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JESÚS Y SUS FOCOS DE ATENCIÓN Oscar Gómez



  
 

   Los hombres que aceptaron estar bajo la autoridad y enseñanza de Jesús, aparte de recibir sus instrucciones, observar su modo de vida y conducta, descubrieron el centro de su atención, lo que despertó su interés. Revisando el evangelio de San Juan en los capítulos 13 al 17 observamos cuatro focos hacia los cuales Jesús orientó su vida.
   Son tan sencillos que podemos pasarlo por alto, no obstante si no lo tenemos en cuenta corremos el peligro de concentrarnos en cosas secundarias e intrascendentes.
     El amor, la comunión con el Espíritu Santo, el fruto obtenido y la unidad son las cuatro cosas esenciales en que centró su atención el Señor Jesús, en ellos está la esencia de la vida cristiana.

   El amor

   “Un nuevo mandamiento os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. En este conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros” 

San Juan 13: 34/35

    “Un mandamiento nuevo os doy...” Aquí la palabra nuevo es “kainós”, recién creado o dicho por primera vez pero que necesitaba ser revitalizado, reimpulsado, renovado, presentado en una nueva calidad, nuevo formato, nuevo valor, nuevo color, nueva gracia, con una nueva intensidad. En otras palabras, Jesús les dijo que tenían que revitalizar, darle una nueva intensidad al amor mutuo.
   La primera vez que asistí a la iglesia fui recibido por Jorge, un hermano de la comunidad cristiana, quién antes de entrar al recinto me abrazó de tal manera como nadie lo había hecho hasta ese momento demostrando interés genuino. Experimenté el amor no fingido.
   ¿Hacia quienes debemos dirigir nuestro amor? En primer término a los discípulos. Los pasajes que hemos visto se refieren al amor entre los discípulos del Señor. Necesitamos una nueva infusión de amor entre nosotros, en los grupos de discipulado, en las relaciones, en casa, en las distintas relaciones y en la evangelización. Todas estas cosas deben ser revitalizadas. Nuestra verdadera identidad como hijos de Dios será reconocida por el amor mutuo siendo una réplica del amor de Jesús “como yo os he amado”.
   En segundo lugar los cercanos deben ser objeto de nuestro amor. Es el amor más sufriente, a veces más hiriente. Si nos hace un daño nos puede afectar o no, pero si nos hace algo una persona cercana, aún de nuestro núcleo familiar causa dolor, provoca heridas. No obstante tenemos que amarlos.
   También la gente ocasional merece nuestro amor. A veces los encuentros son circunstanciales y otros los preparó el Señor. Somos llamados a percibir al ser humano que está a nuestro alrededor. Los discípulos de Jesús debemos tener una actitud inclusiva, que considera a sus semejantes. Dijo cierto escritor cristiano: “la mera existencia humana contiene gloria suficiente como para que cualquiera de nosotros caiga perplejo con temor reverencial”.
   Por último los enemigos no deben quedarse afuera del amor de Dios. Esto sí que es difícil, es un acto innatural, va contra nuestra naturaleza humana, es a la vez un mandamiento.
   Oswald Sanders, misionero y pastor, expresó: “Jesús impone sobre el discípulo el imposible requisito de amar al enemigo que le odia, ultraja y persigue. Es una increíble ley de amor. Por supuesto no nos gusta el enemigo que nos persigue, y envilece, pero no debe impedir que le amemos. La palabra ágape tiene que ver con un amor moral y volitivo, ama a pesar de lo repulsivo del objeto. Es un amor sostenido que no se desalienta, que no demanda o desea, sino que da, que sigue amando a pesar del insulto o la injuria sufrida”
              
   La comunión con el Espíritu Santo

   “Si me amáis, guardaréis mis mandamientos; y yo pediré al Padre y os dará otro Paráclito, para que esté con vosotros para siempre, el Espíritu de la verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque no le ve ni le conoce. Pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros. No os dejaré huérfanos: volveré a vosotros”

San Juan 14: 15 al 18

 En segundo término Jesús fijó su atención a la comunión con el Espíritu Santo. El profundo y desinteresado amor entre los discípulos trae como consecuencia una fluida comunión con el Espíritu. Este amor manifiesto en medio de la hermandad es el portal a la presencia del Espíritu del Señor. Una comunidad de amor debe apuntar a ser una comunidad del Espíritu. Notemos como funcionan:

·        La comunidad de amor recibe a las personas, la comunidad del Espíritu las desarrolla.

·        La comunidad de amor contiene, la comunidad del Espíritu  expande a la hermandad

·        La comunidad de amor produce enfermeros del reino, la comunidad del Espíritu los convierte en soldados del Señor.

