miércoles, 31 de octubre de 2012

LA VERDADERA GUERRA ESPIRITUAL Jorge Himitian



    El Hijo de Dios vino al mundo, se encarnó, fue hecho hombre, fue varón perfecto. Como hombre fue tentado en todo al igual que Adán, y al igual que nosotros (Heb. 2.18). Sin embargo él resistió a Satanás y siempre lo venció en la dimensión personal (Mat. 4.1-11); y también en la ministerial.

- Después de tres años de ministerio, para rescatarnos del dominio de Satanás y  reencaminarnos hacia el propósito eterno de Dios hizo la siguiente obra de redención:
El solo entabló la guerra contra todas las fuerzas de oscuridad en la cruz. Veamos  Is. 59.17-18; 63.1-5.
Con su muerte derrotó al que tenía el imperio de la muerte y lo destruyó (Heb. 2.14-15). Despojó a los principados y potestades y triunfó sobre ellos públicamente en la cruz (Col. 2.14-15; 1 Cor. 2.7-9)
- El Cristo resucitado y glorificado, como representante de los hombres, recibió toda autoridad en los cielos y en la tierra y se sentó a la diestra de la majestad en las alturas “sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no solo en este siglo, sino también en el venidero; y sometió todas las cosas bajo sus pies” (Ef. 1.20-22)  ¡JESUCRISTO ES EL SEÑOR!
- En la actualidad la mayoría de los hombres están bajo la potestad de las tinieblas, pues aún no están “en Cristo”. Siguen siendo engañados bajo el dominio del mentiroso. Algunos porque nunca escucharon la verdad, y otros porque al escucharla no quisieron creer.
- Nosotros cuando conocimos la verdad fuimos librados de la potestad de las tinieblas y trasladados al reino de Jesucristo (Col. 1.12-14). Ahora, por su gracia estamos “en Cristo”; y al estar en él su posición, su victoria, su poder, sus bendiciones y su autoridad son nuestras.
- El vivir una vida victoriosa, el ser vencedores en todas las circunstancias, depende enteramente de la posición que hoy tenemos en Cristo. Cristo ya lo hizo todo por nosotros. En la cruz venció al pecado, a la maldición, a la enfermedad, a la carne, al viejo hombre, a la muerte, a los principados y potestades, a los demonios y al mismo Satanás, y a todo lo que se opone a Dios. Cristo resucitó entre los muertos y fue constituido en el Señor victorioso sobre todo, y sobre todos.

 


EL PROPOSITO DE DIOS AL CREAR AL HOMBRE Leegstra-Lancioni


(Tomado del cuadernillo "El Propósito de Dios y como alcanzarlo")


     Este es un asunto fundamental. Debemos abrir nuestros corazones para que Dios nos hable sobre su propósito. No puede ser sólo un estudio de un cuadernillo. Este asunto debe tomar toda nuestra mente y corazón. El conocimiento de gloria que hay en el propósito de Dios debe tomar todo nuestro ser. Su propósito, objetivo, blanco o meta debe direccionar nuestras vidas.
   Toda nuestra vida, nuestra manera de vivir, nuestro comportamiento, nuestro trabajo y esfuerzo, es dirigido por un objetivo, por la meta que tenemos. Por eso, el Propósito de Dios debe volverse nuestro propósito, nuestro blanco.
   Si queremos cooperar con Dios debemos conocer sus deseos, su corazón, su propósito. Todo lo que hagamos tendrá valor eterno en la medida que colaboremos con el propósito de Dios.


Un error muy común


   Muchos de nosotros vivimos por años sin conocer  el propósito de Dios para nuestras vidas. Creíamos, erróneamente, que nuestra meta como cristianos era llegar al cielo. Nosotros veíamos la Biblia desde un enfoque humanista (el hombre es el centro de todo), y concluíamos que el propósito era la salvación del hombre. Todo girando alrededor del hombre y de sus necesidades.
   Esta visión ocurría porque siempre veíamos el propósito de Dios a partir de la caída del hombre. Siendo así, y como el hombre está perdido, la salvación del hombre se volvió el centro del propósito eterno de Dios. Aquí estaba el error y en ese punto debía ser hecha la corrección.
   Es claro que Dios quiere que todos los hombres se salven. Lo vemos claramente en los siguientes textos: 1 Tim. 2:3-4; 2 Pedro 3:9 y Juan 3:16. Pero nosotros no debemos confundir aquello que Dios desea con aquello que es su propósito. El Propósito de Dios no surgió desde la caída del hombre. Es algo que ya estaba en su corazón desde antes de la fundación del mundo (Ef. 1:4,11)



                               El propósito de Dios no comenzó con la
                         caída del hombre. Es algo que ya estaba en
                         su corazón antes de la fundación del mundo



“...según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él” (Ef. 1:4)

    Pensemos  un momento en la siguiente argumentación: Si antes de la fundación del mundo, Dios tenía el propósito de salvar al hombre, entonces Dios es cómplice del pecado, porque necesitaba que el hombre pecase para así poder cumplir su propósito. Cuando Dios dice: “no comas de este fruto”, en verdad quería que el hombre comiera y pecase, quedando perdido y en tinieblas. De este modo Dios podía cumplir su propósito y salvar al hombre y mostrar así su gran amor.
   Ahora, ¡Todo esto es muy confuso! ¡Dios jamás quiso que el hombre pecara! La salvación no era el propósito del corazón de Dios. La redención fue necesaria por causa de la caída. La caída no fue “programada” para que hubiese salvación. Necesitamos conocer cuál era la primera intención de Dios, cual era el propósito que Dios tenía en su corazón cuando creó al hombre.


