viernes, 27 de septiembre de 2013

SOPORTÓ LA TENTACIÓN Oscar Gómez




   Hace más de dos mil años en un desierto lejano para nosotros tuvo lugar lo que en el mundo del boxeo se podría denominar “la pelea de la historia”. Al fin se encontraban cara a cara Jesús -el León de la tribu de Judá- campeón de pesos pesados y su contrincante el diablo, la serpiente antigua o “El Negro” como lo llamaban en las primeras comunidades cristianas quien esta vez no logró esconder su persona ni disimular sus acciones como acostumbra.
    Los púgiles se estudiaron bien en las primeras vueltas hasta que cada uno esgrimió su arma predilecta. Satanás atacó con sus mentiras y Jesús lo resistió con la Palabra de Dios. Evidentemente ambos conocían muy bien las escrituras.
  
   En el escenario no había luces ni anunciadores, tampoco butacas repletas de espectadores ansiosos de ver  intercambios de golpes. No hubo publicidad en Jerusalén y alrededores, fue una pelea “a puerta cerrada”, sin embargo los historiadores deducen que ante la carencia de observadores las alternativas las tuvo que haber aportado Jesús. Soledad, calor intenso y fieras era el paisaje. Para los hebreos el desierto era el sitio donde habitaban los espíritus del mal y destinado a solitarios penitentes. Este combate fue de tal magnitud que allí se resolvió el futuro de la humanidad. Así lo describió Mateo:

   “Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo. Y después de hacer un ayuno de cuarenta días y cuarenta noches, al fin sintió hambre. Y acercándose el tentador, le dijo: “Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes”. Mas él respondió: “Está escrito: No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”. Entonces el diablo le lleva consigo a la Ciudad Santa, le pone sobre el alero del Templo, y le dice: “Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: A sus ángeles te encomendará, y en sus manos te llevarán, para que no tropiece tu pie en piedra alguna”. Jesús le dijo: “También está escrito: No tentarás al Señor tu Dios”. Todavía le lleva consigo el diablo a un monte muy alto, le muestra todos los reinos del mundo y su gloria, y le dice: “Todo esto te daré si postrándote me adoras” Le dijo entonces Jesús: “Apártate, Satanás, porque está escrito: Al Señor tu Dios adorarás, y sólo a él darás culto” Entonces el diablo le deja. Y he aquí que se acercaron unos ángeles y le servían.

                                                                            Mateo 4: 1 al 11

  
   Adán y Eva fueron los primeros en ser tentados y caer en la trampa del diablo, les prometió superar la condición humana y alcanzar el grado de divinidad, les dijo “serán como Dios”. ¡Qué gran mentira! El desenlace de esta primera confrontación en Edén fue fatal: toda la raza humana quedó bajo condenación. No obstante al transcurrir los siglos Dios envió a su Hijo, según el apóstol Pablo “el segundo Adán” el cual investido con el poder del Espíritu Santo salió airoso de la tentación. Aunque el diablo puso las condiciones en el desierto, él mismo no las superó.
   La tentación se define como instigación o estímulo que induce el deseo de algo. Persona, cosa o circunstancia que la provoca. Incitación al pecado. Satanás no viene con pequeñeces, presenta las tentaciones con violencia instalando verdaderos conflictos en las personas así como lo hizo con Jesús.
   Según las sagradas escrituras son fuentes de tentación los deseos engañosos de nuestro interior, el sistema o “corriente de este mundo” que procura alejarnos de Dios y también Satanás -tentador por excelencia- que nos empuja  de continuo al mal. En ese inhóspito desierto Jesús mostró su carácter, su forma de obrar y profunda espiritualidad que evidentemente gestó durante toda su vida. Aislado cuarenta días confirmó su misión encargada por el Padre preparándose para lo que vendría. Esta primera victoria le sirvió como credencial para triunfos subsiguientes.
  
   Ahora bien ¿Qué perseguía el diablo al tentar a Jesús? ¿Cuál fue el motivo de fondo que  lo llevó a confrontar al Hijo de Dios? ¿Solamente quería hacer ostentación o había alguna intención espuria? ¿Pretendía conocer los alcances del poder milagroso de Jesús? Analicemos por un instante cada una de estas provocaciones.

   “Y vino a él el tentador y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di a estas piedras que se conviertan en pan. El respondió y dijo: Escrito está: No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”

   Aparentemente no hay nada malo en esta provocación dado que el pan suple una de las necesidades básicas del ser humano; era lo mínimo que los judíos esperaban del Cristo quién vendría a bendecir a su pueblo. Si prestamos atención observamos que el diablo tentó a Jesús a mitigar el hambre con sus propios recursos buscando que confíe en sí mismo y no en Dios. Es como si le dijera “No dependas de tu Padre” “Provee para las necesidades con tus propios medios” pero Cristo reafirmó su dependencia en Aquel que lo envió sustentándolo en todo su peregrinaje. Sin embargo multitudes de personas de todos los tiempos creyeron esta mentira, se volvieron autosuficientes diciendo “me importa poco si Dios me bendice o no, con mi trabajo y con mi esfuerzo alcanza”.
   Con su respuesta Jesús le dio a entender al adversario que el hombre no solamente tiene estómago sino también un alma, que hay algo más trascendente que la comida y que la Palabra de Dios es el alimento más importante, sin el cual se puede morir perpetuamente. En esta primera provocación Jesús nos enseña que mediante la disciplina los deseos naturales pueden ser controlados.

   “Entonces el diablo lo llevó a la santa ciudad, y le puso sobre el pináculo del templo, y le dijo: si eres Hijo de Dios, échate abajo; porque escrito está: A sus ángeles mandará a acerca de ti, en sus manos te sostendrán, para que no tropieces con tu pie en piedra. Jesús le dijo: Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios”.

   Según la tradición de los hebreos el Cristo se manifestaría estando de pié, sobre el alero del templo para anunciarles que su salvación había llegado. Si hubiera realizado esta rimbombante demostración quienes esperaban un Mesías que regiría al pueblo con poder, dominación y vara de hierro habrían constituido a Jesús su Rey de inmediato, sin embargo rechazó esta clase de poder.
   El diablo “lo llevó a la santa ciudad”  y “lo puso sobre el pináculo del templo” sucesos que no ocurrieron en sentido físico, es decir ante los ojos humanos, ya que todo Israel se hubiese enterado y por ende entronizado al Mesías. Esta segunda tentación fue una visión espiritual, una experiencia más allá de los sentidos naturales. El ayuno y la oración capacitaron a Jesús para discernir la mentira del enemigo y vencer.
   El adversario pretendía que Jesús cumpla su misión sin sacrificio, sin llegar a la cruz optando por un camino más fácil, rápido y carente de espinas. Multitudes de creyentes intentan servir a Dios sin compromiso, mediante esta “nueva cruz” que pregona resultados instantáneos, que no demanda ni exige nada. Esta falsa cruz moderna no nos saca de la comodidad, no inquieta pero tampoco salva.

   “Otra vez le llevó el diablo a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, y le dijo: Todo esto te daré, si postrado me adorares. Entonces Jesús le dijo: Vete Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás. El diablo entonces le dejó; y he aquí vinieron ángeles y le servían

   Convengamos que Satanás no tiene dominio sobre el mundo, influye en sembrar el mal. Esta provocación también fue una experiencia sobrenatural. No existe un monte tal alto que permita ver el mundo entero, con sus naciones y reinos. Nuevamente mediante el ayuno y la oración Jesús demostró su sensibilidad en la esfera espiritual.
   Esta secuencia desenmascara a Satanás y sus perversos planes, él quiere que le rindan adoración a toda costa. Por otra parte Jesús mediante el poder de su amor y sin forzar a nadie cautivó miles de corazones. Aquí se define ante quien nos vamos a inclinar ¡Este punto es crucial!
    Fue tal la  arrogancia de Lucifer que le ofreció “todos los reinos del mundo y la gloria de ellos” si lo adoraba. Pasaron algo más de dos mil años, todos los reinos de la tierra se derrumbaron pero el reino de Cristo permanece. El escritor de los Hebreos nos recuerda que hemos recibido un reino inconmovible, firme, estable cuyo arquitecto y constructor es Dios.
  
