PELIGRO: ZONA LIBERADA Silvia Himitian





Resulta casi increíble la manera en que se ha incrementado la comunicación en estos últimos pocos años. La utilización del E-mail y el chat proveen una forma rápida, práctica y efectiva de transmitir y recibir información. Se ha logrado obviar al correo: ya no hay que escribir en papel, ensobrar, llevar al correo, esperar que llegue y que se nos envíe una respuesta. Y lo más asombroso es que además se produce una comunicación instantánea con el sitio más remoto. En cuestión de segundos nuestro mensaje está en la computadora del destinatario a la espera de ser leído. ¡Y además con un costo ínfimo! Sin lugar a dudas, las comunicaciones han alcanzado un nivel óptimo.

Pero junto con los grandes beneficios que Internet proporciona, también se producen ciertos fenómenos que no tienen nada de positivo. Como, por ejemplo, el abuso en la transmisión de información por el hecho que ésta se haya vuelto simple y prácticamente gratuita. De los E-mails que aparecen en mi casilla, casi el cincuenta por ciento (y a veces más) proceden de personas que se dedican a distribuir información que no les es solicitada, o a reenviar mensajes que han recibido. Algunos incluyen archivos pesados y complican el flujo de la información. Pero en realidad no es éste el peor de los problemas.


Algo más grave es el tipo de relaciones que se establecen a través de la Internet. Entre aquellos que comienzan a vincularse con cierta asiduidad se produce una especie de intimidad virtual diferente de la que se crea cuando el trato es personal. Las personas se conocen no por lo que son sino por lo que dejan saber de sí mismas. Y por lo tanto lo que cada uno percibe del otro es en verdad una imagen distorsionada. Todo el acercamiento se realiza dentro de la franja anónima y liberada que provee la Internet. Y no parece regirse por las normas y patrones que caracterizan a la relación cara a cara. El no poder mirar a los ojos al otro permite libertades y osadías que no se darían de otro modo. Y como en la penumbra de un confesionario, las personas se sienten movidas a una apertura que generalmente va más allá de lo prudente. Digo más allá de lo prudente porque comienzan a establecerse vínculos bastante estrechos con el otro. O con los otros, ya que muchas veces son varias las relaciones. Y se entra a la zona de los claroscuros donde las cosas pierden nitidez. Por un lado el perfil propio es dibujado a partir de la concepción que se tiene de uno mismo, pero ocultando cualquier rasgo negativo. Por el otro, la percepción que se logra de los demás es también parcial y subjetiva. A eso se le añade una intimidad virtual, mezcla de osadía y confesión. El resultado: definitivamente negativo. Todo se convierte en un juego sin reglas definidas que se da en una zona liberada, una zona queno compromete. Una zona mentirosa, en definitiva, porque toda la cuestión no se diferencia de un juego de Nintendo. Algunos deciden conocerse personalmente, pero en la mayoría de los casos sobreviene la decepción. Son contadas las parejas que se forman y permanecen a partir de este estilo.

De todas maneras, la intención no es entablar relaciones serias. Es sólo pasar un rato agradable en un jueguito “inocente” de seducción. Obviamente, me refiero a jóvenes cristianos, miembros de iglesias, líderes de jóvenes y otras yerbas. Los no creyentes no necesitan de estas ambigüedades para satisfacer sus fantasías.

Esta zona liberada parece proveer el espacio adecuado para fantasear y seducir virtualmente sin pecar. O al menos es así como lo piensan muchos jóvenes cristianos, que se conducen normal y apropiadamente dentro de sus esferas de acción, pero que se toman un recreíto a través del E-mail o del chat. Parecería que lo que no está legislado puede manejarse a discreción, con cierta flexibilidad. ¡Y como todavía no existe una pastoral al respecto!... Sí, escuchamos decir al pastor que los jóvenes deben tener cuidado con la pornografía que aparece por Internet. ¡Pero esto no es pornografía! No. Pero tal vez sea algo tan perverso como ella. Algunos jóvenes (aun dentro del liderazgo) han hecho este jueguito con dos o tres chicas a la vez, haciéndoles creer que tenían un cierto interés por ellas. Pero al encontrarlas personalmente en las reuniones o salidas de jóvenes actuaban como si nada hubiera pasado, llenándolas de desconcierto. Hasta que descubrieron lo que estaba pasando. Esto es grave porque lleva a una doble vida, a aparentar una santidad que no es tal, porque no existen zonas liberadas para tomarse un recreo. En la realidad virtual de la computadora revelamos lo que en verdad hay dentro de nosotros. Y esto no tiene sólo que ver con los varones. Hay chicas que avanzan descaradamente sobre los muchachos a través de la red mientras se muestran muy compuestas delante de la gente.

No es mi intención apuntar un dedo acusador sino ayudar a tomar conciencia. Chicas y muchachos: éste es un juego dañino y peligroso. Se hieren sentimientos, se crean ilusiones falsas, se juega con las emociones de otros, se miente. Y finalmente algunos resultan lastimados y otros se meten en problemas. Utilicemos los avances que la tecnología pone en nuestras manos, pero seamos nosotros los que señoreemos sobre ellos. De lo contrario nos convertirán en sus esclavos. 


Una regla fácil y sencilla de aplicar al establecer relaciones de amistad a través de la Internet es ésta: no digas nada que no dirías teniendo a la persona frente a frente. Y no aceptes que los otros lo hagan con vos tampoco. Una vez me pidió consejo una chica que estaba asombrada por ciertas expresiones vertidas en un E-mail por un joven de su propia congregación. “Le contesto”, me preguntó. “Sí”, le respondí, “pero para decirle que sólo aceptás apreciaciones como las que él ha vertido cuando alguien te las dice frente a frente”. De más está decir que el joven no volvió a escribirle.

No hay zonas liberadas. Debemos guardar nuestra integridad delante de Dios. Él nos ve cuando nos sentamos frente a la computadora y conoce las intenciones de nuestro corazón. Estos jueguitos sólo nos meten en problemas. Así que lo más acertado es tomar una decisión seria al respecto cuanto antes.