viernes, 25 de octubre de 2013

LOS TEMAS PRINCIPALES DE LA CARTA A LOS EFESIOS Jorge Himitian



(Tomado del escrito "Epístola a los Efesios" del mismo autor)

1 - El propósito eterno de Dios

   Antes de la creación, Dios nos predestinó a adoptarnos como hijos suyos por medio de Jesucristo. Como Padre, su propósito eterno es tener una gran familia de muchos hijos semejantes a su Hijo. Esta familia, que es su iglesia, de acuerdo al plan de Dios tiene tres características principales: Unidad, calidad y cantidad.
   Todo esto es tan sólo posible a través de Jesucristo. El propósito principal y final de la iglesia es la alabanza de la gloria de Dios, lo cual será  posible únicamente si la iglesia tiene las tres características señaladas.

2 - Volver a unir todas las cosas bajo el mando de Cristo.

   El pecado, que básicamente es rebelión contra Dios, produjo en la  humanidad corrupción, maldición y muerte.
El pecado destruyó la unidad del universo, y produjo división, discordia y enemistad en las siguientes relaciones:
         - El hombre con Dios
         - El hombre consigo mismo
   -El hombre con su prójimo
         - El hombre con la naturaleza
         - El marido con su mujer
         - Los padres con los hijos
         - Los gobernantes con los gobernados
         - El patrón con el obrero
         - Los judíos con los gentiles. Etc.      
   En este estado de la humanidad, en la consumación de los tiempos, Dios envió a su Hijo al mundo para volver a unir en él todo lo que el pecado había dividido.
   Ahora el plan de Dios es unir, reconciliar, armonizar en Cristo todo lo que el pecado destruyó y separó  (1.9 y 10).
Este es uno de los pensamientos principales subyacentes en esta epístola.

3 - La iglesia

   El contenido de esta epístola nos proporciona la más completa y excelente revelación acerca de la iglesia del Señor.

   ¿Qué es la iglesia? ¿Cuál es el plan de Dios para la iglesia? ¿Cuál es la relación entre Cristo y la iglesia? El apóstol enseña acerca de las principales características de la iglesia, el fundamento apostólico de la iglesia, los ministerios de la iglesia, la forma de edificar la iglesia. Enfatiza principalmente la unidad y la santidad de la iglesia.    Presenta a la iglesia como cuerpo de Cristo, como familia de Dios, como templo del Espíritu, como la desposada de Cristo.

miércoles, 23 de octubre de 2013

¿EL CARTEL O LA CRUZ? Oscar Gómez

   
 Nuestro proyecto de vida y objetivos en Cristo serán determinados por aquello en lo que centramos el interés. Si el foco de atención es correcto también lo serán nuestras acciones y sus consecuencias; en cambio, si el centro es equivocado también lo serán los resultados finales.
   En las escrituras encontramos dos tipos de personas: aquellos cuyo interés primordial fue el cartel que estaba sobre la cruz y los que fijaron su atención en la cruz. Hoy nosotros tenemos también dos opciones: el cartel o la cruz ¿Cual elegiremos?

“Escribió también Pilato un título, que puso sobre la cruz, el cual decía: JESÚS NAZARENO, REY DE LOS JUDÍOS. Y muchos de los judíos leyeron este título; porque el lugar donde Jesús fue crucificado estaba cerca de la ciudad, y el título estaba escrito en hebreo, en griego y en latín. Dijeron a Pilato los principales sacerdotes de los judíos: No escribas: Rey de los judíos; sino, que él dijo: Soy Rey de los judíos. Respondió: Pilato: Lo que he escrito, he escrito” (San Juan 19: 19 al 22)

   La costumbre de ese tiempo consistía en colocar un cartel sobre la cruz  señalando el nombre de la persona y la causa criminal por la cual era crucificado. El término traducido letrero es “titlos”.
   Pilato puso este título como un insulto y reproche para los judíos. Según los historiadores lo obligaron a crucificar a un hombre inocente y de esta manera él tuvo la última palabra ya que este título proclamaba a todo el mundo que Jesús de Nazaret era el verdadero Mesías, el Rey de los judíos. Sin duda alguna le dio mucho gusto a Pilato tildar a los judíos como homicidas de su propio rey.
¿Por qué estos tres idiomas? Los judíos hablaban arameo, el idioma común del imperio era el griego y el  latín de los oficiales y soldados romanos.
  
·        LOS QUE FIJAN SU ATENCIÓN EN EL CARTEL

“un título”
1. Están pendientes de los títulos.

