncia de toda obra de las tinieblas (Hechos19.18), y al bautismo en agua y al bautismo en el Espíritu Santo (Hechos 2.38-39; Hechos 8.12-17; Hechos 9.17-18; Hechos 10.43-48; Hechos 19.1-6).
Es tan importante que el que se inicia en la vida cristiana sea guiado a un profundo arrepentimiento, sea liberado de todo obra del diablo, se bautice y sea lleno del Espíritu Santo para iniciar su vida cristiana y libre de ataduras y llena del poder transformador de Dios.

3. DISCIPULADO

Jesús dijo: “Id y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos… y enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado…” (Mateo 28.29-20)
Para que funcione el discipulado debe haber tres elementos: Un discípulo, un discipulador y un programa de enseñanza (doctrina o didaké).

¿Qué es un discípulo? Lc 14.26-27

Una persona que aceptó a Jesús como su Señor. Antes vivía según sus propios criterios y hacía su propia voluntad, pero ahora está sujeto a la autoridad de Cristo, y por lo tanto, a todas sus enseñanzas. Al bautizarse su antigua vida ha sido sepultada en la muerte de Cristo, y ha resucitado con él para vivir una vida nueva. El bautismo es el punto concreto de su definición como discípulo. Por eso Jesús dijo: “…Haced discípulos…bautizándolos…”
En un sentido práctico, un discípulo es un alumno, uno que aprende. Alguien que tiene un corazón manso y humilde ante la instrucción de la palabra de Dios. Un discípulo recibe con fe y mansedumbre la enseñanza. Acepta la corrección, imita el buen ejemplo anhela progresar. Tiene un solo objetivo en su vida: ser como su Maestro, tanto en conducta como en apostolado.

¿Qué es un discipulador?

Es un discípulo más crecido que asume la responsabilidad de cuidar, instruir, enseñar, orar y ayudar al crecimiento y formación del discípulo nuevo. Un discipulador puede tener uno o varios discípulos bajo su responsabilidad y cuidado. Su función principal es enseñarle la doctrina de Jesús, que en griego se llama ‘didaké’.

¿Qué es la didaké?
Este término griego está traducido en nuestras versiones como “doctrina” o “enseñanza.
Aparece 30 veces en el Nuevo Testamento”. Viene del verbo ‘kerissein’, traducido ‘enseñar’. Este verbo se repite 101 veces en el N.T. La didaké consiste en mandamientos que revelan la voluntad de Dios (Mt.7.28; Mc. 12.38; Hech. 2.42)
Características de la didaké:
• Consiste básicamente en enseñanzas, instrucciones y mandatos claros que revelan la voluntad de Dios para nuestras vidas. Ej.: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”.
• Es simple y clara. Ej.:“Hijos, obedeced a vuestros padres”.
• Su tono es generalmente imperativo. Es una orden del Señor y exige obediencia.
• Nos enseña a vivir según la voluntad de Dios en todos los aspectos de nuestra vida:
Familia, trabajo, sexo, dinero, adoración, servicio, vocabulario, relaciones humanas…
• Es un cuerpo definido y completo de enseñanzas. La mayor parte de la didaké la podemos encontrar en 10 capítulos del N.T.: Mateo 5, 6 y 7; Efesios 4, 5 y 6; Romanos 12, 13, 14 y 15.
• El objetivo de la didaké es hacernos semejantes a Jesús.
• Es palabra de Dios, por lo tanto es inmutable. Su contenido no puede ser modificado.
“El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán”
• Es universal, sus mandamientos revelan la voluntad de Dios para todos los hombre de todos los tiempos. Mateo 28.19-20.
• Es necesario conocerla, obedecerla y enseñarla a otros.
• Tan solo podemos obedecer la didaké en el poder del Espíritu Santo (Ezequiel 36. 26-27).

