ENTREVISTA CON JORGE HIMITIAN La corriente.com


Protagonista de la primera hora del Movimiento de Renovación que trajo un avivamiento a la Argentina en la década del 60, el pastor Jorge Himitian se ha transformado en un referente del liderazgo nacional.
 Desde Buenos Aires su ministerio ha bendecido a muchas naciones con un mensaje claro sobre el Reino de Dios, el señorío de Cristo y la unidad de la Iglesia. En esta entrevista nos relata sobre los comienzos del movimiento y la experiencia del consejo de pastores de la Ciudad de Buenos Aires.
L.C.: A más de cuarenta años de que el Espíritu Santo levantara el llamado “movimiento de Renovación”, ¿podría definir cuál ha sido su principal aporte a la Iglesia de Jesucristo?
J.H.: Este mover del Espíritu surge en los años 1965 y 1966, y más ampliamente desde 1967, inicialmente dentro de congregaciones no pentecostales. Varios pastores y líderes experimentamos el bautismo del Espíritu Santo y tuvimos manifestaciones a las que no estábamos acostumbrados, como el hablar en nuevas lenguas, profecías, sanidades y otros dones del Espíritu. Esto fue algo soberano de Dios, pues sin tener inicialmente relación ni contacto los unos con los otros muchos experimentamos este avivamiento espiritual en forma personal. Desde marzo del 67 comenzamos a reunirnos los lunes para adorar juntos a Dios en forma espontánea. Cada semana más hermanos eran llenos del Espíritu. El fuego se extendió a muchas congregaciones y luego a diferentes ciudades de todo el país y del exterior. Al principio pensábamos que ya teníamos todo lo que necesitábamos: la experiencia de ser llenos del Espíritu, manifestación de los carismas, adoración y fuego. Estábamos lejos de imaginar que eso era solo el comienzo de revelaciones mucho mayores que el Señor quería dar a su Iglesia. Desde el año 1968 y por los tres o cuatro años más, el Señor derramó sobre nosotros espíritu de revelación dándonos a conocer antiguas verdades de La Palabra que la Iglesia había perdido a través de los siglos. Fue así como comprendimos el Evangelio del Reino de Dios, el señorío de Cristo como condición de salvación, el hacer discípulos como eje central de la gran comisión, la unidad de la Iglesia, el propósito eterno de Dios, que la meta del cristiano no es meramente llegar al cielo sino ser como Jesús, la Iglesia funcionando en grupos de discipulado por las casas, la vigencia de todos los dones y ministerios incluyendo el ministerio apostólico y profético; la inmutabilidad de La Palabra de Dios, la indisolubilidad del matrimonio, el kerigma y la didaké de los apóstoles, la misión de la Iglesia como agente de transformación en medio de las naciones; y otras verdades más.
 L.C.: ¿En qué medida verdades como la llenura del Espíritu, la unidad de la Iglesia, el señorío de Cristo, el Evangelio del Reino, el discipulado y la Iglesia por las casas han traído una renovación al Cuerpo?
J.H.: En la década de los 60 y 70, este mover del Espíritu al introducir experiencias y enseñanzas nuevas produjo mucha resistencia en muchos sectores más tradicionales. Pero hoy gracias a Dios eso ya es historia. La inmensa mayoría de las congregaciones y denominaciones acepta la mayor parte de esas verdades. Aunque considero que aun nos falta mucho para comprender y sobre todo para vivir de acuerdo a la revelación recibida. Hoy casi en todas las congregaciones el culto tiene el estilo que comenzó en aquellos años.
Recuerdo cuando por primera vez introdujimos el teclado, la guitarra eléctrica y la batería acompañando la alabanza y la adoración. Hoy eso es común en casi todas partes. El aplaudir, saltar y danzar en el culto a Dios escandalizaba a muchos. En la década del 80 el Señor usó poderosamente al evangelista Carlos Annacondia en un fuerte ministerio de liberación y milagros, y muchísimas iglesias, antes cerradas, se abrieron a los dones del Espíritu. Muchos ministerios de alabanza surgieron alrededor del mundo, como el de Marcos Witt, e hicieron extensivo ese nuevo estilo de alabanza en todo el globo. Hoy todos hablan del discipulado, del Reino, de la unidad de la Iglesia. Muchos, poco a poco, van aceptando la vigencia de todos los ministerios de Efesios 4. Aunque el gran desafío que tenemos por delante es ser una Iglesia que encarne y viva el Reino de Dios en la tierra con todo lo que ello significa.
