ADMINISTRACIÓN DE LAS FINANZAS EN LAS IGLESIAS LOCALES II Jorge Himitian




PRINCIPIOS BÍBLICOS Y ASPECTOS PRÁCTICOS

Gobierno y administración de las iglesias

El gobierno de las iglesias locales descansa en un presbiterio plural constituido por los pastores de la grey. En el Nuevo Testamento se usan indistintamente los términos: “ancianos” (presbíteros); obispos (epístropos); maestros y pastores para referirse a los hombres que ejercen el gobierno local. 1ª. Timoteo 3.2; Tito 1.5; Hechos 20.17.28.
La diferencia entre ancianos y obispos como dos grados diferentes data de principios del segundo siglo.
Los siguientes pasajes nos señalan que la autoridad y gobierno de las iglesias recaía en ellos. 1ª. Timoteo 5.17; 3.5; Hebreos 13.17.
Por lo tanto, la administración de los fondos de la iglesia estaba bajo la responsabilidad de ellos.

Cuando la obra creció y se extendió, se establecieron los diáconos, colaboradores de los ancianos en las tareas pastorales, administrativas ó en cualquier otra área específica de servicio.

En 1ª. Corintios 12.28 se mencionan entre otras gracias, “los que ayudan”, “los que administran” y en Romanos 12.8 “el que reparte”..., “el que hace misericordia”.
Todo esto pareciera indicar que al desarrollarse y crecer las iglesias, los ancianos no podían abarcar todas las funciones como al principio, é iban delegando responsabilidades a otros, según la diferente gracia de cada uno. Una de estas especializaciones eran “los que administran” siempre bajo la autoridad del presbiterio y nunca independientemente de ella.

Cualidades que deben reunir los hombres que administran

Deben ser:
- Éxodo 18.21    Varones de virtud, capaces, idóneos
Temerosos de Dios
Varones de verdad, íntegros, fieles
Que aborrezcan la avaricia.
Hechos 6.3 De buen testimonio
Llenos del Espíritu Santo
Llenos de sabiduría

2ª. Cor.8.21.22 
Honrados
Diligentes
Probados
Confiables

1ª. Tim.3.8-13  
Honestos, sin doblez
No codiciosos de ganancias deshonestas
Probados
Irreprensibles
Que gobiernen bien sus hijos y su casa

Mateo 20.25-28 
Que tengan espíritu de servicio y no de señorío.

El destino del dinero

En la práctica de la iglesia primitiva el dinero se canalizaba fundamentalmente hacia dos destinos: el sostén de los obreros, y la ayuda a los necesitados.
Sostén de obreros: Apóstoles. Filipenses 4.14-18; 1ª. Corintios 9.
Ancianos. 1a. Timoteo 5.17-18.
Diáconos ó diaconizas. 1ª. Timoteo 3.13; 5.9-10.
Viajes apostólicos ó misioneros: Hechos 15.3; Romanos 15; 1ª. Corintios 16.6. (encaminar significa darle ofrendas que cubran sus viáticos hasta la próxima escala).
La ayuda a los necesitados legítimos de la comunidad:
Pobres, viudas y huérfanos, enfermos y necesitados. 1ª. Juan 3.17; Santiago 1.27; 2.15; Hechos 2.45; 4.34; 4.34-35; Hechos 6.
Ayuda a comunidades necesitadas en otras localidades por mano de los apóstoles. Hechos 11.29-30; 2ª. Corintios 8 y 9.

El sostén de los obreros del Señor

Principios bíblicos:
Dios es quien sostiene a sus siervos, por lo tanto él ha determinado que aquellos que dedican todo su tiempo a su obra, sean sostenidos por los diezmos y las ofrendas. Números 18.21, “Así también ordenó el Señor que los que anuncian el evangelio, que vivan del evangelio. 1ª. Corintios 9.14.
Esto significa que el obrero debe tener todo lo que necesita para vivir dignamente. “No pondrás bozal al buey que trilla”. 1ª. Corintios 9.6-14; Deuteronomio 25.4.
Esta forma de sostenimiento es completamente legítima. Es una manera digna de vivir. “El obrero es digno de su salario”. Lucas 10.7.
También es completamente válido que un siervo del Señor se sostenga mediante un trabajo secular. Esto de ningún modo rebaja el ministerio. Pablo siendo apóstol muchas veces desarrolló su ministerio cosiendo carpas, porque las circunstancias indicaban que eso era más conveniente. Hechos 18.3. Había ancianos que tenían trabajos materiales y otros que se dedicaban enteramente a predicar y enseñar. 1ª. Timoteo 5.17-18.
También cabe la posibilidad de dedicar parte del tiempo al trabajo secular y otra parte a la obra del Señor. En ese caso el sostén que se recibe de la iglesia debe ser proporcional a la dedicación a la obra del Señor.