“¡Ah, es un ingeniero, médico! ¡Qué bueno! Sí, es doctor en teología. El que viene es un profeta…el apóstol fulano de tal”. Nos detenemos en los títulos y no en la persona. Ponemos el título primero, antes que la cruz. Los títulos son muy buenos pero hay que entregarlos al Señor, dedicarlos al Cordero. Apocalipsis 5: 12 “El Cordero que fue inmolado es digno de recibir el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, el honor, la gloria y la alabanza”

“que puso sobre la cruz”
2. Piensan que superaron la cruz.

   Dicen: “No hermano, sacrificarse por la obra era para los primeros discípulos, ahora es distinto” El post modernismo dejó de lado el modernismo, pero también el post cristianismo cree haber superado las instancias de la cruz, que es el eje central de nuestra fe. Son los que con sus conceptos y sus acciones creen que van más allá de la vergonzosa cruz y por ende se escandalizan de ella. Filipenses 3: 18 “Porque por ahí andan muchos, de los cuales os dije muchas veces, y aún ahora lo digo llorando, que son enemigos de la cruz de Cristo; el fin de los cualas será perdición, cuyo dios es el vientre, y cuya gloria es su vergüenza; que sólo piensan en lo terrenal”

el cual decía: JESÚS NAZARENO, REY DE LOS JUDÍOS”
3. Están saturados de lemas cristianos que no llevan al corazón.

   Jorge Himitian dijo que la palabra de Dios tarda segundos en entrar en la mente pero años, décadas o toda una vida en llegar al corazón. Pilato era puro cartel pero nada de obediencia. A lo mejor llamó al mejor carpintero artesanal para fabricarlo.
   Hoy vemos carteles en las iglesias “IGLESIA DEL EVANGELIO COMPLETO DE LA HERMANDAD CARISMÁTICA” “IGLESIA CONFRATERNIDAD CRISTIANA INTERNACIONAL”, etc. Hay una especie de competencia para ver quien pone el cartel más grande y luminoso. Y así sucede con los calcos en los autos, los lemas de retiros, anuales de las iglesias, algunos muy preciosos. El hecho está en que el cartel, la pancarta, el lema publicitario o propaganda lleguen al corazón y lo pongamos en práctica. Santiago nos exhorta a ser hacedores de la Palabra no tan solo oidores. El cartel siempre lleva a que perdamos de vista la cruz, aunque esté frente a ella, me hablen de ella o insten a tomarla. Alguien dijo que no somos la iglesia del cartel.

“Y muchos de los judíos leyeron este título; porque el lugar donde Jesús fue crucificado estaba cerca de la ciudad”
4. Los que fijan su atención en el cartel piensan que la gente va a creer solamente por leer la propaganda.

   La versión de la Biblia Paráfrasis menciona: “para que la mayoría de las personas pudieran leerlo”. Muchos se alegran porque multitudes leen el cartel, pero al fin y al cabo no pasa nada, no se reportan conversiones porque falta la predicación frontal del evangelio, la proclamación verbal de la muerte y resurrección del Señor. Yo creo en la obra soberana del Espíritu Santo eb las personas pero también sostengo que hay que hablar de Cristo. La palabra siempre será la herramienta del testimonio cristiano. No olvidemos esto.

“y el título estaba escrito en hebreo, en griego y en latín”
5. Se van por la tangente de la sabiduría humana.

   Son aquellos que tienen mucha letra, conocen los versículos en hebreo, en griego y latín pero no el efecto poderoso de la palabra. El conocimiento intelectual trae cierto grado de confianza, de goce, pero la revelación espiritual es lo que nos hace crecer, desarrollar y expandirnos en Dios.
   Si todo nuestro griego, hebreo y latín no nos permite llevar fruto y ser más semejantes a Jesús, no sirven de nada. Mi abuelo materno rezaba en latín, pero en casa nadie entendía. Cuidado con ser “ratones de biblioteca” sin obras, sin fruto y sin proyección en las cosas del Señor.

“Dijeron a Pilato los principales sacerdotes de los judíos: No escribas: Rey de los judíos; sino, que él dijo: Soy Rey de los judíos. Respondió: Pilato: Lo que he escrito, he escrito”
6. Entran en controversias y discusiones que no hacen al fondo de la cuestión.

