jueves, 31 de mayo de 2012

¿QUÉ ERA DISCIPULAR EN TIEMPOS DE JESÚS?- PEDRO WILLIAMSON

¿QUÉ ERA DISCIPULAR EN LOS TIEMPOS DE JESÚS? 

                                                                                                            Pedro Williamson 

Los discípulos: máxima prioridad 

La formación personal que Jesús les dio a sus doce discípulos era familiar para los judíos de su tiempo. Puede que también nos sea útil hoy si lo miramos con detenimiento. Hace varios años le preguntaron a un presbítero muy conocido: "Si usted fuera el presbítero de una iglesia en una ciudad importante, ¿cuál sería su plan de acción?". El respondió: "Convocaría a un pequeño grupo de ocho, diez o doce hombres alrededor mío para reunimos unas horas por semana, compartiría con ellos todo lo que he aprendido durante algunos años; luego tendría en efecto, doce ministros en la congregación, ellos podrían, a su vez, tomar a otros hombres y enseñarles. Conozco iglesias que lo están haciendo, y eso está revolucionándolas”. Jorge Martín, en “La Parroquia de Hoy”, propone un plan similar para resolver la marcada escasez de obreros. Martín señala el ejemplo de Jesús en la formación de los doce y dice: “Quizás los pastores debieran pensar que van a quedarse sólo tres años en sus parroquias, y que, cuando se vayan, nadie vendrá de otro lugar a cubrir su función. Si actuaran como si esto fuera a ocurrir, agrega, "pondrían la máxima prioridad en la selección, motivación y entrenamiento de aquellos discípulos que tomarán la posta". Los resultados de tres años continuos de este trabajo serían muy significativos. Hasta revolucionarios. En estos últimos años muchos cristianos han vuelto a interesarse en la escuela de Jesús a fin formar hombres para el servicio. La falta de obreros que puedan funcionar en las comunidades entrenando a nuevos, es uno de los factores que ha influido para que la atención se dirija nuevamente a la relación de Jesús con sus discípulos. Diversas interpretaciones Hay una gran variedad de interpretaciones sobre la tarea de hacer discípulos, suscitando bastante controversia con la irrupción de la renovación carismática. Algunas personas han cuestionado estas relaciones de formación por parte de otro líder que no sea Jesús mismo. Otros se han valido de ella como solución para muchos de los problemas de la iglesia. Sugiero que veamos tres relaciones de formación: la relación rabino-discípulo, la relación de padre-hijo entre los judíos en el tiempo de Jesús, y la relación líderes de la iglesia primitiva y los hombres a quienes ellos entrenaban. Cuando pensamos en "discípulos", tendemos a pensar sólo en aquellos doce de Jesús. Pero el Nuevo Testamento se refiere también a los discípulos de los fariseos y los de Juan el Bautista (Mt. 9.14, Mt. 22.15-16; Mr. 2.18). En aquellos tiempos, la relación maestro-discípulos era, entre los judíos, la manera más común de preparar a los hombres para los roles de liderazgo religioso. A pesar de que la palabra griega para discípulo quería decir simplemente "alumno", en el Nuevo Testamento tienen siempre una mayor connotación. Los discípulos a los que se alude en el Nuevo Testamento eran, en cuanto a la relación con sus maestros, más bien aprendices. Ahora bien, el Nuevo Testamento usa también el término discípulo para todos los que creen en Jesús, de modo que la palabra es usada de dos formas: una, en forma especial para aquellas personas que seguían a un maestro tal como Jesús o Juan el Bautista a todas partes, en una relación explícitamente de formación como aprendiz, y otra, para denominar a todos los que aceptaban el evangelio y se convertían en cristianos. El no reconocer estos dos sentidos de la palabra discípulo en el Nuevo Testamento ha sido una fuente de confusión para muchos, especialmente al interpretar Mateo 28: "Id y haced discípulos a todas las naciones". Algunos concluyen que todo cristiano debería ser discipulado en la misma forma que los doce. Otros, queriendo cubrir la necesidad de formación e instrucción que tiene todo nuevo cristiano, han incorporado lo que llaman "enseñanza o curso de discipulado". En consecuencia, se ha desarrollado un concepto de hacer discípulos, a mi modo de ver, diluido, que no tiene ni un leve parecido con aquella relación de Jesús con sus discípulos. Rabinos y discípulos Recientemente encontré información útil sobre la naturaleza de hacer discípulos en los tiempos de Jesús en un artículo titulado “Las relaciones entre maestro y discípulo en la Era Talmúdica”, de Moisés Aberbach. 
Como lo describe el autor, lo que llama la atención sobre el modelo de educación rabino-discípulo es en cómo estaba ligada la enseñanza a una relación personal, de compromiso, entre el estudiante y el maestro. A pesar de que se conocía el aprendizaje autodidáctico, se lo desaprobaba, ya que podía terminar en aberraciones. La enseñanza que recibía un discípulo de su maestro era mucho más que un estudio académico e iba mucho más allá del aula de clase. 
El discípulo pasaba el mayor tiempo posible con su maestro y a menudo vivía con él en la misma casa. Aberbach dice: "Se esperaba que los discípulos no sólo estudiaran la ley y todas sus ramificaciones, sino también que se familiarizaran con un tipo específico de vida, lo que sólo podía realizarse estando constantemente pendientes de su maestro... Los rabinos enseñaban tanto con su ejemplo como con preceptos. Es por esto que los discípulos necesitaban anotar tanto los hábitos y conversaciones diarias de su maestro, como su enseñanza". 
Los alumnos trataban a sus maestros con la mayor deferencia y respeto. "Seguir" a un maestro significaba aceptar su enseñanza, pero cuando lo acompañaban, se suponía que los discípulos caminaban literalmente detrás de él, hacia un lado o el otro. Los alumnos también servían a su maestro en muchas formas prácticas, desde acomodar los bancos en el cuarto que se usaba para la enseñanza hasta cocinar para él; también el ayudarlo en las casas de baños era un servicio comúnmente asociado con el discipulado. A pesar de la subordinación y de las costumbres respetuosas que caracterizaban a la relación entre el maestro y el discípulo, ésta no era para nada distante o meramente formal. El maestro trataba de criar a sus discípulos como hijos: los cuidaba, proveía para ellos (generalmente el rabino costeaba esta educación) y alababa o amonestaba a sus discípulos según su parecer. Aberbach describe a la relación como muy estrecha y caracterizada por un profundo amor paterno filial. El resumen estándar de las responsabilidades del discípulo era que todas las obligaciones que él tenía con su padre le correspondían para con el maestro. Después de completar sus entrenamientos, se esperaba que los discípulos se convirtieran en maestros y transmitieran la enseñanza recibida a otros. Jesús y los doce Cuando examinamos los evangelios a la luz de esto, podemos reconocer varias cosas que nos son familiares. Jesús se ocupaba de que sus discípulos aprendieran estando con El y observando lo que El decía y hacía. Ellos vivían con El y viajaban con El. 

