LA VIDA DEL PASTOR 4ta. Parte Ivan Baker




LA IMPUREZA (sexo)

Aquí tocamos un problema que aparece como ítem número uno en todas las listas de pecado del Nuevo Testamento. La Iglesia no está ajena al problema y tampoco los pastores. Cómo van a estar ajenos si es precisamente a ellos que están dirigidas las palabras de Cristo y los apóstoles.
Es lamentable tener que admitir que muchos obreros del Señor y pastores han tenido que ser disciplinados por sus tratos impuros. ¡Cuántos ministerios santos y fructíferos fueron eclipsados! ¡Cuánto perdió la Iglesia! ¡Cuánto perdió el Señor! He visto las lágrimas, he presenciado la terrible desilusión y he presenciado el derrumbe. Este tema es muy importante. El propósito de Dios en este día es levantar una solemne advertencia en nuestros corazones. Es mejor prevenir que curar; Dios ha hecho grandes esfuerzos para prevenirnos de este mal y debemos hacer caso de su consejo.
A veces la misma obra del Señor hecha con descuido, fue el instrumento usado por el Diablo para provocar una caída. Puede ser que se dedicó mucho tiempo a aconsejar y ministrar a hermanas. Fue el terreno propicio para encender una pasión. Poco a poco fue cediendo, permitiendo pequeños cambios en el trato hasta que se dio lugar a la lamentable caída.

Así que debemos advertir que:

ES UN PROCESO QUE DA LUGAR A LA CAÍDA

La caída siempre es el desenlace final de un proceso. Si cuidamos de no entrar en el proceso nunca tendremos que sufrir las consecuencias de la caída.
Santiago nos habla claramente de este proceso. 1:12-16 Primero habla de la tentación. Aclara que la tentación no viene de Dios y que ni tampoco debemos culpar al Diablo por todas nuestras tentaciones, sino que “cada uno es tentado cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido”. (La “concupiscencia” es un apetito desmedido, o que se sale de órbita). Cuando nos habla del proceso de la tentación nos dice que antes que se dé a luz el pecado, el hombre está siendo contaminado en su ser íntimo: pensamientos, corazón y espíritu. Una vez convencido en su ser íntimo su voluntad está dispuesta y sólo falta la oportunidad propicia para consumar el acto. Esto último, Santiago dice, es “dar a luz el pecado”. Así que el pecado es consumado como consecuencia de un proceso.
Recuerdo el caso de un gigantesco eucaliptos que se desplomó, hace unos años, en un parque cerca de casa. El viento que había soplado no era como para voltear semejante árbol, hecho que llamó mi atención y me detuve para contemplarlo. Lógicamente era importante observar la raíz. La razón de la caída del árbol quedó inmediatamente a la vista: allí, en la raíz, había estado trabajando por años un gran hormiguero sin que nadie lo hubiera observado.
¿Qué son algunas hormiguitas pequeñas que entran y salen sin que nadie les dé importancia? Nunca olvidé este incidente. Siempre lo recuerdo cuando pienso en mi necesidad de cuidar los cimientos de mi vida espiritual. Necesito ser cuidadoso de los pequeños pensamientos que permito entrar en mi mente. Son pensamientos aislados que pueden dar lugar a argumentos; argumentos pueden encender la imaginación; la imaginación puede activar la voluntad. Y si este proceso no es detenido enérgicamente por las “armas de luz” pronto, en lugar de ser un santo en el ministerio de Cristo, me convertiré en un reo en camino hacia la muerte.

Debemos conocer

EL VERDADERO TERRENO DE NUESTRA LUCHA

En muchos casos la caída vino por estar confundidos en cuanto al verdadero terreno de lucha contra el pecado. Podemos pensar que lo importante es no permitir que el proceso de tentación, en nuestra mente y corazón, desemboque en el pecado.
Pero el Señor enseñó a sus discípulos a NO ENTRAR EN EL PROCESO. El Señor comienza con la mirada. Bentson me enseñó que la contaminación comienza con la segunda mirada. Dice que no podemos evitar la primera, pero que la segunda ya es intencional.

Jesús trata nuestras miradas. Él no quiere que estemos haciendo fuerza para no caer, él quiere que estemos haciendo fuerza para mantenernos limpios interiormente.