¿Cuál era el propósito de Dios al crear al hombre?


“ Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza...” (Gen. 1:26)

  Cuando hizo al hombre, Él quería tener hijos con su imagen, con su naturaleza y con su vida. Dios quería tener una gran familia que expresase sobre la tierra su gloria y su autoridad.




                          Cuando Dios creó al hombre, Él quería una
                              familia de hombres semejantes a Él
                 
 

“  Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.   Y los bendijo Dios,  y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla”  (Gen 1:27-28)

    Por eso, Adán y Eva fueron creados a imagen de Dios. Sabemos que cada ser vivo se reproduce según su especie. Entonces, cuando Adán y Eva se multiplicasen, reproducirían hijos a la imagen de Dios. Esta sería la familia de Dios. Una familia de hombres y mujeres santos y perfectos como Dios. ¡Qué glorioso

martes, 30 de octubre de 2012

¿Y QUÉ DEL SUFRIMIENTO? John Wimber


     



(Tomado del Libro "Sanidad Poderosa")

   Aún permanece para algunos el interrogante acerca de lo que quisieron decir los escritores del Nuevo Testamento al hablar de «participantes del sufrimiento de Cristo». A veces olvidamos que toda la vida de Cristo fue sufrimiento: Él fue el único sin pecado en convivencia diaria con el mundo, el demonio y los pecadores. Sus sufrimientos fueron únicos porque ninguno fue por su propio bien. Su muerte en la cruz y los acontecimientos que la rodean fueron la culminación de sus sufrimientos (Romanos 5.6-11). Al igual que Cristo, los cristianos sufren al vivir en un mundo dominado por' el pecado, la carne y el demonio; a diferencia de Cristo, nosotros sufrimos como pecadores. Las tentaciones demoníacas y carnales son una forma de sufrimiento debido a que la vida de Cristo mora en nosotros. También existe la sensación de que la enfermedad es sufrimiento, porque nuestra esperanza es el cumplimiento de la era nueva: el reino de Dios, o como lo llama el Apocalipsis, la nueva Jerusalén.
En esta ciudad Dios morará con hombres y mujeres y enjugará «toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor» (Apocalipsis 21.4).
No obstante los escritores del Nuevo Testamento no pensaban ante todo en la enfermedad y la tentación al hacernos el llamado a entrar en los sufrimientos de Cristo. Pedro escribió que deberíamos «participar de los sufrimientos de Cristo» en oposición al sufrimiento causado por nuestra propia maldad.
«Si sois vituperados por el nombre de Cristo», escribe, «sois bienaventurados, porque el glorioso Espíritu de Dios reposa sobre vosotros. Ciertamente, de parte de ellos, él es blasfemado, pero por vosotros es glorificado. Así que, ninguno de vosotros padezca como homicida, o ladrón, o malhechor, o por entremeterse en lo ajeno; pero si alguno padece como cristiano, no se avergüence, sino glorifique a Dios por ello» (l Pedro 4.14-16; véase también Mateo 5.11-12; Juan 15.18-20).

En otras palabras, cuando los escritores del Nuevo Testamento hablan de sufrimiento se refieren a la persecución.

Existen varias fuentes de las que los cristianos deberían esperar persecución. La primera es de los líderes religiosos, amigos y compañeros de trabajo. Leemos en Juan 1.11: «A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron». La más grande oposición a Jesús vino de los líderes religiosos de Israel, y Él constantemente advirtió a sus discípulos acerca de la oposición religiosa (Mateo 16.6-12; 23.1-39). Al igual que Saúl, Pablo persiguió a la iglesia a causa de sus escrúpulos religiosos. El sanedrín, la suprema corte judía en Jerusalén, hizo flagelar a los apóstoles. Pero estos abandonaron la prisión «gozosos de padecer afrenta por causa del Nombre» (Hechos 5.41).
Jesús enfrentó oposición familiar al poco tiempo de empezar su ministerio público. Después de sanar a los enfermos y echar fuera muchos malos espíritus, sus familiares «vinieron para prenderle; porque decían: Está fuera de sí» (Marcos 3.21).
Incluso María, a quien el ángel Gabriel le dijo que daría a luz al  «Hijo del Altísimo ... y su reino no tendrá fin» (Lucas
1.32-33), llegó hasta Capernaum para acusar a Jesús. Pero Él no se sorprendió de su oposición. Cuando se le dijo que su madre y sus hermanos estaban afuera y que lo buscaban, Jesús dijo: «¿Quién es mi madre y mis hermanos? ... He aquí mi madre y mis hermanos. Porque todo aquel que hace la voluntad de Dios, ese es mi hermano, y mi hermana, y mi madre» (Marcos 3.32-35).

