LA PREDICACIÓN DEL KERIGMA 2da. Edición Tato Himitian


(Tomado del apunte "DEJEMOS QUE EL CIELO SATURE NUESTROS PENSAMIENTOS")

El Kerigma es equivalente al EVANGELIO: ¡Son buenas noticias! 

Revela a Cristo y su obra a nuestro favor. 

Apela a la fe, pues proclama la verdad. Esa verdad no es un concepto, es una persona; esa verdad es Cristo. 
Cuando alguien oye la proclama de la palabra de Dios, hay una realidad espiritual que se hace presente: CRISTO; y cuando el que oye recibe la palabra con fe, en realidad recibe a Cristo y experimenta su gracia y su poder llenando y transformando su vida. 

En el kerigma hay poder (dynamis). El kerigma, el evangelio, las buenas noticias del reino de Dios es poder de Dios para la salvación y transformación a todo aquel que cree. Rom. 1.16 
Es una irrupción del Espíritu, un fenómeno de operación sobrenatural. En ella hay Espíritu (pneuma) y poder (dynamis). 

 ¿Cómo opera el poder de Dios en los inconversos para salvación? 

Cuando la palabra (el kerigma - el mensaje) sale de nosotros, sale de nuestra boca, sale vida de nosotros. Esa vida poderosa alcanza al inconverso. Una vida llena del Señor, ardiendo en el Espíritu, con fuego y pasión, afecta a mi prójimo para producir salvación. 
Alguien dijo:"virtud de la semilla que sembramos va a producir virtud en los corazones de otros y germina". 
Me uno a la oración de Pablo en Ef. 6.19 "a fin de que al abrir mi boca me sea dada palabra para dar a conocer con denuedo el misterio del evangelio". 

Solo cuando proclamamos el kerigma – el mensaje, el hombre perdido, abatido, desahuciado, enfermo, deteriorado, con conflictos y ataduras espirituales es evangelizado y tiene la oportunidad de encontrarse con Jesús. 

El mensaje que tenemos que comunicar es: Jesús es el Señor. 

Rom. 10.8-9 "Esta es la palabra de fe que predicamos: que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo". 
La evangelización del mundo siempre ocupó un lugar central en el corazón de Jesús. El objetivo principal de su presencia entre los hombres consistía en buscar y salvar a los pecadores. 

"El Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido". Luc. 19.10 

"Se hizo carne y se entregó a si mismo…. para dar salvación a todo aquel que cree". 

"El cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de 
la verdad". 1 Tim. 2.4 

El evangelio es el único medio de salvación, de transformación. 

Predicar el kerigma, el evangelio es la única forma en que los hombres puedan ser salvos. 
Tenemos que tener la clara conciencia de que en nosotros reside la esperanza de la humanidad (compañeros, amigos, parientes, vecinos, nuestro barrio, nuestra sociedad). 
Debemos tomar mayor conciencia de la realidad espiritual del hombre sin Dios, y a la vez descubrir en nosotros los recursos que tenemos en Cristo para acercar al hombre a Dios. 
Al recibir el Espíritu Santo, lo mismo que en aquel día de Pentecostés, hemos recibido poder (dynamis), fuego, unción, gracia, denuedo para ir y sanar las heridas de los corazones. Hay muchos que hoy están lastimados, heridos. 
Debemos llevar libertad a los oprimidos, angustiados, enfermos; romper barreras, ataduras, en el nombre del Señor. 

Dice Rick Warren en su libro "Una vida con propósito". 
- Si sólo una persona va al cielo por tu causa, tu vida habrá hecho una diferencia por la eternidad. 

- Decirle a otros cómo pueden obtener la vida eterna es lo mejor que puedes hacer por ellos. 

- Dios te ha dado un mensaje de vida para compartir. Compártelo con denuedo y valor. 

Debemos anunciar el evangelio a todos. 

Somos "puentes" entre el gran amor de Dios y los perdidos. Nuestra sociedad está carente de amor. La manifestación de la misericordia de Dios a través de nosotros, será como el néctar que los atraiga irresistiblemente. 
No podemos pensar que la salvación de los pecadores ocupe el lugar de un ítem más en nuestra agenda, sino que debe ser aquello a lo cual nos entregamos prioritariamente, siguiendo las mismas pisadas de nuestro Maestro. 

Compenetrados de nuestro llamado debemos arder con pasión por la salvación de los pecadores, alcanzando el objetivo de Dios y cumpliendo la obra que nos ha encomendado. 
 Nuestra atención debe estar colocada en Dios y el pecador, puesto que es Dios mismo el que se encuentra con él a través de nosotros. 
Como discípulos, debemos estar siempre atentos a toda oportunidad que se nos presente y también saber crear oportunidades por nuestro denuedo y amor por los que se pierden. (Ejemplo: la vida del pastor Iván Baker). 
  
Dios puso en nosotros el Espíritu de Jesús, para ver a las personas con los ojos de Jesús y para que sintamos por ellos lo que Jesús sintió, compasión. Compasión significa "padecer con". Ser concientes de la condición de los demás, sentir profundamente el dolor ajeno como propio, llorar con el que llora, sufrir con el que sufre. Más aún, la mayoría ni sabe de su terrible suerte ante la realidad de la eternidad. 
La verdadera compasión sólo fluye cuando en verdad amamos y el Espíritu Santo toca nuestro corazón para hacernos sentir la necesidad del pecador. 

Tomemos la iniciativa en la conversación. 

Construyamos relaciones amistosas, brindémonos, abramos nuestro corazón, seamos naturales, dispongamos de nuestro tiempo, estemos atentos a la revelación del Espíritu sobre las personas cuando estamos conversando con ellos, a veces una sola palabra es suficiente. 
Vayamos a fondo cuando las circunstancias lo permiten. Digamos la verdad con gracia. Demos nuestro testimonio, con coraje, valor y osadía, sin timidez ni vergüenza. 
Nuestros compañeros deben ver algo deseable en nosotros, nuestra santidad atrae. 
 Dice el estribillo de un antiguo himno: Usa mi vida, usa mi vida, para tu gloria, oh Jesús. Todos los días y hoy quiero ser testigo tuyo, Señor, por doquier. 

Rom. 10.15 "¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!" 

Lc. 4:18-19 "El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a proclamar libertad a los cautivos, y dar vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a predicar el año del favor del Señor".