EL FUEGO DE LA PASIÓN POR DIOS Jorge Himitian



                  ¿De dónde proviene esa pasión, ese fuego?

·      De una experiencia personal con Dios
       
        ¡Moisés, Moisés!…  Heme aquí…
Quita tu calzado… Yo soy el Dios de tus padres…
He visto… he oído… he descendido…
Ven, por tanto, ahora, y te enviaré…

·      De su amor que es fuego en nuestro corazón.

- Nosotros le amamos a él porque él nos amó primero. “En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados” (1 Juan 4.10).

- Nuestro amor hacia él no proviene de nosotros, “el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado” (Romanos 5.5).

- Su amor es fuego inextinguible en nuestro corazón. “Fuerte es el amor, como la muerte, y tenaz la pasión, como el sepulcro. Como llama divina es el fuego ardiente del amor. Ni las muchas aguas pueden apagarlo, ni los ríos pueden extinguirlo. Si alguien ofreciera todas sus riquezas a cambio del amor, sólo conseguiría el desprecio” (Cantares 8.6-7).

Ese fuego nos hace hombres y mujeres apasionados por Dios. Ese fuego hace que nuestro corazón sea una brasa encendida al rojo vivo que arde con el amor de Dios, y con el amor a Dios. Es muy fácil amarlo con todo nuestro corazón, y con toda nuestra alma y con todas nuestras fuerzas. Es fácil amarlo más que a padre, madre, esposa e hijos, y aún… más que a uno mismo.

Esa pasión por Dios hace fácil negarnos a nosotros mismos, abrazar la cruz, renunciar a todo lo que poseemos, consagrarnos a Dios y a su servicio. 

Hace fácil decir como Pablo: “Lejos esté de mí gloriarme sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo (Gál. 6.14).

Esa pasión por Dios nos lleva a declarar: “De ninguna cosa hago caso, ni estimo mi vida preciosa para mí mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio de la gracia de Dios (Hechos 20.24).
   
·      Esa pasión y amor por Dios nos hace amar lo que Dios ama.
       
        “De tal manera amó Dios al mundo…” (Juan 3.16).
        Experimentar, sentir lo que Dios siente por los perdidos; y nos lleva a querer hacer lo máximo posible por llevar la salvación a los que no tienen al Señor.
       
La pasión por Dios inevitablemente nos llevará a experimentar otro aspecto del fuego: LA COMPASIÓN POR LOS PERDIDOS.