   Jesús venció las tentaciones del diablo con la Palabra, el ayuno y la oración, elementos más que suficientes para una vida de victoria. Es más, la iglesia que desea crecer y expandirse necesitará tomar en serio estas armas, que son poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas. ¿Quién puede negar que cuando nos dedicamos al ayuno, la oración y la Palabra sin aditivos fueron  nuestros periodos más fructíferos? Los más grandes movimientos del Espíritu Santo acaecieron cuando los cristianos se dispusieron a orar y ayunar.
   Los instrumentos que llevaron a Jesús a la victoria tienen que ser los nuestras si pretendemos resistir las tentaciones. Como soldados del Señor tomemos las armas  de nuestra milicia. ¡Estamos en guerra contra las fuerzas del mal! No es una batalla de “play station”, es real y trascendental. En el ejército hay un refrán que dice “el mejor amigo del soldado es su arma” en virtud que es el único recurso para enfrentar al enemigo garantizando su propia seguridad.
   Años atrás hubo una campaña del gobierno donde los ciudadanos tenían que entregar sus armas a cambio de juguetes. Satanás nos insta a deponer nuestras armas espirituales cambiándolas por cosas triviales. La Palabra de Dios por literatura banal, la oración por extensas conversaciones entre hombres y el ayuno por grandes banquetes. Lucifer conoce el daño que le provoca estos verdaderos recursos de los cristianos. La buena noticia es que todas las armas que Jesús utilizó están a nuestro alcance.
  
   Sin la práctica del ayuno y la oración no estaremos en condiciones de hablar con propiedad de este combate en el desierto. El Hijo de Dios ayunó durante cuarenta días y cuarenta noches siendo fortalecido en el espíritu. Su abstinencia a la comida fue acompañada con una profunda intimidad con el Padre, oraciones seguidas de clamores que descubrían su corazón delante de Dios hablando de la misión y obra que comenzaba. La oración es lo que afina nuestro espíritu y nos entrena para la lucha espiritual.
   En cada una de las tentaciones Jesús le contestó al diablo con las sagradas escrituras. Es tiempo de conocer y vivir la Palabra de Dioses, único instrumento para desarticular las mentiras del enemigo.
  
   Al comenzar el relato de la tentación Lucas destaca algo importante “Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió al Jordán, y fue llevado por el Espíritu al desierto” La plenitud del Espíritu en Jesús lo capacitó para enfrentar al adversario. No nos atrevamos a entrar en el conflicto espiritual sin esta plenitud.

   “El diablo entonces le dejó; y he aquí vinieron ángeles y le servían”




lunes, 16 de septiembre de 2013

EL BAUTISMO EN EL ESPÍRITU SANTO Rainero Cantalamessa



"Ese es el que bautiza con Espíritu Santo”

A través de los evangelios sinópticos y en particular del evangelio de Lucas, vemos como a partir del bautismo de Jesús, inmediatamente después, Jesús desarrolla todo su ministerio público "en el Espíritu Santo". Pero también el cuarto evangelio habla de este tema. Juan describe indirectamente el bautismo de Cristo, a través del testimonio que da Juan el Bautista. "Y Juan dio testimonio diciendo: He visto al Espíritu que bajaba como una paloma del cielo y se quedaba sobre él. Y yo no le conocía pero el que me envió a bautizar con agua, me dijo: Aquél sobre quien veas que baja el Espíritu y se queda sobre él, ése es el que bautiza con Espíritu Santo" (Jn 1,32-33).
Apenas unos versículos antes Juan el Bautista presenta a Jesús ante el mundo diciendo: "He ahí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo" (Jn 1, 29). Nosotros muy a menudo nos detenemos únicamente en este aspecto de la obra de Cristo. Dos veces resuena esta frase del Bautista: "El Cordero de Dios..." y Pero Juan no se detiene allí. Junto a este aspecto, por así decirlo, negativo, de liberación del pecado, agrega inmediatamente el aspecto positivo de su obra, que es dar el Espíritu, la vida nueva. Casi siempre, cuando se describe la salvación, vienen resaltados estos dos elementos: la liberación del pecado y el don de la vida nueva. Así, por ejemplo, en Ezequiel 36, 25-27, en Hechos 2, 38 "Convertíos y que cada uno de vosotros se haga bautizar en el nombre de Jesucristo, para remisión de vuestros pecados; y recibiréis el Espíritu Santo".

El Evangelio de Cristo es principalmente el anuncio positivo de una nueva relación con Dios. Jesús no ha venido a "quitar" algo, sino a "dar": a dar vida en abundancia.

La primera cosa es solamente una condición para la segunda, porque, como decía el mismo Jesús, no se puede meter vino nuevo en odres viejos, es decir el Espíritu Santo en un corazón que aún está lleno de pecados.
El mundo tiene necesidad y sed de este anuncio en positivo que habla de vida, de plenitud, de alegría. La Iglesia es la mejor preparada para llevar tal anuncio al mundo, gracias a la concepción más positiva que tiene de la redención y de la gracia. La gracia no es sólo una "imputación externa de la justicia" que deja al hombre, en su interior, como antes, es decir pecador, sino que es el don de una vida nueva, la presencia misma de Dios en nosotros mediante su Espíritu.
"Aquél sobre quien veas que baja el Espíritu y se queda sobre él, ése es el que bautiza con Espíritu Santo". Jesús en el Jordán, recibe el Espíritu para luego darlo; es bautizado en el Espíritu Santo, para bautizar en el Espíritu Santo. El Espíritu que nos confiere a nosotros es el mismo que el Padre le ha conferido a Él. Un mismo Espíritu por lo tanto es el que habita en nosotros y en él, en la cabeza y en los miembros como una misma es la sangre que tienen los hijos de un mismo padre.

¿Pero qué significa que Jesús es aquel que "bautiza en Espíritu Santo"?

Sirve para distinguir el bautismo de Cristo respecto al de Juan, que bautiza solamente "con agua". Pero no todo se agota ahí. La expresión sirve para distinguir también la entera persona y la obra de Cristo de la de Juan. En otras palabras: en toda su obra Jesús es "aquel que bautiza en Espíritu santo".
Bautizar tiene aquí un significado metafórico que quiere decir inundar, recubrir, como hace el agua con los cuerpos. Jesús "bautiza" en Espíritu Santo en el sentido que "da el Espíritu sin medida" e "infunde" su Espíritu (Hch 2, 33) sobre toda la humanidad redimida.