Jesús debió sufrir profundas heridas y soledad cuando aquellos a quien amaba llegaban contra Él, pero Él no permitió que esas heridas le impidieran cumplir con la voluntad de su Padre.

EL BARCO DEL MATERIALISMO Oscar Gómez





(Tomado del mensaje "Los barcos en la Biblia")


Apoc. 18: 19Y echaron polvo sobre sus cabezas, y dieron voces, llorando y lamentando, diciendo: ¡Ay, ay de la gran ciudad, en la cual todos los que tenían naves en el mar se habían enriquecido de sus riquezas; pues en una hora ha sido desolada!

·      Afirmamos que del Señor es la tierra y su plenitud, el mundo y los que en él habitan.

No tenemos ningún problema con las cosas materiales tampoco una visión anti-materia.

·          Este es el barco de la prosperidad sin Dios.

Es muy tentador subir en este crucero, lamentablemente está destinado al fracaso, a la destrucción, se empiezan a abandonar los compromisos paso a paso, lentamente por causa del  excesivo “trabajo” y afán de progreso, primero se deja el discipulador, luego el grupo familiar y por último las reuniones de toda la iglesia. El confort y el poder adquisitivo comienzan a apagar el fuego del Señor, a quitar la carga por la obra y los intereses del reino.

·    Nuestra prosperidad material debe ser proporcional al adelanto espiritual en nuestras vidas.

El progreso material es bueno a fin que no nos falte nada y ayudemos a los necesitados, pero nunca se debe hipotecar el reino de Dios, ni la sincera lealtad a Cristo.
Revé tu agenda, haz planes para Dios en medio de tus obligaciones laborales, ya sea las que ejerzas en forma independiente o bajo relación de dependencia.

¿POR QUÉ NO TENER RELACIONES PREMATRIMONIALES? Guido Micozzi




        Cuando hago esta pregunta entre nuestros jóvenes la respuesta, como es de esperar, es inmediata: porque Dios no lo aprueba. Fuera de nuestro ámbito, la respuesta es totalmente diferente y en general ridiculiza y estigmatiza a quien considere que no tener relaciones prematrimoniales pueda tener vigencia.
Creo que esta actitud responde más a la impotencia de no haber podido mantener la virtud, que al convencimiento de que perder la virginidad con el primer “amor” es algo que carece de valor. De hecho, a la hora de pensar seriamente en formar una familia, la mayoría de los jóvenes desearía hacerlo con alguien virgen. Pero es tan difícil…
Que Dios no apruebe las relaciones prematrimoniales está categóricamente incluido en los diez mandamientos y a los que nos confesamos cristianos, nos debería alcanzar con el reconocimiento de que la voluntad de Dios en este, como en otros aspectos, es lo mejor para nosotros.
Sin embargo, debemos admitir que el impulso sexual puede adquirir dimensiones superiores a otros impulsos que operan en nuestra naturaleza. Es cierto, que hay muchos elementos que influyen sobre nuestro comportamiento sexual, debido al constante bombardeo a que estamos sometidos y que esto afecta por igual a hombres y mujeres de cualquier edad. Pero no es menos cierto que el blanco principal del enemigo son nuestros jóvenes y adolescentes y que en este tiempo, se ha ensañado particularmente con ellos.

Puede que la respuesta de nuestros jóvenes a la pregunta que hicimos sea radicalmente diferente a la del resto, pero me temo, a la luz de la realidad, que no esté afirmada con plena convicción en algunos, y que llegado el momento de la prueba no salgan airosos.
Haber tenido que tratar pastoralmente diferentes situaciones de crisis matrimoniales nos permite descubrir que Dios es más que razonable, cuando nos ordena inexcusablemente mantener la pureza sexual. Quizás sea bueno descubrir algunas de las tristezas que El desea evitarnos.
Tener relaciones prematrimoniales es en la mentalidad actual no solo esperable sino aconsejable. ¿Cómo podremos saber si realmente podemos convivir con una persona si no sabemos si funcionaremos sexualmente?

En la búsqueda frenética de sentirse bien, cubrir nuestras necesidades sexuales debe ser un rubro bien atendido. No es extraño el auge de sexólogos, literatura y la atmósfera saturada de sexualidad que se respira en todos los medios de difusión. El uso libre de nuestra sexualidad se convierte así en una práctica en la cuál deberíamos adquirir una cierta experiencia antes del matrimonio para no fracasar.

Este concepto parece reforzarse ante la aparente imposibilidad de refrenar el impulso sexual, debido a la explosión hormonal que se inicia en la adolescencia. Si Dios puso tal energía en nuestros cuerpos ¿somos responsables porque en algún momento se escapa a nuestro control?
En general nuestros jóvenes no llevan vidas sexuales promiscuas. La mayor parte de las caídas se producen en parejas en etapas de noviazgo, y aún en algunas que en un corto plazo formalizarían su matrimonio.