Era una relación de compromiso

Los discípulos de Jesús dejaban a sus familias, amigos y ocupaciones para seguirlo y aprender de El. Es muy posible que muchas de las costumbres respetuosas que caracterizaban a las relaciones de los rabinos y sus discípulos se daban también entre Jesús y los doce. Los evangelios indican que los discípulos de Jesús le servían de varias maneras: comprando comida, preparando la pascua y pagando el impuesto del templo, por nombrar unas pocas instancias (Jn. 4.8, Mt. 26.17, Mt. 17.24-27). Vemos la misma meta en la relación de Jesús con sus discípulos. El desea que ellos entiendan y transmitan sus enseñanzas y que, en un cierto sentido, tomen su lugar, "El discípulo no es superior a su maestro; mas todo el que fuere perfeccionado, será como su maestro." (Lc. 6.40). "Como me envió el Padre, así también yo os envío". (Jn. 20.21) "El que a vosotros oye, a mí me oye, y el que a vosotros desecha, a mí me desecha" (Lc. 10.16). Por supuesto que la relación de Jesús con sus discípulos se diferencia en formas diversas e importantes de las relaciones de otros rabinos con sus discípulos. El requería de sus seguidores más de lo que cualquier rabino se hubiera atrevido a pedir; por otra parte, nunca pretendió que sus discípulos tomaran totalmente su lugar. "Pero vosotros no queráis que os llamen Rabí; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo, y todos vosotros sois hermanos. Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra; porque uno es vuestro Padre, el que está en los cielos. Ni seáis llamados maestros; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo" (Mt 23.8-10). Preparándose como hombre Entre los judíos del Antiguo Testamento, como entre los del siglo I, era la madre la que cuidaba, enseñaba y educaba tanto a los niños como a las niñas durante sus primeros años de vida. Pero a partir de los cinco o siete años, el padre toma el rol principal en la educación de los varones. Estos estaban todo el tiempo con sus padres. Por ejemplo, si el padre de un niño era herrero, el niño iba con él y lo ayudaba, haciendo cosas muy simples mientras era pequeño y asumiendo más y más responsabilidades a medida que iba creciendo. El hijo tenía así la posibilidad de observar cómo se desenvolvía su padre en cada circunstancia de la vida, a la vez que aprendía el oficio de él. El padre le enseñaba al hijo mostrándole lo que él mismo hacía. Jesús alude a esta dimensión de la relación entre padres e hijos cuando dice: "Porque el Padre ama al Hijo, y le muestra todas las cosas que él hace" (Jn. 5.20). El ideal de un padre era criar a un hijo que fuera igual a él. Papá, el maestro Las Escrituras enfatizan el rol que tienen los padres en la educación de sus hijos. Cuando Dios instruye a Israel acerca de la Pascua, ordena que los padres expliquen a sus hijos cómo los sacó el Señor de Egipto (Ex. 13.14). El sería la fuente principal de enseñanza sobre la fe de la familia, la historia del pueblo y sobre asuntos de comportamiento: "Pregunta a tu padre, y él te declarará" (Dt. 32.7, Dt. 6.6-7, Dt. 20-25, Ex. 13.13-15). El libro de Proverbios está lleno de exhortaciones a los hijos a que presten atención a la instrucción de sus padres; y a los padres, a que enseñen a sus hijos (Pr. 1.8, Pr. 3.1; Pr. 19.18, Pr. 29.17. La palabra para "disciplina" y "corregir" tiene aquí también el significado de instruir. El diálogo entre el hermano mayor y el padre al final de la historia del Hijo Pródigo (Lc. 15 : 11-32) ilustra el tipo de relación que existía entre padres e hijos en los tiempos de Jesús, El hijo mayor se queja por la fiesta que le hacen a su hermano y objeta que él ha sido tratado mal, ya que "todos estos años te he servido y obedecido". Estas eran las obligaciones que un hijo, aun de adulto, tenía para con su padre mientras viviera en la casa de éste. El padre le responde diciendo que las circunstancias justificaban la celebración, y que él no había faltado a sus obligaciones para con su hijo mayor: "Hijo, tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas". El había compartido todo con su hijo mayor. Lo que le pertenecía al padre era virtualmente de su hijo, y cuando el padre muriera, el hijo heredaría todo lo de su padre. Escuela intensiva Cualquiera sea la idea que nos hayamos formado sobre la relación de Jesús con los doce y la formación que los padres daban a sus hijos, queda por hacer una pregunta: ¿Hay un lugar para esta escuela intensiva de formación de obreros en la iglesia o es que la formación que dio Jesús a los doce fue único, así como único es el rol de esos discípulos en la historia de la salvación y en la iglesia? ¿Es que el carácter de Jesús lo calificaba únicamente a él para hacer discípulos de esta manera? La historia de la iglesia primitiva nos muestra que los primeros cristianos empleaban relaciones de formación como las que hemos estado examinando. A pesar de que el Nuevo Testamento sólo usa una vez el término discípulo para describir la relación de los cristianos con otro que no fuera Jesús (Hch. 9.25), muestra claramente a Bernabé enseñando a Pablo y éste a Timoteo, Tito y probablemente a otros. “Timoteo, hijo mío” Pablo se llevó a Timoteo de Listra para que viajara con él y lo asistiera en su ministerio. Timoteo se quedó con él varios años. Durante ese tiempo, fue enviado a varias misiones y finalmente se le dio la responsabilidad de la iglesia en Efeso. Es a Timoteo, el discípulo graduado, a quien Pablo dirige las dos cartas que llevan su nombre. Pablo lo consideraba como a su hijo y él veía a Pablo como a su padre en el Señor (1 Tim. 1.2, 1 Tim. 18). Pablo se sentía con libertad de darle órdenes a su discípulo sobre el gobierno de la iglesia en Efeso (1 Tim. 1.3,18; 1 Tim. 5.3, 1 Tim. 9, 1 Tim. 17). Timoteo estaba bajo su autoridad en el ministerio; la iglesia de Efeso se hallaba bajo la supervisión final de Pablo. El aconsejó a Timoteo sobre cómo manejar diversas relaciones con la gente, así como aconsejaría un padre a su hijo: "No reprendas al anciano, sino exhórtale como a padre; a los más jóvenes, como a hermanos; a las ancianas, como a madres; a las jovencitas, como a hermanas, con toda pureza" 1 Tim. 5.1-2. Le da directivas personales sobre su salud. No trata de persuadirlo sino que directamente le dice lo que debe hacer: "Ya no bebas agua, sino usa de un poco de vino por causa de tu estómago y de tus frecuentes enfermedades". 1 Tim. 5.23 En otra parte. Pablo lo exhorta personalmente sobre un área de debilidad: "Por lo cual te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti por la imposición de mis manos. Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio. Por tanto, no te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor, ni de mí, preso suyo, sino participa de las aflicciones por el evangelio según el poder de Dios" (2 Tim. 1.6-8). Timoteo, como muchos siervos de Dios, tenía un problema de confianza y una tendencia a no manejar las cosas de la manera directa que era apropiada. Pablo le recuerda a Timoteo que continúe por el camino que él le mostró por medio de su ejemplo y enseñanza: "Retén la forma de las sanas palabras que de mí oíste, en la fe y amor que es en Cristo Jesús. Guarda el buen depósito por el Espíritu Santo que mora en nosotros" (2 Tim. 1.13-14); "Pero tú has seguido mi doctrina, conducta, propósito, fe, longanimidad, amor, paciencia, persecuciones, padecimientos, como los que me sobrevinieron en Antioquía, en Iconio, en Listra; persecuciones que he sufrido, y de todas me ha librado el Señor. Y también todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución; mas los malos hombres y los engañadores irán de mal en peor, engañando y siendo engañados. Pero persiste tú en lo que has aprendido y te persuadiste, sabiendo de quién has aprendido" (2 Tim. 3.10-14). Juan, Policarpo y Papías Más allá de la información dada por el Nuevo Testamento, hay considerable evidencia de que al menos algunos de los doce tomaron discípulos. Por ejemplo, parece que hubo una relación de formación entre Pedro y Marcos, y Juan y Policarpo; a su vez Policarpo, antes de terminar su vida como mártir, les comunicó a Ireneo y Papías lo que había recibido. Era una práctica común que los obispos, maestros y monjes tomaran discípulos a quienes ellos formarían. ¿Qué es esta relación ? A este punto sería útil identificar la característica común de las relaciones entre rabinos y discípulos, padres e hijos, y líderes de la iglesia primitiva tales como Pablo y líderes pastorales jóvenes como Timoteo. Esto va a aclarar lo que quiero decir con "relación de formación". 
Primero
el propósito de estas relaciones era preparar a alguien para un rol similar al de la persona que está enseñando. Así se preparaba a los hijos para asumir las responsabilidades del hombre y de la paternidad; Timoteo y los doce fueron preparados para los roles de liderazgo cristiano. 
Segundo
en la relación había un orden definido: una persona instruía y la otra aprendía. La persona que era instruida servía a la persona que lo instruía y recibía directivas personales de él. La relación de formación suponía un grado de dirección personal mayor que la del pastoreo normal. 
Tercero
gran parte de la formación se daba a través del instructor, viviendo su vida y haciendo su trabajo en la presencia de la persona que recibía la instrucción. Durante el tiempo que pasaban juntos, la persona que daba instrucción buscaba enseñar por medio de su ejemplo, y la persona que lo recibía buscaba modelarse según su maestro. 
En cuarto lugar
una responsabilidad importante del instructor era el enseñar. En todos los ejemplos que hemos considerado en este artículo, la enseñanza era tomada de las Escrituras; cómo conducirse en la vida diaria y cómo hacer lo que hacía el instructor, ya fuera carpintería, hilandería o pastoreo, era lo que el discípulo asimilaba. Finalmente, la relación entre el instructor y su discípulo era profunda, estrecha y personal. En estos ejemplos, era análoga a la relación entre un padre y un hijo. Dado que el propósito de la relación era la formación, la fase de instrucción era temporaria, aunque se establecía un vínculo para toda la vida, siendo paralela a la relación de un hijo adulto con su padre. Una escuela para hoy Pienso que las ventajas de las relaciones de formación son obvias. ¿Cuántos hijos se beneficiarían con una relación de este tipo con sus padres? ¿Cuántos líderes cristianos podrían alcanzar la madurez más rápidamente y con menos problemas si se practicara este tipo de entrenamiento con ellos? No importa que otros argumentos puedan ser aducidos por su utilidad; si Jesús se valía de estas relaciones para entrenar a los primeros líderes de la iglesia, debería motivamos a considerarlo seriamente y comenzar a desarrollar la forma práctica de hacerlo.