El bautismo en el Espíritu

Hoy él lo está llevando a cabo con el modo nuevo y especial llamado "el bautismo en el Espíritu", o "la efusión del Espíritu", que ha hecho su aparición entre los cristianos a principios de nuestro siglo, entre las iglesias protestantes, y que luego, con la llamada Renovación carismática, se ha difundido en casi todas las iglesias cristianas, comprendida la Iglesia católica.
En su libro "Inicio de la vida cristiana y bautismo en el Espíritu Santo" y, de una manera más breve, en el opúsculo "Reavivar la llama" (Fanning the Flame), K. McDonnell y G. Montague se han esforzado por demostrar que el "bautismo en el Espíritu" es un momento y un aspecto integrante de la inicio del cristiano y que como tal fue conocido y practicado en la Iglesia primitiva.
El bautismo en el Espíritu es la ocasión en la cual la persona se convierte, elige libre y personalmente a Cristo como su Señor, confirma su bautismo. Es como cuando el cable se enchufa en el tomacorriente, se provoca el contacto, y la luz se enciende.
Por estos motivos es justo, repito, ver el bautismo en el Espíritu en relación con el bautismo en agua, como su complemento o renovación. Pero no es suficiente.
La frase "bautizar con Espíritu Santo" no se refiere únicamente a aquello que hace Jesús en el sacramento del bautismo, sino que abarca toda su obra y especialmente Pentecostés. Nosotros no podemos explicar el actual bautismo en el Espíritu únicamente como un efecto retardado de nuestro bautismo sacramental. No es sólo nuestro bautismo lo que "revive" con éste, sino la confirmación, la primera comunión, la ordenación sacerdotal, la ordenación episcopal, la profesión religiosa, el matrimonio, todo. Es verdaderamente la gracia de "un nuevo Pentecostés". Una iniciativa nueva, libre y soberana de la gracia de Dios que se funda, como todo el resto, en el bautismo, pero que no se acaba allí. No se refiere sólo al inicio, sino también al desarrollo y a la perfección de la vida cristiana.
Sólo de este modo, se explica la presencia del bautismo en el Espíritu entre los Pentecostales. El bautismo en el Espíritu tiene en su raíz misma una dimensión ecuménica que es necesario preservar a toda costa.

La “sobria embriaguez” del Espíritu

Aquello por lo tanto que llamamos bautismo en el Espíritu no es otra cosa que un modo con el cual se cumple también hoy, en medio de nosotros, la palabra de Juan Bautista: "Él es el que bautiza con Espíritu Santo".
Para ilustrar lo que sucedió a los apóstoles el día de Pentecostés, los Padres usan una expresión que se ha difundido mucho en la espiritualidad cristiana: "la sobria embriaguez del Espíritu", que es como decir una "moderada inmoderación". Aquel día los apóstoles ante la gente de Jerusalén daban la impresión de estar borrachos. ¡Y lo estaban!, exclama san Cirilo de Jerusalén.
Sólo que se trataba de una embriaguez especial: no de vino, sino del Espíritu Santo. San Pablo mismo parece aludir a esta paradoja de la sobria embriaguez, cuando escribe a los Efesios: "No os embriaguéis con vino...; llenaos más bien del Espíritu" (Ef5, 18).
El día que el Papa Pablo VI recibió por primera vez a los representantes de la Renovación carismática católica, en el 1975, en el himno de laúdes del breviario, había una frase de san Ambrosio:"laeti bibamus sobriam profusionem Spiritus", es decir, "Bebamos con alegría de la abundancia sobria del Espíritu". Recordándolo, el Papa dijo a los presentes que estas palabras podían ser el programa de la Renovación carismática: hacer revivir en la Iglesia aquella época de entusiasmo y de fervor espiritual que hizo tan vibrante y fuerte la fe de los primeros cristianos.
El bautismo en el Espíritu se ha revelado, en realidad un medio simple pero eficaz para realizar este programa. Son infinitos los testimonios de las personas que han hecho la experiencia. Es una gracia que cambia la vida. En el congreso internacional de Pneumatología, celebrado en el Vaticano con ocasión del XVI centenario del concilio ecuménico de Constantinopla, en 1981, hablando de la Renovación carismática y del bautismo en el Espíritu, el teólogo Y. Congar dijo: "Una cosa es cierta: es una realidad que cambia la vida de las personas".

¿Cuál es el efecto principal de la embriaguez material, de vino, de droga y otras cosas similares? La persona embriagada sale fuera de sí, sobrepasa sus límites y horizontes ordinarios. También la embriaguez espiritual provoca lo mismo: hace salir de sí. Pero no para vivir y actuar a un nivel por debajo de la razón, sino para entrar en el horizonte mismo de Dios...

Nuestra actividad puede ser de dos tipos: acciones hechas por nosotros mismos, teniendo en cuenta el Evangelio, la moral, el buen sentido, la experiencia; o acciones hechas "en el Espíritu", es decir no solamente humanas, sino divinas, con el sello de la potencia del Espíritu. Es de esta distinción de la que habla san Pablo cuando escribe: "y mi palabra y mi predicación no tuvieron nada de los persuasivos discursos de la sabiduría, sino que fueron una demostración del Espíritu y del poder" (1 Cor 2, 4). El mundo ha vuelto a ser de tal manera impermeable al mensaje, tan orgulloso y seguro de sus descubrimientos, que no se le puede vencer ni convencer con el primer tipo de acciones, sino sólo con el segundo. Ésta es la razón por la cual tenemos necesidad "de la potencia de lo alto", de la sobria embriaguez del Espíritu...
Es necesario recorrer el camino de la santidad en dos direcciones. Es cierto que es necesario practicar la mortificación, la ascesis, es decir la sobriedad, para llegar a la experiencia de Dios, es decir a la embriaguez, pero también es cierto que es necesario haber experimentado la potencia de Dios para abrazar el camino de la renuncia. "Si con el Espíritu hacéis morir las obras del cuerpo, viviréis" (Rm 8, 13). Esta segunda es la vía que Jesús hizo seguir a los apóstoles. Antes de Pentecostés ellos no fueron capaces de poner en práctica casi nada de lo que habían escuchado de Jesús mismo. Después en cambio sí.

No recibieron el Espíritu en Pentecostés porque se habían purificado, sino que se purificaron porque habían recibido el Espíritu.

A esta fundamental necesidad responde el bautismo en el Espíritu. El concilio ha recordado la llamada universal a la santidad de todos los cristianos y el bautismo en el Espíritu impulsa a la santidad, no a uno o dos cristianos, sino a una muchedumbre de hombres y de mujeres.
El bautismo en el Espíritu no es por lo tanto el fin o el "non plus ultra" de la santidad; al contrario, entra en el ámbito de lo que los doctores han llamado "las gracias iniciales". Ayuda a ser "fervorosos en el Espíritu" (Rm 12, 11), es decir a entrar en aquel estado en el
cual se cumplen las acciones el servicio de Dios "con solicitud, constancia y con alegría" (así san Basilio define el fervor espiritual).

Un testimonio personal

¿Pero el bautismo en el Espíritu es posiblemente el único medio para obtener este fervor y esta sobria embriaguez del Espíritu? ¿No bastan los medios ordinarios de la gracia: los sacramentos, la palabra de Dios? Ciertamente, sólo que debemos estar atentos a no caer en el mismo error en el cual cayeron los escribas y los fariseos. Ellos decían a Jesús: Hay seis días en la semana para trabajar, ¿por qué sanas en sábado? Sería extraño que, sin darnos cuenta, viniéramos también nosotros a decirle a Jesús: Hay siete sacramentos con los cuales obrar y santificar a la gente: ¿Por qué actuar de este modo desconocido? La Iglesia ha superado esta mentalidad cuando en la Lumen Gentium 12 ha incluido la conocida declaración: "El Espíritu Santo no sólo santifica y dirige el Pueblo de Dios mediante los sacramentos, sino que también distribuye gracias especiales entre los fieles de cualquier condición, distribuyendo a cada uno, según quiere, sus dones". De esta manera se ha afirmado que existen dos direcciones desde las cuales sopla el Espíritu: desde lo alto a través de las vías institucionales y jerárquicas y, desde debajo, por así decirlo, de todo el cuerpo, con los dones que suscita libremente cuando y donde quiere.
Pero no quisiera ser yo mismo quien limitase la libertad del Espíritu, exactamente cuando trato de defenderla. Si por "bautismo en el Espíritu" entendemos un cierto rito, hecho de una cierta forma, en un cierto contexto y con ciertas connotaciones, no; ni siquiera ése es el único medio para tener la experiencia de Pentecostés hoy. Ha habido y hay cristianos que han tenido la experiencia de Dios, de la visita fuerte del Espíritu, sin saber qué es el bautismo en el Espíritu.