   Se preocupan por la coma, el punto, el acento de una frase. El meollo de la cuestión era que un hombre era crucificado, el evento no era el cartel y su contenido, se trataba de un hombre justo que sufría de manera sanguinaria. No era la inscripción lo importante sino la brutalidad del acto. Los que entran en controversias y discusiones por cosas secundarias se introducen en un laberinto difícil de salir.

7. Pierden la capacidad de ejercer misericordia.

   En definitiva los que se fijan en el cartel desprecian, desatienden lo esencial que es la obra de la cruz y el sacrificio del Hijo de Dios. Un cuerpo ensangrentado no los inquietaba, no les dolía, habían perdido la misericordia y la compasión.

8. Están a los pies de la cruz con motivaciones equivocadas.

   Se puede estar a los pies de la cruz pero con intereses ajenos a ella, con intenciones espurias. Los que afirmaron el cartel en la cruz pensaron en “hacer su diferencia”, es decir el rédito que podían sacar, no en el padecimiento del crucificado. La escandalosa cruz como emblema de afrenta y dolor donde el Hijo de Dios iba a entregar su vida en rescate por la humanidad era lo importante.

·        LOS QUE SE DETIENEN EN LA CRUZ

“Estaban junto a la cruz de Jesús su madre, y la hermana de su madre, María mujer de Cleofas, y María Magdalena. Cuando vio Jesús a su madre, y al discípulo a quien él amaba, que estaba presente, dijo a su madre: Mujer, he ahí tu hijo. Después dijo al discípulo: He ahí tu madre. Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa”

“cuando vio Jesús..”
1. Logran que Jesús se detenga en ellos.

   Los ojos de Dios recorren toda la tierra pero se detienen en algunos. Estas mujeres estaban al pie de la cruz contemplando a Jesús y provocaron que él se dirigiera hacia ellos, los tuviera en cuenta. Les habló desde la cruz dándoles instrucciones del cuidado mutuo. Los que centraron su interés en la cruz eran tres mujeres y un varón. El 75 % eran mujeres.

“Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa”
2. Asumen su responsabilidad.

   Aquellos cuyo centro de interés es la cruz toman su responsabilidad en las cosas que el Señor les ordenó.

3. Aprenden lo que es el dolor, el quebranto, la renuncia, la humillación y los efectos de la injusticia.

   Solamente mirando la cruz y a Jesús colgado del madero podrán experimentar gradualmente estas cosas. Una vida liviana, superficial, que busca siempre lo fácil y su felicidad cueste lo que cueste no descubrirá las riquezas del trato divino.

4. Valoran más a las personas que las cosas.

   A estas mujeres y al discípulo que estaba al pie de la cruz les interesaba la persona de Jesús no el letrero o las cuestiones periféricas. El pecado en el huerto de edén trajo como consecuencia que el hombre valore más las cosas que las personas. Jesús durante su ministerio apuntó a las personas (Marcos 8: 1 al 4) Los discípulos dijeron “éstos”, él dijo “la gente”. Antes de partir con el Padre nos ordenó que hagamos discípulos no edificios, es decir que nos enfoquemos en las personas. La sanidad y liberación que él dispensaba no era más que el amor de Dios por las multitudes. La evangelización debe hacerse por compasión y misericordia nunca para hacer adeptos de una organización. El discipulado es la más noble y la más alta función que un cristiano puede realizar porque se trata solamente atender personas. Jesús conocía muy bien este principio.
   Lo mejor que podemos hacer en esta vida es dejar discípulos que se asemejen a Jesús para ello hay que ganarlos, predicarles el evangelio de la gracia, si no seremos como sombras fugaces en este mundo, sin pena ni gloria.

En conclusión:

   No nos detengamos en el “letrero”, en las cosas superficiales, prestemos atención y abracemos la cruz a fin de ser transformados a la semejanza del Hijo de Dios.














sábado, 19 de octubre de 2013

CARACTERÍSTICAS DEL SACERDOTE Jorge Himitian



     Hebreos 4.14 Por tanto, teniendo un gran sumo sacerdote que traspasó los cielos, Jesús el Hijo de Dios, retengamos nuestra profesión" "para que se muestre paciente con los ignorantes y extraviados, puesto que él también está rodeado de debilidad; 7 Y Cristo, en los días de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente. 8 Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia; 9 y habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen"

Tiene COMPASIÓN – 4.15 Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda 
compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra 
semejanza, pero sin pecado. 

Tiene ACCESO AL TRONO – 4.16 Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro. 