Pero la contagiosa liviandad que se vive en lo cotidiano tanto en el trato, la vestimenta, lo que se ve y lo que se escucha, despierta y alimenta la sensualidad hasta ponerla en los umbrales del pecado. Y la fornicación es sin duda, el más dulce de los pecados.

Pero existen tristes consecuencias en aquellos que caen, y que nadie menciona.
En el Antiguo Testamento encontramos una historia vergonzosa que ocurrió ante las narices de David entre su hijo Amnón y su media hermana Tamar. Amnón, cediendo a su pasión, se acuesta con Tamar, pero una vez satisfecho, la rechaza con la misma intensidad con que la deseó1 . Esta reacción en quienes tienen relaciones prematrimoniales, es más común de lo que pensamos. En algunos casos señala el comienzo del fin de la relación; en otros es un contrapeso con que iniciaran la vida matrimonial y que puede conducirlos luego de un período a la separación.
¿Cuál es la razón? Han quemado etapas; se han comido el postre sin esperar el plato principal. Creyendo haber llegado a lo máximo que la relación entre hombre y mujer puede proporcionar, se han quedado sin buenos deseos, sin desafíos, sin fascinación.
La relación que se inicia en el noviazgo en la voluntad de Dios, es sin duda apasionante. Consiste en ir conociéndose mutuamente en forma progresiva, hasta llegar a que las almas se saluden gozosamente y puedan reconocer que son el uno para el otro.
Iniciar ese conocimiento en forma carnal, interrumpe el tránsito espiritual que se había iniciado. Ya no hay forma de avanzar, a menos que haya un sincero arrepentimiento, confesión, y búsqueda de la cobertura pastoral necesaria. Si se oculta el pecado, muy por el contrario, la relación se irá enturbiando más y más, y se producirán consecuencias irreversibles: un matrimonio prematuro o forzado, un embarazo no deseado o para el cuál no están preparados.

Definitivamente Dios no es insensato ni caprichoso. Cuando ha dicho no a las relaciones prematrimoniales no lo ha hecho sin razones. Tenerlas hace mucho daño y no solamente como erróneamente se difunde por el peligro de las enfermedades sexuales o los embarazos no deseados, sino porque afecta profundamente alma, mente y espíritu de los involucrados.
Algunos caen y practican la autoindulgencia, porque dan por seguro que el matrimonio se concretara indefectiblemente. ¡Tremendo error! Algo se ha quebrado en la relación; se ha perdido el pudor, se ha entregado descuidadamente la intimidad, se ha violado la confianza, se han perdido el respeto. Y eso hace que uno piense si quiere seguir adelante, para toda la vida, con alguien que le ha defraudado y a quien ha defraudado.
Detrás del escueto mandamiento – no fornicarás – Dios puede esgrimir razones de peso. Obedecer es lo que nos corresponde, pues en la obediencia hay bendición. Pero sepamos que en Su Ley también hay razonabilidad, buena voluntad y buen juicio.


1.  2° Sam. 13: 1 -20

EL AMOR DE DIOS Ivan Baker


     
     Dios siempre nos ha hablado del amor. Dios es amor. Su amor expresa la misma naturaleza de su persona. El vuelca su amor abundantemente hacia nosotros y todo el mundo. El amor es el vínculo perfecto que nos relaciona con él. Es también el vínculo indispensable que nos relaciona los unos con los otros.
Cristo es el objeto del amor de Dios. En Cristo se centran todos los afectos del Padre. Y quien está en Cristo también participa de todos ellos. Por lo tanto, el amor se constituye en la indispensable prueba de nuestro discipulado.

Y el amor nos hace estar en paz con Dios, con nuestros hermanos y aun con nuestros enemigos. Es la señal de todo genuino discípulo.

Cuando Jesús nos enseñó a amarnos unos a otros, puso énfasis en que era “un nuevo mandamiento” En el transcurso de los siglos se daba una nueva oportunidad de amar. Aquí hay evidencia del cambio profundo que se produce entre Dios y el hombre a través de la redención. “Un nuevo mandamiento” para una nueva relación entre el hombre y Dios por causa de la redención. ¡Aleluya! Una dimensión nueva de la presencia viva de Dios en los redimidos. La “supereminente grandeza” del poder de Dios por el Espíritu Santo llenando y actuando en el hombre.
Pero es necesario que también prestemos atención a la otra observación de Jesús: Ámense “como yo les he amado” No amor “sentimiento”… amor para sentirnos bien, sino amor como Cristo amó. Amor de Cristo, enviado de Dios por el Espíritu Santo para que en el receptor se cumpla la redención, comunión con Dios, santificación, edificación. El pleno desarrollo a la imagen de Cristo.
El amor fue el signo que distinguía a la primera iglesia. “Mirad como se aman”, decía la gente. "La multitud de los que habían creído eran de un solo corazón y una sola alma…” ¿Cuál era la clave de semejante unidad? El amor de Cristo. “Comían juntos con alegría y sencillez de corazón”. “Ninguno decía ser suyo nada de lo que poseía.” ¿Por qué era esto? Porque se amaban con el amor de Cristo.
En ésta iglesia el amor superaba todo: la elocuencia. El profesionalismo…que seguramente no existía. Todo era sencillo, común. Pero había “eso” que no era común: se amaban. Seguramente ese amor descendía del ministerio. Los padres que ministraban se amaban. Amaban entrañablemente a Cristo, se amaban entre sí y proyectaban la gracia del amor sobre todos los santos. Este es el orden natural. De no darse esto, es impracticable esperar tener una iglesia que se ama.
El amor de los unos para con los otros comienza con ese amor que Cristo vuelca desde los que presiden.