Sin embargo el bautismo en el Espíritu se ha revelado como un medio potente para reavivar la vida espiritual de millones de personas, una auténtica "corriente de gracia", como amaba definirla el cardenal Suenens.

Tendremos por lo tanto que pensar bien antes de llegar a la conclusión de que esto no es para nosotros, o que podemos dejarlo de lado. Yo estaba a punto de ser uno de éstos y por ello quisiera contar brevemente mi experiencia. También porque todas las objeciones que por lo general detienen a los sacerdotes a abrirse a
esta realidad, creo que yo me las he planteado antes. Creo que mi pobre experiencia podría ayudar a alguno, si no a otra cosa, por lo menos a no cometer los mismos errores.
Yo soy un sacerdote capuchino. Hasta hace algunos años, era profesor ordinario de Historia de los orígenes cristianos y Director del Departamento de ciencias religiosas en la Universidad Católica del Sagrado Corazón de Milán. Se trataba de un servicio bueno para la Iglesia y la investigación; así al menos me aseguraban mis superiores. Yo no obstante no me sentía satisfecho y sentía vagamente la necesidad de un cambio radical. Jesús quería contar más en mi vida; no le bastaba "aquel conocimiento impersonal", del cual ya les he hablado alguna vez. Pero sentía, al mismo tiempo, que no tendría jamás la fuerza para realizar un cambio tal.
En 1974 comencé a oír hablar de la Renovación carismática y a la persona que me habló le dije que no fuera más a aquel lugar. Después me acerqué un poco más a esta realidad, especialmente porque las personas, en vez de ofenderse de mis críticas, parecían amarme ahora aún más y me invitaban a impartirles enseñanzas. Algunas cosas que veía me fascinaban porque, en base a mi especialización, reconocía sin dificultad que eran idénticas a aquellas que sucedían en las primeras comunidades cristianas. Otras cosas (hablar en lenguas, profetizar) me molestaban y las rechazaba.
Finalmente, en 1977, una persona de Milán ofreció algunos billetes para ir a los Estados Unidos a participar en una gran reunión carismática ecuménica en Kansas City. Y yo que por aquel tiempo debía ir a los Estados Unidos acepté uno. Aquello que veía en Kansas City era claramente una profecía para la Iglesia. Cuarenta mil cristianos -la mitad católicos y la otra mitad de otras confesiones- reunidos a la tarde en el estadio a orar juntos y a escuchar la palabra de Dios. Una tarde hubo una profecía, decía: "¡Llorad, haced lamento, porque el cuerpo de mi Hijo está destrozado! Vosotros laicos, vosotros sacerdotes, vosotros obispos: ¡llorad y haced lamento porque el cuerpo de mi Hijo está destrozado!" Uno después del otro, todos en el estadio cayeron de rodillas sollozando y esto sucedía mientras un mensaje luminoso se
proyectaba contra el cielo oscuro de una parte a la otra del estadio: "JESUS IS LORD!: JESÚS ES EL SEÑOR!" Parecía una profecía de la Iglesia del futuro, la Iglesia que todos esperamos, en donde los creyentes estén reunidos en el arrepentimiento, bajo el soberano señorío de Cristo.¿Y, me pueden creer? , todo esto no bastó. Yo continuaba observando todo esto como desde el exterior, diciendo dentro de mí: esto sí, esto no. Una palabra de Jesús aún continuaba resonando en mi corazón y no podía quitármela de la mente: "¡Dichosos los ojos que ven lo que vosotros veis; dichosos los oídos que escuchan lo que vosotros escucháis!" Una vez se cantaba el canto que narra la historia de Jericó que cae, con el estribillo que repetía: Jerico must fall, Jericó debe caer. Los compañeros que habían venido conmigo desde Italia, entonces, me daban codazos, diciéndome: ¡Escucha bien, porque tú eres Jericó!
De Kansas City nos dirigimos a una comunidad carismática de New Jersey en donde se tenía una semana de retiro sobre la Trinidad. Buscaba separarme del grupo para ir a mi convento de capuchinos. Pero un sacerdote lleno de caridad me repetía: quédate aún esta semana con nosotros. Recuerdo que al final me dije a mí mismo: "Pero ésta no es una casa de perdición, es una casa de retiros: si permanezco, ciertamente que no me puede hacer mal. ¡Pues bien, me quedo!" Era esto lo que el Señor quería (Es conmovedor ver cómo se contenta con poco) y aquí se situaron aquellas objeciones de las cuales hablaba antes, que tuve que superar una por una. Me decía a mí mismo: pero si yo soy hijo de san Francisco, poseo una magnífica espiritualidad, tantos santos... ¿Qué es lo que busco entre estos hermanos, qué me pueden dar de nuevo? Mientras me hacía estos razonamientos, en el fondo de la sala (era un encuentro de oración) una hermana abrió la Biblia y comenzó a leer. ¿Y qué fue lo que leyó? Era el pasaje donde Juan el Bautista dice a los fariseos: "¡No digáis en vuestros corazones: Somos hijos de Abraham, somos hijos de Abraham!" Entendí que estaba dirigido a mí y cambié mi oración al Señor, ahora decía: Señor no digo más que soy hijo de san Francisco, sino que te pido a ti que me hagas con tu Espíritu realmente hijo de san Francisco, porque hasta ahora no lo he sido.
Pero no todo terminaba allí (os he dicho que me he defendido con todas las fuerzas). Pero si yo -me decía a mí mismo- soy un sacerdote ordenado por el obispo, he recibido el Espíritu Santo. ¿Por qué debo arrodillarme ante los hermanos, incluso laicos, y aceptar que oren por mí? Esta vez la respuesta me vino directamente con una simple reflexión teológica. Me pareció oír la voz misma de Jesús que me decía: " ¿y yo entonces? ¿Viniendo al mundo, no había sido consagrado por el mismo Padre? ¿Acaso no poseía yo la plenitud del Espíritu desde mi encarnación? y no obstante acepté ser bautizado por Juan Bautista -¡que también era un laico!- y el Padre me dio una nueva plenitud de Espíritu para mi misión, por vosotros". Entonces dije como Job: He hablado una vez, y no lo repetiré. Cierro la boca. Bautízame, Señor, con tu Espíritu... Mientras me preparaba a recibir el bautismo en el Espíritu con una buena confesión general, recordando toda mi vida me veía como un cochero que, con las riendas en mano, había buscado dirigir la carreta como quería: algunas veces lento, otras veloz, ahora a la derecha, luego a la izquierda. Pero sin resultado. En ese momento fue como si Jesús se sentara junto a mí (no piensen en nada extraordinario, visiones, o cosas similares; eran como simples flashs, imágenes interiores corrientísimas) y me dijera: " ¿Quieres darme las riendas de tu vida?" Muchos de los que han tenido la experiencia del bautismo en el Espíritu resaltan este hecho: lo que decide todo es un acto total de abandono a la voluntad de Dios, un rendirse y entregarse a él sin reservas, dejarle las riendas de nuestra vida.
Uno de los que participaron en el primer retiro carismático en 1967, resume así el acontecimiento: "Nosotros nos entregamos completamente a Jesús y Jesús nos entregó su Espíritu".
Durante la oración de los hermanos por la efusión del Espíritu, en el momento en que me invitaban a elegir de nuevo a Jesús como Señor de mi vida, recuerdo que alcé los ojos que fueron a posarse sobre el crucifijo que estaba sobre el altar. Era como si esperara mi mirada para decirme: Atento, no te engañes, Raniero, éste es el Jesús que eliges como tu Señor, no otro, no un Jesús fácil o de color de rosa. Comprendí que la Renovación en el Espíritu es una cosa distinta a un acontecimiento formado de emociones o de entusiasmos superficiales; lleva directamente al corazón del Evangelio. No se dio nada de espectacular. Sólo que una vez llegado al convento al cual había sido destinado, me di cuenta de que algo estaba cambiando: mi oración.
De regreso a Italia, pueden imaginar la felicidad de los hermanos. Decían: hemos enviado a América a Saulo y nos han devuelto a Pablo! Después de poco tiempo, sucedió el hecho que cambió mi vida y que yo atribuyo a la gracia del bautismo en el Espíritu. Un día, mientras estaba orando en mi habitación, tuve otra de aquellas imágenes interiores, posiblemente sugerida por el versículo bíblico que estaba reflexionando. Era como si Jesús pasara delante de mí con la misma actitud que tenía cuando regresando del Jordán se disponía a dar inicio a su predicación. Decía: Si quieres venir a ayudarme a proclamar el reino de Dios, ¡deja todo y ven!
"Deja todo", quería decir la enseñanza en la universidad, todo aquello que has hecho hasta ahora. Por un momento tuve miedo de no estar preparado, porque aquel Jesús parecía que estaba decidido y tenía prisa; invitaba pero no se detenía.
Pero me di cuenta de que en mi corazón existía ya un sí pacífico, seguro, puesto allí, estoy convencido, por la gracia de Dios. Me levanté siendo un hombre diverso del que había comenzado a orar. Me dirigí a mi superior general a comunicarle mi inspiración y fue allí donde descubrí qué gran don es para nosotros los católicos y para nosotros los religiosos y sacerdotes el tener una autoridad, el tener a tales representantes de Dios sobre la tierra. Sólo así pude estar seguro de que era realmente la voluntad de Dios, y no una presunta inspiración mía. Mi superior me dijo que esperase un año, después del cual estuvo de acuerdo en que se trataba realmente de una llamada de Dios y me dio su bendición para comenzar a ser predicador itinerante del Evangelio, al estilo de san Francisco de Asís.
No habían pasado tres meses, cuando me llegó de Roma la noticia de que el Papa me había nombrado Predicador de la Casa Pontificia, cargo que cubro desde hace 12 años. A decir verdad, es él, el Santo Padre, quien me predica a mí, con su humildad, encontrando el tiempo cada viernes por la mañana, en Adviento y en Cuaresma, para venir a escuchar la palabra de un simple sacerdote de la Iglesia.
Así es como yo he querido, al igual que san Pablo, "dar testimonio de la gracia de Dios", porque es cierto que todo es pura gracia de Dios. Lo he hecho para que así mi "gracias" suba a Dios, multiplicado por el gracias de todos vosotros. Hemos llegado así al final de nuestro retiro. Deseo compartir con vosotros, un recuerdo personal, una última palabra de Dios. El día que mi superior general me dio el permiso para abandonar la enseñanza universitaria para dedicarme totalmente a la predicación del reino, había, en el oficio de lectura un pasaje del profeta Hageo: Dios dijo al sumo sacerdote y a todo el pueblo una vez que éstos habían comenzado a reconstruir el templo: "¡Mas ahora, ten ánimo, Zorobabel, oráculo de Yahvé; ánimo, Josué, hijo de Yehosadaq, sumo sacerdote, ánimo, pueblo todo de la tierra!, oráculo de Yahvé. ¡A la obra, que estoy yo con vosotros... y en medio de vosotros se mantiene mi Espíritu!" (Ag 2, 4-5). Era un lluvioso día de otoño y la plaza de San Pedro, en donde me había retirado a orar, estaba desierta. Sentí de improviso el impulso de alzar la vista hacia la ventana del Santo Padre y me puse a decir fuerte (no había nadie en los alrededores): "Ánimo, Juan Pablo II, sumo sacerdote, ánimo pueblo todo de la tierra, y a trabajar porque yo estoy con vosotros, dice el Señor!"
Pero no todo terminó allí. Tres meses después, como he dicho, fui nombrado Predicador de la Casa Pontificia y cuando me encontré por primera vez en la presencia del Papa no pude por menos que recordar aquel acontecimiento. Lo compartí con todos y repetí de nuevo aquellas palabras. Desde aquel día he repetido muy a menudo las palabras del profeta, en mis giras por el mundo. "¡Animo pueblo todo de esta tierra, y al trabajo, porque yo estoy con vosotros, dice el Señor. Mi Espíritu está con vosotros!"