LA MÚSICA EN LA IGLESIA- TATO HIMITIAN


                                        LA MUSICA EN LA IGLESIA

                                                                                                                                          Tato Himitian

Conclusiones de un taller coordinado por Augusto Ericsson, Tato Himitian y Daniel Verstraeten. Hubo hermanos y hermanas de Perú, Brasil, Chile, Paraguay y Argentina compartiendo en un ambiente de dulce armonía sus inquietudes, experiencias, conocimientos y preguntas relacionadas con este importante ministerio que es la música y el canto en la iglesia. Desde el principio de la historia humana aparece el canto, lo que implica expresión musical y sonora del más maravilloso instrumento sonoro, la voz humana.
En Éxodo 15 tenemos el Cántico de Moisés y de María (su hermana) de alabanza a Dios. Se cantó acompañado por panderos y danzas. Así estuvo ligada siempre la música y el canto en el culto a Dios (además de estar en otras áreas de la vida).
En Levítico 23.24 Dios le dio orden a Moisés de tener una "conmemoración al son de trompetas" (pues ya había otros instrumentos musicales). En Números 10 Dios ordena hacer dos trompetas de plata, para convocar a la congregación y hacer mover los campamentos a la guerra, y en otras ocasiones felices al ofrecer sacrificios (holocaustos) de paz.

LA PERSONA DEL MÚSICO

Con respecto a la persona del músico y cantor o cantante en la iglesia, ya que se trata de una institución divina, compuesta -no de edificios inertes- de piedras vivas donde Dios habita por su Espíritu, lo más importante es la condición de cada persona que la integra. El hombre y la mujer redimidos, salvos por la gracia de Dios, para actuar con bendición y fruto que permanezca, debe agradar al Señor en su vida interior. Fuimos hechos para un sacerdocio para ministrar a Dios.

"¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios" (1ª Corintios 6: 19,20)."

Por tanto, primero y por sobre toda otra preparación, el músico ó el cantor en la iglesia debe ser santo; vivir en el temor de Dios, dando ejemplo a todos y mostrando la verdad de una vida nueva. La música en la iglesia debe tener seriedad y dignidad y debe provenir de hermanos y hermanas estables, espirituales, probados, con visión y conocimiento de los propósitos de Dios. Ministrar al Señor es la premisa.
El culto de alabanza y adoración tiene hoy día una parte muy importante en la vida de la iglesia, y debe estar conducido por personas muy sensibles al Señor y apoyadas por músicos espirituales y manejables, dóciles, sujetos, para que la alabanza y la adoración no sean entorpecidas o impedidas, sino que impere un ministerio al Señor que dé lugar a una gloriosa manifestación de la presencia y del obrar de Dios en medio de su pueblo congregado.
Los pastores y líderes deben formar espiritualmente a los músicos, para que tengan sensibilidad al Espíritu Santo en los cultos en los cuales deben actuar. Si los pastores son también músicos, podrán hacer un aporte técnico-musical en la formación de los músicos, para un buen ministerio en la iglesia. Los músicos deben ministrar en la iglesia sujetos a los pastores y líderes espirituales, actuando en armonía de espíritu.

Se pregunta cómo hace el pastor que no sabe música para seleccionar a los músicos? Se responde que debe buscar ayuda de personas con conocimiento musical, naturalmente. Conviene que los músicos sean personas probadas, estables, dignas, honorables, que con su vida y conducta honren a Dios.

LA MUSICA EN NUESTRAS COMUNIDADES

En cuanto a la música, se nota hoy en nuestras comunidades, la influencia del jazz (música moderna), con un ritmo apropiado para la alabanza. Hay himnos clásicos que permanecen con su fuerza y que son aceptados plenamente, y hay, además, una fuerte corriente de renovación en música y letra de las canciones que brotan sin cesar.
Los ritmos folkóricos, o sea músicas regionales, por ser expresión vivencial de ciertas zonas y culturas, también tienen su uso y aceptación, aunque algunos con limitaciones locales.
En cuanto a la "música rock", luego de explicarse en breve historial su mal nacimiento y escabroso desarrollo, se rechaza total y absolutamente el "rock pesado" para el uso en la iglesia, por su perniciosa y destructora influencia, además, por supuesto, del contenido de sus letras y mensajes de loas a Satanás. Hay otras variedades dentro del género rock que podrían ser utilizadas. Debemos instruir, explicar y ayudar a los jóvenes para que comprendan y rechacen la música dañina para su carácter y su espíritu, y se vuelquen a los muy variados géneros que pueden ser usados con bendición en su vida y en la iglesia.

Por ello, la música debe ser controlada por músicos espirituales. Se puede pecar con la música. También, se puede conducir por la música a las personas hacia Dios y a la alabanza y adoración. Además, se las puede apaciguar, como el caso de David al tocar el arpa para Saúl, atormentado por un demonio. Se recomienda ardientemente a los padres, "filtrar" la clase de música que entra al hogar, ya sea por discos y casettes, como por la radio y la televisión. Algunos dibujos animados y publicidad tienen "rock pesado" é incitan a la violencia, a la agresión, al sexo y a la droga. Hay que cuidar esto celosamente, pues incide en la formación del carácter y gusto de nuestros hijos.

Se señala que, en general, la música contemporánea es más ligera que la clásica que tiene una gran profundidad. En la evangelización se requiere música más ligera y un ritmo más rápido, más movido para tocar, atraer y mover la gente a aprender verdades de la palabra de Dios por la repetición. Para otras ocasiones, la música será diferente y más reposada y expresiva, como en la alabanza y, sobre todo, en la adoración.

Hay que estimular a los niños y jóvenes con aptitudes musicales, para que estudien y se perfeccionen para servir y ministrar al Señor en la iglesia con lo mejor. Queremos los mejores músicos, la mejor música y los mejores cantantes para Dios.

Los padres músicos tienen gran posibilidad de tener hijos con capacidades musicales, que naturalmente se deben desarrollar por el estudio y la disciplina. Por supuesto, la música se puede estudiar en escuelas o conservatorios donde hay buenos profesionales, aunque estos no sean creyentes. Es conveniente la formación de cursos acelerados cristianos para la música en la iglesia, métodos que a los niños les faciliten el aprendizaje, porque aprenden jugando, como también la formación de conjuntos de teatro.

Los padres cristianos tenemos la responsabilidad de ir guiando a nuestros hijos para que les guste la buena música. Proveer casettes de la mejor calidad -que la hay- y estimular al estudio de la música y de algún instrumento, a los hijos que demuestran dones ó capacidades para este arte, a fin de prepararles para un eficaz ministerio en la iglesia.

Se plantea el hecho de que muchas veces las familias no disponen de medios económicos para hacer estudiar a sus hijos y para la compra de sus instrumentos. Se sugiere consultar a los pastores ó líderes para ver qué clase de ayuda se podría lograr, ya sea de la iglesia o de personas con medios que desearan colaborar. Y se insiste en la necesidad de que los pastores se convenzan de proveer en la iglesia un presupuesto para el sostén de músicos y compra de instrumentos, como medio de mejorar la música en la iglesia.

QUE SE OBSERVA HOY EN DÍA

En general, se observa que en las congregaciones falta visión y conciencia de la importancia del ministerio de los músicos, y por ello también, falta apoyo económico para el sostén de los músicos y la provisión de buenos instrumentos como de ayuda para estudiar en escuelas de música a los que carecen de medios. Sugerimos a los pastores tener esto muy en cuenta.

¿Qué instrumentos usar en la iglesia? Además de flautas, trompetas y panderos, en Josué 6.8 y 20 se lee de los sacerdotes tocando "bocinas" ó cuernos de carneros (¿Se habrán perdido las trompetas de plata?) En 1ª Samuel 16.23 se menciona "el arpa" que David tocaba para calmar a Saúl atacado por un mal espíritu. En 2ª Samuel 6.5 se menciona "toda clase de instrumentos de madera que haya", arpas, salterios, panderos, flautas y címbalos y, en el versículo 15, la trompeta. En 1ª Crónicas 6 están los cantores que puso David: Heman, Asaf y Etán. En 1ª Crónicas 15 leemos que estos cantores hacían sonar "címbalos de bronce", ocho tocaban salterios, seis tocaban arpas afinadas en la octava para dirigir. Quenanías, principal de los levitas en la música, era entendido y dirigía el canto.

¿Qué instrumentos usar? Todos. Bien puestos. Bien ordenados, Percusión (batería, etc.), cuerdas (guitarra, bajo, violín, etc.), teclados (piano, órgano, etc.). Hay que orientar sobre qué instrumento se debe tocar de acuerdo con la canción, y en qué momento deben ejecutar.
Debe haber armonía espiritual entre los músicos. A veces con una mirada, con un gesto ya se deben entender. No se puede incursionar, improvisar en terreno desconocido. Un día de la semana se debe practicar juntos, por lo menos.

Se pueden formar grupos musicales, coros, solistas, conjuntos y grupos de danza. Tiene que haber armonía espiritual entre los que presiden y los músicos. Tienen que orar juntos a Dios. Es necesario que cada congregación tome conciencia de la importancia del ministerio de la música en el culto a Dios.

