LLAMADO A TRANSMITIR FIELMENTE LA PALABRA DE DIOS Jorge Himitian

(Tomado del mensaje "La última carta del apóstol Pablo a Timoteo" compartido por el autor en San Martín Bs. As. a fines del año 2013)

   Esta es la segunda apelación fuerte de Pablo


1.13-14:
            Retén la forma de las sanas palabras que de mí oíste, en la fe y amor que es en Cristo Jesús. Guarda el buen depósito por el Espíritu Santo que mora en nosotros.

La Biblia de Jerusalén, dice: “Ten por norma las palabras sanas que de mí oíste”.
NVI: “…sigue el ejemplo de la sana doctrina que de mí aprendiste”.
SA: Ten por modelo las sanas palabras que escuchaste de mí…”
Es decir, le pide a Timoteo que mantenga tal cual las palabras que le ministró el Apóstol a él.

2.2:    Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros.

2.15:  Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado,
como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad.
            RVA: “que traza bien la palabra de verdad”
            Otras: “que analiza y expone correctamente…”

3.10:  Pero tú has seguido mi doctrina (didaskalía), conducta, propósito, fe, longanimidad, amor, paciencia,
3.14-17:
         14 Pero persiste tú en lo que has aprendido y te persuadiste, sabiendo de quién has aprendido; 15 y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús.
               16 Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, 17 a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.

4.2-4:          
que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina (didaké).
Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina (didaskalía), sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas.

4.7:    He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe.


En 1ª. Timoteo enfatiza lo mismo:

1.3:    Como te rogué que te quedases en Efeso, cuando fui a Macedonia, para que mandases a algunos que no enseñen diferente doctrina, (heterodidaskaleo).

4.1:    Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios;

4.6:    Si esto enseñas a los hermanos, serás buen ministro de Jesucristo, nutrido con las palabras (logos) de la fe y de la buena doctrina que has seguido.

4.16:  Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina (didaskalía); persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo, y a los que te oyeren

6.3-5: Si alguno enseña otra cosa (heterodidaskaleo), y no se conforma a las sanas palabras (logos) de nuestro Señor Jesucristo, y a la doctrina (didaskalía) que es conforme a la piedad, está envanecido, nada sabe, y delira acerca de cuestiones y  contiendas de palabras, de las cuales nacen envidias, pleitos, blasfemias, malas sospechas, disputas necias de hombres corruptos de entendimiento y privados de la verdad, que toman la piedad como fuente de ganancia; apártate de los tales.

6.14:  que guardes el mandamiento sin mácula ni reprensión, hasta la aparición de nuestro Señor Jesucristo.

6.20-21:
               Oh Timoteo, guarda lo que se te ha encomendado, evitando las profanas pláticas sobre cosas vanas, y los argumentos de la falsamente llamada ciencia, la cual profesando algunos, se desviaron de la fe.

  Esta era una de las mayores preocupaciones del apóstol Pablo: Que se retenga la palabra tal como ha sido revelada por el Señor a los apóstoles. Esto abarca el Kerigma y la Didaké o Didaskalía. Advierte del peligro de la mezcla. Del peligro de enseñazas espurias, que no vienen de Dios. Apela a mantenerse y persistir en lo que ha sido revelado una vez y par siempre; a no enseñar otra cosa; a ser fiel en la transmisión de la verdad y de los mandamientos. Impresiona la insistencia, la reiteración. Hace la advertencia de que vendrían tiempos en que la gente no querrá escuchar la sana doctrina. El texto de 2 Tim. 4.3-4, en la NVI, dice:
  “Porque llegará el tiempo en que no van a tolerar la sana doctrina, sino que, Llevados de sus propios deseos, se rodearán de maestros que les digan las novelerías que quieren oír. Dejarán de escuchar la verdad y se volverán a los mitos”.

   Por eso le dice: “Predica la palabra, predica la palabra…” No prediques tus propios sermones, tus propias ideas, limítate a la palabra de Dios, al evangelio eterno. No prediques lo que le cae bien a la gente. El falso profeta predica lo que la gente quiere oír; el verdadero profeta predica lo que Dios quiere decir.

   Predica el kerigma, enseña la didaké. A tiempo y fuera de tiempo. Redarguye, reprende, exhorta, con toda paciencia y doctrina. Si son discípulos te van a oír, van a obedecer. Si no son discípulos guíalos a la verdadera conversión, a reconocer a Jesucristo como Señor.