LOS GRUPOS CASEROS CONFORMANDO LA IGLESIA BARRIAL Oscar Gómez




Saludad también a la iglesia de su casa”
                                                                                        
                                                                                      Romanos 16:5

Hay una gran necesidad de re-impulsar la misión de los grupos caseros en los barrios donde se hayan establecidos, a sabiendas que esta es su función primaria tal como la hemos entendido desde siempre, uniéndolos y asociándolos a fin de formar la iglesia de su propio vecindario.
Pueden ser múltiples las causas por las cuales se desdibuje o debilite la misión barrial, pero no vamos a detenernos en esto sino más bien en el por qué debemos concentrarnos más en nuestros barrios como brazo extendido y complementario de la comunidad cristiana llevando la plenitud de Dios y de su misericordia.

¿Por qué establecer "iglesias barriales"?

1° Reconozcamos, ante todo, que nuestra actividad barrial es de práctica bastante limitada.

Salvo honrosas excepciones, no existe entre nosotros la misión barrial propiamente dicha, es decir como punto de concentración de recursos, servicio y ministerio de los discípulos. La acción es esporádica, cada tanto hacemos un "esfuerzo", o una caminata en el barrio donde estamos, pero debemos re-pensar y re-diseñar la obra barrial desde una actitud que supere la simple "buena voluntad", siempre valiosa e imprescindible y nos dirija hacia objetivos y hechos concretos.

Nuestra preparación para la obra barrial

Los grupos caseros necesitan una preparación adecuada. Hay tres cuestiones fundamentales: con quién y con qué contamos, también quién es el destinatario de nuestra labor.
Si bien todas las personas tienen las mismas carencias y complejidades, cada barrio tiene su idiosincrasia, su matriz cultural o in-cultural que necesitamos conocer. Hay claves evangelizadoras que tenemos que descubrir para cada sector, las cuales el Señor mostrará.

3° Los hombres y las mujeres "del barrio" prontamente serán partícipes de la misma fe cristiana que los discípulos les quieren anunciar.

Hay personas que por su modo de vida, estructura mental o situación económica jamás se trasladarían de manera constante a un centro cristiano distante para asistir a una reunión o actividad, y no podemos llamar a esto desidia (para algunos ir al centro de Rosario es una cuestión de rutina, para otros es como ir a Miami). Pensemos en aquellos que viven distantes de los centros de reunión, en sus problemas familiares y monetarios, en sus luchas interiores que les impiden congregarse.
La iglesia barrial o de "proximidad" tendrá como finalidad llevarles el evangelio del reino de Dios “in-situ” y no esperar que algún día vengan.

4° Hay que acortar distancias entre fe y realidad.

No existe una respuesta única para lograrlo y mucho menos en estos tiempos de "malestares y emergencias", los cambios vertiginosos nos imponen una profunda revisión de la obra. Un modelo centralista-tradicional, centrípeto de iglesia, carece de adaptación y valoración de la realidad de cada barrio y sector de la ciudad.
La expresión "no practicante" comúnmente se relaciona a la práctica de la fe, pero en el fondo nos quiere decir que esa forma de fe no le es propia, que no la sienten como suya, no se identifican con ella. Una especie de estado de foraneidad (forastero, extraño) respecto al quehacer eclesial. La distancia entre fe y realidad termina siendo una barrera entre la gente y la comunidad eclesial. No se vive la misma realidad en barrio Mártin que en La Florida, por supuesto ejemplificando lo que queremos decir y sin el ánimo de afrentar a sus habitantes.
Multitudes de personas sólo se acercan a un centro de reunión cristiana en ocasiones familiares muy especiales (bautismos, presentación de niños, casamientos, etc.) para la mayoría es su único contacto, dificultad que seguramente se salvaría impulsando las misiones barriales.
Aunque en cada vecindario tenga una determinada particularidad en su expresión, que seguramente la tendrá, necesitamos un vivencia concreta y cotidiana de la práctica de fe

5° La iglesia barrial responde directamente a las necesidades humanas fundamentales: Dios, la familia, el trabajo, la salud, el amor al próximo, el afecto, la justicia, la fraternidad, la convivencia, la manera de vivir, etc.

Sin una expresión de la iglesia en los barrios nunca podremos saber las necesidades, problemáticas, virtudes y anhelos de nuestros vecinos, como tampoco conocer sus talentos, dones espirituales y ministerios que están escondidos en ellos. Al lado de nuestra casa hay obreros de Dios, pastores, evangelistas todavía no ganados, no descubiertos. Vuelvo a repetir, la clave está en re-dinamizar y re-concientizar a los hermanos de su inclaudicable labor en su lugar de residencia.
Las necesidades humanas fundamentales aparecerán en primer plano, por tanto el mensaje deberá adecuarse desde la perspectiva de esas necesidades sin rebajar en lo más mínimo las demandas del reino. El poder divino se manifestará en una profunda valoración de la solidaridad y la fraternidad como sustento de las más nobles relaciones humanas.
Existen tradiciones familiares y populares arraigadas, un acervo de valores en cada vecindario a los cuales debemos responder con sabiduría cristiana y acciones específicas.
Por otra parte, la situación de violencia y dejadez de los barrios debe poner en crisis a los grupos caseros movilizando a los hermanos en la oración, en la obra espiritual y en la ayuda material. El Espíritu Santo necesita encontrar en nosotros cauces en los que pueda manifestar su presencia.
Desde esta perspectiva, las iglesias barriales podrían desarrollarse asumiendo ese ciclo natural en el que los tiempos y el obrar de Dios encuentre un fuerte correlato con las aspiraciones trascendentes de la gente, más allá de las particularidades individuales.

6° Visita a los hogares del barrio

Restaría elaborar el material para entregar en los hogares, habitualmente se recurre solamente a los folletos tradicionales, pero también podrían ser auditivos; por ejemplo, entregar un CD grabado con un mensaje o historia bíblica, una carta de invitación a los vecinos, etc.
La manera de presentarse, de saludar a las familias visitadas, la invitación a las distintas actividades de la iglesia barrial, el registro de datos que favorezcan comunicaciones posteriores como así también los mecanismos de evaluación serán muy importantes.
Recordemos que toda acción supone un intenso movimiento de oración y creatividad en Dios, siempre en concordancia con el Espíritu Santo y la realidad del vecindario donde estemos trabajando.
¡Dios está con nosotros y si Dios es con nosotros, quién contra nosotros. Aleluya!