Es un INTERCESOR ( a favor de otros ) 5.1 Porque todo sumo sacerdote tomado de entre los hombres es constituido a favor de los hombres en lo que a Dios se refiere, para que presente ofrendas y sacrificios por los pecados; 

Busca MISERICORDIA y GRACIA – 4.16 Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro. 

Es PACIENTE – 5.22 para que se muestre paciente con los ignorantes y extraviados, puesto que él también está rodeado de debilidad;  

Ruega, suplica con gran CLAMOR Y LÁGRIMAS - 5.7 Y Cristo, en los días de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente. 

Aprende OBEDIENCIA por el padecimiento – Hebreos 5:8 Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia; 9 y habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen;

viernes, 18 de octubre de 2013

JESÚS Y SUS FOCOS DE ATENCIÓN Oscar Gómez



  
 

   Los hombres que aceptaron estar bajo la autoridad y enseñanza de Jesús, aparte de recibir sus instrucciones, observar su modo de vida y conducta, descubrieron el centro de su atención, lo que despertó su interés. Revisando el evangelio de San Juan en los capítulos 13 al 17 observamos cuatro focos hacia los cuales Jesús orientó su vida.
   Son tan sencillos que podemos pasarlo por alto, no obstante si no lo tenemos en cuenta corremos el peligro de concentrarnos en cosas secundarias e intrascendentes.
     El amor, la comunión con el Espíritu Santo, el fruto obtenido y la unidad son las cuatro cosas esenciales en que centró su atención el Señor Jesús, en ellos está la esencia de la vida cristiana.

   El amor

   “Un nuevo mandamiento os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. En este conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros” 

San Juan 13: 34/35

    “Un mandamiento nuevo os doy...” Aquí la palabra nuevo es “kainós”, recién creado o dicho por primera vez pero que necesitaba ser revitalizado, reimpulsado, renovado, presentado en una nueva calidad, nuevo formato, nuevo valor, nuevo color, nueva gracia, con una nueva intensidad. En otras palabras, Jesús les dijo que tenían que revitalizar, darle una nueva intensidad al amor mutuo.
   La primera vez que asistí a la iglesia fui recibido por Jorge, un hermano de la comunidad cristiana, quién antes de entrar al recinto me abrazó de tal manera como nadie lo había hecho hasta ese momento demostrando interés genuino. Experimenté el amor no fingido.
   ¿Hacia quienes debemos dirigir nuestro amor? En primer término a los discípulos. Los pasajes que hemos visto se refieren al amor entre los discípulos del Señor. Necesitamos una nueva infusión de amor entre nosotros, en los grupos de discipulado, en las relaciones, en casa, en las distintas relaciones y en la evangelización. Todas estas cosas deben ser revitalizadas. Nuestra verdadera identidad como hijos de Dios será reconocida por el amor mutuo siendo una réplica del amor de Jesús “como yo os he amado”.
   En segundo lugar los cercanos deben ser objeto de nuestro amor. Es el amor más sufriente, a veces más hiriente. Si nos hace un daño nos puede afectar o no, pero si nos hace algo una persona cercana, aún de nuestro núcleo familiar causa dolor, provoca heridas. No obstante tenemos que amarlos.
   También la gente ocasional merece nuestro amor. A veces los encuentros son circunstanciales y otros los preparó el Señor. Somos llamados a percibir al ser humano que está a nuestro alrededor. Los discípulos de Jesús debemos tener una actitud inclusiva, que considera a sus semejantes. Dijo cierto escritor cristiano: “la mera existencia humana contiene gloria suficiente como para que cualquiera de nosotros caiga perplejo con temor reverencial”.
   Por último los enemigos no deben quedarse afuera del amor de Dios. Esto sí que es difícil, es un acto innatural, va contra nuestra naturaleza humana, es a la vez un mandamiento.
   Oswald Sanders, misionero y pastor, expresó: “Jesús impone sobre el discípulo el imposible requisito de amar al enemigo que le odia, ultraja y persigue. Es una increíble ley de amor. Por supuesto no nos gusta el enemigo que nos persigue, y envilece, pero no debe impedir que le amemos. La palabra ágape tiene que ver con un amor moral y volitivo, ama a pesar de lo repulsivo del objeto. Es un amor sostenido que no se desalienta, que no demanda o desea, sino que da, que sigue amando a pesar del insulto o la injuria sufrida”
              
   La comunión con el Espíritu Santo

   “Si me amáis, guardaréis mis mandamientos; y yo pediré al Padre y os dará otro Paráclito, para que esté con vosotros para siempre, el Espíritu de la verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque no le ve ni le conoce. Pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros. No os dejaré huérfanos: volveré a vosotros”

San Juan 14: 15 al 18

 En segundo término Jesús fijó su atención a la comunión con el Espíritu Santo. El profundo y desinteresado amor entre los discípulos trae como consecuencia una fluida comunión con el Espíritu. Este amor manifiesto en medio de la hermandad es el portal a la presencia del Espíritu del Señor. Una comunidad de amor debe apuntar a ser una comunidad del Espíritu. Notemos como funcionan:

·        La comunidad de amor recibe a las personas, la comunidad del Espíritu las desarrolla.