Aspectos prácticos:

¿Qué aspectos hay que tener en cuenta para determinar si un obrero del Señor debe dedicarse total ó parcialmente a la obra?
La necesidad de la comunidad ó de la obra. El momento en el que el desarrollo de la comunidad y su extensión requiere mayor tiempo y dedicación del obrero.
Que haya recursos suficientes para su sostén.
La estabilidad de la congregación que le va a sostener.
La convicción de que con ese paso la obra va a prosperar.
La madurez y buena trayectoria del obrero (“no un neófito”).
Las circunstancias que corroboren ó no tal decisión.
La conformidad del obrero y su esposa.
La convicción espiritual de que es la voluntad del Señor.

¿Quiénes determinan la dedicación total ó parcial de un obrero a la obra del Señor?

El presbiterio local (cuando hubiere) con el consenso de los hombres maduros que representan la comunidad.
Cuando fueran comunidades nuevas donde no hubiere presbiterio local, deberá recurrirse al ministerio translocal, el cual, en armonía con los hombres principales de la comunidad local, determinará.
Siempre habría que evitar la autodeterminación y la imposición.

¿Cómo determinar el monto del sostén pastoral?

Básicamente se espera que cubra su presupuesto familiar. Que sea suficiente para vivir dignamente.
Hay que tener en cuenta varios factores: Cantidad de hijos y personas a su cargo; si alquila ó tiene vivienda propia; cuáles son sus gastos fijos; a cuánto asciende la manutención familiar; qué gastos de movilidad tiene; si posee vehículo; cuál es su edad y desarrollo ministerial; cuál el nivel de honra que le corresponde. (1ª. Timoteo 5.17) etc.
Debe ser proporcional a su dedicación. Si, por ejemplo, está dedicando medio tiempo, deberá percibir sólo el 50% de su sostén de la congregación. No sería propio ni justo que algún obrero recibiera sostén completo de la iglesia y dedicara todo ó parte de su tiempo a trabajos seculares y remunerativos.
Es importante que a este respecto las decisiones sean tomadas en pluralidad. También debemos evitar la autodeterminación, nadie puede ser juez y parte. Es conveniente que haya un consejo de hombres maduros no sostenidos (sean pastores ó no) que objetivamente puedan velar y decidir sobre este asunto.

Ayuda a los necesitados

Es importante conocer la verdadera situación y las necesidades de los hermanos de la congregación. Nuestra meta ha de ser que “no haya entre nosotros ningún necesitado”. Hechos 4.34-35.

Hemos de ser absolutamente imparciales, justos y equitativos en la ayuda. 1ª. Timoteo 5.21.

Debemos cuidar de no fomentar la vagancia ó la negligencia con nuestra ayuda. Hay que considerar cada caso para estar seguros de que estamos “ayudando” y no arruinando. Debemos canalizar la ayuda de tal modo que sea un incentivo al esfuerzo propio y al tesón.

No podemos contentarnos con el asistencialismo, sino debemos atacar las verdaderas causas que producen la pobreza. Enseñar a la gente a trabajar, incentivarla a aprender un oficio, enseñarla a administrar.

Canalizar la ayuda hacia las necesidades más importantes y no meramente hacia las más urgentes. (Ej. Actualmente en Buenos Aires el problema de vivienda es el más dramático para muchos).
Coordinar esfuerzos para levantar colectas y donativos para proyectos concretos de ayuda en situaciones especiales de necesidad.

Debemos ser ante el mundo un pueblo que se caracteriza por las buenas obras y el amor al prójimo. Mateo 5.14-16; Tito 2.14.

COMO SER BUENOS ADMINISTRADORES

Capacidades necesarias:
Conocimiento de la situación, de los recursos y de las necesidades.
Sabiduría para las decisiones y resoluciones
Habilidad para la planificación y organización.
Diligencia para la ejecución.
Control para la evaluación y superación.

Recaudos necesarios:
Manejo prolijo y ordenado del dinero.
Registros contables al día, con los ingresos y egresos.
Archivos con toda la documentación de control de gastos, ayudas, sueldos, etc. (Todo debe ser demostrable según sencillas normas contables).
No entregar ni recibir dinero sin las anotaciones y comprobantes correspondientes.
Practicar un arqueo de caja con la mayor frecuencia posible.
Aunque alguien lleve el registro y manejo del dinero, no debe actuar individualmente, sino ejecutar sólo las decisiones tomadas por los que son autoridad.
No retirar dinero secretamente, con la idea de reponerlo después.
Es conveniente que toda ofrenda congregacional sea recontada por lo menos por dos personas, y que dejen un comprobante firmado por ambos.
Ser discretos con los datos que se conocen por desempeñar tal función.

CONCLUSIÓN

Debemos Hacer todas las cosas honradamente delante del Señor y de los hombres. Un día deberemos rendir cuentas al Señor de nuestra administración. También debemos estar bien dispuestos a rendir cuentas a los hombres. 2ª. Corintios 8.20-21.
Debemos ser prudentes y hacer todo de modo que si algún día se levantara una tormenta de falsas acusaciones contra nosotros como administradores, tengamos todos los archivos y comprobantes en orden para demostrar nuestro correcto proceder.
Recordemos que el primer conflicto que se originó con los líderes de Jerusalén fue precisamente en esta área. Hechos 6.1.
Honremos al Señor, tengamos una trayectoria intachable y un proceder transparente. Amén.