¿QUIÉN ES DIOS?- SILVIA PALACIO DE HIMITIAN


                                                              ¿Quién es Dios?




Dice la Biblia que “Dios es el Rey de toda la tierra” y “quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder”.
Dios es quien creó el mundo y todo lo que hay en él, se encuentra gobernando su creación. Es un ser con vida que se mantiene permanentemente en acción, no alguien ajeno o ignorante respecto a lo que a nosotros, sus criaturas, nos sucede.
Muchas veces se tiene una imagen distorsionada de Dios. Se lo ve como alguien estricto, severo, que disfruta castigando a los hombres que “se portan mal”. Esto no es así, la esencia de Dios es el amor, es alguien que ama tan infinitamente a sus criaturas que desea ser un padre presente, cercano y lleno de compasión y misericordia para con sus hijos. Por eso, Él intenta acercarse a nosotros, pero a veces, no se lo permitimos, lo despreciamos. Dice Jesús en Mateo 23.37 “¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta a sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste! El es bondadoso pero justo, en Nahum 1.3: “El Señor es paciente pero poderoso, y no dejará de castigar al culpable”.

 ¿Dónde está Dios?

Como creador de todo lo que existe, Dios se encuentra contemplando y gobernando el universo. Mucha gente se acuerda y acude a Dios cuando está pasando dificultades y no encuentra ninguna solución. Piensan que Dios no está disponible para ellos o que los ha olvidado, abandonado.
Dios está en el lugar que nosotros le damos. Al vivir según nuestras propias reglas y normas y dejando a un lado lo establecido por el Señor (expresado en su Palabra, la Biblia), lo hemos colocado lejos de nuestra vida cotidiana. Entonces tenemos la sensación de que Él no está presente en nuestra vida, y sí, eso es el resultado de nuestra decisión, Él no permanece donde no es bienvenido.
Pero hay una buena noticia: Él ama profundamente a sus criaturas y anhela intensamente acercarse a nosotros para restaurarnos y llenarnos de paz. El Señor nos ofrece la oportunidad de comenzar una nueva vida, juntos, tomados de su mano. Él cambiará nuestro dolor en alegría, nos dará la paz que buscamos. En su Palabra (Apocalipsis 3:19-20) dice: “Yo reprendo y corrijo a todos los que amo. Por lo tanto, sé fervoroso y vuélvete a Dios. Mira, yo estoy llamando a la puerta; si alguien oye mi voz y abre la puerta, entraré en su casa” (esa casa es nuestro corazón).La invitación está hecha. La decisión es tuya.

¿Dios me puede cambiar?

Sí. Él es el único que puede lograr un cambio radical en nuestra vida. No importa cuan débil, inútil o fracasado te sientas; si decidís darle a Jesús la oportunidad de entrar en tu vida, nunca vas a ser el mismo. Algunas personas, se han cansado de buscar formas de salir adelante en la vida. Numerosas veces han emprendido caminos que no llegaron a destino, probaron mil maneras, incluso, utilizando recursos cada vez más bajos como el engaño, la mentita, la estafa, etc. Lo único que encuentran al final del camino es desolación, duda, derrota. Se sienten mal consigo mismos y se repiten una y otra vez en su mente: “Nunca voy a cambiar, mi destino es ser un fracasado”. A más de uno se le cruza la idea del suicidio para terminar con su vida, pensando que no vale la pena vivirla, que ya nada tiene sentido…Pero quitándose la vida, no harán desaparecer sus problemas, sino, por el contrario, extenderán y acrecentarán su pesar por siempre ya que la muerte no es un final sino un comienzo: para aquellos que tienen a Cristo comenzará el descanso y la vida eterna; para aquellos que determinen dejar de vivir físicamente, será una vida de perpetuo sufrimiento. Por eso, en lugar de escapar de nuestros problemas, busquemos una solución certera, algo que nos lleve a buen puerto. Elegí a Jesús. Él es la mano extendida que acude en tu auxilio. Él dijo: “Vengan a mí todos ustedes que están cansados de sus trabajos y cargas, y yo los haré descansar” (Mateo 11.28). El quita de nosotros esas pesadas cargas que hacen tan duro nuestro caminar. El perdona nuestros pecados, nos alienta y nos da nuevas fuerzas. Una vez que Jesús entra en tu vida, comienza un profundo proceso de cambio en tu interior, renovando tus pensamientos, tus sentimientos, moldeando tu carácter y restaurándote integral y completamente. Todo esto lo hace a través de la obra del Espíritu Santo y la Biblia, palabra de Dios. En 2 Corintios 5.17 dice: “Por lo tanto el que está unido a Cristo es una nueva persona. Las cosas viejas pasaron; se convirtieron en algo nuevo.” Hay posibilidad de una vida mejor, solo tiene que hacer en vos un deseo de cambiar.



¿Puedo confiar en Dios?

Dios es la primera persona en quien podés confiar, aún cuando hasta tus seres queridos te fallan, El siempre estará dispuesto a recibirte con amor, nunca te desamparará. Dios no es como algunos creen una divinidad tan suprema y grandiosa que permanece alejada de los hombres finitos e imperfectos. No. Él es infinitamente grande, majestuoso y Todopoderoso, pero aún así, se interesa por cada una de sus criaturas. El te conoce más aún de lo que te conocés a vos mismo. ¿Quién puede conocerte más que la persona que te creó? En la Biblia dice que “hasta los cabellos de la cabeza él los tiene contados uno por uno” (Mateo 10.30). Aún cuando todas las puertas se cierren, no dudes en recurrir a Dios, nunca te rechazará. Cuando te animás a confiar en Él y entregarle el control de tu vida, dejando de lado tu orgullo y egoísmo, el ordena y guía tu vida con amor. Él es una puerta siempre abierta a recibir a aquellos que deciden dejar el pecado y las malas conductas. Él es el amigo fiel que nunca falla

¿Por qué siento este vacío interior?

Seguramente, más de una vez sentiste una sensación de vacío en tu interior. Seguramente, has intentado llenarlo con estudio, entretenimientos, trabajo, familia o aún volcándote al vicio. Estas cosas, quizás logran saciarte momentáneamente, pero su efecto no es duradero, pasa el tiempo y volvemos a percibir ese vacío. Ese vacío es real. Quizá te hayas resignado a vivir con esta desesperante y dolorosa sensación, pensás que te acompañará toda tu vida…
¿Experimentaste alguna vez esto? Necesitás a Dios. Él es el único que puede saciarte de verdad y darte paz completa.
San Agustín dijo una vez que en el interior de los hombres hay un hueco que tiene la forma de Dios. Dios nos diseñó y creó para que estemos en relación con él. Él quiere estar cerca de nosotros. Cuando esta relación falta, nuestro espíritu, aquella parte de nosotros capaz de percibir lo sobrenatural, está como dormido, como muerto. La causa de este estado de muerte espiritual es la ignorancia y el pecado. En Efesios 2.1 dice: “Antes ustedes estaban muertos a causa de las maldades y pecados en que vivían”. Lo que nos correspondía a nosotros por esos pecados era la muerte, el castigo eterno… Sin embargo, ya no estás endeudado, hay alguien que ya pagó en tu lugar. Es Jesús. El vino a la Tierra y murió por nosotros cargando en su cuerpo todas nuestras cargas y culpas. Y eso, por el puro amor que nos tiene.

 ¿Qué sucede después de la muerte?

Lo que sucede después de la muerte, se define aquí y ahora en la Tierra. En Hebreos 9.27 dice que “todos han de morir una sola vez y después vendrá el juicio”. Solamente se muere una vez, no se vuelve a la tierra para vivir nuevas vidas. Muchos tienen miedo a la muerte, creen que la muerte física es el término de todo. Pero no. Nuestro paso por este mundo es muy corto comparado con la eternidad que es algo permanente, para siempre. Algunos pasarán al descanso eterno en el cielo y otros al sufrimiento y el castigo eterno en el infierno. ¿Qué es lo qué determina cada destino? La diferencia la hace la decisión que tomemos acá en la Tierra, y el momento para decidir es hoy. Después, puede ser tarde, pues no sabemos cuando vamos a morir. Dios es justo y le da a cada uno según le corresponda, pero también ofrece la oportunidad de librarnos de la perdición, de la condenación eterna. El ofrece salvación. Es para todos. Para esto es sumamente necesario un arrepentimiento sincero. Tomáte un momento para hablar con Dios, confesándole que lo necesitás, que le pedís perdón por tus pecados y que lo aceptás como el Señor y rey de tu vida. El hará aún más feliz tu paso por este mundo, adelantándote aquí algunos de los regalos que nos está preparando en el cielo.

             Fragmento del libro: Dios quiero entenderte. Silvia Himitian

DIVORCIO- HERMANOS ESPAÑOLES


                                                   

                                 EL DIVORCIO

INTRODUCCION.

