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LA VIDA DEL PASTOR 2da. Parte Ivan Baker




     ¿Cuáles son lo ataques más comunes que los pastores tenemos que contender?

Fundamentalmente son tres, de los cuales se derivan muchos otros:


  • LA VANIDAD (orgullo)
  • EL DINERO (materialismo) y
  • LA IMPUREZA (sexo)

Estas son las principales pruebas que tendremos que pasar, precisamente porque constituyen las tres debilidades más sobresalientes en nuestra naturaleza corrompida. Por eso no es extraño que sean estos los blancos preferidos en los ataques del enemigo.
Mi intención no es desarrollar estos tres temas sino solo destacar algunos aspectos que pudieran ayudarnos como pastores. Aunque lo que voy a decir tiene que ver con todos los creyentes. Luego veremos algo acerca del área de nuestra lucha.

LA VANIDAD (orgullo)

¿Qué es la vanidad? La vanidad tiene su raíz bien metida en nuestro orgullo y no es otra cosa que una desmedida intención de ser gratificados nosotros mismos. Es el deseo de ser honrado, reconocido. Es la procura de atención que reclamamos hacia nuestra persona.
El Diablo tentó a Jesús en cuanto a esto. Le puso sobre el pináculo del templo, y le dijo: “Si eres Hijo de Dios échate de aquí abajo, porque escrito está: A sus ángeles mandará... para que tu pie no tropiece en piedra”.
Jesús resistió la sutil maniobra del tentador. Se humilló y se sujetó a su Padre, honrándole a él y no procurando la honra para sí mismo. No le interesaba satisfacer la curiosidad del Diablo en cuanto a los poderes que Dios le había dado.
También fue tentado en cuanto a la discusión acerca de que él bautizaba más discípulos que Juan (Jn. 4). ¿Cómo venció aquí? ¡Yéndose! Se separó del terreno de la discusión. No le interesaba demostrar superioridad alguna. ¡Qué sabiduría! ¡Qué gracia y humildad!
En innumerables ocasiones Jesús fue tentado a vanagloriarse de su gran poder divino. Pero no cedió a esa tentación. Fue el más humilde de los hombres y guardó perfectamente el lugar que le había asignado el Padre. Como hombre fue el más pobre, sin gloria visible alguna. El profeta Isaías le llama “raíz de tierra seca”. Jamás hizo alarde de su poder o divinidad. Bendito Jesús.

¿CÓMO SE DESCUBRE LA VANIDAD?

Se descubre en machismos pequeños actos. Por el interés que tenemos en el bien de otros. Debemos controlarnos para ver si estamos para dar o para recibir. Si queremos servir o ser servidos. Por la manera con que nos relacionamos con otros pastores y obreros, y especialmente con nuestros iguales. Si estamos compitiendo o si estamos amando.
La vanidad se nota toda vez que queremos salir de nuestra órbita con el fin de agrandar nuestra imagen. La órbita de cada uno es el límite que Dios nos ha puesto, determinado por la medida de gracia que se nos ha repartido y por el grado de crecimiento que hayamos alcanzado.
Todo esto es lo que enseña Pablo cuando nos dice: “Ninguno tenga más alto concepto de sí que el que deba tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno”. (Rom 12:3).
Eva cayó en la tentación del maligno. El tentador quiso inducirla a alcanzar más de lo que el Señor le había establecido como límite de su entendimiento. Pero Eva cedió a la tentación: “Vio que el árbol era agradable a la vista y codiciable para alcanzar la sabiduría”. Ella consumó el acto de desobediencia”.
Pero la vanidad va mucho más allá de meros actos, es un pecado que debemos rastrear hasta nuestro corazón. Nuestros actos pueden estar muy pulidos, pero allí en nuestro corazón Dios detecta una intención torcida. ¡Eso debemos vigilar!
Vi varios hombres fracasar lamentablemente en su ministerio pastoral. ¡Qué cosa penosa, lamentable! ¿Por qué fracasaron? Aparentemente algunos de ellos eran hombres excelentes. La lección que tenemos que ir remarcando es que SI SOLO CUIDAMOS NUESTRAS APARIENCIAS Y CONDUCTA DELANTE DE LOS DEMÁS, Y NO CUIDAMOS LAS INTENCIONES DE NUESTRO CORAZÓN, TARDE  O TEMPRANO NUESTRO CORAZÓN NOS ENGAÑARA.