 L.C.: En el liderazgo de hoy, ¿hay una conciencia mayor del valor de la unidad?
J.H.: Gracias a Dios, podemos decir definitivamente que sí. Y este proceso de concientización va creciendo y es irreversible, pues es la respuesta del Padre a la oración de su Hijo en Juan 17. Hoy todos hablan de la unidad de la Iglesia. En aquellos primeros años fuimos muy resistidos y acusados de que queríamos formar una megaiglesia. Hoy pocos discuten el principio bíblico de que en cada ciudad hay una sola Iglesia. En una ciudad puede haber muchas congregaciones pero no muchas iglesias. Y ella está avanzando gradualmente a funcionar en cada ciudad como un solo Cuerpo bien concertado y unido entre sí. El desafío que tenemos por delante es muy grande. Conceptualmente ya no hay tanta resistencia. Aunque hoy tenemos muchos interrogantes, lo que sí sabemos es que llegará el día cuando todos los verdaderos hijos de Dios estaremos integrados formando un solo Cuerpo en cada ciudad del país. Seremos uno, y el mundo creerá tal como lo pidió y lo prometió Jesús.
 L.C.: ¿Los consejos pastorales que se formaron en cada ciudad es un avance concreto hacia esa unidad?
J.H.: Definitivamente. Esto ha sucedido en nuestro país por la obra soberana del Espíritu Santo. En la década del 70 yo conocía solo dos consejos de pastores en todo el país, en las ciudades de Resistencia y Sante Fe. Hoy, para la gloria de Dios, hay consejos de pastores en casi todas las ciudades del país. No hubo ninguna oficina humana que coordinara y organizara esto. Esto fue organizado desde la oficina celestial que está en el trono de Dios. El Señor usó a diferentes siervos suyos para fomentar esto. Sería injusto mencionar a algunos pues nos olvidaríamos de otros. Pero fue algo soberano. Lo mismo sucedió, y está sucediendo en otros países del mundo. Pero en cuanto a la unidad, Argentina es uno de los países que está en la vanguardia. Si Dios lo consiguió con los argentinos, que somos conocidos en el resto de América Latina como soberbios, puede hacerlo en cualquier país. Lo formación de los consejos de pastores es el primer paso para avanzar hacia la unidad total que Dios quiere. Llegará el día, en el tiempo de Dios, en que los consejos serán el presbiterio de la ciudad funcionando en una unidad ministerial para alcanzar y servir a toda la ciudad.
L.C.: ¿Cuál es la experiencia del consejo de la Ciudad de Buenos Aires del cual usted es uno de los coordinadores?
J.H.: La experiencia es maravillosa. Hoy somos cinco los coordinadores del Consejo de Capital Federal. Por la gracia de Dios, soy uno de esos cinco: Carlos Mraida, Juan Pablo Bongarrá, Norberto Saracco, Omar Cabrera y yo. La clave es nuestra unidad. Entre nosotros hay amor, respeto, amistad, honra de los unos a los otros. Jamás he visto en ninguno una disputa de poder, ambición de figurar o el querer ser el primero. Dios sabe que lo que estoy diciendo es la verdad. ¡A Él sea toda la gloria!
L.C.: Además de la comunión entre consiervos, ¿cuál ha sido la experiencia de trabajar en una misión unida?
J.H.: El Consejo pasó por varios períodos. El comienzo, en el año 1992, fue una etapa excelente. Llegaron a participar más de ochenta pastores. Éramos más bien un movimiento; no teníamos presidente, ni vice, ni comisión directiva; los cinco que iniciamos fungíamos naturalmente como coordinadores. Fue un período muy bueno. Luego, algunos comenzaron a insistirnos en que debíamos institucionalizarnos. Aceptamos para no contradecir a los que así proponían. Después de una década, y habiendo tenido varias elecciones de presidente y comisión directiva, nos pidieron que los iniciadores reasumiéramos la conducción del Consejo. Para hacerlo pusimos dos condiciones: en primer lugar, desinstitucionalizarnos y encaminarnos hacia el modelo bíblico de Efesios 4. Y en segundo lugar, tener un plan de misión unida para la Ciudad de Buenos Aires, plan que pediríamos a Dios en oración. Y así lo hicimos. Desde Noviembre del 2009 iniciamos un Plan de Misión Unida, y por cuarenta meses consecutivos hasta fines del 2012, bajo el lema “La Argentina que Dios quiere”, llevamos adelante el plan de entregar en cada casa de unas cuatro mil manzanas de la ciudad un folleto con una de las cuarenta frases que habíamos escogido de la enseñanza de Jesús, y con la proclama: “Con Jesucristo es posible”. Esta siembra abundante se hizo también por radio, televisión, afiches y medios masivos de divulgación. Fue hermoso e impactante ver una buena cantidad de congregaciones diciendo simultáneamente lo mismo a los habitantes de la ciudad. Este año avanzamos con otra modalidad de carácter más evangelístico titulado “¿Probaste con Jesús?”, y por los mismos medios que señalamos anteriormente.