El divorcio es un tema complejo y controversial. La polémica que suscita se debe mayormente
a que toca las emociones de las personas a un nivel profundo, tan profundo que se puede
decir que pocas desdichas hay más grandes que la de un matrimonio desgraciado. Sin
embargo, al acercarnos a este asunto, como a cualquiera relacionado con la moral y la doctrina,
no es el corazón el que debe orientarnos, ni nuestro a menudo engañoso parecer, sino la
infalible Palabra de Dios. Porque en esto, como en todo, no es nuestra voluntad la que cuenta,
sino la del Creador, revelada en su Palabra.
La enseñanza bíblica golpea en el rostro a los convencionalismos modernos. Hoy en día el
matrimonio y el divorcio son asuntos escandalosamente triviales. Aun en la esfera del
cristianismo profesante los patrones de moralidad matrimonial a menudo están determinados
por las conveniencias, y no por la Palabra de Dios. Lo cierto es que este patrón contrario a la
Escritura está prevaleciendo en toda nuestra cultura.
El propósito de Dios en cuanto al matrimonio es que un hombre y una mujer hallen dentro de él
una hermosa relación en todos los campos (espiritual, afectivo, sexual...). Esta intención original
de Dios quedó frustrada al caer la humanidad en el pecado, lo cual provocó un nefasto
resultado en el ámbito del matrimonio, que es evidente en el día de hoy. La historia de Israel se
hace eco de los trastornos que afectaron su vida matrimonial cuando decidieron asumir las
prácticas degradantes de sus impíos vecinos: poligamia, concubinato, prostitución, repudio,
etc. Y no es de extrañar que eso fuese moneda corriente, toda vez que aquellos pueblos
paganos aplicaban normas dictadas sin el temor de Dios. Según estaba establecido el divorcio
en Babilonia, por ejemplo, (Hammurabi, rey de Babilonia, 17281686
a.C.) el esposo podía
divorciarse a capricho, siendo siempre él quien podía tomar la iniciativa; nunca la mujer. El
matrimonio no tenía allí nada de sagrado ni de perpetuo; más bien da la impresión de que fuera
un contrato secular, sin implicaciones morales o religiosas que comprometieran a los
contrayentes. En nuestra sociedad la situación tiende cada vez más a asemejarse a aquélla, a
juzgar por los índices de fracasos matrimoniales, separaciones y divorcios en todo el mundo
occidental. Es un asunto que nos toca muy de cerca.
Comenzaremos, pues, a examinarlo yendo, por supuesto, a la Escritura. Comentaremos
primeramente la enseñanza dada por el Señor Jesús en dos pasajes que la engloban: Mateo
5:2732
y Mateo 19:112.
Después pasaremos a analizar lo que el Espíritu Santo agregó a esa
enseñanza por medio del apóstol Pablo en 1 Corintios 7:140.
MATEO 5: 2732.
En el repaso que hace el Señor Jesús de la Ley en el Sermón de la Montaña, llega aquí al "No
cometerás adulterio". La institución de este séptimo mandamiento tenía la intención, entre
otras cosas, de proteger la vida matrimonial y familiar, nexos fundamentales de la vida humana
en la tierra y garantía de su continuidad. Cualquier relación ilícita atenta contra ellas muy
gravemente, según el criterio divino expresado en su Ley. Pero aquí el Señor Jesús va más allá y
2
aclara que, no sólo un adulterio consumado, sino un simple movimiento impuro del corazón,
tiende a destruirlas. Fijémonos: Un solo pensamiento lascivo constituye una agresión contra el
valioso vínculo del matrimonio. A nadie se le escapa, entonces, cuán fácil es dañar la relación
con la esposa o el esposo, y cuán cauto se ha de ser si no se quiere caer en ello. He aquí, pues,
el punto de partida de nuestro comentario: El matrimonio es un proyecto divino de muchísimo
valor, pero en extremo vulnerable.
El contexto social en que el Señor enseñó acerca del divorcio no era muy halagüeño para las
mujeres. Eran consideradas como seres inferiores al varón, creadas meramente para el servicio
del hombre, hasta tal punto que una de las oraciones litúrgicas pronunciada por los varones
judíos en las sinagogas rezaba así: "Bendito sea el Dios de Israel, que no me hizo mujer". Esta
situación facilitaba al varón el divorciarse caprichosamente de su esposa, con la degradación
que esto suponía para ella. La enseñanza en blanco y negro del Maestro echa por tierra esta
concepción y esta práctica de los hombres de su tiempo, porque condena la ligereza con que
ellos abordaban el asunto y expresa claramente la voluntad de Dios.
Del pasaje de Mateo 5 extraemos una conclusión clara, y es que el Señor Jesús permite el
divorcio sólo por una razón: la fornicación, es decir, la relación sexual ilícita. Partimos de la
base de que la unión sexual compromete de forma ineludible a toda persona, ya se realice
dentro del matrimonio o fuera de él (1 Cor 6:16). Lo que el Señor está enseñando es que la
persona disuelve su matrimonio al crear una unión sexual con alguien que no es su cónyuge
legítimo. Por lo tanto, en este caso, el decreto del divorcio simplemente se limita a reflejar el
hecho de que el matrimonio ya ha sido quebrantado.
El Señor sigue diciendo que el que repudia a su mujer por cualquier causa hace pecar de
adulterio tanto a ella como al que a ella se une. El que se divorcia por causa de fornicación, sin
embargo, no hace adulterar a su mujer, porque ella ya ha adulterado. En tal supuesto, no es él
el causante del pecado, sino ella.
Cabe preguntarse por la parte inocente, por lo que debería o no hacer en el caso de que esto
último sucediera. En esta ocasión no dijo nada el Señor acerca de esto, pero veremos más
adelante que Pablo trata el asunto en 1 Cor 7:1011.
El Señor Jesús permitió, por tanto, el divorcio en un solo supuesto: por causa de adulterio. Pero
tengamos en cuenta que el Señor no estaba dando un mandamiento, sino un permiso. No dicta
una norma, sino que hace una salvedad. No exige; tolera. Digamos, para concluir, que el Señor
previene a sus discípulos contra cualquier asomo de liviandad en lo que se refiere a los votos
matrimoniales, independientemente de cuál sea la legislación de su país sobre el particular.
MATEO 19:112.
Pasamos a la segunda ocasión que los evangelistas recogen en que el Señor enseñó acerca del
tema que nos ocupa. Comentamos, por cierto, el texto de Mateo por considerar que es más
completo que el paralelo de Marcos, y, obviamente, que el de Lucas. Y le dedicaremos más
atención que a ninguna otra referencia bíblica por ser, con mucho, el texto más enjundioso
acerca de este asunto.
He aquí la escena: Los fariseos vienen a tentar al Señor Jesús, y para ello le presentan un
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comprometido dilema, con el fin de provocar en el pueblo una actitud de rechazo hacia Él.
Cualquier respuesta que diese pensaban
los fariseosle
iba a desacreditar o a ponerle en
aprietos.
Entre sus oyentes había dos corrientes de opinión acerca del asunto representadas por dos
escuelas: la de Shammai y la de Hillel. Por un lado, los seguidores de la escuela de Shammai
permitían el divorcio basado sólo en la infidelidad conyugal. Creían que el matrimonio se
constituía en el cielo, así que no era un compromiso que pudiera romperse por causas de
importancia menor. Su postura era, por lo tanto, más ortodoxa. Por su parte, los seguidores de
Hillel creían que una ley de divorcio rígida iría en detrimento de una vida familiar pacífica, y se
oponían a toda clase de restricciones en la consideración de las causas de divorcio. Su punto de
vista permitía la disolución voluntaria del matrimonio. Unos y otros estaban preocupados, más
que nada, por las causas de divorcio; en cambio el Señor Jesús centraba su atención en la
institución del matrimonio.
Antes de dar la respuesta, el Señor Jesús les muestra que el énfasis sobre el divorcio que yace
bajo la pregunta es ya en sí incorrecto. "¿No habéis leído...?" (v.4). Tenían una visión muy
parcial e interesada del tema, como si nunca hubieran leído el comienzo mismo de la Escritura:
"Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó (...).
Dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne" (Gen
1:27 y 2:24).
El Señor Jesús llevó a los fariseos a Génesis 1, donde se relata la creación del hombre como
varón y hembra, y a Génesis 2, donde se establece la institución del matrimonio, por la que un
hombre deja a sus padres y se une a su mujer, y los dos llegan a ser una sola carne. Es
importante notar cómo esta definición bíblica implica que el matrimonio es una relación que
implica exclusividad ("el hombre... su mujer") y permanencia ("se adherirá, se unirá a su
mujer", para ser de ahí en adelante "una sola carne"). El Señor elige estos dos aspectos del
matrimonio para enfatizarlos en los comentarios que hace inmediatamente; diciendo primero:
"Así que no son ya más dos, sino una sola carne", y luego: "Por tanto, lo que Dios juntó no lo
separe el hombre". Así, en la exposición que el Señor hace de los orígenes del matrimonio,
observamos que éste es una institución divina mediante la cual Dios hace una sola carne,
permanentemente, de dos personas varón
y hembra que
resuelta y públicamente deciden
dejar a sus padres para formar una nueva unidad de la sociedad y para construir una relación
íntima y duradera.
Consideremos algunas enseñanzas más sobre la respuesta del Señor a los fariseos: "Al principio
varón y hembra los hizo" (v.4). Parece ser que del resto de las criaturas Dios hizo muchas
parejas en el principio, pero del hombre hizo una sola. De aquí extrae Cristo un argumento
contra el divorcio. Nuestro primer padre, Adán, quedó confinado a una sola esposa y, si la
hubiese repudiado, no habría habido otra con quien casarse, lo cual implicaba claramente que
el vínculo del matrimonio, en un principio, no se podía disolver. El divorcio, por tanto, es
contrario al plan de Dios respecto al matrimonio. "Al principio, no fue así". Dios hizo un diseño
perfecto con miras a la unión matrimonial cuando creó al hombre y, a partir de él, a la mujer.
Dios creó a Adán en todos sus aspectos, no como si fuera a ser el único humano sobre la tierra,
sino con vistas a que se uniera íntimamente a la que sería creada como su complemento: Eva.
Por tanto, Dios, después de formar a la mujer del hombre, se la entregó como parte de sí
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mismo para que fueran uno. Así reconoció Adán a Eva como parte viviente de sí mismo (Gen
2:23). Por consiguiente, fueron hechos el uno para el otro, en un acoplamiento ideal, según el
propósito del Creador. De ahí las palabras del Señor Jesús: "Lo que Dios juntó no lo separe el
hombre", dando a entender que es pecado disolver el matrimonio, que es de diseño divino.
Nótese, además, que dice "lo que", y no "los que".
En este pasaje la institución del matrimonio se expresa más bien como una "ordenanza" que
como una descripción de lo que generalmente ocurre. No quiere eso decir que los que no se
casan estén desobedeciendo un mandamiento divino. Es simplemente la forma en que el Señor
describe cuál ha de ser el camino a seguir por aquéllos que opten por casarse: Dejar a sus
padres y unirse con un lazo íntimo y perpetuo que los haga ser uno solo.
Alguien contó el caso real de una hermana que, habiendo sido abandonada por su esposo, lo
esperó cada día a la hora de cenar, orando durante más de veinte años para que volviese.
Después de ese tiempo un día el marido volvió. Ahora cabe preguntarse: Si un pastor
evangélico la hubiera vuelto a casar con otro hombre en ese intervalo de espera, ¿no habría
separado lo que Dios había unido? ¿No habría atentado contra lo establecido por Dios? Y esa
hermana, ¿no se habría visto privada del galardón de la obediencia?
Pasemos ahora a considerar la réplica de los fariseos a las palabras del Maestro. Si habíamos
visto que el Señor presentaba el matrimonio como una ordenanza, o mejor entendido, como
una institución, los fariseos ahora llaman "mandamiento" a la cláusula acerca del divorcio que
Moisés dejó registrada en la Ley. El Señor Jesús, en cambio, la llama "concesión", y la atribuye a
la dureza de los corazones de los israelitas. Los fariseos se habían acostumbrado tanto a hablar
del divorcio que descuidaban la ordenanza divina del matrimonio. Estaban más interesados en
la concesión que en la institución. Y hay que aclarar, respecto a la concesión, que Moisés no
fue el inventor del divorcio, sino que estableció las normas para reglamentar una práctica que
ya existía (Lv 21:7; Nm 30:9). Fue, por tanto, una medida tendente a proteger el matrimonio de
