UNA MUCHACHA LLAMADA RODE Oscar Gómez


     
Una de las mentiras comunes del diablo es hacernos creer que no somos tan valiosos, que es lo mismo si nos congregamos o no. Cuando pensamos así nuestro compromiso se torna aguado, sin profundidad ni trascendencia. Pero veamos en las escrituras una joven que entendió la necesidad de estar con el pueblo de Dios y por tanto pudo ser útil en las manos del Señor. Quisiera hablarles de una muchacha llamada Rode.

Leamos Hechos capítulo 12: 11 al 16 

Rode significa “Rosa”, posiblemente fue sierva  de María, la madre de Juan Marcos. Veamos algunas características de esta muchacha.

I- ESTABA REUNIDA CON LA IGLESIA

No tuvo en menos al pueblo del Señor, entendió que debía estar donde estaba la iglesia, que su fortaleza provenía de su unión con sus hermanos en la fe.
Muchos piensan que es lo mismo estar o no reunido con la iglesia, que su presencia no es determinante, pero Rode ese día estuvo congregada con los hermanos por lo cual pudo ser usada por el Señor.
Debemos estar donde está la iglesia, movernos con el cuerpo de Cristo porque fuera de él estamos perdidos, esta es nuestra gran responsabilidad.

II- ORABA CON LA IGLESIA

No se trataba de una reunión social, ni un festejo de cumpleaños, la iglesia estaba orando. Rode comprendió que la oración produce cosas, que Dios actúa cuando los suyos oran e invocan su Nombre. La oración colectiva fue factor fundamental en el crecimiento y expansión de la iglesia primitiva, era su práctica, su dinámica, su respirar. Esta joven no despreció la oración, era parte de ese clamor unánime.
Observamos aquí la importancia de la oración unida y específica dado que rogaban a Dios por la liberación de Pedro. Al leer el relato completo de Hechos capítulo 12 vemos que la oración de la iglesia en casa de María movilizó ángeles del Señor, abrió las puertas de la cárcel, cegó los ojos de los guardias, produjo alboroto entre los soldados y posteriormente la muerte del villano Herodes dando paso a un nuevo periodo de la misión cristiana (Hechos capítulo 13).
Las oraciones no solo conmueven los cielos sino que derriban los sistemas corruptos y las estructuras malvadas.
Necesitamos recuperar la preponderancia de la oración conjunta y con motivos definidos, así como Rode que valoró la oración esperando respuestas de parte de Dios. No perdió la capacidad de asombro en el obrar divino. “Reunidos orando” debe ser nuestra consigna.

III- ESTUVO ATENTA A SU ENTORNO

La oración es un diálogo con Dios, no un frenesí que nos hace perder el contacto con el exterior. Podemos estar concentrados en la intercesión y a la vez estar atentos a nuestro entorno. Si bien Rode oraba también captaba la realidad ambiental, esto le permitió abrir enseguida al reconocer que era Pedro el que llamaba.
Nuestra sensibilidad espiritual nos debe llevar a orar con profundidad y simultáneamente estar despiertos a nuestro alrededor en razón que la oración produce cosas, y cosas en el preciso momento en que oramos.

IV- ERA DE CORAZÓN NOBLE

La paranoia de Herodes produjo conmoción social, persecución contra la iglesia y como consecuencia el encarcelamiento de Pedro, su líder. Pero en medio de todo Rode pudo mantener un corazón noble, tierno, lleno de buenos sentimientos y de emociones sanas. Su corazón se llenó de gozo al oír la voz del apóstol y corrió para comunicar a los hermanos esta buena nueva.
Muchos jóvenes de hoy tienen los sentimientos trastocados, las emociones lastimadas, no saben lo que es el gozo interior, ni la alegría que se experimenta dentro del pueblo de Dios. Tienen otras expectativas, piensan que son astutos menoscabando a quienes aman a Dios y prefieren estar con la iglesia.
En medio de la desestabilidad reinante nuestros sentimientos, nuestro interior nunca se debe alejar de la sincera fidelidad a Cristo y a su pueblo.

En definitiva

Después de meditar en la vida de Rode ¿Qué nos corresponde?

·        Estar donde está la iglesia.

·        Darle valor a la oración ya sea individual o colectiva.

·        Estar atentos a lo que sucede a nuestro alrededor.

·        Mantener sano y puro nuestro corazón.