4. LA RESPONSABILIDAD PERSONAL

Este factor es decisivo en la transformación del carácter y del estilo de vida.
 Asumir nuestra responsabilidad
El hombre fue creado a imagen de Dios. Entre otras, esto significa que a diferencia de los animales, Dios hizo al hombre un ser con responsabilidad, moral, laboral, familiar, social y espiritual. Todo hombre es responsable ante Dios y debe responder ante él por sus actos, actitudes, palabras, conducta, pensamientos, sentimientos, deseos e intenciones.
John Stott dice: “Nuestra responsabilidad delante de Dios es un aspecto inalienable de nuestra dignidad humana. Su expresión final se verá en el día del juicio”.
Emil Brunner afirma: “La responsabilidad no es un atributo, es la sustancia de la existencia humana. Lo contiene todo,... es lo que distingue al hombre de todas las otras criaturas.
Dios le pidió cuentas a Adán, a Eva, a Caín, a Saúl, a David, a Ananías y Safira, a Saulo de Tarso. Y un día, todos tendremos que rendir cuentas de toda nuestra vida ante él.
La operación de Satanás, la debilidad de nuestra carne, la maldad de los hombres, la presión del mundo, o las circunstancias adversas, no nos eximen de nuestra responsabilidad ante Dios. Pues Dios por Jesucristo nos ha provisto de todo lo que necesitamos para ser “más que vencedores” sobre Satanás, el pecado, la carne y el mundo, aún en las circunstancias más adversas.
Sería necio negar la influencia que tiene nuestra herencia genética y nuestra crianza sobre nuestro comportamiento, pero ellas influyen pero no determinan. El factor determinante de nuestra manera de ser y de vivir pasa por nuestra responsabilidad personal.
¿Por qué Abel y Caín teniendo la misma herencia genética y la misma crianza fueron tan diferentes? ¿Por qué Jacob fue distinto a Esaú? ¿Por qué David fue tan distinto a sus hermanos? La respuesta es en un factor personal: la responsabilidad.
Sí. Por la abundante provisión de la gracia de Dios podemos ser diferentes, podemos cambiar. Podemos ser transformados. Nuestro carácter puede ser refinado, nuestra
conducta puede mejorar. Podemos ser santos, humildes, mansos, amables, serviciales, podemos ser como Jesús.
 Perseverar en la autodisciplina y el dominio propio (1 Corintios 9.24-27)
Las acciones reiteradas a lo largo del tiempo se vuelven hábitos. Hay hábitos que tienen características ético-morales los cuales constituyen los diferentes rasgos de nuestro carácter. De modo que la conducta va forjando el carácter, y luego el carácter determina la conducta.
- Si vivimos según la carne se forjarán en nosotros rasgos carnales. Por ejemplo: el enojo, la mentira, la queja, la lascivia, la avaricia, el rencor.
- Pero si vivimos en el Espíritu, haremos morir las obras de la carne, y se manifestarán en nosotros las virtudes de Cristo: amabilidad, servicio, humildad, el decir la verdad, el perdonar, etc.
Al hacer una, dos, diez, veinte, cien veces... se formarán en nosotros hábitos, rasgos definidos de carácter. En esta disciplina del Espíritu las cualidades de Cristo llegarán a ser las virtudes de nuestro carácter.
Por eso es importante vivir en el Espíritu las 24 horas del día (Gál. 2.20)
 Cuidar nuestro corazón
En el lenguaje bíblico, el corazón es el centro de nuestro ser, nuestro fuero íntimo. Es allí donde definimos lo que queremos ser. Prov. 4.23. Hch. 8.21, Mateo 15.19.
Debemos cuidar y velar sobre:
- Los pensamientos del corazón. Heb. 4.12
- Las intenciones del corazón. 1ª Cor. 4.5
- Los deseos del corazón. Mat. 5.28
- Las decisiones del corazón. Daniel 1.8, Hch. 5.4  6
- Los engaños del corazón. Jer. 17.9
- Las motivaciones del corazón. Mat 6.1-6, 1ª Cor 13.3
Debemos mantener siempre un corazón sincero y limpio. Heb.10.22
 Cultivar una comunión íntima con Dios
Necesitamos cultivar una comunión íntima, personal y secreta con Dios. Mat.6.6. Allí debemos someternos a la acción profunda de la Palabra y del Espíritu para ser redargüidos, corregidos, santificados y transformados. Heb. 4.12 ; 2ª Tim.3.16 ; 2ª Cor 3.18; Rom. 12.1-2.
Nuestra máxima aspiración ha de ser “CONOCER” al Hijo de Dios, el varón perfecto, Ef. 4.13. Esto no es un conocimiento intelectual (concepto griego), sino experimental y total (concepto hebreo), hasta llegar a ser plenamente uno con él.

