lunes, 16 de diciembre de 2013

EL REINO DE DIOS SUFRE VIOLENCIA Ángel Negro





Mt.11.12
“Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan”.

Cuando comenzó el mover de Dios en Argentina, éramos atraídos por la gloriosa presencia del Señor. Era como un imán celestial.
Fue muy soberano, muy de Dios, Él lo hizo. No fue por oración o intervención humana.
Las señales más visibles que se manifestaron en medio nuestro fueron: la sencillez para recibir el bautismo en el Espíritu Santo, la adoración y el amor.
Sonaba el acordeón y ya se levantaban las manos sin que nadie dijera nada.
En la casa de Darling nadie presidía. La obra del Espíritu corría por todo el país como reguero de pólvora y en todas las denominaciones. Como fuego en pasto seco en tarde de verano.
Se sucedían los encuentros y retiros por todo el país.

Comenzaron los conflictos con las denominaciones. Muchos fueron expulsados y otros tuvieron que irse.
Tres veces tuve que comparecer ante el “sanedrín” de los Hermanos Libres, una de ellas era por el salón que habían construido mis padres y mis suegros. Se dijeron muchas cosas feas de nosotros. Uno de los principales ancianos dijo: ustedes son peores que los pentecostales, ni ellos los quieren. Perdí amigos y parientes.

Orville Swindoll deja Santa Fe y se viene a vivir a Buenos Aires. Keth Bentson  renuncia al sostén de la organización.

Quedamos solos, aislados del resto de la iglesia.
¿En qué va a terminar todo esto?
¿Hacia dónde vamos?
Seguíamos una luz celestial.  Fuimos atraídos por Él, sin saber todo lo que Él tenía preparado por delante, hasta que se abrieron las Escrituras:
-El señorío de Jesucristo.
-El evangelio del reino.
-El reconocimiento de Jesucristo como Señor como condición fundamental para ser salvo.
-El arrepentimiento como acto esencial para entrar al reino.
-El bautismo en agua como expresión de fe de nuestra identificación con Cristo y su obra en el calvario.
-La meta de la vida cristiana.
-El propósito de Dios, la formación de un pueblo.
-El ministerio apostólico,
 -La sujeción, mantuvo la unidad del grupo apostólico y de la visión.        
-La unidad de la iglesia.
-El discipulado como medio fundamental para la edificación de los cristianos.
-Los roles en la familia.
-La comprensión de que los mandamientos de Dios son de orden universal y que fueron dados para todos los hombres y mujeres, lo que incluye el pacto matrimonial.
A medida que venía mayor luz sobre alguna verdad, notábamos que encajaba justo en su lugar. Como si se estuviera armando un gran rompecabezas. Cada verdad llegaba con fuerza de revelación y encajaba justo en su lugar.

¡Se abrieron las Escrituras!
¡Todo armonizaba!
¡Cristo se manifestó entre nosotros!
¡El misterio de Cristo y de la iglesia fue revelado en medio nuestro!
Somos hijos de una visión celestial, de un mover de Dios. La luz nos atrajo.
Dios nos juntó, porque a Él se le ocurrió. Somos fruto de un mover soberano del Espíritu.

Pero lo que le dio cohesión, coherencia y armonía a toda esta revelación. Lo que le puso el marco para que todo armonizara fue: “El Evangelio del Reino”. No verdades sueltas, inconexas.

Jesucristo vino a establecer el reino.
-Enseñó como se entra al reino.
-Enseñó las condiciones para habitar en el reino.
-Enseñó como se vive en el reino.
-Puso  las bases del reino.

La renovación renovó “la esperanza”.
-Es posible vivir el evangelio.
-Es posible vivir en santidad.
-Es posible tener una familia que agrade a Dios.
-Es posible un noviazgo cristiano.
-Es posible que los pastores trabajen juntos.
-Es posible una sola iglesia en cada localidad.

El evangelio de Marcos fue el primero que se escribió, nos relata que Jesús comienza su ministerio con estas palabras:
“El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado (y puso las condiciones para entrar en él) arrepiéntanse y crean”.
Y el último versículo del libro de Los Hechos, dice que Pablo predicaba el reino de Dios.
El tema de los evangelios y Los Hechos es el reino.
La iglesia se estableció en todo el Imperio Romano con este fundamento.

El tema del evangelio del reino no es un tema nuevo, no descubrimos la pólvora.
Siempre se habló del reino, pero siempre sufrió violencia.
Todas las cartas apostólicas y las cartas a las 7 iglesias de Apocalipsis nos relatan de correcciones, amonestaciones y llamados para mantenerse firme en el fundamento que una vez fue establecido en la iglesia de Jesucristo.