(Publicado en: UNGIDOS POR EL ESPIRITU (Edicep,1993).)

EL CRISTIANISMO NO ES PERFECTIBLE Oscar Gómez

    

El cristianismo no es perfectible porque su raíz es perfecta.   

José Ingenieros reconocido escritor, estadista y médico argentino, hace un siglo atrás expresó que “todo es perfectible”, es decir que todas las cosas pueden perfeccionarse, ya sea la moral, las sociedades, los sistemas, los Estados y también la fe cristiana. Concuerdo con Ingenieros menos en la última observación, dado que la raíz, el génesis del cristianismo, que es Cristo, es perfecto. 
Jesucristo, el origen de nuestra fe, es el perfecto Hijo de Dios de quién el Padre tiene complacencia. ¿Dónde encontramos este modelo a seguir? En las sagradas escrituras, especialmente en los cuatro evangelios. Ivan Baker decía que Mateo, Marcos, Lucas y Juan, como un prisma, forman la persona de Jesús, nuestro referente. 
El que quiera crecer y madurar tendrá mirar la raíz, es decir a Cristo; toda iglesia que desee expandirse y avanzar de manera inequívoca en el propósito de Dios necesitará volver de continuo a su raíz.

Al respecto Raniero Cantalamessa, fraile capuchino, dice: “Cada árbol se conoce por su fruto dice Jesús en Lucas 6:44. Esto vale para los árboles excepto para el árbol que nació de él. El cristianismo es el único árbol que no se conoce por sus frutos sino por la raíz. 

En el cristianismo la plenitud no está al final, sino que está al principio 

Ningún fruto, ni siquiera el que representan los más grandes santos, añaden algo a la perfección del modelo. En este sentido tiene razón quien afirmó que el cristianismo no es perfectible”

sábado, 14 de septiembre de 2013

“YO SOY JERICÓ” Oscar Gómez



     Estos días me llegó un artículo en el que un cristiano relata esta experiencia: “Estando en un retiro espiritual donde pensé que nada nuevo iba a experimentar se cantó la historia de los muros de Jericó que caen, con el estribillo que repetía: ¡Jericó debe caer!. Los compañeros que vinieron conmigo desde Italia me daban codazos, diciéndome: ¡Escucha bien, porque tú eres Jericó! Al abrirme a Dios comprendí lo orgulloso y autosuficiente que era”.

Al meditar en esto también comprendí que Jericó soy yo, que los muros que deben caer son los míos y también que la ciudad fue sitiada por mí.
Muchas veces pensamos que los demás son el problema. Que debemos derribar los muros de otros, ablandar su dureza, pero debemos saber que “nosotros somos Jericó”. Dios, en su misericordia, se encargará de derribar esta muralla fortificada que son nuestras propias vidas. ¿Creemos que él lo puede hacer?

Leamos Josué 6: 1 y 2 “Ahora, Jericó estaba cerrada, bien cerrada, a causa de los hijos de Israel; nadie entraba ni salía. 6: 2 Más Jehová dijo a Josué: Mira, yo he entregado en tu mano a Jericó y a su rey, con sus varones de guerra”

Jericó significa “luna”, los habitantes de esa ciudad adoraban al dios Luna.

INDICATIVOS DE QUE YO SOY JERICÓ

“Ahora, Jericó estaba cerrada, bien cerrada…”

1) Yo soy Jericó cuando no permito que me orienten en situaciones que van más allá de mi posibilidad de resolverlas.

Mi respuesta es “tranquilo hermano, yo puedo”
Pueden ser contingencias de:
-familia (con parientes, padres, etc.)
-trabajo, (cambiar de lugar, sumar horas o quitar horas, problemas con los patrones, etc.)
-administración de los ingresos.
-vivienda (¿Qué hago, edifico, alquilo, vivo con mis padres, compro un terreno?)
-matrimonio, (desavenencias, enojos, falta de objetivos, proyectos a futuro, etc.)
-hijos,
-noviazgo (con quién voy a compartir el resto de mi vida)
-lugar de residencia, es decir donde voy a vivir, etc.