los peligros que atentaban contra él.
Una lectura cuidadosa de Deuteronomio 24:14
revela que esta norma no era un mandamiento.
Todo el párrafo depende de una serie de cláusulas condicionales, como se observa en la
siguiente paráfrasis del texto:
"Después que un hombre se ha casado con una mujer, si halla alguna cosa indecente en ella, y si
le da carta de divorcio y se divorcia de ella, y si ella se casa de nuevo, y si su segundo esposo le
da carta de divorcio y la despide, o si su segundo esposo muere, entonces no podrá su primer
marido que la despidió volverla a tomar para que sea su mujer". (Compárense distintas versiones,
como "Biblia de Jerusalén", "Reina Valera"...).
El énfasis del pasaje consiste en prohibir a la parte que ha decidido divorciarse que se vuelva a
casar con la parte repudiada, de donde podemos deducir que esta norma tendría la intención
de advertir al marido contra una decisión impulsiva y precipitada, porque, una vez tomada, no
sería posible echarse atrás. También tendría la necesaria función de proteger a la esposa contra
el abuso caprichoso del marido.
Es importante observar que la prohibición de volverse a unir a la esposa repudiada es el único
mandamiento que se da en todo el pasaje. No existe, en realidad, ningún mandamiento que
ordene al esposo divorciarse de su mujer; ni siquiera un estímulo para hacerlo. Todo lo que hay,
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en cambio, es una referencia a ciertos procedimientos que habría que seguir en el caso de que
se llegasen a dar las condiciones que motivaran un divorcio. Por tanto, lo que implica a lo sumo
es una concesión tímida que tolera y limita una práctica que era corriente, pero contraria a la
voluntad original de Dios.
Además de la limitación que suponía la prohibición expresa de volver a tomar a la mujer
despedida, hay otra que es de gran importancia: Para que un hombre pudiese legalmente
divorciarse de su mujer necesitaba haber hallado en ella alguna cosa vergonzosa. Se necesitaba,
por tanto, alguna causa; no se podía dar carta de repudio simplemente por capricho, porque le
dejara de gustar su mujer, o porque alguna otra le agradara más. Además se le ordenaba que el
comunicado de repudio se diera por escrito, puesto que las palabras pueden proferirse
precipitadamente en un momento de ira, y esa no era precisamente una decisión baladí. Por el
mismo motivo, el documento tenía que ser público.
El Señor Jesús declara en su respuesta a los fariseos que esta norma fue establecida por causa
de "la dureza de sus corazones", a fin de que los hombres no se acostumbraran a tratar a la
mujer como un objeto que pasa de mano en mano, sino como una persona con toda la dignidad
que le corresponde. No habían de ser como los egipcios, que mantenían la abominable
costumbre de intercambiarse las esposas con la mayor naturalidad. Así que, de no haber sido
los israelitas duros de corazón, nunca habría sido necesaria esa concesión que Moisés les hizo, y
la única referencia habría seguido siendo Génesis 2: El propósito primero de Dios, las cosas tal
como fueron "en el principio".
"No fue así desde el principio", dice el Señor. Y notemos que usa el presente perfecto activo
para enfatizar la permanencia del ideal divino. La ordenanza original nunca ha sido abrogada ni
substituida, sino que sigue en vigor, de modo que la concesión es, en principio, inconsistente
con la institución divina. Esto es evidente en otros pasajes del Antiguo Testamento, donde Dios
dice aborrecer el repudio y califica al divorcio de "iniquidad y deslealtad" (Mal. 2:16) a pesar de
las disposiciones que lo permitían por la dureza del corazón del pueblo. Porque no es causa de
bienes, sino de males.
Después de estas importantes consideraciones previas, el Señor contesta sin ambages a la
pregunta de los fariseos del v.3: "¿Es lícito al hombre repudiar a su mujer por cualquier causa?".
Tenemos su respuesta en el v.9: No es lícito, salvo por causa de fornicación. Nuevamente, igual
que en Mateo 5, aquí el Señor permite el divorcio sólo por causa de infidelidad conyugal, de
fornicación. Bajo la ley mosaica el adulterio se castigaba con la muerte, si bien parece ser que la
pena capital por esta ofensa había caído en desuso en la época del Señor Jesús. De todos
modos, siendo tan grave el veredicto de Dios sobre tal pecado, nadie pondría en duda que la
infidelidad conyugal fuese causa justa de divorcio. Hay quien ha pretendido diferenciar entre
fornicación y adulterio para dar una interpretación a este pasaje, pero en el original, fornicación
(porneia) es una palabra amplia que incluye adulterio, fornicación o vicio anormal. El adulterio,
por tanto, queda incluido en ese término genérico.
Es de suponer que, en aquel entonces, dentro del pueblo de Israel, un divorcio conduciría
generalmente a un nuevo matrimonio de los divorciados con cónyuges distintos. Sin embargo,
es importante notar que eso no formaba parte de lo que, en aquella ocasión, los fariseos
preguntaban al Señor. Así que tampoco el Señor responde a ello, puesto que no menciona si
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sería lícito o no volverse a casar tras haberse divorciado por causa de fornicación. Lo que sí
deja claro el Maestro es que en cualquier otra circunstancia, casarse de nuevo tras haberse
divorciado sería vivir en adulterio, y no en matrimonio (v.9). ¿Qué pensar, entonces, de esa
excepción que el Señor hace: "Salvo por causa de fornicación"? ¿Sería lícito volverse a casar con
una persona distinta, habiéndose divorciado del cónyuge primero por haber hallado en él
infidelidad marital? El Señor no da aquí respuesta, pero la dará más adelante, cuando, por
inspiración, revelará al apóstol Pablo su voluntad para los suyos en cuanto al matrimonio. Lo
veremos enseguida, al comentar el texto de 1 Corintios.
Para terminar el comentario de este pasaje, fijémonos en los versículos 10 y 11. Los discípulos
están ya en casa con el Maestro. En la cuestión que le plantean no niegan lo que Jesús ha dicho,
pero revelan que están luchando con una dificultad, seguramente influenciados por las ideas
liberales de la época. Las declaraciones del Señor acerca del matrimonio les sorprenden. El
matrimonio, según lo ha expuesto el Señor, es una institución divina de la más alta significación
para el hombre, que debe permanecer inviolable una vez que se ha establecido. Bajo esa
perspectiva, el cumplimiento de las responsabilidades matrimoniales se presenta difícil, y la
alternativa que se les ocurre es que "no conviene casarse". Pero el Señor contesta que, para
permanecer célibe, se requiere gracia, porque no todos son capaces de asumir esa posición.
Pero ese es otro tema. Así que, volviendo a lo que venimos tratando, pasamos a comentar el
último texto que echa luz sobre el asunto del divorcio, esta vez no en boca del Señor Jesús, sino
en la pluma de un apóstol inspirado: Pablo.
1 CORINTIOS 7:140.
Centraremos particularmente nuestra atención en los versículos 10 al 16. Ya al empezar el
versículo 10 nos topamos con unas expresiones un tanto chocantes si no se entiende su
sentido. Cuando Pablo dice: "Mando, no yo, sino el Señor" (v.10) y "Y a los demás yo digo, no el
Señor" (v.12), indica, sencillamente, que en el primer caso el Maestro ya había abundado en la
enseñanza sobre el matrimonio, de tal forma que Pablo se limita a enseñar basándose en lo que
ya había dicho el Señor. Sin embargo, en el segundo caso, el apóstol se refiere a una situación
completamente nueva que el Señor no había tratado: los matrimonios mixtos entre creyentes
e inconversos. En esta ocasión, pues, tiene que adelantar nueva enseñanza, igualmente
inspirada y válida, como "toda la Escritura" (2 Tim. 3:16).
Es importante señalar que 1 Corintios 7:1011
hace referencia a Mateo 5: 3132;
19: 112
y
paralelos, donde el Señor había tratado los mismos temas que Pablo aquí, según hemos
considerado anteriormente. Cuando escuchamos la expresión del apóstol: "Que la mujer no se
separe del marido", recordamos las palabras del Señor: "Lo que Dios juntó, no lo separe el
hombre". Y, como el Señor en Mateo 19, también aquí Pablo admite una posibilidad de
divorcio: "Si se separa...", que correspondería con la única causa de divorcio que el Señor
contemplaba: "Por causa de fornicación". Teniendo, entonces, evidencia de la relación entre
este pasaje de 1 Corintios y los que anteriormente hemos estudiado en los evangelios, es
importante considerar que Pablo aquí arroja nueva luz sobre la cuestión del nuevo matrimonio
de la parte inocente, aquélla que no ha incurrido en fornicación. Pablo manda categóricamente
que se quede sin casar o que se reconcilie con su cónyuge. He aquí la respuesta a la cuestión
que nos planteábamos en el apartado anterior: ¿Sería lícito un segundo matrimonio después de
un divorcio por causa de fornicación? La respuesta es inequívoca: no. Y es así a pesar de la
norma que Moisés dictó como concesión a un pueblo duro de cerviz y de corazón. En
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consecuencia, creemos más apropiado resolver la situación de los que se han divorciado
aplicando los principios expuestos en el Nuevo Testamento, que no aquel recurso ad hoc, que
tuvo origen en la dureza del corazón del pueblo de Israel, y que no se ajustaba a lo que fue, en
un principio, el propósito divino.
Conviene dejar dicho que la enseñanza de los versículos 1011
no expresa la voluntad de Dios
únicamente para los matrimonios creyentes. Debemos recordar que los pasajes de los
evangelios a los que aquí se hace referencia recogen la enseñanza del Señor acerca del
matrimonio dada a los fariseos inconversos. No podemos pensar que Dios considere indivisibles
los matrimonios entre creyentes, y no piense igual de los que están formados por inconversos.
Aun así, ése no será asunto de los de su casa entretanto no se conviertan a Él.
"Y a los demás" (v.12) se refiere a los matrimonios mixtos, integrados por un cónyuge creyente
y uno que no lo es. Pablo tuvo que aplicar los principios básicos de las enseñanzas de Cristo a
esta nueva situación, y expresó aquí la revelación de Dios sobre este particular. Si la parte
incrédula consiente en quedar con la parte creyente, ésta no ha de deshacer el hogar. Pero si el
inconverso no quiere seguir unido en matrimonio y se separa, el cónyuge fiel sólo puede asumir
la nueva situación, de la que no es responsable, y poner fe en el Señor.
En cuanto a lo que se ha dado en llamar el "privilegio paulino", según el cual al creyente que es
abandonado por su cónyuge inconverso se le permite volverse a casar, no tiene cabida aquí,
precisamente por lo que Pablo mismo acaba de decir: Que los que están unidos en matrimonio
no se separen; y si se separan, que se queden sin casar.
Para terminar, consideremos la cláusula que dice: "O reconcíliese con su marido" (v.11). El
contexto amplio de toda la Biblia, y del Sermón del Monte en particular, proclama un evangelio
de reconciliación. ¿No adquiere gran significado que el Amante Divino estuviera deseando
reconquistar aun a su esposa adúltera, que, bajo la figura del matrimonio, representa a
Israel? Dios mostró el camino del perdón y la reconciliación de una manera patente en el caso
del profeta Oseas, cuando le mandó casarse con una ramera y después rescatarla, luego que
ella se vendiera a sí misma a otro hombre (Os. 13).
Es la misma forma en que Dios perdonó a
Israel. "Dicen: si alguno dejare a su mujer, y yéndose ésta de él se juntare a otro hombre,
¿volverá a ella más? ¿No será tal tierra del todo amancillada? Tú, pues, has fornicado con
muchos amigos; mas ¡vuélvete a mí!, dice Jehová" (Jer 3:1). Y es también el espíritu y la
disposición que Dios quiere que haya en nuestros corazones, aun cuando la ofensa pueda ser
tan grave como la infidelidad conyugal. De ahí que el corazón de Dios añada esa cláusula: "O
reconcíliese con su marido". Lo que quiere decir que, aun en el peor de los casos (el único en
que sería lícito divorciarse), cabe el recurso del perdón y la reconciliación.
CONSIDERACION FINAL.
A la hora de decidir en asunto de tal relevancia, ¿habríamos de guiarnos por lo que fue
tolerado a un pueblo rebelde por la dureza de su corazón, o según el propósito original del
Santo Dios revelado claramente en la Escritura? ¿Será necesario que nos recuerden que
somos hijos de Dios, llamados a agradarle en todo? Col.
1:10

