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Mostrando entradas de agosto 15, 2012

LA GRACIA PARA PREDICAR EL EVANGELIO Jorge Himitian

Pr. Jorge Himitian


LA GRACIA DE LA COMUNICACIÓN. CÓMO RELACIONARNOS CON LAS PERSONAS PARA PREDICARLES EL EVANGELIO. INTRODUCCIÓN
Aprendamos del ejemplo de Jesús  y recibamos de su GRACIA. Tomaremos como base los relatos de Juan en su Evangelio.
Juan 1:1-17
Síntesis de este pasaje:  El Verbo eterno que era Dios,  por quién todas las cosas fueron hechas, en quien estaba la vida - vida que es la luz verdadera que alumbra a todo hombre – vino a este mundo, pero el mundo en general no lo conoció. Vino a los suyos, pero los suyos no lo recibieron. Pero algunos lo recibieron creyendo en su nombre, a esos les dio el derecho de ser hechos hijos de Dios. Los tales no fueron nacidos por el hombre sino por Dios. Ese Verbo se hizo carne, y vivió entre nosotros lleno de gracia y de verdad. De su plenitud tomamos todos y gracia sobre gracia. La ley fue dada por Moisés, pero la gracia y la verdad vinieron por Jesucristo. Podemos observar en los siguientes relatos del evangelio, cómo Jesús se relacionaba con…

CUATRO OBJETIVOS DIVINOS Cristian Romo

Pr. Cristian Romo

He aquí cuatro grandes objetivos divinos y también cuatro líneas de acción para los hijos de Dios.
Quisiera hablar de cuatro grandes objetivos de Dios. Son sencillos, pero profundos. Están en su corazón, y Jesús los expresó en su vida.
1.- Que todos los hombres y mujeres conozcan a Jesucristo el Señor
¿No creen ustedes que éste es el deseo del Padre? Así lo expresa: “Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti y a mí”. Por eso, Jesús antes de irse dijo dos cosas tremendamente importantes: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura” (Mr. 16:15). Es decir, al que se te ponga por delante. Nosotros empezamos a pensar: “¿Será la voluntad de Dios que le hable a esta persona?”. Ni siquiera hay que orar por eso, porque ya está dicho: A toda criatura: al que se sienta a tu lado, al del almacén, al carnicero, al de la oficina. No es necesario que le prediquemos un gran sermón, sino la palabra que el Espíritu ponga en ti…