Un detalle no menor:

No todos pueden ayudar en determinadas situaciones, por tanto no es recomendable comentar a “todos” o a “muchos” lo que me sucede. Aquel que no puede colaborar para bien no debería participar de la situación dado que lo más probable es que su intervención no sea provechosa.

Algunos consejeros y discipuladores piensan así: “mi esposa debe saber todo” y ventilan situaciones de los hermanos. Hermano querido: tu esposa o tu esposo debe saber todo lo tuyo no todo lo de los hermanos. No nos confundamos. Si no clarificamos esta cuestión habrá muchos conflictos en la grey.
La iglesia del Señor-como marco mayor- fue dada por Dios para contener, orientar y desarrollar a sus componentes, si no cumple ese rol se deberá evaluar su estado.

2) Yo soy Jericó cuando mi actitud hacia la Palabra de Dios o aquellos que la imparten es pensar que no tienen nada nuevo para enseñarme o comunicarme.

“Ya lo sé todo, ese pasaje lo leí cien veces” ¿Escucharon esta declaración en alguna oportunidad? De esta forma imposibilitamos al Espíritu Santo que arroje más luz sobre las escrituras y nos haga crecer en Cristo. El Señor dice “muy bien, ya lo sabes todo” y se cierran los canales de revelación. No olvidemos: “El que deja de aprender pronto dejará de enseñar”

Siempre debe estar presente la actitud enseñable, de alumno, de discípulo del Señor. El Espíritu puede tomar una palabra aún de aquellos carentes de verbalidad y transformar nuestras vidas. No nos olvidemos del viejito que recitó el Salmo 23 y todos quedaron bajo la presencia de Dios. Hace poco hablé en V.G.Galvez sobre “El Discípulo buey”, al finalizar la reunión un hermano anciano me contó que de niño araba con bueyes en el campo, me quedé asombrado, achicado, y esa mañana aprendí mucho de él.


3) Yo soy Jericó cuando persisto en aquellas cosas o pecados que el Señor me demanda que abandone.

Dice la escritura “Si oyereis hoy su voz no endurezcáis vuestros corazones”
El Espíritu Santo que está en nosotros es como un semáforo, nos alerta los pasos a seguir. Obviamente, el rojo indica no pasar, el amarillo precaución y el verde es señal que el paso está libre. Es en vano intentar luchar contra el cielo resistiendo al Creador. Debemos hacer caso a estas insinuaciones, a la guía del Señor en nuestras vidas si queremos vivir en paz y en victoria.

4) Yo soy Jericó cuando me vuelvo inflexible a las necesidades, carencias y debilidades de mis semejantes.

“¿Qué te hecho para que me azotarás tres veces”? El asna de Balaam le pidió clemencia al loco profeta porque la golpeaba sin piedad. Posiblemente haya personas a nuestro alrededor que nos estén pidiendo misericordia, tal vez en forma audible o no, algunas veces de buena manera y otras no, pero en definitiva reclaman que las entendamos, que las consideremos. Gritan desde su interior: “¿No te das cuenta? no puedo ser como vos” “no puedo lograr lo que vos alcanzaste” “por favor no me rebajes”.
El mismo sol que derrite la cera endurece el cemento. ¿Somos cemento o cera delante de Dios? Necesitamos una vez más que el Señor ablande nuestros corazones y podamos oír el clamor de los cercanos, de los hermanos en Cristo.


“…nadie entraba ni salía”

5) Yo soy Jericó cuando impido que el Señor conduzca mi vida a instancias mayores de fe, compromiso y visión conformándome con la rutina, la faltas de frutos y la así llamada “mediocracia” (forma de vida de los mediocres)

Síntomas del que sufre de mediocracia:

-Espera cada reunión para llenar el tanque, no va con el tanque lleno.
-Dice “¿para qué tener discípulos?” “¡Así estoy cómodo!”
-No espera nada nuevo, perdió su capacidad de asombro.

Dios quiere que avancemos, que llevemos más fruto para su gloria y honra derribando “los Jericó” dentro de nosotros. Hubo un australiano que dio el salto más grande de la historia desde la estratósfera hacia la tierra. Una de las cámaras de video puestas en su cuerpo pudo captar el globo terráqueo, pero su meta no era una visión del mundo sino batir el record. ¡Necesitamos que Dios nos imparta visión!

Josué 6:20 “Entonces el pueblo gritó, y los sacerdotes tocaron las bocinas; y aconteció que cuando el pueblo hubo oído el sonido de la bocina, gritó con gran vocerío, y el muro se derrumbó. El pueblo subió luego a la ciudad, cada uno derecho hacia adelante, y la tomaron

No te conformes, Dios prometió hacer cosas más abundantes de lo que pedimos o entendemos según su voluntad. ¡Aleluya!
¡Dejemos que caigan los muros que impiden el obrar del Señor en nuestras vidas y ministerios!































jueves, 5 de septiembre de 2013

GOBIERNO PLURAL EN LA IGLESIA Oscar Gómez





Su fundamento en las escrituras expresado por hombres reconocidos

Así lo describe Jorge Himitian en el escrito “Ministerios y estructura de la Iglesia”: “El gobierno de las iglesias locales era ejercido por un presbiterio (pluralidad) establecido por los apóstoles, a cuyos integrantes llamaban indistintamente” ancianos” (gr “presbíteros”) u ‘obispos’ (gr. episkopos); los que tenían la función de enseñar (maestros) y pastorear (pastores). Hch. 20.17, 28; 1Tim. 3.2; Tito 1.5, 7; Hch. 13.1; Ef. 4.11. Hacia fines del primer siglo, al ir desapareciendo los apóstoles fundadores, y posiblemente para que los presbiterios de las iglesias locales no quedaran acéfalos, a uno del presbiterio se le encomendaba la responsabilidad de presidirlo, era “el primero entre iguales”. Probablemente, después de algún tiempo, se lo comenzó a distinguir como el presbítero principal o el mensajero principal de la iglesia. En la misma ponencia sigue diciendo: “1) Pocos presbíteros, TODOS IGUALES en autoridad. 2) Un presbítero ejerciendo la función de COORDINADOR. 3) Alguien actuando como EL PRIMERO ENTRE IGUALES, (“primus inter pares” en latín). Esta pluralidad funcionaba bajo tres principios: 1) PRINCIPIO DE UNIDAD (Hch. 4.32) Este principio de unidad debía estar vigente en la iglesia de cada ciudad y del mundo, y era uno de los asuntos que con mayor celo observaban los apóstoles. La unidad de la estructura resulta fundamental para la unidad del pueblo de Dios. 2) PRINCIPIO DE AUTORIDAD. Este principio hace posible que la iglesia sea cuerpo. 3) PRINCIPIO DEL DESARROLLO GRADUAL: Ya señalamos que la estructura de la iglesia primitiva era vital y dinámica, y que se desarrollo naturalmente según fue creciendo y extendiéndose. Un gigantesco árbol tiene una gran estructura. No necesitaba semejante estructura cuando era un pequeño arbolito. Del mismo modo, desde Hechos 2 hasta Apocalipsis 2 se puede observar como la estructura de la iglesia fue creciendo y desarrollándose paulatinamente, según la necesidad. Al principio solo habla solo apóstoles, luego apareció un segundo nivel de siete hombres. Después surgen los profetas, los presbíteros, etc