El caso de un pastor

Recuerdo un caso. Vino con tanto entusiasmo para unirse a los pastores que estaban experimentando renovación en ese tiempo. (Hablo de los años 69/70, más o menos). Recuerdo vívidamente su entusiasmo. Había encontrado el “canal” espiritual que buscó por tantos años.
Pero, al pasar algunas semanas vimos que su entusiasmo iba languideciendo. Comenzó a faltar y pronto se alejó definitivamente.
Los años que han transcurrido me han dado luz sobre el caso. Ahora veo que esa oportunidad le fue otorgada providencialmente. Su matrimonio estaba en crisis, su pastorado estaba en crisis. Dios había preparado su relación con otros pastores. Era un hombre en profunda necesidad.
¿Qué es lo que le hizo que no pudiera recibir el bien que el Señor le había preparado? Su orgullo. El intento de su corazón estaba fuertemente afectado por sus intereses propios. Estaba más detrás de su propia imagen y beneficio que de la gloria de Dios. Se postulaba sólo para un “primer puesto”. Pensó que ya estaban todos ocupados. ¡Cómo nos engaña el corazón! Pero él no estaba para algo menos.
Como pastor de “mucha experiencia” y director de una escuela bíblica se postulaba para estar sobre los principales, con los principales... pero nunca debajo de ellos!
Dice Salomón: “Alábete el extraño y no tu propia boca”. (Prov. 27:2). Debemos estar más que dispuestos a corregir el concepto que tenemos de nosotros mismos, con la opinión de otros. A la larga veremos que tienen razón. Son más objetivos.
Pablo aconseja a los creyentes en Roma: “...Cada uno que está en vosotros... no tenga más alto concepto de sí que el que deba tener... sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno” Rom 12:3
Creo que se atribuye a San Martín haber dicho: “Serás lo que debas ser o no serás nada”.

Otro ejemplo

Un joven, que no es de Argentina, que tenía un grupo de discípulos, funcionaba bien y prometía mucho. Muy pulcro, bien trajeado siempre, bien peinado y pulido. Era elocuente y buen líder. Demasiado bueno. Pero había en él algunas cosas que preocupaban. Desde el principio se notaba un rasgo de presunción.
Jorge y yo convenimos en no darle el púlpito. Venía realmente embalado para eso. Había adquirido un buen estilo y tenía mensajes muy pulidos. Si había algo que procuré corregir desde el principio, era ese rasgo de presunción que se notaba en él. Pensé que no sería difícil. Era joven.
Pero no tuve éxito. No es fácil tratar con el orgullo de alguien. Uno corre el riesgo de generar una discusión donde uno mismo sale perdiendo.
Opté más bien por tratar de salvar al grupo, instándole a relacionarse con otro que pudiera estar al lado de él en el pastorado. Esto sería óptimo (Estoy hablando de un proceso que duró más de 10 años). Al tiempo se dio la oportunidad y otro pastor joven se unió a él. Ya eran dos en el ministerio. Pero al cabo de algunos meses me di cuenta que la situación no había mejorado nada. El nuevo pastor era más joven y había quedado totalmente absorbido por el fuerte liderazgo de éste.
Al cabo de un par de años, vino otro pastor que quería unirse a la comunidad. Este era un hombre de más edad, muy estable con más experiencia en el pastorado. Yo me regocijé pensando que Dios había enviado la verdadera tabla de salvación. Pero éste fue rechazado sistemáticamente, a pesar de las muchas conversaciones que hubo para producir un acuerdo. Realmente era lamentable y fuera de todo sentido. Lógico, aceptar esta nueva relación le imponía humillarse y este era su más grande problema. Él estaba para ser principal. No podía aceptar otro nivel más bajo.
Siento mucha pena cuando recuerdo este episodio. Estoy convencido que era Dios quien envió a ese pastor, porque amaba a ese muchacho y quería salvarlo enseñándole un camino más excelente de humildad.
El epílogo es triste, como en todos los casos. Dios le quitó autoridad espiritual (comenzó a desviarse de la senda recta de su ministerio). Fue cuestionado en ciertas inconductas graves. Resistió todo consejo y disciplina. Se retiró con algunos jóvenes.
Es lamentable decirlo pero lo único positivo en todo este cuadro fue el alejamiento de éste joven pastor para dar lugar a otros hombres que Dios quería poner al frente de esa congregación.
Indefectiblemente, un hombre orgulloso, que no puede relacionarse con sus pares, no va a prosperar en el ministerio. Lamentablemente por causa de la división de la Iglesia, todavía se da la oportunidad para que hombres así formen grupos aparte. Siempre habrá quien no les conoce y les quieran oír.

TODOS SOMOS ORGULLOSOS

Todos nosotros somos orgullosos de naturaleza. Frecuentemente aún un complejo de inferioridad esconde una raíz de orgullo. Quizá ese complejo por un lado, por no haber podido alcanzar lo que estaba más allá y más arriba; y por el otro, por la incapacidad de conformarse con la suerte que le tocaba.
Una buena medicina para nuestro orgullo es sujetarnos a otros a quienes reconocemos con más capacidad. Y además, trabajar unidos con otros hombres de nuestro mismo nivel. Ustedes, saben que es más fácil relacionarnos con hombres que consideramos superiores como también con aquellos que consideramos debajo de nosotros. Lo difícil es relacionarnos con los que están a nuestro mismo nivel.
Un campeón de tenis una vez fue a visitar a un campeón de boxeo, y lo pasaron muy bien. Contaron sus aventuras, mostraron sus copas y cada uno hizo alarde de sus triunfos. Pero todo lo contrario hubiera sucedido si se hubieran visitado dos campeones de boxeo o dos campeones de tenis. En estos casos generalmente la reunión es muy corta, formal y se habla de generalidades.

Seguirá....

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