¿CÓMO DEBEMOS TRATAR A NUESTRAS ESPOSAS? Orville Swindoll


     



    Quiero sugerir a los maridos algunas medidas prácticas que debemos poner por obra en nuestro comportamiento con la esposa:


  • Expresa cada día a tu esposa tu afecto y tu aprecio por ella, por todo lo que es y por lo que hace.



  • Alábala por su peinado, por su vestido, por su sonrisa, por ella misma. Especialmente, ante los hijos y ante otras personas, elógiala.


  • Anímala a tomar un descanso o una siesta cada día. Facilítalo en la medida que puedas, asumiendo algunas de sus tareas habituales.
   

  • Conversa con ella frecuentemente sobre los temas que le interesan a ella.


  • Alivia sus tareas con los hijos con medidas prácticas. Baña a los pequeños de vez en cuando. Ayúdales a vestirse, a peinarse, a poner los zapatos, especialmente cuando están por salir a algún lado. Dales una mano con sus tareas escolares. Asume el rol principal en la disciplina y el orden en la casa.


  • Aprende a animar con elogios y expresiones positivas, y no retos solamente, tanto a la esposa como a los hijos.


  • Recuerda que la mayoría de sus canas, sus arrugas, y sus kilos en exceso vinieron por atenderte y darte hijos.

Si cuidamos bien a nuestras esposas, haremos un gran aporte para la felicidad y tranquilidad de nuestros hogares.

lunes, 29 de octubre de 2012

EL CRECIMIENTO Y LA MADUREZ COMO RESPUESTA AL ERROR José Alberto Pagura



  

 1era.Parte

    Según diversos comentaristas bíblicos, la 2da. Carta de Pedro expresa dos inquietudes de la Iglesia, que lo son también en la actualidad: su interacción con el mundo y la filosofía humanística.
Se nota, en la lectura de esta carta, el anuncio de Pedro de lo próximo de su partida y su preocupación puesta en que las enseñanzas de Jesús tal como fueron recibidas, sean transmitidas a lo largo del tiempo sin importar las personas. “También yo procuraré con diligencia que después
de mi partida vosotros podáis en todo momento tener memoria de estas cosas” (1:15). Acerca de estas enseñanzas, dice el vs. 19: ”tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones”.
La preocupación no está en que conozcan todas las posturas erróneas (aunque no esté mal conocerlas) ya que constantemente pueden aparecer nuevas (como las bacterias y los antibióticos).
La carta exhibe también la preocupación por doctrinas falsas, herejías encubiertas que conducen a quienes siguen esas ideas, a presentar un comportamiento que haría que muchos hablen en contra de la verdad.
Acerca de los falsos maestros dice que tienen los ojos llenos de adulterio, no se sacian de pecar, tienen el corazón habituado a la codicia, han dejado el camino recto y se han extraviado, son fuentes sin agua y nubes empujadas por la tormenta.
Acerca de los seguidores de estos falsos maestros dice: seducen a las almas inconstantes. También se encuentra el texto: sabe el Señor librar de tentación a los piadosos.
De acuerdo a esa preocupación y frente a ese contexto, Pedro plantea como respuesta el mantenerse firmes creciendo en el conocimiento del Señor. Esto es, experimentar a Dios con el resultado de una transformación moral. La base de ese conocimiento se encuentra en las Escrituras (llamada palabra profética) y la enseñanza apostólica: II Pedro 3:1-3
“Amados, esta es la segunda carta que os escribo y en ambas despierto con exhortación vuestro limpio entendimiento, para que tengáis memoria de las palabras que antes han sido dichas por los santos profetas, y del mandamiento del Señor y Salvador dado por vuestros apóstoles”

¡JESÚS RESUCITÓ! Claudio Lancioni y Gustavo Leegstra



                  Prs. Gustavo Leegstra  y Claudio Lancioni

(Tomado del Cuadernillo "El Hecho de Cristo")

"Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe… Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho.  Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos."
                                                                    (1 Cor. 15:14,20-21)


1- La  resurrección de Cristo: victoria sobre la muerte        
                 
  Al cual Dios levantó, sueltos los dolores de la muerte, por cuanto era imposible que fuese retenido por ella. (Hechos 2:24)

  Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria. ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?  (1 Corintios 15:54-57)

