“YO SOY JERICÓ” Oscar Gómez



     Estos días me llegó un artículo en el que un cristiano relata esta experiencia: “Estando en un retiro espiritual donde pensé que nada nuevo iba a experimentar se cantó la historia de los muros de Jericó que caen, con el estribillo que repetía: ¡Jericó debe caer!. Los compañeros que vinieron conmigo desde Italia me daban codazos, diciéndome: ¡Escucha bien, porque tú eres Jericó! Al abrirme a Dios comprendí lo orgulloso y autosuficiente que era”.

Al meditar en esto también comprendí que Jericó soy yo, que los muros que deben caer son los míos y también que la ciudad fue sitiada por mí.
Muchas veces pensamos que los demás son el problema. Que debemos derribar los muros de otros, ablandar su dureza, pero debemos saber que “nosotros somos Jericó”. Dios, en su misericordia, se encargará de derribar esta muralla fortificada que son nuestras propias vidas. ¿Creemos que él lo puede hacer?

Leamos Josué 6: 1 y 2 “Ahora, Jericó estaba cerrada, bien cerrada, a causa de los hijos de Israel; nadie entraba ni salía. 6: 2 Más Jehová dijo a Josué: Mira, yo he entregado en tu mano a Jericó y a su rey, con sus varones de guerra”

Jericó significa “luna”, los habitantes de esa ciudad adoraban al dios Luna.

INDICATIVOS DE QUE YO SOY JERICÓ

“Ahora, Jericó estaba cerrada, bien cerrada…”

1) Yo soy Jericó cuando no permito que me orienten en situaciones que van más allá de mi posibilidad de resolverlas.

Mi respuesta es “tranquilo hermano, yo puedo”
Pueden ser contingencias de:
-familia (con parientes, padres, etc.)
-trabajo, (cambiar de lugar, sumar horas o quitar horas, problemas con los patrones, etc.)
-administración de los ingresos.
-vivienda (¿Qué hago, edifico, alquilo, vivo con mis padres, compro un terreno?)
-matrimonio, (desavenencias, enojos, falta de objetivos, proyectos a futuro, etc.)
-hijos,
-noviazgo (con quién voy a compartir el resto de mi vida)
-lugar de residencia, es decir donde voy a vivir, etc.

Un detalle no menor:

No todos pueden ayudar en determinadas situaciones, por tanto no es recomendable comentar a “todos” o a “muchos” lo que me sucede. Aquel que no puede colaborar para bien no debería participar de la situación dado que lo más probable es que su intervención no sea provechosa.

Algunos consejeros y discipuladores piensan así: “mi esposa debe saber todo” y ventilan situaciones de los hermanos. Hermano querido: tu esposa o tu esposo debe saber todo lo tuyo no todo lo de los hermanos. No nos confundamos. Si no clarificamos esta cuestión habrá muchos conflictos en la grey.
La iglesia del Señor-como marco mayor- fue dada por Dios para contener, orientar y desarrollar a sus componentes, si no cumple ese rol se deberá evaluar su estado.

2) Yo soy Jericó cuando mi actitud hacia la Palabra de Dios o aquellos que la imparten es pensar que no tienen nada nuevo para enseñarme o comunicarme.

“Ya lo sé todo, ese pasaje lo leí cien veces” ¿Escucharon esta declaración en alguna oportunidad? De esta forma imposibilitamos al Espíritu Santo que arroje más luz sobre las escrituras y nos haga crecer en Cristo. El Señor dice “muy bien, ya lo sabes todo” y se cierran los canales de revelación. No olvidemos: “El que deja de aprender pronto dejará de enseñar”

Siempre debe estar presente la actitud enseñable, de alumno, de discípulo del Señor. El Espíritu puede tomar una palabra aún de aquellos carentes de verbalidad y transformar nuestras vidas. No nos olvidemos del viejito que recitó el Salmo 23 y todos quedaron bajo la presencia de Dios. Hace poco hablé en V.G.Galvez sobre “El Discípulo buey”, al finalizar la reunión un hermano anciano me contó que de niño araba con bueyes en el campo, me quedé asombrado, achicado, y esa mañana aprendí mucho de él.


3) Yo soy Jericó cuando persisto en aquellas cosas o pecados que el Señor me demanda que abandone.

Dice la escritura “Si oyereis hoy su voz no endurezcáis vuestros corazones”
El Espíritu Santo que está en nosotros es como un semáforo, nos alerta los pasos a seguir. Obviamente, el rojo indica no pasar, el amarillo precaución y el verde es señal que el paso está libre. Es en vano intentar luchar contra el cielo resistiendo al Creador. Debemos hacer caso a estas insinuaciones, a la guía del Señor en nuestras vidas si queremos vivir en paz y en victoria.

4) Yo soy Jericó cuando me vuelvo inflexible a las necesidades, carencias y debilidades de mis semejantes.

“¿Qué te hecho para que me azotarás tres veces”? El asna de Balaam le pidió clemencia al loco profeta porque la golpeaba sin piedad. Posiblemente haya personas a nuestro alrededor que nos estén pidiendo misericordia, tal vez en forma audible o no, algunas veces de buena manera y otras no, pero en definitiva reclaman que las entendamos, que las consideremos. Gritan desde su interior: “¿No te das cuenta? no puedo ser como vos” “no puedo lograr lo que vos alcanzaste” “por favor no me rebajes”.
El mismo sol que derrite la cera endurece el cemento. ¿Somos cemento o cera delante de Dios? Necesitamos una vez más que el Señor ablande nuestros corazones y podamos oír el clamor de los cercanos, de los hermanos en Cristo.


“…nadie entraba ni salía”

5) Yo soy Jericó cuando impido que el Señor conduzca mi vida a instancias mayores de fe, compromiso y visión conformándome con la rutina, la faltas de frutos y la así llamada “mediocracia” (forma de vida de los mediocres)

Síntomas del que sufre de mediocracia:

-Espera cada reunión para llenar el tanque, no va con el tanque lleno.
-Dice “¿para qué tener discípulos?” “¡Así estoy cómodo!”
-No espera nada nuevo, perdió su capacidad de asombro.

Dios quiere que avancemos, que llevemos más fruto para su gloria y honra derribando “los Jericó” dentro de nosotros. Hubo un australiano que dio el salto más grande de la historia desde la estratósfera hacia la tierra. Una de las cámaras de video puestas en su cuerpo pudo captar el globo terráqueo, pero su meta no era una visión del mundo sino batir el record. ¡Necesitamos que Dios nos imparta visión!

Josué 6:20 “Entonces el pueblo gritó, y los sacerdotes tocaron las bocinas; y aconteció que cuando el pueblo hubo oído el sonido de la bocina, gritó con gran vocerío, y el muro se derrumbó. El pueblo subió luego a la ciudad, cada uno derecho hacia adelante, y la tomaron

No te conformes, Dios prometió hacer cosas más abundantes de lo que pedimos o entendemos según su voluntad. ¡Aleluya!
¡Dejemos que caigan los muros que impiden el obrar del Señor en nuestras vidas y ministerios!