LOS OBJETIVOS DE LA IGLESIA BARRIAL Oscar Gómez



Compasión urbana

La compasión por nuestros vecinos y la tristeza de verlos perdidos, sin Cristo, estando tan cerca de ellos es lo que nos debe movilizar al establecimiento de iglesias barriales. Más que una estrategia es un acto de socorro, de rescate al quien vive a nuestro lado.
El proceso de distribuir la magna congregación en comunidades de proximidad tiene como objetivo, como ya lo hemos destacado, generar un trabajo más eficaz, eficiente y cercano a los vecinos de los hermanos como respuesta a un diagnóstico claro: una ciudad con graves desequilibrios sociales y espirituales, que crece en forma vertiginosa extendiéndose y alejándose cada vez más del lugar de reunión central.
Las iglesias barriales hablan de una nueva forma de ser y hacer iglesia. Se trata de una manera más idónea, directa y cercana de resolver los problemas sociales y espirituales que impactan sobre la vida de los vecinos y definitivamente los llevan a la perdición.

Aspectos Prácticos
Para que la comunidad cristiana vecinal tenga presencia y sea reconocida, no solamente deberá predicar el evangelio con palabras sino también, dentro de sus posibilidades y recursos, ayudar con los quehaceres propios de un barrio, por ejemplo el mantenimiento de plazas y espacios verdes, de calles, ayuda escolar, biblioteca, limpieza de terrenos, entre otras actividades.

La función de los presbíteros
La presencia, experiencia, coordinación, dirección, supervisión y rotación constante de los presbíteros aportando su gracia y ministerio será elemental en la construcción espiritual de estas “nuevas iglesias barriales”. Entre otras funciones, los pastores deberán alentar, ejercer autoridad espiritual y encaminarlas en todo momento, lo que podríamos denominar un “trabajo apostólico ciudadano”.

Constancia para sostener el proceso

El otro gran desafío que sigue es sustentar la motivación para que no decaigan los objetivos iniciales, conservar la capacidad de iniciativa y la posibilidad de canalizar otras nuevas. Para reforzar y re-significar esta tarea será necesario retomar continuamente los objetivos iniciales.
La concentración en iglesias barriales dará mayor visibilidad y conciencia, una nueva modalidad donde líderes y presbíteros estarán en constante ministración y servicio permitiendo una actualización continua de recursos y necesidades, toma de decisiones mucho más pertinentes, ajustadas a la realidad y a las percepciones de quienes viven en el sector.
Su formación será un proceso de renovación constante, nunca descansará, siempre tendrá que replantearse y evaluarse. No será lineal, sino que implicará avances y retrocesos, sobre todo estará sometido a grandes resistencias, ya que los cambios profundos nunca se dan sin conflictos.

Los Robles: Una iglesia barrial en marcha

En el mes de junio de este año 2013 iniciamos una obra prototipo en Barrio Los Robles de Granadero Baigorria, creemos que es el comienzo de algo grande para la gloria de nuestro Dios. Recién estamos sentando las bases de esta nueva comunidad de proximidad vecinal. Es un tiempo de oración, mucha siembra y expectativas.
En un principio, los hermanos del lugar se hallan favorecidos por la cercanía a sus casas pero la finalidad no será nuestra comodidad, sí alcanzar al perdido, que no es otro que nuestro propio vecino.
La honrosa tarea que realiza un grupo de hermanas atendiendo la biblioteca y apoyo escolar los días sábados desde hace algo más de un año es una gran bendición para el barrio y a su vez una boca de entrada al reino de Dios.

Retos demográficos
La Iglesia tendrá que prepararse para afrontar los cambios que se están gestando en las ciudades, su acelerado crecimiento en población, fenómeno que representa un gran desafío en la planificación y diseño de iglesia.
La cultura de los barrios ejerce una innegable influencia sobre sus habitantes. Urge prestar atención a lo que sucede en ellos para un trabajo eficaz.
La vida moderna nos obliga a re-examinar nuestra estructura eclesial y re-diseñar la Iglesia. Necesitamos, con desesperación, una perspectiva que integre los diferentes grupos sociales y culturales que conforman cada vecindario.

Orientación para la misión

A los discípulos les urge una nueva orientación en la misión. Nunca enviaríamos a una persona a servir al Señor en otro país sin ofrecerle una capacitación cultural y lingüística, sin embargo los barrios de las grandes urbes, como el Gran Rosario, ahora son mucho más complejos que las etnias de tierras lejanas. Los barrios representan una conjunción de razas y culturas que se funden en una nueva identidad.
Como cristianos, estamos obligados a entender estas realidades para lograr acercarnos a las personas que pretendemos evangelizar.
Cuando no proveemos a los obreros de estas herramientas indispensables, acabamos quebrando su eficiencia ministerial.

Rompiendo barreras y prejuicios

Necesitamos romper las barreras internas instaladas, nuestras estructuras, la “mentalidad de salero” y los temores que afectan nuestra forma de llevar a cabo el ministerio. Estos son los verdaderos obstáculos. Los discípulos del Señor no estamos solamente para ser buenos vecinos, sino compartir noticias, la buena noticia de que Cristo, en la cruz, hizo algo grande por nosotros y por ellos.
No debemos negar a los pobres la posibilidad de que se arrepientan de sus pecados, sin embargo, los pobres no son los únicos pecadores, también los ricos, los empresarios y el ciudadano común.
Las iglesias barriales permiten forjar una nueva alianza entre las personas y su Redentor, trabajar hombro a hombro, los unos con los otros, unidos con discípulos que poseen las armas del Espíritu para liberar, sanar y auxiliar.
Si comenzamos a implementar comunidades de proximidad vecinal veremos personas transformadas por el poder de Dios y el nacimiento de iglesias pujantes.
¿Cuál es la manera más apropiada de enfrentar el reto demográfico en las ciudades, en las grandes urbes? ¿Cómo pueden los discípulos construir puentes de esperanza entre Dios y sus semejantes? La respuesta no se deja esperar: Conformando iglesias barriales.