Sobre el particular Keith Bentson expresó en el artículo “PRÓXIMOS PASOS EN LA ESTRUCTURA Y MINISTERIOS DE LA IGLESIA”: “Otro ajuste que deseamos hacer tiene que ver con el ordenamiento interno de los presbíteros de cada congregación. Nosotros favorecemos el ministerio plural en una congregación. Al mismo tiempo, para que el grupo de ministros no se convierta en una mini democracia, convendrá en algunos casos especificar entre los varios, uno que actúe como coordinador. En otros casos, cuando sea necesario, alguien será designado como el presbítero principal, quien será la autoridad principal dentro del presbiterio y sobre la congregación. No en todos los casos donde hay pluralidad será necesario este ajuste; pero nos parece sabio recordar que cuando ya el número de ministros aumenta, normalmente hace falta que alguien presida”

El mundo secular también habla de liderazgo compartido

“El liderazgo compartido, en el nivel más alto, significa repartir las responsabilidades del CEO entre dos o más personas. Significa empoderar a individuos y darles una oportunidad de tomar la conducción. Es común a la hora de descentralizar las estructuras de una organización, para que sea más horizontal y es considerada por algunos expertos como una manera de promover la agilidad, pro actividad y la autonomía: "El liderazgo compartido promueve un ambiente que responde con agilidad a lo nuevo. Promueve también un grado mayor de creatividad y racionalidad. Habilita a todos los individuos de la organización a probar sus ideas en lugar de esperar a que les bajen ideas y decisiones a través de las diferentes jerarquías. En algunos casos, el liderazgo se comparte entre dos o más personas. Es básico para el éxito de ellos la habilidad que tengan de trabajar juntos, especialmente los líderes. Las organizaciones horizontales tienen que ver con compartir la responsabilidad, la autoridad y la toma de decisiones para la marcha de la misma”


EL LIDERAZGO COMPARTIDO SIEMPRE SERÁ MEJOR


Para la iglesia un liderazgo compartido siempre será mejor. La Biblia indica que "mejor son dos que uno" (Eclesiastés 4:9), "en la multitud de consejeros hay seguridad" (Pr.11:14), "en la multitud de consejeros está la victoria" (Pr. 24:6).

1) Jesús no designó a un solo hombre para guiar su Iglesia, señaló a doce.

Cristo proveyó a la Iglesia de pluralidad en el liderazgo. Los doce proveen un maravilloso ejemplo de unidad, humildad, amor fraternal y estructura de liderazgo compartido. Puede haber casos especiales Puede haber casos especiales. Por ejemplo en muchas iglesias pequeñas hay un solo pastor, situación que debería ser circunstancial hasta que se preparen hombres con las condiciones necesarias para ejercer este ministerio. Siempre será preferible esperar, aunque el único pastor tenga que quedarse solo hasta haya hombres cualificados para compartir la carga de la iglesia. No olvidemos que el modelo del Nuevo Testamento es de pluralidad.

2) El gobierno plural también sirve para evitar el "síndrome de Diótrefes" (3 Juan 1:9-10)

Se trata de la tendencia buscar el primer lugar como dirigente principal y absoluto de la congregación. El liderazgo compartido es una salvaguarda contra la tentación de buscar el mando y el dominio en la iglesia y de señorearse con arrogancia sobre ella. En un gobierno plural cada  presbítero está bajo la autoridad espiritual de los demás miembros del consejo, y sumiso a su dirección pastoral. Este control y equilibrio provisto por hombres con la misma autoridad es muy saludable y ayuda a lograr la actitud que Pedro expresó en 1° P 5:1-3.

3) Por otra parte el liderazgo compartido colabora con el crecimiento y la madurez espiritual
 Proporciona constantemente oportunidades de practicar la mutualidad, en el amor fraternal, la humildad, la sumisión, la disposición de servir y la búsqueda conjunta de la voluntad del Señor en la oración para su pueblo (Filip. 2:1-5).

4) La pluralidad del liderazgo permite compartir la carga en la dirección del pueblo de Dios.

Los problemas que surgen en la labor pastoral no recaen sobre un solo individuo sino que pueden ser resueltos por un trabajo en equipo (Ga 6:2). Las pesadas responsabilidades, los problemas de pastorear una congregación  son suficientes para abrumar a una persona. Tratar con los pecados de la gente, escuchar sus quejas aparentemente interminables y amargos conflictos pueden tranquilamente aplastar a un único pastor. Recordemos que Moisés decayó casi hasta la muerte bajo las presiones de conducir al pueblo de Israel (Números cap. 11). 
Con seguridad todo pastor que ha procurado cumplir su tarea conforme a las Escrituras se sintió, en algún momento u otro, como Moisés. Por eso, si el liderazgo es el pastor único con frecuencia, llegará a estar sobrecargado más allá de sus fuerzas y se sentirá solo y aislado, mientras que la congregación hacen las veces de críticos de primera fila. Muchos pastores se volvieron ineficaces en su ministerio porque sufren de severo agotamiento por la lucha. Pero en un sistema de liderazgo conjunto la pesada carga de la vida pastoral es compartida por varios presbíteros calificados y activos. Este equipo provee pastores para cada pastor, hombres de quienes se puede esperar pleno apoyo y ayuda (Eclesiastés 4:9-12).

5) Además hace factible el equilibrio entre los aspectos fuertes y los débiles de cada miembro del equipo.

Cada uno fortaleciendo a los demás en las áreas donde está más capacitado, y recibiendo el apoyo de sus compañeros en las áreas donde sus dones no destacan tanto. Por ejemplo si un presbítero manifiesta un prejuicio o un desagrado hacia alguna persona, dentro o fuera de la iglesia, los demás pueden corregir eso e insistir en un trato justo.

6) Permite también que un mayor número de personas maduras, capaces y consagradas se puedan involucrar en el liderazgo dentro de la congregación.

De esta manera impide que un solo individuo llegue a acaparar en su persona muchos de los dones que Dios ha repartido a los distintos individuos en la iglesia.

7) La pluralidad en el liderazgo también facilita que en esta tarea puedan participar los hombres con trayectoria en el ministerio con otros con menos experiencia.

Mayores y más jóvenes, que crea, por un lado, un ambiente muy enriquecedor de aprendizaje para los más jóvenes, como también una diversidad de perspectivas que puede ser valioso para los hermanos mayores.
Los entrenadores saben que los atletas que se entrenan juntos se estimulan unos a otros a mayores logros. Cuando hay alguien corriendo al lado, el corredor hará un mayor esfuerzo y aumentará la velocidad. Tal vez ésta sea la razón por la que el Señor los envió de dos en dos.

ENEMIGOS POTENCIALES DEL GOBIERNO PLURAL

1) Uno de los principales defectos del liderazgo compartido es el tiempo que va del problema a la solución.

Cuando un grupo de personas deben deliberar sobre un problema y las posibles estrategias deben tener una estructura y orientación que les ayude a ser más efectivos y expeditivos a fin de llegar a una decisión. A pesar de las enmiendas posteriores la celeridad en brindar una solución clara y definitiva sigue siendo aún un problema.

2) Otra desventaja del ministerio plural es cuando se observa un marcado desnivel de visión y acción de unos a otros.

Algunos tienen una perspectiva positiva, de avance otros no. Hay quienes tienen fe de sobra  y otros miran las contingencias que se presentarán y también las finanzas no atreviéndose a encarar el proyecto. Allí es factible que se produzca un conflicto que demore sobremanera las cosas. Por ejemplo donde se presentan varios proyectos para realizar el equipo de presbíteros deberá llegar a la conclusión de cuál de ellas implementar, tarea que no será fácil ni rápida. Habrá un proceso de deliberación.

3) Los celos, las enemistades y las disensiones.

1°Corintios 3:1 y 3 “De manera que yo, hermanos, no pude hablaros como a espirituales, sino como a carnales, como a niños en Cristo. 3:2 Os di a beber leche, y no vianda; porque aún no erais capaces, ni sois capaces todavía, 3:3 porque aún sois carnales; pues habiendo entre vosotros celos, contiendas y disensiones, ¿no sois carnales, y andáis como hombres?” 