Comenzamos a contemplar un hecho sorprendente y a la vez glorioso. Jesús, quien había sido crucificado y luego sepultado, resucita al tercer día. Las mujeres encuentran la tumba abierta... y vacía. Sus discípulos le ven, reconocen su voz. Un Tomás incrédulo es invitado a palpar sus heridas en manos y pies. Lo que vieron no fue un espíritu, no fue una visión o un sueño. ¡Su tumba permanece vacía! Existen hoy muchas religiones, pero sus fundadores murieron. Sus seguidores pueden visitar sus tumbas y, tal vez, rendirles honra... ¡¡Pero nosotros adoramos a Uno que vive!! ¡La muerte no pudo retenerlo! Pablo describe en su primera carta a los Corintios (cap.15) la naturaleza nueva de Jesús. Y dice algo más sorprendente aún (vs. 51 a 57): que todos los que esperamos en Él seremos revestidos de su misma gloria ¡Aleluya! Jesucristo es las primicias de los resucitados, porque un día resucitaremos como Él resucitó ¡Gloria a su Nombre!

  2- La resurrección: fundamento de nuestra salvación

  Y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros pecados.
                                                                                                                           (1 Corintios 15:17)

Nuestra salvación está asegurada por la resurrección de Cristo ¿En qué sentido se relaciona la salvación con el grandioso hecho de la resurrección? Pablo dice (Rom. 4.25): “el cual fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación”. Cualquier hombre bienintencionado podría haber muerto en una cruz, en el Imperio Romano, por salvar o ayudar a otros. Pero ¿lo hubiera resucitado Dios? ¡De ninguna manera! Eso significa que la resurrección es como un recibo, como un certificado de garantía que Dios nos da con respecto al sacrificio del Señor Jesús. El Padre ha reconocido la redención de su Hijo. La resurrección testifica que su muerte es apropiada. Sin justificación, Él no podría haber resucitado ¡Aleluya! Dios reconoce el pago de Jesús por nuestro rescate como adecuado. Por eso Pablo dice que si Jesús no resucitó, nuestra fe es vana y todavía estamos en nuestros pecados.

¡Jesucristo ha resucitado!  ¡Nuestra fe tiene sentido!

 3- La resurrección de Cristo: la vida nueva del discípulo                           

 Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva. (Romanos 6:4)

Recordamos que antes de la crucifixión, los discípulos se escondieron, temerosos por sus propias vidas. Hasta Pedro llegó a negar que lo conocía. Sólo Juan y las mujeres quedaron a los pies de la cruz. Pero a todos los embargaba un gran desánimo, una profunda tristeza. Aquel por quien habían dejado sus familias y trabajos, estaba muerto. Pedro se vuelve a pescar; otros le siguen. De repente, llega la increíble noticia: “¡Ha resucitado el Señor, verdaderamente!”. A partir de este hecho tremendo, los discípulos se vuelven intrépidos y valientes. Y aunque debían esperar la promesa del Espíritu Santo, algo había cambiado para siempre en sus corazones. Su fe era ahora vivificada y fortalecida. Pablo dice (Col. 2:12) que cuando resucitamos con Él, en el bautismo, el poder que opera  en nosotros es el mismo poder de Dios que lo levantó de los muertos.¡Aleluya! Y  tenemos vida nueva ¡Es para creerlo y proclamarlo! El mismo poder de la resurrección de Cristo Jesús nos da vida nueva.

El mismo poder de la resurrección de Cristo Jesús nos da vida nueva.


CONSEJOS PARA MINISTRAR LIBERACIÓN Néstor Scansetti


    
                         
1.    Opinión personal: La sangre no es para liberar o cubrimos de demonios. Es para recordarle al acusador, que estoy limpio de pecados. El que nos cubre es el Señor. Es incorrecto decir: "... y te echo por la sangre de Cristo que tiene poder!" ". Le cubrimos con tu sangre", creo que la sangre es para perdón de los pecados, y este perdón me hace vencedor, por que Dios me guarda y el maligno no me toca, la sangre sobre el dintel era figura de lo que Cristo hizo en la cruz. Ahora ya ha sido rociada sobre nuestras vidas.
2.  No aconsejar que dejen medicamentos recetados por un profesional. Puedo orar y mandar a la persona a su médico a que corrobore su sanidad. No debemos dar consejos médicos, no es nuestra área de incumbencia,
3.  No quedarme con ningún objeto de valor. Nos pueden acusar de robo. Orar por eso o sobre eso (cadenas, anillos, aros etc.) a veces son amuletos, símbolos satánicos, o tienen un trabajo echo sobre ellos.