L.C.: ¿Por qué hoy se habla del pastoreo de pastores?
J.H.: Los pastores además de ser pastores somos ovejas. Todos necesitamos un pastor para ser edificados, ayudados, cuidados, protegidos y aconsejados. Necesitamos que alguien nos cubra en oración, sepa cómo estamos y nos pastoree personalmente. Somos humanos; tenemos conflictos personales, matrimoniales, familiares. Sufrimos tentaciones, tenemos debilidades, cometemos pecados. Necesitamos ser aconsejados, corregidos y amonestados a fin de ser santificados y crecer en estatura espiritual. Esta es una de las responsabilidades recíprocas que tenemos en el Consejo de Pastores. Ninguno debe estar solo. Los miembros del cuerpo se preocupan los unos por los otros.
L.C.: ¿Cuáles son los desafíos con que se enfrentan los pastores y líderes de hoy?
J.H.: En primer lugar, ser ejemplos de la grey. No es suficiente predicar o enseñar, sino ejemplificar con nuestro carácter y conducta lo que enseñamos. Finalmente la gente no va a seguir lo que les decimos sino lo que hacemos. Debemos poder decirles: sean imitadores de mí, como yo de Cristo.
Nuestra segunda responsabilidad es cooperar con el Señor en la edificación de una Iglesia santa, sin mancha ni arruga ni cosa semejante. Para ello debemos predicar toda La Palabra de Dios, enseñar todos los mandamientos, sin omitir ninguno. Debemos proclamar toda la verdad, elkerigma, y guiar a cada discípulo a vivir lleno del Espíritu Santo.
 L.C.: La Iglesia ha crecido en número pero, ¿estamos transmitiendo los valores del Reino de Dios?
J.H.: Lamento tener que decir que no. Aunque hay honrosas excepciones. Hoy todos hablan del Reino pero, ¿de qué modo este baja a cada uno de los que dicen ser creyentes? Hay una única manera: cuando cada persona acepta a Jesús como el Señor de su vida, el Señor de sus bienes, de su dinero, de su cuerpo, de su tiempo, de su conducta. Muchos han aceptado a Jesús como Salvador, pero no como Señor. Van a la iglesia, cantan, quizás están en el ministerio de la alabanza, o tienen alguna otra responsabilidad como la escuela dominical, la radio, el ministerio juvenil, etc., pero mienten, tienen relaciones sexuales fuera del matrimonio, dicen malas palabras, ven pornografía por Internet. Son avaros, egoístas, violentos en la casa con la esposa o con los hijos. Necesitamos llevar a cada uno a experimentar a Jesús como Señor y dueño de sus vidas, y desde allí transmitirles los valores del Reino.
L.C.: ¿Dónde tenemos que poner el acento para que podamos impactar a una sociedad tan secularizada?
 Hay tres palabras que definen muy bien dónde debemos poner nuestro acento en una sociedad secularizada: calidad, unidad y cantidad. La gente no quiere oír meras palabras. Quieren ver a Jesús en nosotros. Calidad es ser como Jesús, amar como Él, servir como Él, vivir como Él. Dios nos ha llamado a ser uno con todos nuestros hermanos en Jesús: “Que todos sean uno… para que el mundo crea”. También debemos crecer numéricamente. Sí, Dios quiere cantidad, pero con calidad y en unidad. ¡Podemos imaginarnos el impacto en la sociedad si la Iglesia llega a ser una, santa y multitudinaria en cada ciudad! El gran desafío hoy es crecer en estas tres direcciones.
 L.C.: ¿Sigue convencido de que la Argentina un día proclamará que Jesucristo es el Señor?
J.H.: Mi convicción no se fundamenta en una idea mía sino en la palabra eterna de Dios. Está escrito y se cumplirá: “La tierra será llena del conocimiento de la gloria de Dios, como las aguas cubren el mar” (Habacuc 2.14). Estoy plenamente convencido que Él es poderoso para hacer todo lo que ha prometido en Romanos 4.21.