La amonestación que él nos dio nos indica que para él,

EL TERRENO DE NUESTRA LUCHA NO ES CUIDAR DE NO CAER SINO CUIDAR DE ERRADICAR EL PRIMER SIGNO DE     CONTAMINACIÓN.

En otras palabras, ¡guardar nuestro corazón!

Santiago nos da la misma enseñanza: “Bienaventurado el varón que soporta la tentación...” Sgo 1:12 Soportar aquí, indica “resistir”. Esta palabra tiene también el sentido de rechazar.

Ahora, esto no es meramente guardarse de no entregar nuestros miembros al pecado, sino

LUCHAR Y VENCER EN EL TERRENO DE LA MENTE

Vuelvo a decir que éste es el verdadero terreno de nuestra lucha. Literalmente significa:

NO ENTREGAR LA MENTE A LA CONTAMINACIÓN DE PENSAMIENTOS IMPUROS.

Nuestra mente se asemeja a un campo de aterrizaje. No tiene paredes, cualquier “avión” puede entrar. Lo importante es que yo distinga bien los “aviones” que vienen de Dios y los otros. A los que son de Dios les brindo todos los servicios, pero a los que no son de Dios ¡no! Ni les doy la bienvenida, ni les hago la escalera, ni les doy combustible, ni me interesa la mercadería que traen y mucho menos sus pasajeros. Simplemente los ignoro. Pablo enseñó: “No hagáis caso de la carne con sus concupiscencias...” Esto es precisamente lo que debo hacer: no hacer caso, ignorar.
Pero otro método aún más excelente, es el de la sobreposición. Estamos tan llenos del Reino de Dios que no hay espacio para otra cosa en nuestra mente. ¡Aleluya! Yo tenía una lluvia con una flor bastante tapada. Cuando terminaba de bañarme quería darme una ducha fría. Así que cerraba la canilla de agua caliente y abría la de agua fría. Al tiempo me di cuenta que no era necesario cerrar la de agua caliente. El agua fría era tan fuerte que ocupaba totalmente la lluvia, no dejaba salir el agua caliente... y se apagaba el calefón. La fuerza de un corazón lleno de Dios nos mantiene sanos y limpios espiritualmente. Las manos vacías son el taller del Diablo.
No debiéramos admitir siquiera la contaminación del pecado. Recuerdo que un joven vino a mí buscando ayuda. Vivía solo en un barrio fuera de la ciudad de Buenos Aires. Venía muy preocupado. Me dijo: “¡Por favor ora por mí!” ¿Cuál es tu problema? Le pregunté. “Una pareja joven se mudó al lado de casa y la mujer pasa delante de mi puerta y me hace ojitos”. Fue su respuesta.

Yo le miré atentamente mientras oraba para tener una palabra de Dios. La situación era seria y este joven estaba realmente preocupado. La respuesta que el Señor me dio me enseñó una gran lección. Esto fue lo que dije:
¿Realmente te sientes en peligro? No has tenido bastante con tu vida de pecado? (Había vivido una vida muy corrupta) ¿Es posible que caigas en este pecado después que el Señor te ha salvado y te ha llenado con su Espíritu? A esto me contestó: No. Entonces, le repliqué, si no es posible, ¿por qué quieres que ore por ti?
Te diré más: no voy a orar por ti. Esto es lo que vas a hacer: vete a tu casa cantando y alabando a Dios porque te ha librado de todo pecado y eres más que vencedor. Ponte un gran cartel sobre tu mente y corazón con la palabra: ¡MPOSIBLE!. Cuando llegues a tu casa, no vas a orar, vas a alabar.
Ahora, es importante lo que sigue. Cuando pase esta mujer por tu puerta y te vuelva a hacer ojitos, vas a correr hacia ella, haciendo ruido con los pies y le vas a gritar; ¡Lárgate de aquí... atorranta! Así, bien descortés.
El muchacho se sintió muy sorprendido pero fue e hizo lo que le mandé. Por supuesto que funcionó. Me contó cuando lo vi la próxima vez que la tentación se había desvanecido. Pero, me preguntó, ¿por qué me dijo que no debía orar cuando llegara a casa? (porque le había prohibido terminantemente que haga esto) Le expliqué que arrodillado al lado de su cama, la cara entre las manos, los ojos cerrados, orando para ser salvado de esa mujer, sería su primer síntoma de derrota. Satanás aprovecharía para contaminar aún más su mente y encender su imaginación. Dios no dice que hagamos oraciones de “mendigo” sino que tomemos con fe las armas de nuestra defensa, las usemos y pongamos en huida al enemigo. ¡Admitir que puedo caer es mi primer paso hacia la derrota!
En cuanto a la violenta manera de hablar con esa mujer, el motivo era evitar toda “amable” entrevista para conversar del asunto, lo cual significaría, otra vez, un nuevo paso hacia la tentación. Además era necesario erradicar de la mente de esa mujer toda esperanza de relación. Es mejor tratar la tentación del pecado violentamente, si queremos evitar que la tentación haga violencia de nosotros.