   Jesús rogó al Padre para que nos dé un paráclito, un compañero designado para estar al lado, palabra que tiene matices jurídicos, se trata de un abogado, también se traduce como “otro defensor”. Dijo que siempre estará con nosotros. Se le llama “Espíritu de verdad”, nos libra de toda mentira, de desvíos doctrinales, del más leve error, de falsa inspiración y de la obra meramente humana. Hace que la comunidad de los discípulos viva en la verdad, en la visión impartida por el Señor. El mundo no lo ve ni lo conoce al Espíritu, pero el Señor dice que nosotros sí lo conocemos.
   El Espíritu de verdad nos salva de enseñanzas y prácticas equivocadas. En distintos momentos de nuestra trayectoria como iglesia el presbiterio se ocupó de corregir la intromisión de distintos sobre énfasis perniciosos. Seguramente lo tendrán que hacer hasta la venida del Señor. Después Jesús sigue centrando su atención al Espíritu Santo.
   “Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me voy, no vendrá a vosotros el Paráclito; pero si me voy, os lo enviaré: y cuando él venga, convencerá al mundo en lo referente al pecado, en lo referente a la justicia y en lo referente al juicio; en lo referente al pecado, porque no creen en mí;
en lo referente a la justicia porque me voy al Padre, y ya no me veréis; en lo referente al juicio, porque el Príncipe de este mundo está juzgado. Mucho tengo todavía que deciros, pero ahora no podéis con ello. Cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad completa; pues no hablará por su cuenta, sino que hablará lo que oiga, y os anunciará lo que ha de venir. El me dará gloria, porque recibirá de lo mío y os lo anunciará a vosotros. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso he dicho: Recibirá de lo mío y os lo anunciará a vosotros”
San Juan 14: 7 al 15

   La obra del Espíritu Santo en tres direcciones: convencerá de pecado, aquí la palabra “convencer” significa “embestir”. Arremeter violentamente contra otro. Caer una pared encima.
   No solamente convencerá de pecado, también de justicia y de juicio declarando Satanás que ya ha sido juzgado, está sentenciado a cadena perpetua. Si usamos una figura legal podemos decir que está acusado de “desobediencia, asociación ilícita y genocidio”.
   Oscar Marcelino, pastor de la comunidad cristiana en la provincia de Buenos Aires expresa lo siguiente: “la experiencia más dolorosa de la Iglesia no ha sido la persecución o el martirio de los cristianos, la mayor tragedia de la iglesia ha sido desalojar al Espíritu Santo del gobierno, colocando al hombre y a la instituciones religiosas en su lugar. Somos testigos de un proceso que culminará con la devolución del gobierno al Espíritu Santo y por lo tanto la restauración total de la iglesia. En la hora presente nuestra responsabilidad es ser un movimiento del Espíritu, una comunidad que vive en relación con El, bajo su gobierno. Nuestra tarea es inquirir permanentemente donde se mueve el Espíritu Santo y discernir los tiempos”.

   La presencia del Espíritu en la iglesia producirá verdadera comunión espiritual, que es mucho más que tertulias, intercambios de ideas u opiniones.

   El fruto

   No solamente el Maestro se focalizó en el amor y en la comunión con el Espíritu Santo, prestó atención al fruto, al resultado de la obra.
   “Yo soy la vid; vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto; porque separados de mí no podéis hacer nada. Si alguno no permanece en mí, es arrojado fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen, los echan al fuego y arden. Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y lo conseguiréis. La gloria de mi Padre está en que deis mucho fruto, y seáis mis discípulos” 
Juan 15: 5 al 8

    “No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros, y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y que vuestro fruto permanezca; de modo que todo lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo conceda”

                                                                                                        San Juan 15:16


   Al practicar el amor fraterno y cultivar una comunión íntima con el Espíritu Santo, el resultado será el fruto, nuevos hijos de Dios, personas que reconozcan el Señorío de Jesucristo en sus vidas. Este pasaje nos enseña lo siguiente:

·        Si estamos insertados en la vid fructificar será algo natural.

·        Para llevar fruto es necesario orar “pedid”.

·        La consigna es llevar mucho fruto.

·        El Señor nos dio una posición que no debemos perder “os he puesto”.
  
·        Ser maestros ambulantes “vayáis”

·        El fruto debe permanecer, por tanto hay una tarea: visitar, atender y discipular a los nuevos en la fe.


La unidad

   La unidad será producto del amor, de la comunión con el Espíritu, y del fruto obtenido. El interés de Jesús en la unidad se descubre en su oración del capítulo 17 de San Juan, hecha en presencia de sus discípulos.

   “Yo ya no estoy en el mundo, pero ellos sí están en el mundo, y yo voy a ti. Padre santo, cuida en tu nombre a los que me has dado, para que sean uno como nosotros”

San Juan 17:11

    El requisito indispensable para la evangelización mundial es que seamos uno, sin ello el mundo no se doblará ante el Señor, pero creemos y afirmamos que la oración de Jesús al Padre será contestada aquí en la tierra. Aleluya!!




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