1° CORINTIOS 14:26 Oscar Gómez



Un análisis de 1° Corintios 14: 26

¡La práctica de este pasaje es la gran necesidad actual de la iglesia! Los reformadores nos dejaron ciertas verdades de la Palabra, pero no cambiaron el orden del culto tradicional heredado de la misa católica, donde unos pocos dirigen y muchos escuchan sin participar.


¿Qué hay, pues, hermanos? Cuando os reunís, cada uno de vosotros tiene salmo, tiene doctrina, tiene lengua, tiene revelación, tiene interpretación. Hágase todo para edificación”.

El apóstol Pablo da por sentado que cuando nos reunimos "cada uno de vosotros tiene salmo, tiene doctrina, tiene lengua, tiene revelación, tiene interpretación". No es el caso de uno que dirige y los demás escuchan pasivamente, sino que cada uno contribuye su parte de utilidad espiritual, todos toman parte según el Espíritu Santo guía. No es un ministerio solamente de los hombres, sino un ministerio del Espíritu.
En este estilo de reunión se le da oportunidad a cada miembro de la iglesia para que ayude a otros, y se le da oportunidad a cada uno para que sea ayudado.
¿Cómo funciona?
Un hermano puede hablar en una etapa de la reunión y otro más tarde; uno puede ser usado por el Espíritu Santo para que ayude a los hermanos esta vez, y yo, la próxima vez.
Cada cristiano debe asumir su parte de responsabilidad y compartir con la iglesia lo que él mismo recibió del Señor. La dirección de las reuniones no debe ser el trabajo de dos o tres superdotados sino que todos los miembros deben asumir juntos la responsabilidad, y procurar ayudarse unos a otros, dependiendo de la enseñanza, dirección y poder del Espíritu Santo.
Una reunión según las escrituras debe llevar la estampa de “unos a otros”.
Nueve pautas concretas para la reunión:

1) Todas las reuniones basadas en este principio de 1° Corintios 14:26 son verdaderas reuniones de la iglesia. Esta forma nos habilita para expresar algo y pasarlo a los otros. Nos proporciona la oportunidad para la expresión de mutualidad, ese rasgo esencial en todas las relaciones de la iglesia.  

 “Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones.” (Hch. 2:42, 46).

2) Los discípulos deben aprender a usar los dones espirituales que Dios les ha dado para ministrar a sus co-discípulos. El principio según el cual se llevan a cabo todas las reuniones de la iglesia es de la edificación mutua, no “el púlpito y las sillas”.

3) Creo que tenemos la mente dividida en nuestro concepto de reunión, como si fueran dos “chips”, uno para ir al grupo familiar donde participamos sin problemas (eso creo), y otro para los domingos donde la actitud es netamente pasiva y decimos “¿quien irá a predicar hoy?” “¿qué nos van a compartir?”. No debe ser así.

4) Al reunirnos es necesario la libre participación de toda la hermandad. ¿Por qué? Porque así lo enseña la escritura. Hay diversidad de dones, ministerios  y operaciones. ¡Hay mucha gracia y abundancia en cada hermano, en todo el Cuerpo de Cristo!

5) La gracia de todo el cuerpo tiene que manifestarse, uno tiene salmo (oración cantada), meditemos en el salmo sin apuros, otro trae doctrina, el siguiente profecía. No estar ansiosos en pasar a otra cosa. Si la carga se vacía en uno, entonces pasa el otro y comparte. No está mal compartir una carga para que en ese momento la iglesia ore, puede ser por trabajo, familia, salud, vivienda, etc.

6) Lo que tenemos para compartir seguro que le hace falta a otro hermano, ya sea una palabra, una frase, o claridad sobre cierto asunto.

7) En las reuniones regulares de la iglesia los hermanos deben contribuir en el poder y bajo la guía del Espíritu. Para ello es esencial que los hermanos reciban dones espirituales, revelación y palabra. Debemos darle real importancia a que todos experimenten la llenura del Espíritu Santo.

8) Si seguimos los patrones que Dios mismo propuso, la iglesia será edificada.


9) Cuando algún apóstol, evangelista, misionero o hermano de experiencia en la obra de Dios visita un lugar, puede dirigir una serie de reuniones para la iglesia local, predicar y contar su testimonio. Tales reuniones son excepcionales no regulares. (Como la visita del misionero Gabriel Falco, el hermano Jon Gottfridsson de Porto Alegre, o bien la presencia de Jorge Himitian, Ángel Negro u otros) 

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