DEBEMOS CORTAR LA TENTACIÓN PECAMINOSA EN SU COMIENZO

¿Cómo realizarlo? Pablo nos lo explica con una sola palabra: “¡Huíd!”

        “HUÍD de la fornicación...” 1ª Cor 6:18
        “HUÍD de las pasiones juveniles...” 2ª Tim 2:22

Pedro también nos recomienda lo mismo:

        “HUÍD de la corrupción que hay en el mundo...” 2ª Pedro 1:4

¿Qué significa “huir”? Significa alejarse con gran prisa de todo ambiente o situación en la que percibo que corro el peligro de contaminarme. Todo es lícito más no todo conviene. Puedo estar en circunstancias muy normales y notar que allí, en esa relación, en ese recinto, en esa circunstancia, hay peligro de tentación. El Espíritu que está en mi activa mi conciencia y ya tengo una luz roja encendida. ¿Qué debo hacer? No hacerme el valiente sino procurar el medio mejor para alejarme cuanto antes. ¡Debo huir!
Creo que no hace falta aclarar que no estamos hablando de apartarnos de toda clase de corrupción que hay en nuestro alrededor, porque entonces sería necesario salir del mundo. En los lugares donde debo estar, y hay corrupción, puedo depender de la protección del Señor; lo contrario es cuando uno mismo elige y se coloca innecesaria y voluntariamente en lugares o situaciones donde uno percibe una particular tentación. Esto no sería huir sino “entrar” en tentación.

CONCLUSIÓN

En las tres tentaciones que hemos tratado hemos visto que la batalla se libra en el terreno de nuestra mente y corazón.
Yo me alegré mucho cuando pude sentir que había llegado a poder dominar mi cuerpo y mi lengua, que mis actos eran los que agradaban a Dios. (Por supuesto, hacía lugar para ciertas fallas). Me sentí feliz. El cielo es mi meta, el Reino de Dios mi gloria.
Pero volví a estar en crisis y cada vez más profunda, a medida que el Espíritu Santo me mostraba esta otra dimensión: “LAS INTENCIONES DEL CORAZÓN” Esto hace que me abra de nuevo a una nueva lucha, en un terreno que había descuidado.
Pero es allí donde Dios quiere llegar. “Porque la Palabra de Dios es viva y eficaz y más penetrante que espada de dos filos; y que penetra hasta partir el alma Y EL ESPÍRITU... Y DISCIERNE LOS PENSAMIENTOS Y LAS INTENCIONES DEL CORAZÓN”.
Yo no conozco mi corazón, solo Dios lo conoce. Cuando Dios comenzó a tocar esta área en mi vida me sentí muy sucio y manchado. Ahora veo por qué los santos que estuvieron cerca del Señor, cuando le vieron, exclamaron por causa de la vergüenza que sintieron. Cuando Isaías llegó en la visión al trono de Dios, exclamó: “Ay de mí que soy muerto; porque siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos...” Cuando Job vio a Dios, exclamó: “Me arrepiento en polvo y ceniza...” ¿Dónde quedaron sus justificaciones? Pablo también exclamó: “Miserable de mí...”
Me alienta saber que el Dios que conoce mi corazón es también un Dios de amor y misericordia. Pero él está hablando muy fuertemente dentro de mi espíritu, diciendo: “SOBRE TODAS LAS COSAS GUARDADAS, GUARDA HIJO MIO, TU CORAZÓN, PORQUE DE ÉL MANA LA VIDA”

Concluyamos con las palabras de Pablo: 2ª Cor 7:1

“Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios”.

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