NÉSTOR CASÁ- CUMPLEAÑOS



Néstor Casá es uno de los presbíteros de la comunidad cristiana de Rosario, Argentina. El 30 de mayo fue su cumpleaños y el sincero reconocimiento por su servicio al Señor, su amor inclaudicable a la hermandad, su orden y disciplina que es ejemplo a muchas familias. 
Oramos para el Señor le multiplique su gracia y sus años de ministerio. Es cobertura en obras de extensión como San Nicolás, Peréz, Funes, Centeno y otras. También autor del libro "Edificándonos unos a otros"


Queremos dedicarle esta poesía:

                                                 CRISTIANOS

Cuando oramos por los que nos difaman y persiguen,
clamando por nuestros enemigos y perdonamos sin
guardar rencor ni resentimiento
Recién comenzamos a ser cristianos.

Cuando pasamos el bautismo del fuego de las pruebas,
y superamos el momento de la “gran decepción”
de los cercanos, familiares, hermanos en Cristo y
aún de nuestros líderes y seguimos adelante sin flaquear
Recién comenzamos a ser cristianos.

Cuando entendemos que la salvación trae consigo la santidad,
el compromiso, la negación del yo, que Cristo está primero
que papá, mamá, hermanos, hijos, hijas y parientes
Recién comenzamos a ser cristianos.

Cuando no somos comprendidos habiendo hecho
todo lo posible para ello, e hicimos bienes recibiendo
rechazo y no desmayamos sino que proseguimos a la meta.
Recién comenzamos a ser cristianos.

Cuando el reino de Dios es todo, y todo lo impregnamos de él,
trastornando al mundo  con el evangelio, sin importar nuestra
reputación y los logros obtenidos.
Recién comenzamos a ser cristianos.

