UN PENSAMIENTO SOBRE LAS IGLESIAS BARRIALES Oscar Gómez


                                                                       
      10:13 porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.10:14 ¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique? 10:15 ¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? Como está escrito: ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!

Renovación y Cambio

Dios quiere darnos en este tiempo una visión más amplia de la tarea evangelizadora y un acercamiento más adecuado a nuestros vecindarios.
Será muy difícil desarrollar una acción a fondo en la conversión de las personas si no se introducen los cambios necesarios dándole debida atención a la misión barrial. La situación que vive la iglesia en general, amarrada a formas de trabajo bien conocidas, útiles en otro tiempo, urgen de renovación y cambio.
El vino nuevo que Dios quiere derramar necesitará odres nuevos, es decir una nueva forma de ser y hacer iglesia, de esto tratan las iglesias barriales.

Ideas Claras

Esta acción en los vecindarios deberá estar sostenida por ideas claras, una visión definida de lo que se busca y una ejecución inteligente. Los conceptos que siguen, más que utopías, son un programa de trabajo centrado en los barrios.
Nuestra idiosincrasia es muy dada a improvisar y a hacer las cosas “de última” o “a la criolla”, pero la madurez en el Señor nos exige orar más, pensar mejor, organizar mejor y obtener mejores frutos.
Necesitamos tener una visión, trazar estrategias y programas concretos, con el transcurrir del tiempo evaluar y hacer los cambios que fuesen menester.
No nos quedemos con una sola forma de trabajo, pensar que no puede haber otra u otras vías. Si este es nuestro criterio el resultado será el desaliento y los corrales vacíos.
La iglesia vecinal tendrá que trazar, bajo la guía inequívoca del Espíritu Santo, una estrategia y plan evangelizador de acuerdo a la situación propia del lugar.
No importa que con el tiempo las iglesias en cada barrio tengan formas distintas de trabajar, pero si así el Espíritu las guía para que la obra sea más profunda, prolífica, ágil y rápida, es este el camino que se debe seguir. A su vez tendremos que desarrollar un espíritu reflexivo y creativo, es decir mayor amplitud. Indudablemente el avance será el resultado de darle al Espíritu Santo el lugar correspondiente, él nos mostrará el camino.