·        La comunidad de amor contiene, la comunidad del Espíritu  expande a la hermandad

·        La comunidad de amor produce enfermeros del reino, la comunidad del Espíritu los convierte en soldados del Señor.

   Jesús rogó al Padre para que nos dé un paráclito, un compañero designado para estar al lado, palabra que tiene matices jurídicos, se trata de un abogado, también se traduce como “otro defensor”. Dijo que siempre estará con nosotros. Se le llama “Espíritu de verdad”, nos libra de toda mentira, de desvíos doctrinales, del más leve error, de falsa inspiración y de la obra meramente humana. Hace que la comunidad de los discípulos viva en la verdad, en la visión impartida por el Señor. El mundo no lo ve ni lo conoce al Espíritu, pero el Señor dice que nosotros sí lo conocemos.
   El Espíritu de verdad nos salva de enseñanzas y prácticas equivocadas. En distintos momentos de nuestra trayectoria como iglesia el presbiterio se ocupó de corregir la intromisión de distintos sobre énfasis perniciosos. Seguramente lo tendrán que hacer hasta la venida del Señor. Después Jesús sigue centrando su atención al Espíritu Santo.
   “Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me voy, no vendrá a vosotros el Paráclito; pero si me voy, os lo enviaré: y cuando él venga, convencerá al mundo en lo referente al pecado, en lo referente a la justicia y en lo referente al juicio; en lo referente al pecado, porque no creen en mí;
en lo referente a la justicia porque me voy al Padre, y ya no me veréis; en lo referente al juicio, porque el Príncipe de este mundo está juzgado. Mucho tengo todavía que deciros, pero ahora no podéis con ello. Cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad completa; pues no hablará por su cuenta, sino que hablará lo que oiga, y os anunciará lo que ha de venir. El me dará gloria, porque recibirá de lo mío y os lo anunciará a vosotros. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso he dicho: Recibirá de lo mío y os lo anunciará a vosotros”
San Juan 14: 7 al 15

   La obra del Espíritu Santo en tres direcciones: convencerá de pecado, aquí la palabra “convencer” significa “embestir”. Arremeter violentamente contra otro. Caer una pared encima.
   No solamente convencerá de pecado, también de justicia y de juicio declarando Satanás que ya ha sido juzgado, está sentenciado a cadena perpetua. Si usamos una figura legal podemos decir que está acusado de “desobediencia, asociación ilícita y genocidio”.
   Oscar Marcelino, pastor de la comunidad cristiana en la provincia de Buenos Aires expresa lo siguiente: “la experiencia más dolorosa de la Iglesia no ha sido la persecución o el martirio de los cristianos, la mayor tragedia de la iglesia ha sido desalojar al Espíritu Santo del gobierno, colocando al hombre y a la instituciones religiosas en su lugar. Somos testigos de un proceso que culminará con la devolución del gobierno al Espíritu Santo y por lo tanto la restauración total de la iglesia. En la hora presente nuestra responsabilidad es ser un movimiento del Espíritu, una comunidad que vive en relación con El, bajo su gobierno. Nuestra tarea es inquirir permanentemente donde se mueve el Espíritu Santo y discernir los tiempos”.

   La presencia del Espíritu en la iglesia producirá verdadera comunión espiritual, que es mucho más que tertulias, intercambios de ideas u opiniones.

   El fruto

   No solamente el Maestro se focalizó en el amor y en la comunión con el Espíritu Santo, prestó atención al fruto, al resultado de la obra.
   “Yo soy la vid; vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto; porque separados de mí no podéis hacer nada. Si alguno no permanece en mí, es arrojado fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen, los echan al fuego y arden. Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y lo conseguiréis. La gloria de mi Padre está en que deis mucho fruto, y seáis mis discípulos” 
Juan 15: 5 al 8

    “No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros, y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y que vuestro fruto permanezca; de modo que todo lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo conceda”

                                                                                                        San Juan 15:16


   Al practicar el amor fraterno y cultivar una comunión íntima con el Espíritu Santo, el resultado será el fruto, nuevos hijos de Dios, personas que reconozcan el Señorío de Jesucristo en sus vidas. Este pasaje nos enseña lo siguiente:

·        Si estamos insertados en la vid fructificar será algo natural.