Pero sin irnos tan lejos, en el siglo XIX los teólogos, especialmente alemanes, hablaban del establecimiento del reino entre los hombres.
El optimismo de esa sociedad progresista era exultante, se consideraba que el hombre llegaría a su máximo desarrollo en el siglo XX. Algunos llegaron a decir: “Una cosa es segura, el hombre marcha hacia la perfección”.
Con la ética del deber de los teólogos alemanes, el reino ya no es tanto de Dios, sino más bien, una tarea del esfuerzo humano.
Por otro lado, esto trajo como consecuencia el liberalismo, que entró con mucha fuerza entre los pensadores cristianos. Richard Niebuhr supo describirlos en su manera de pensar con mucha claridad:
“Un Dios sin ira, introduciría hombres sin pecado, en un reino sin juicio, mediante la ministración de un Cristo sin cruz”.

Todo este optimismo humanista se vino abajo en el siglo XX con las 2 guerras mundiales.

En  los siglos anteriores el pietismo había ganado mucho espacio, decididamente el reino pasó a ser futuro. El reino vendrá. El Sermón del Monte es para ese tiempo, no es para nuestros días.
No obstante, en los círculos teológicos se seguía hablando del tema del reino de Dios. Pero todo quedaba a nivel de conversación, de inquietud, de reflexión y de escritos que no modificaban la conducta cristiana.
Toda la reflexión quedaba encerrada en la torre de marfil, sin comprometer a nadie, no obstante la inquietud era correcta.

Todas las verdades que el Señor nos reveló, aunque en un principio fueron resistidas en ciertos círculos, luego fueron aceptadas.
Hoy se habla de la unidad de la iglesia, del discipulado, del ministerio apostólico,  etc.
En toda América nos agradecen por haber sido pioneros con estas verdades.

Pero lo que no entró (ni en círculos teológicos, ni en grupos evangélicos tradicionales), es la comprensión y la vivencia del evangelio del reino de Dios.

¿Por qué? ¿Qué falta?
No supieron como implementarlo.
Fue el Espíritu Santo el que dio revelación y dijo como implementarlo, como ponerlo en práctica:
Reino de Dios es:
“Jesucristo es Señor de la vida.”
“Jesucristo es Señor de la familia”.
“Jesucristo es Señor de la iglesia”.
“Jesucristo es Señor del dinero”.
“Jesucristo es Señor de mi tiempo”.

Reino de Dios es Señorío de Jesucristo.
Esto hay que llevarlo a todas las áreas de la vida, familia, comercio, relaciones, ética, iglesia,



Mt. 11.12 ¿Qué quiso decir Jesús con estas palabras?
“Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan”.
La interpretación más probable es que el reino no admite cobardías ni “medias tintas”, exige coraje y determinación rotunda.
Firmeza y determinación para vivir el reino y para establecerlo en esta vida.

Una palabra de fe y esperanza:
Pero tenemos que saber que el Espíritu Santo vino para unir los extremos, el reino de Dios es futuro y el reino de Dios es presente.

Debemos vivir el reino hoy, aquí, ahora, sin perder de vista que el reino es futuro.
2P.3.13  
“Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia”.

Leer Apocalipsis es glorioso, es esperanza, es la victoria de Jesucristo sobre todas las huestes de maldad. Satanás, los demonios, el falso profeta y todos sus seguidores serán destruidos en prisiones de oscuridad.
Es la resurrección de los muertos. Es nuevos cuerpos, nueva tierra, y nuevos cielos. Es la victoria final del Cordero. Y reinaremos con Él. Es la consumación de la obra de salvación.

Is. 66.22
“Porque como los cielos nuevos y la nueva tierra que yo hago permanecerán delante de mí, dice Jehová, así permanecerá vuestra descendencia y vuestro nombre. 23Y de mes en mes, y de día de reposo* en día de reposo,* vendrán todos a adorar delante de mí, dijo Jehová”.

Hermanos queridos: La meta final de la historia es la consumación del reino de Dios.
Para esto vivimos y trabajamos.

Ro. 5.2
“por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios”.
Karl Barth dice que esto se refiere al “despunte del reino de los cielos, la unificación entre el Aquí y Allá”.    Es verdad: El reino es ahora aquí y el reino vendrá.

Todo lo que tenemos es por pura gracia:
Is.55.8-11
“Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. 9Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos.
10Porque como desciende de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelve allá, sino que riega la tierra, y la hace germinar y producir, y da semilla al que siembra, y pan al que come, 11así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié.

Los pensamientos de Dios son altos, no se pueden alcanzar, a menos que desciendan como lluvia de parte de Dios y produzca aquello para lo que es enviada.
El evangelio es fundamentalmente revelación.
No conoceríamos al Señor si no se hubiera revelado, eso es gracia.
No conoceríamos nada de Dios si él no se hubiera dado a conocer.  Él lo hizo posible. Eso es gracia.

Pero mientras tanto:
Is.66.18-21
Traer a los esparcidos de todas las naciones, a pie, en auto, en bicicleta, en sillas de ruedas para que sean sacerdotes y levitas en la casa de Jehová.




COMO UNA VIRGEN PURA