4.  Nunca debemos ministrar a un niño sin la presencia o la autorización de los padres. Debemos dejarlos seguros de lo que hacemos y para eso podemos explicarles.
5.  Aconsejamos no hablar con los demonios, pues Satanás es padre de mentira. (salvo que tengamos una clara guía del Esp. Santo para hacerlo)  Si algo deseamos conocer acerca de ellos, preguntémosle a Dios y nos será revelado, no a Satanás.
6.  No reprender en lenguas, es en el nombre de Jesús

7.  si es posible 2 o 3 formando un equipo, si es una mujer, que le ministre en lo posible una mujer, tal vez tenga que abrir su corazón.

sábado, 27 de octubre de 2012

EN EL PUEBLO DE DIOS TODOS SON SACERDOTES Iglesia de Salvador Bahía





   Desde el inicio de la formación de su pueblo en la tierra. Dios quería que todos (la nación entera) fuesen sacerdotes (Éxodo 19:6. El pueblo rechazó su sacerdocio porque quedó con miedo de llegar a la presencia de Dios (Éxodo 19:13; 20:18-20). Entonces el Señor constituyó de  los hijos de Leví, una tribu de sacerdotes. Moisés, que conocía el corazón de Dios, también deseaba que todo el pueblo tuviese el Espíritu del Señor y fuese profeta (Números 11:26-30). Mas tarde Dios prometió derramar de su Espíritu sobre todos (Joel 2:28-29). Jesús habló que esta promesa se cumpliría para capacitar a todos para servir a Dios (Hechos 1:8). Con la venida del Espíritu Santo y el establecimiento de la Iglesia, se cumplió el deseo de Dios de tener una nación de sacerdotes.

"Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquél que os llamó de las tinieblas a su luz admirable" (1ª. Pedro 2:9).

Estas palabras rompían con siglos de tradición judaica. La tradición de una "casta sacerdotal" donde apenas algunos podían ser sacerdotes. Esta era una limitación de los tiempos de la antigua alianza que solo podría cambiar con la venida de Jesús y el derramamiento del Espíritu Santo.  Por eso, puede percibirse el tono de exaltación en las palabras de Pedro. El Espíritu Santo estuvo esperando mucho tiempo para traer esta revelación. Preste atención a estas palabras: linaje, nación, pueblo. Todos son sacerdotes. ¡Aleluya!
Lamentablemente la Iglesia no supo preservar esta revelación.  La iglesia generalmente cae en el error de perder la revelación de la nueva alianza para abrazar conceptos del Antiguo Testamento. Por más que se hable de sacerdocio de todos los santos, la práctica de la iglesia mantiene la idea de un pueblo dividido entre dos tipos de personas. Los católicos romanos dividen entre "clero" y "laicado" Los evangélicos dividen entre los siervos de Dios y las ovejas, entre los "ungidos" y los demás. Por la tradición evangélica los "siervos de Dios" deben cumplir exigencias muy grandes. Tienen que negarse a sí mismo, renunciar a todo y consagrarse totalmente al Señor, dedicándose completamente a su obra. Los demás solo necesitan asistir a algunas reuniones, leer la Biblia y orar un poco. Si algunos pocos, en medio del pueblo, hicieren más que esto, luego serán destacados como personas muy consagradas, se les animará a que cursen estudios académicos en seminarios evangélicos, que reciban el título de "pastor". Todo esto es una gran dolencia que atrapa todo el desenvolvimiento del propósito de Dios.
En estos días debemos recuperar la revelación perdida.  Debemos recibir la palabra que Dios nos da a través de Pedro: creer, vivir y proclamar que somos una "nación de sacerdotes". Hay un solo llamado. Una sola vocación. Una misma condición para todos. Todos son siervos de Dios y la Iglesia debe ofrecer condiciones para que todos desarrollen su servicio. Si la Iglesia es un lugar para algunos "súper astros de púlpito" mientras otros se sientan a escuchar, no es el  lugar en donde todos puedan desarrollar su sacerdocio, entonces,  ella está atrofiada. De esta forma no pasa de un judaísmo reformado, un medio camino entre el Antiguo y el Nuevo Pacto, y no podrá alcanzar el propósito de Dios.
Cuando Jesús dice "... yo edificaré mi Iglesia y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella...", no estaba pensando en algunos predicadores súper dotados. Estaba pensando en su pueblo. Él pensaba en ti. ¡Aleluya!


¿QUE NOS ENSEÑA EL MONTE CALVARIO? Oscar Gómez





"Y cuando llegaron a un lugar llamado Gólgota, que significa: Lugar de la Calavera"
                                                          Mateo 27:33

Es el monte de la renuncia, de la muerte del “yo” Mateo 27:33

El Gólgota se trataba de una ligera elevación de la tierra con la forma de un cráneo fue del recinto de la ciudad de Jerusalén. Calvario es el nombre latino.
Fue ahí donde nuestro Señor fue crucificado y todos nosotros morimos con él.

  • Todo aquel que quiera venir a Cristo Jesús deberá pasar por el monte calvario, renunciar a todo y darle muerte al “yo”


  • Este monte es el más esquivado, más olvidado en el cual nadie quiere transitar, pero es el primero.


  • Si no pasamos por él seguimos tan terrenales y superficiales como antes, no se producen cambios provechosos en mi vida espiritual. Es exponerse a la vergüenza, al menosprecio, es identificarse plenamente con Jesús.


¡Bienaventurados los que experimentan este monte!