¿Puede haber un apóstol que es un niño espiritual? ¿Un pastor o presbítero niño? ¿Un maestro niño? El infantilismo espiritual tranquilamente puede estar presente en el gobierno compartido de la iglesia, Pablo dice que las señales de un niño espiritual son los celos, contiendas y disensiones. En otras palabras se refiere al carácter no tratado de los integrantes del presbiterio.

4) La competencia en el ministerio

Reflexionemos por un momento en Joel 2: 7 y 8 “Como valientes correrán, como hombres de guerra subirán el muro; cada cual marchará por su camino, y no torcerá su rumbo. Ninguno estrechará a su compañero, cada uno irá por su carrera; y aún cayendo sobre su espada no se herirán”

5) Otro ADN espiritual.

El ADN es el código genético donde está condensado el desarrollo futuro del ser humano. Así también si cada uno de los componentes del presbiterio se nutre de distintas fuentes, bebe de múltiples manantiales, es decir que el origen de su visión y acción deriva de diferentes ministerios, aún reconocidos, es posible que con el tiempo tengamos un gran problema en puerta más que el enriquecimiento de la iglesia. Si no se corrige a tiempo puede terminar en serias cuestiones doctrinales.

EL GOBIERNO PLURAL EN LA IGLESIA DE ANTIOQUÍA

Hechos 13:1 al 3 “Había entonces en la iglesia que estaba en Antioquía, profetas y maestros: Bernabé, Simón el que se llamaba Niger, Lucio de Cirene, Manaén el que se había criado junto con Herodes el tetrarca, y Saulo. 13:2 Ministrando éstos al Señor, y ayunando, dijo el Espíritu Santo: Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado. 13:3 Entonces, habiendo ayunado y orado, les impusieron las manos y los despidieron”

Particularidades del presbiterio de Antioquía

1° Al mencionar que había “profetas y maestros” destaca la importancia que se le daba al reconocimiento de los diferentes ministerios dentro del mismo presbiterio (Efesios 4:11)

Evidentemente tiene que haber una distinción en las funciones de los integrantes del presbiterio, hay grados de autoridad y diversidad de dones que es recomendable observar, así como lo destaca este pasaje. Debe haber sujeción mutua pero también entender que no todos están en el mismo plano.

2° Los integrantes del presbiterio de Antioquía eran hombres conocidos, todos sabían quienes eran, de dónde venían, es decir cuál era su “pedigree”.

El texto dice “Simón el que se llamaba Níger, Lucio proveniente de Sirene, Manaén el que se había criado junto con Herodes el Tetrarca..” ¿Qué nos quiere mostrar con esto? Que los componentes del gobierno de la iglesia tienen que ser hombres conocidos, no alguien que cae como un paracaidista de quien nadie conoce su trayectoria o experiencia en el ministerio, tampoco un neófito.

3° El rasgo fundamental del presbiterio en Antioquía era el ministerio al Señor y el ayuno.

¡Llegamos al punto neurálgico de nuestra reflexión! Creo que todo lo demás se desvanece si la prioridad del liderazgo compartido no es la búsqueda colectiva del Señor, me refiero a largos momentos de adoración en conjunto donde se pierde la noción del tiempo, largos periodos de intercesión y clamor compartidos, retiros frecuentes, tiempos de humillación, confesión mutua, quebrantamiento y silencio delante del Trono de Dios, acompañados con ayunos frecuentes. Noten que el ayuno se menciona dos veces en tres versículos.
La permanente organización de eventos empaña, dificulta y debilita la búsqueda de Dios por parte de los dirigentes de la iglesia, por supuesto que Satanás está contento con esto. Todo presbiterio necesita acallar el alma delante del Señor de la iglesia, del Gran Obispo de nuestras almas como lo describe el apóstol.

El presbiterio no será más que un directorio de empresa secular, sin impactar a la congregación ni a la sociedad circundante si el ministerio al Señor y el ayuno no están presentes

Indefectiblemente el ministerio al Señor debe estar primero que el ministerio a los hombres. Si se invierte la ecuación la pluralidad se verá fuertemente afectada en razón que la hermandad necesita de hombres a quienes Dios les hable, es decir que tengan un mensaje para la iglesia traído del cielo no fabricado en el laboratorio teológico de su casa.

4° Los dirigentes de la iglesia de Antioquía tenían una alta sensibilidad al Espíritu Santo.

“..Dijo el Espíritu Santo: Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado” No cabe duda que esta “alta sensibilidad espiritual” era el resultado del ministerio al Señor y de los ayunos. No hay otra manera de obtener sensibilidad espiritual, no hay caminos más fáciles o alternativos. La sensibilidad colectiva al Espíritu Santo es producto de la búsqueda colectiva del Señor. El presbiterio que es espiritual tiene tratos y diálogos íntimos con el Espíritu Santo “nos pareció bien a nosotros y al Espíritu Santo” dice en otra parte de las escrituras. El Espíritu es parte activa, es el “socio fuerte” en la obra y en el ministerio.
Tener el mismo sentir permitió que todos oyeran e interpretaran que era el Espíritu Santo el que daba las indicaciones, por tanto obedecieron enviando a Bernabé y a Saulo a la obra de extensión. Ninguno dudó que fuera el Señor el que hablaba. La respuesta fue inmediata, no se dejó esperar “Entonces, habiendo ayunado y orado, les impusieron las manos y los despidieron”
Es necesario entregar las cargas y las preocupaciones en la cruz manteniendo intacta la relación con el Señor y por supuesto unos con otros a fin de cultivar sensibilidad al Espíritu Santo no permitiendo que los problemas de la hermandad la debiliten.

Cuando el gobierno compartido de la iglesia posee alta sensibilidad espiritual hay crecimiento cuantitativo y cualitativo, los ministerios se desarrollan ejerciendo sus dones, los proyectos avanzan sostenidamente, el reino de Dios se extiende sin límites, el enemigo es derrotado, los problemas se resuelven, el afecto y el amor abundan, y la iglesia deja de ser un barco que no puede virar por su pesada carga. De esta manera el Espíritu Santo se mueve con total libertad, dominio y supremacía entre los santos.

5° El gobierno plural en Antioquía no “regenteaba” la obra de extensión, ellos mismos eran parte de la misión.

El Espíritu Santo designó a dos integrantes del mismo presbiterio para salir a la obra “Apartadme a Bernabé y a Saulo”. No les dijo que enviaran a otros obreros o discípulos. Es más fácil delegar, enviar a otros al campo de labor que tomar la bolsa con las semillas del evangelio y esparcirla nosotros.
Los integrantes del equipo ministerial deben salir a la misión y también enviar a otros obreros capacitados, ambas cosas deben ir en forma simultánea.
No hay problemas si el Señor envía a otras regiones a algunos que integran el presbiterio, al contrario, Él se encargará de involucrar a otros en ese bendito círculo de magisterio. No nos olvidemos del principio de desarrollo gradual en la estructura eclesial que nos enseñó Jorge Himitian.

En definitiva:

Tomando el ejemplo del presbiterio de Antioquía para que un liderazgo plural funcione, se desarrolle y alcance las metas en Dios deberá:

1) Reconocer los diferentes ministerios dentro del mismo presbiterio

2) Los integrantes del gobierno de la iglesia tienen que ser hombres conocidos.

3) La prioridad del liderazgo compartido será la búsqueda colectiva del Señor, en ayunos y periodos de retiro espiritual.

4) Cultivar mayor sensibilidad al Espíritu Santo.

5) Ser parte de la misión y no solamente encargar a otros la tarea de extender el reino de Dios.
















A CONTINUACIÓN (To be continued)

Ahora estamos viviendo 500 años después de la reforma con Martín Lutero. Estamos agradecidos por lo que él hizo, pero no vemos la Iglesia...