·        Para llevar fruto es necesario orar “pedid”.

·        La consigna es llevar mucho fruto.

·        El Señor nos dio una posición que no debemos perder “os he puesto”.
  
·        Ser maestros ambulantes “vayáis”

·        El fruto debe permanecer, por tanto hay una tarea: visitar, atender y discipular a los nuevos en la fe.


La unidad

   La unidad será producto del amor, de la comunión con el Espíritu, y del fruto obtenido. El interés de Jesús en la unidad se descubre en su oración del capítulo 17 de San Juan, hecha en presencia de sus discípulos.

   “Yo ya no estoy en el mundo, pero ellos sí están en el mundo, y yo voy a ti. Padre santo, cuida en tu nombre a los que me has dado, para que sean uno como nosotros”

San Juan 17:11

    El requisito indispensable para la evangelización mundial es que seamos uno, sin ello el mundo no se doblará ante el Señor, pero creemos y afirmamos que la oración de Jesús al Padre será contestada aquí en la tierra. Aleluya!!




viernes, 4 de octubre de 2013

LA COMUNIDAD QUE JESÚS FUNDÓ 2da. Edición Oscar Gómez




   Uno de los principales aportes que hizo a la Iglesia el movimiento de renovación y restauración de los años 60 fue volver a los fundamentos de los apóstoles y profetas. Este movimiento comenzó a ver un modelo a seguir en la iglesia del libro de los Hechos.
   Necesitamos ir un poco más atrás de los Hechos, retornar a los cuatro evangelios a fin de descubrir la persona, el ejemplo, la obra y el estilo de Jesús, ahí nos encontraremos con “la Comunidad de Jesús”.
   En una casa comúnmente hay varios espejos, también en la obra espiritual. Podemos reflejarnos en distintos modelos, pero y ¿a cuál recurriremos? Necesitamos mirar una vez más y con mucha atención a Mateo, Marcos, Lucas y Juan, que nos muestran la persona de Jesús y la comunidad que fundó.  Los cuatro evangelios deben ser un manantial de donde hoy la iglesia saque como en sus días más puros su propia inspiración.
    Hugo O. Martínez, pensador cristiano contemporáneo, expresa: “¿Por qué Jesús llama a dos parejas de hermanos para iniciar su ministerio? A nuestro de entender tendría una doble función, en primer lugar por la misión se ejerce en comunidad y para la comunidad. Es decir que los discípulos van acompañados, y Jesús mismo quiere dar el ejemplo no haciendo ninguna actividad pastoral, por decirlo así, si no es cuando constituye un grupo” 1.
   Comunidad fue lo primero que hizo Jesús. Fue desde esa comunidad que formó doce apóstoles, realizó sus prodigios, predicó y desde ella hizo la voluntad de su Padre.
  
   “El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo”

                                                     1° Juan 2:6

¿Cuáles eran las características de esta comunidad que Jesús estableció? A través de un estudio a conciencia de los evangelios podemos destacar algunas particularidades de este grupo.

   Radicalidad

   La comunidad de Jesús fue revolucionaria, pero entiéndase revolución no en términos bélicos sino como cambio o transformación profunda y radical con respecto al pasado inmediato.
   Jesús, su líder, confrontaba sin miedo a los religiosos de su época. ¿Qué denunciaba? ¿De qué los acusaba? Que sus tradiciones y costumbres habían invalidado la Palabra de Dios. Que decían y no hacían colocando pesadas cargas en las personas que ni ellos mismos llevaban. Les llamaba hipócritas, guías ciegos, sepulcros blanqueados. Ruben Dri en su libro titulado “La utopía de Jesús” asevera: “Tenemos la idea de un Jesús tan manso que es incapaz de un acto de violencia como el que protagonizó en el templo; es tan dulce que es inconcebible que pronuncie reprensiones fuertes, que no es amante del sufrimiento, que nunca participó en problemas, con un mensaje completamente ajeno a las ideologías de su época” 2.
    Jesús fue “la voz cantante” de este grupo en los primeros tiempos, un verdadero iconoclasta, término que indica cualquier persona que objeta dogmas o convenciones establecidas. Esta circunstancia de confrontación hizo que la comunidad de Jesús fuera perseguida, rechazada y despreciada. El escándalo público era una constante donde este grupo se encontraba.
    En términos generales, salvo honrosas excepciones, la denuncia profética y la confrontación con la verdad no es un rasgo distintivo de la iglesia. La radicalidad del mensaje nunca debe perderse si es que en realidad anhelamos un porvenir mejor que el pasado.