EL COMPORTAMIENTO DE LA ESPOSA Equipo Apostólico de Argentina




Esposas, sométanse a sus propios esposos como al Señor. Porque el esposo es cabeza-de su esposa, así como Cristo es cabeza y salvador de la iglesia, la cual es su cuerpo. Así como la iglesia se somete a Cristo, también las esposas deben someterse a sus esposos en todo
(Efesios 5:22-24)

que la esposa respete a su esposo
(Efesios 5:33)

Esposas, sométanse a sus esposos, como conviene en el
Señor”
(Colosenses 3:18)

Así mismo, esposas, sométanse a sus esposos, de modo que si algunos de ellos no creen en la palabra, puedan ser ganados más por el comportamiento de ustedes que por sus palabras, al observar su conducta íntegra y respetuosa. Que la belleza de ustedes no sea la externa, que consiste en adornos tales como peinados ostentosos, joyas de oro y vestidos lujosos. Que su belleza sea más bien la incorruptible, la que procede de lo íntimo del corazón y consiste en un espíritu suave y apacible. Ésta sí que tiene mucho valor delante de Dios”  (1 Pedro 3:1-4”

SUJECIÓN A SU MARIDO

• La sujeción tiene que ver con el principio de autoridad vigente en todos los órdenes de la vida social, sea en la nación, en las instituciones, en los colegios, en las fábricas, en las empresas, en la iglesia, en los clubes y, por supuesto, también en las familias. En todo ámbito hay alguien que ejerce autoridad y que, a su vez, está bajo autoridad.
El propósito de la autoridad es establecer orden, una convivencia armónica, funcional y dinámica para el logro de los objetivos. Todos estamos sujetos de uno u otro modo.
• Dios pide que la mujer se someta a su marido, no que el marido se imponga sobre la mujer. En el reino de Dios toda autoridad es reconocida y no impuesta.
• Sujeción es reconocimiento de la autoridad establecida.
Significa obediencia humilde y con buena disposición de ánimo. La mujer sumisa reconoce a su marido como cabeza y en su espíritu se siente unida, ligada a él. La sujeción no es mera obediencia externa, sino una actitud interior de sumisión y respeto.
• La sujeción no anula a la mujer sino que la ubica para secundara su esposo con todas sus capacidades. Un ministro de economía no se siente anulado por estar bajo el presidente de la nación, sino por el contrario, está en un puesto apropiado para desempeñar bien su función.
• La sujeción no rebaja, sino que protege a la mujer. Larry Christenson afirma: La vulnerabilidad de la mujer no está limitada al nivel físico. Incluye también vulnerabilidad en el nivel emocional, psicológico y espiritual. También en tales casos necesita ella la protección y autoridad de un esposo. (Larry Christenson, La Familia Cristiana, Editorial Betania, pág. 36.)
Dios es bueno. Todas sus leyes constituyen una expresión de amor para con nosotros. Dios quiere que la mujer reciba protección y cobertura a través de la sujeción a su marido. No desea ver a la mujer sobrecargada, agobiada y nerviosa sino relajada y feliz, a fin de que críe a sus niños en un clima de paz, alegría y tranquilidad.
• La sujeción de la mujer no se origina porque ella sea inferior y el varón superior. Jesús, siendo igual al Padre, se sujetó a él en todo.
Tenía el mismo poder y gloria pero ocupó un lugar subordinado para lograr el cumplimiento del propósito eterno. La mujer no es menos, y el hombre no es más. Son iguales, pero en puestos diferentes, según el plan de Dios.
• La mujer debe sujetarse a su marido en todo (Efesios 5:24).
El varón es el responsable general de todas las esferas de la vida familiar.
La esposa se verá exceptuada de esta norma solamente cuando su marido le ordene hacer algo contra la voluntad de Dios, es decir, cuando la obligue a pecar o a apartarse del Señor. En tal caso es mejor obedecer a Dios antes que a los hombres (véase Hechos 4:19).
• Las hermanas que tengan maridos incrédulos también deben sujetarse a ellos y comportarse de modo que sus maridos se conviertan al ver la conducta de sus esposas (1 Pedro 3:1-2).
• Sujeción no implica que la mujer no hable, ni opine, ni desarrolle criterio propio, ni haga ningún aporte o tenga injerencia en los asuntos familiares. No precisa decir sí a todo.

Su rol es el de «ayuda idónea». Por lo tanto, debe opinar, enterarse, dialogar dar su punto de vista, asentir o disentir, aprobar o desaprobar, hacer su aporte. Pero siempre mostrará una actitud de respeto y reconocimiento hacia su esposo y tendrá la disposición de dejar las decisiones finales en manos de su marido, sin amargura ni rebelión interior.

• Cuando una esposa considera que su marido se está excediendo o actuando de manera indebida, debe hablarle a solas (con serenidad y en el espíritu del Señor). Sino la escucha, volver a hablarle ante uno o dos hermanos espirituales, siguiendo las indicaciones de Jesús en Mateo 18:15-17.

A CONTINUACIÓN (To be continued)

Ahora estamos viviendo 500 años después de la reforma con Martín Lutero. Estamos agradecidos por lo que él hizo, pero no vemos la Iglesia...