5. TENER UNA ACTITUD CORRECTA ANTE EL SUFRIMIENTO

El sufrimiento es un recurso importante que Dios usa para nuestra transformación. El oro solo se purifica en su interior por el fuego. Hay áreas en nuestro carácter que solo con el fuego del dolor son santificados.
Jesús no prometió a sus discípulos una vida sin padecimientos. Lo que sí nos prometió es paz y victoria en medio de las aflicciones (Juan 16.33).
Hoy pareciera que muchos valores del mundo son las pautas de éxito en la vida cristiana: dinero, fama, popularidad, prosperidad, números, gente, poder... ¡Qué poco se habla de la cruz, del sufrimiento, de la disciplina, del vituperio, del sacrificio! etc.
Para mí uno de los versículos más difíciles de entender del Nuevo Testamento es Hebreos 5.8 “y aunque era Hijo, por lo que padeció, aprendió la obediencia”.
 Si el Hijo de Dios necesitó padecer para aprender obediencia, ¡cuánto más nosotros!
Ante el sufrimiento podemos tener tres actitudes:
1- Rebelarnos y amargarnos.
2- Resignarnos sin entender el propósito, como le pasó al principio a Job.
3- Aceptarlo como el perfecto plan de Dios para nuestra purificación, santificación y transformación, hasta que seamos conformados a la imagen de Cristo. Rom.8.28-29
El sufrimiento nos ayuda a ser humildes, pacientes, compasivos, misericordiosos, obedientes, dependientes de Dios, es decir, a parecernos a Jesús, pues produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria (2ª Cor. 4.17).

6. VIVIR LLENOS DEL ESPÍRITU SANTO:

Los 12 apóstoles tuvieron el mejor discipulador y recibieron toda la didaké, pero todo eso aunque indispensable no era suficiente. Necesitaron ser lleno de la superabundante grande del poder de Dios para ser transformados. ¿Por qué?

Por la debilidad inherente a nuestra naturaleza humana.
La Biblia llama a esta condición “estar en la carne”. Es el estado natural del hombre después de la caída: débil, pecador e incapaz de agradar a Dios. En el mejor de los casos procura hacer la voluntad de Dios con sus propios recursos; para fracasar vez tras vez. Pablo decía: “No hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago… No hago el
bien que quiero, sino el mal que no quiero…” (Rom. 7.14-25).
Y en el peor de los casos da rienda suelta a la maldad potencial que hay en el hombre (Gal. 5.19-21).

La ley de Dios.
Es buena y es santa. Nos exige hacer la voluntad de Dios, pero no nos capacita a cumplirla.

La obra completa de la redención.
Cristo en la cruz no solo cargó nuestros pecados sino que nos incluyó a nosotros mismos. “Nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él” (Rom. 6.4). Su muerte es nuestra muerte, y su resurrección nuestra resurrección.
Pero esta realidad objetiva se hace realidad subjetiva y experimental por la acción del Espíritu en nosotros (Rom, 8.2).
 
La obra del Espíritu.
- Cristo no solo envía al Espíritu Santo a nuestros corazones sino que mediante el Espíritu el mismo viene a vivir en nosotros (Juan 14.18)
- Debido a la inhabitación mutua del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, tener al Espíritu, es tener a Cristo en nosotros. (Juan 14.10-11; 1ªJuan 3.24).
- El Espíritu nos comunica la eficacia de la muerte de Cristo sobre nuestra carne, y el poder de su resurrección. (Gal 2.20)
- La función del Espíritu es transmitirnos la vida de Cristo, la gloria de Cristo, sus virtudes morales, su amor, su humildad, su paz, su mansedumbre, su santidad. Él, refiriéndose al Espíritu Santo, dijo: “Tomará de lo mío y os lo hará saber” (Juan 16.14).
- La función del Espíritu es formar en nosotros a Cristo Jesús; transformarnos de gloria en gloria a su misma imagen (2ª Cor. 3.18).
“Lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó el pecado en la carne; para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu” (Romanos 8.3-4)
“Que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os de espíritu de sabiduría y de revelación…para que sepáis… cual [es] la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, según la operación del poder de su fuerza, la cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales…


El gran recurso de todo discípulo de Cristo es vivir lleno del Espíritu las 24 horas del día, vivir por la fe lleno de la gloria de Cristo y andar según su glorioso poder que está en nosotros. ¡Amén y Aleluya!

Entradas populares de este blog

LOS MONTES EN LA BIBLIA- OSCAR GÓMEZ

EL SIGNIFICADO DE LOS BARCOS EN LA BIBLIA Oscar Gómez

9 BENEFICIOS DEL ESPÍRITU SANTO- OSCAR GÓMEZ