   Pasión por el reino de Dios

   El mensaje central de la comunidad que Jesús fundó fue el reino de Dios, pregonaban un nuevo gobierno, el de Dios, les decían a sus contemporáneos: “No mandamos más nuestras vidas, ahora Dios quiere ser el centro  y máxima autoridad”. Anunciaban que el arrepentimiento era el primer requisito para estar bajo ese nuevo gobierno. Para ellos el reino de Dios no era el lema de un retiro o  una hermosa y colorida pancarta, estaban enajenados y saturados con él.
   Hermanos: una vez más comprendamos que el reino de Dios es todo, no algo. Tener como centro de todas las áreas de nuestra vida este reino a fin que pueda cumplirse el propósito supremo. Lo que sostiene la iglesia garantizando su consolidación y avance es una clara comprensión del gobierno de Dios, del señorío de Jesucristo y el arrepentimiento como condición fundamental para ser parte de la comunidad de cristianos.
   
   Manifestación de milagros

   Los cuatro evangelios están saturados de experiencias carismáticas por parte Jesús y su grupo. Hubo sanidades, milagros creativos y restaurativos, resurrecciones, maravillas, señales, prodigios y expulsión de espíritus inmundos.
   Estas operaciones sobrenaturales se daban en las calles, los caminos, junto al mar, no estaba limitada a un recinto, tampoco necesitaban provocar de un “clima especial” o un teclado de fondo. La misericordia y la necesidad de la gente eran la motivación para sanar y hacer bienes. 
   Actuemos con fe y en fe, el Señor respaldará nuestras obras con su poder cuando como iglesia nos dispongamos a creer que él es poderoso para hacer más abundantemente de lo que pedimos o entendemos. Sin intervenciones sobrenaturales la iglesia no difiere en nada del resto de las organizaciones humanas.

   Atracción

   “Pero los fariseos dijeron entre sí: Ya veis que no conseguís nada. Mirad, el mundo se va tras él”

            San Juan 12:19

   Historiadores eminentes comentan que diariamente unas veinte mil personas seguían a Jesús, lo buscaban, querían recibir su toque, estar cerca de él, verlo y escuchar sus enseñanzas. No cabe duda que era una comunidad atractiva.
   La gracia de Dios derramada sobre la iglesia es lo que hará que las personas sean atraídas hacia ella. La mayor atracción no la ejercerá por sus luces, música o suntuosos edificios sino por la presencia de Jesús en medio de ella.

   Prácticidad

   Era una comunidad activa no conferencista. Palabra y poder acompañaban la obra. Los discípulos aprendían preguntando a Jesús por las cosas que había hecho; primero estaba la acción y después de la charla. Como destacamos en el capítulo anterior ellos hacían las obras y luego venía la instrucción.
   La enseñanza era a manera de diálogo, había interrupciones, preguntas, enfados y aceptaciones de la verdad; no era el típico sermón donde no está la posibilidad de preguntar u objetar al que habla. No tenían formalidad alguna. En el esquema actual tratar de interrumpir al predicador para preguntar o hacer un aporte es visto como una insolencia, una irreverencia, el resultado es que los oyentes generalmente se van con más dudas que claridad.
  
   Un erudito lo expresa así: “La proclamación original del mensaje cristiano era una conversación de doble vía pero cuando las escuelas de oratoria del mundo occidental se apoderaron del mensaje cristiano convirtieron a la prédica cristiana en algo enormemente diferente. La oratoria ocupó el lugar de la conversación. La grandeza del orador tomó el lugar Jesucristo. Y el diálogo entre el orador y el oyente pasó a ser un monólogo. En resumen, el sermón grecorromano reemplazó el profetizar, el compartir abiertamente y la enseñanza inspirada por el Espíritu. El sermón pasó a ser el privilegio elitista de los oficiales de la iglesia, especialmente los obispos. Estas personas debían ser educadas en las escuelas de retórica para aprender a hablar. Sin esta clase de educación, no se le permitía a un cristiano hablar al pueblo de Dios. Ya en el tercer siglo los cristianos llamaban a sus sermones con el mismo nombre que los oradores griegos denominaban sus discursos. Los llamaban homilías. Hoy uno puede tomar un curso de seminario llamado homilética para aprender a predicar. Se considera a la homilética como “una ciencia que aplica las reglas de la retórica, que tienen su origen en Grecia y Roma”. Expresado de otra manera, ni las homilías (los sermones) ni la homilética (el arte de dar un sermón) tienen un origen cristiano. Fueron tomados de los paganos”

