lunes, 26 de mayo de 2014

MOTIVACIÓN, MOVILIZACIÓN Y EFECTIVIDAD Oscar Gómez




Elementos necesarios para hacer la obra de Dios.

Obreros que lleven adelante el plan eterno de Dios es la gran necesidad del presente, pero tengamos en cuenta que éstos surgirán de la formación que les brindemos. Tendrán muchas cosas por conocer y experimentar en el derrotero de su servicio espiritual. Con paciencia, perseverancia, amor y sana doctrina serán capacitados.

I. MOTIVACIÓN

¿Qué es la motivación?

El diccionario define motivación como el estímulo que anima a una persona a mostrar interés por una cosa determinada. Causa o razón que hace que una persona actúe de una manera  determinada. Motivo.
Así es, la motivación es consecuencia de tener un verdadero y noble motivo para hacer las cosas. La persona desmotivada es aquella que no tiene un  objetivo, un por qué vivir. También podemos traducir motivación como aliento, ánimo, entusiasmo, fervor, etc. Sebastian Abreu, futbolista uruguayo, a los 37 años de edad dijo que se está preparando para jugar la copa América 2015, que no hay ningún contrato que diga que a cierta edad hay que dejar la selección o el fútbol. Añadió: "Nadie me puede quitar esa ilusión, así que trataré de hacer lo imposible”

 

La motivación es aliento necesario para la vida, para enfrentar las contingencias cotidianas y a la vez el impulso para un servicio agradable a Dios. Es más que una sensación o estado de ánimo, no es natural sino que es espiritual, divino.

Es fuego metido en el interior del profeta:

“Y dije: No me acordaré más de Él, ni hablaré más en su nombre: Pero su palabra fue en mi corazón como un fuego ardiente metido en mis huesos, traté de sufrirlo, y no pude”  Jeremías 20:9

Es el poder interior que movía al apóstol Pablo:

“Por lo cual también trabajo, luchando según su poder, el cual obra poderosamente en mí”  Colos. 1:29

Es la usina espiritual que había en Jesús.

Un consejo de Pablo a sus hermanos:

        “en el cuidado no perezosos; ardientes en el Espíritu; sirviendo al Señor” (Romanos 12:11 Versión del año 1569)

¿Qué cosas nos hacen perder la motivación?

-Los desalentadores,
-las crisis,
-los pecados, y
–la escasa economía, entre otras.

Cuatro direcciones de la motivación:

·       En la búsqueda de Dios
·       En la familia
·       En el trabajo
·       En la obra del Señor


II. MOVILIZACIÓN

La motivación por el Espíritu Santo provoca movilización.
Movilización según el diccionario es la puesta en marcha de una actividad o un movimiento para conseguir un fin determinado. Preparación de las tropas que se realiza ante una situación de guerra agrupando a las personas y reuniendo el material necesario.
No podemos abordar este punto sin citar la frase célebre de Kenneth Strachan:

“La expansión de cualquier movimiento está en proporción directa al éxito obtenido en movilizar y desplegar a su total membresía en propaganda continua de su fe”.

La movilización es propia de la militancia, no existe una cosa sin la otra, son como hermanas gemelas.

Cosas que me inmovilizan:

Los conflictos internos de la comunidad.
Los pecados.
El miedo y el temor.
Los estados climáticos (frío, calor, etc.)

Recordemos que si cada uno hace un poco entre todos hacemos mucho. La movilización no es tarea solamente del liderazgo, tenemos que intentar mover a todo el pueblo de Dios, de a dos o tres, en grupos, o bien toda la iglesia avanzando en proyectos concretos.

III. EFECTIVIDAD

La movilización debe desembocar en la efectividad. ¿Qué es efectividad? Es la capacidad para producir el efecto deseado. También son términos afines: eficacia, eficiencia.

He observado que la efectividad en el servicio espiritual es muy baja en la gran masa de cristianos, en especial aquellos que tienen demasiado tiempo caminando con el Señor. Se trata de cosas que después de mucho años nunca se terminan de completar, formar o concluir, ya sea discípulos, grupos, obras, extensión a otras localidades, etc. Acá hay una asignatura pendiente en nosotros.
Uno de los grandes enemigos de la efectividad es la falta de auto crítica y de reflexión;  es el conformismo con lo que hago.
Esta falta de efectividad viene por la disgregación, por querer estar en varias áreas de servicio y en definitiva no se concreta nada. La falta de rumbo, de dirección, “no sé a qué dedicarme”, es uno de los males que atenta contra nuestra efectividad. Hay una dispersión de fuerzas, tiempo y recursos que al final de cuentas no reportan resultados.
Ser efectivos en lo que hacemos se aprende de los fracasos, del tiempo vanamente invertido y de las desilusiones. Necesitamos no bajar los brazos, levantarme en fe y creerle nuevamente a Dios.
La efectividad causa un efecto, una huella, una marca, por cierto positiva. Si no hay efecto o consecuencia no hay efectividad en lo que realizo.

1. Esta efectividad debe estar presente:

·       En la obra del Señor.
·       En el trabajo.
·       En la cuestiones familiares.

El evangelio nos llegó a nosotros después de dos mil años por la efectividad de Jesús y de los apóstoles. Ellos sembraron para las generaciones posteriores.
La efectividad no se logra por arte de magia, hay factores que inciden, entre ellas la visión que me embarga, la perseverancia, la convicción de lo que hago, la esfera de servicio y autoridad espiritual real que voy alcanzando entre los obreros, etc. Cuando me aboco a tareas concretas y mis oraciones son más específicas, recién comienzo el camino hacia la efectividad. El fruto se verá con el tiempo, y será abundante.