   Sin embargo Jesús predicaba en lugares donde la gente pescaba, trabajaba y recogía agua. Dio algunas charlas en sinagogas, pero el mayor contacto se daba “in situ”, en los lugares donde la gente vivía o desarrollaba sus quehaceres.
  
   Por favor algún lector intente responder estas preguntas: ¿Dónde estaba el púlpito de Jesús? Hace poco se publicó que los arqueólogos encontraron unos clavos oxidados en unas excavaciones realizadas en las afueras de Jerusalén pero el púlpito no apareció. ¿Dónde estaba su templo, su salón de conferencias? ¿En qué dirección? ¿A qué hora se reunían? ¿Dónde estaba el coro? ¿Dónde los músicos? ¿Y su seminario? Si la comunidad de Jesús no necesitó estas cosas todavía no entiendo por qué las consideramos imprescindibles?
  
   Exigencia

   Bajo nuestra perspectiva moderna, humanista, hedonista e individualista podemos catalogar a la comunidad de Jesús como exigente al extremo. ¿Por qué? Para ser parte de esta comunidad había que reunir tres condiciones básicas: renunciamiento a ligaduras familiares, a nuestra propia vida y a los bienes materiales.


“Grandes multitudes iban con él; y volviéndose, les dijo: 26 Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo. 27 Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo. 33 Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo.

                                 Lucas 14:25 al 27 y 33
  
Estas tres condiciones pueden resultar vitales para unos o mortales para otros. Si los aplicamos tendremos vida, pero sufriremos las consecuencias si los despreciamos.

   Vínculos  estrechos

   Estaban tan juntos que no necesitaban preguntarse ¿cómo andas? Jesús, el líder, los llamó a “estar con él” demostrando así los beneficios de tener relaciones firmes.
   Simbiosis del griego “convivir” son las relaciones de mutualidad en las que todos los distintos organismos salen beneficiados. La simbiosis  de los santos es lo que produce la verdadera edificación.
   La característica predominante en la comunidad de Jesús eran las relaciones en amor.
   Cuando los envió “dos en dos” quiso que aprendieran los beneficios y privilegios de trabajar juntos, en equipo, relacionados, unidos como coyunturas y ligamentos, que se compadecieran de sus debilidades y apreciaran sus virtudes, que se conocieran tal como eran.
   Si fallan las uniones de los discípulos lo demás no puede sostenerse en el tiempo. Para formar comunidad hay que “sentir lo mismo, tener el mismo amor, ser unánimes, sentir la misma cosa” (Fil. 2:2). En una comunidad tenemos que estar todos “armados del mismo pensamiento” (1P. 4:1).

   Si la iglesia practica la fe como lo hizo la comunidad de Jesús será fructífera lo único que al final del camino le espera una cruz, en la cúspide no habrá aplausos o agradecimientos sino cruz. Ellos padecieron afrenta, contradicción y persecución hasta el último momento. Sin persecución la iglesia es absorbida por el medio, mueren los profetas, la fuente de vida se seca y los fieles viven una fe de segunda mano lapidando e continuo a sus enviados.
   Los cuatro evangelios debe ser vistos en términos de una comunidad cristiana modelo no como descripciones individuales acerca de Jesús y los apóstoles.

   El verdadero análisis de la iglesia lo encontramos en los evangelios como sustancia, espejo y arquetipo de Comunidad. Si Jesús hubiese tenido la intención de establecer un programa de actividades, forma de culto, edificar un templo o hacer otras cosas tuvo tres años para implementarlo pero no lo hizo y tampoco dejó recomendaciones para que a futuro se realizara. La sencillez fue la característica fundamental de su comunidad.
   ¡Esa comunidad era la semilla de mostaza que con el tiempo iba a crecer para convertirse en árbol donde pudieran anidar las aves!
 













A CONTINUACIÓN (To be continued)

Ahora estamos viviendo 500 años después de la reforma con Martín Lutero. Estamos agradecidos por lo que él hizo, pero no vemos la Iglesia...