Cuando todos abandonen y nos abandonen y los sueños
empiecen a esfumarse en la cruda realidad y seguimos
a Jesús sin claudicar y sin reprocharle cosa alguna
Recién comenzamos a ser cristianos

Cuando nos deleitamos en el firmamento nocturno
viendo al Creador en las pequeñas cosas, en la belleza
de una flor, en la sonrisa de un niño y en las limitaciones
de un anciano.
Recién comenzamos a ser cristianos.


                                                                         Oscar Gómez
                                                                         





              

ADVERTENCIA A LA IGLESIA- ZE MARÍA PENNA


Advertencia a la Iglesia
Ze María Penna, San Pedro, 3 de mayo de 2012.

   Zé María Penna


(Esta es una transcripción de una palabra dada en un charla informal. Por tanto, se han respetado algunas repeticiones y giros propios del lenguaje oral. En pocas ocasiones, se han corregido frases para facilitar la comprensión).


Introducción
     
   Me gustaría compartir con ustedes algo que está en mi corazón. En nuestro corazón, el mío y de Carlos. Cuando estuve en 1999 en San Luis, en aquellos días yo recién estaba entendiendo sobre el Reino de Dios, coyunturas y ligamentos, sobre el Propósito Eterno de Dios. Yo era un pastor evangélico, y comencé a entender esas cosas, éramos una congregación de unas 300 personas en Belo Horizonte. Ahora la congregación ya creció mucho, ya pasamos los mil; Timoteo tiene 600 hermanos, y hemos alcanzado muchas otras ciudades de allí en Minas Gerais.
   En aquel tiempo, en el inicio, oímos hablar mucho sobre la restauración de la iglesia. Aquellas cosas que escuché en el principio sobre el Propósito Eterno, coyunturas y ligamentos en el cuerpo de Cristo, el Evangelio del Reino, tomaron mi corazón; porque yo era un pastor evangélico, con una visión evangélica (bautista). Estas cosas tomaron también mi vida, y yo me entregué completamente a lo que estaba recibiendo en aquellos tiempos.
   Se oía hablar mucho sobre la restauración de la iglesia en ese tiempo, pero los años fueron pasando. Ya hace dieciséis o diecisiete años que entendí esas cosas, y hoy estamos viviendo las mismas cosas. Pero estamos  comenzando a recibir una advertencia del Señor para nuestras vidas. Vemos en la historia que Dios siempre advirtió a su pueblo para que no se desviase de su propósito, de su voluntad.

Una advertencia a Israel
   Si abrimos Deuteronomio cap. 32, habla del cántico de Moisés. Cuando comencé a leer este cántico, Dios trajo un gran despertar en mi corazón para entender esa advertencia que Dios le hace a Israel. Dios hace una gran advertencia a Israel, para que no se desviara de su propósito. Me gustaría leer con ustedes todo este cántico de Moisés, pero no tengo tiempo.
   Dios mandó a Moisés  que cante este cántico profético, que tiene tres escenas diferentes:
1.   Lo que recibiría el pueblo si se sujetaba a Dios.
2.   Les advierte contra el desvío.
3.   Les habla de la cura.
   En el final Dios se rinde prácticamente y les dice: “En el fin, a pesar del desvío, yo los voy a rescatar”.
   En el v. 29 dice así: “ojala fuesen sabios que comprendieran esto, y se dieran cuenta del fin que les espera”.
   En el cántico de Moisés, Dios mostró proféticamente toda la trayectoria del pueblo de Israel en la Tierra, hasta el fin;  habla  de la diáspora, del cautiverio en otras naciones. Y habla inclusive de la elección de la Iglesia:
v.21: “Ellos me movieron a celos con lo que no es Dios; Me provocaron a ira con sus ídolos; Yo también los moveré a celos con un pueblo que no es pueblo, los provocaré a ira con una nación insensata”.
   Dios hace una referencia de la Iglesia, una promesa de causar celos usando a otro pueblo; y todos sabemos cómo fue el fin de Israel, a pesar de toda advertencia (recuerden que esta advertencia Dios la dio a Israel cuando estaba en lo mejor de su vida, en el momento que estaba entrando en la tierra, estaba poseyendo una promesa, recibiendo una promesa y apoderándose de todas las promesas de Dios). En ese momento, el mejor de la vida de Israel, el Señor trae ese cántico a través de la boca de Moisés, y les habla del riesgo y del peligro del desvío de la verdad.

Un análisis de la iglesia de Efeso
   Ahora a nosotros como Iglesia, ¿Dios nos ha advertido también? Sí, me parece que Dios hoy nos advierte. Veamos Apocalipsis 2. Ahí vemos que el apóstol Juan en la isla de Patmos escribe a las siete iglesias, siete cartas a las siete iglesias, llamadas “las siete iglesias de Apocalipsis”. Esas iglesias existían en aquel período y estaban distribuidas en forma de una herradura: Éfeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardis, Filadelfia y Laodicea.
   El Espíritu Santo lleva a Juan hablar a las siete iglesias que existían en aquella época, pero si ustedes analizan bien estas siete iglesias, también es una palabra profética mostrando toda la trayectoria de la Iglesia sobre la faz de la Tierra: desde el período apostólico hasta cuando vuelva el Señor sobre las nubes a buscar a su Iglesia.
   La primera carta que él escribe es a Éfeso. Esta fue a la iglesia que mejor expresaba la vida de los apóstoles. Cuando nosotros preguntamos cuál sería la Iglesia que más expresaba la vida de Cristo, la gente naturalmente piensa en la iglesia de Jerusalén. Otros dirían Antioquía, donde había profetas y maestros, y el Espíritu Santo tenia libertad para actuar. Pero a mi entender, la iglesia que expresaba mejor la madurez, el amor, la fe de esa primera época era la iglesia de Éfeso. Una iglesia madura, que creció mucho. Cuando Juan escribe a la iglesia de Éfeso, él comienza a hablar de la vida de aquella iglesia. Y hace énfasis en la vida común de la iglesia. Si ustedes leen, van a percibir algo muy interesante, habla de las cualidades de la iglesia: “conozco tus obras, conozco tu labor, tu perseverancia, que no puedes soportar a hombres malos, que probaste a los que dicen ser apóstoles y no lo son y los hallaste mentirosos, tienes perseverancia, soportaste pruebas por causa de mi nombre, (mucha prueba, mucha tribulación, pero soportó la prueba por causa del nombre de Jesús), no desmayaste, te mantuviste firme”. Una  iglesia que el Señor  honra por todo lo que ella representa de comunión, de vida de relación, vida de compromiso, vida de perseverancia. Una iglesia con unas cualidades impresionantes, con buenas intenciones inclusive. Pero el Señor le dice: “tengo una cosa contra ti, solo una cosa, que ustedes abandonaron, dejaron el primer amor.”
   Yo estuve pensando en ese primer amor, cuando el Señor escribió la primera carta a Éfeso. El apóstol Pablo también escribió siete cartas. Juan escribió las siete cartas de Apocalipsis. Pablo durante su vida también escribió siete cartas a siete iglesias. Y él escribe también a Éfeso. Y habla de la fe y del amor que existían en aquellos hermanos.  Ef. 1:15  “Por esta causa también yo, habiendo oído de vuestra fe en el Señor Jesús, y de vuestro amor para con todos los santos...”  Era una iglesia reconocida como llena de mucha fe y de mucho amor, que tenia la aprobación del Señor en su vida natural.

Los peligros que enfrentaría esta iglesia
   Pero cuando el apóstol Pablo estaba yendo en dirección a Jerusalén, él sabía que de allá no volvería más, que quedaría preso. El Espíritu Santo le decía claramente que moriría. Y manda llamar a los presbíteros de la iglesia de Éfeso. Reúne a los presbíteros de la iglesia, -tal vez el número de presbíteros era de 40 ó 50. No sabemos cuántos pero sabemos que era una iglesia grande- y les dice: “Y ahora, he aquí, yo sé que ninguno de todos vosotros, entre quienes he pasado predicando el reino de Dios, verá más mi rostro. Por tanto, yo os protesto en el día de hoy, que estoy limpio de la sangre de todos; porque no he rehuido anunciaros todo el consejo de Dios.” (Hechos 20:25-27)
   Porque Pablo estuvo tres años en Éfeso predicando el evangelio del Reino. “Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre. Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán al rebaño. Y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos.”  (Vs.28-30)
   Pablo llama a los presbíteros de Éfeso y les hace una exhortación, una advertencia. Dice que después de su partida entrarían lobos rapaces, que no perdonarían al rebaño. Pero luego va más lejos, porque dice  “de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas”. El apóstol Pablo no dice que se levantarían hombres perversos hablando perversidades, sino hombres serios, hombres comprometidos, hombres que por el nombre de Jesús habrían sufrido persecución, tribulación, soportarían la prueba, serían perseverantes, habrían trabajado con fervor, con mucho entusiasmo, con mucha fe. Pero Pablo les dice “de entre vosotros se levantarán hombres que hablen cosas perversas”. Hombres serios que hablarían cosas perversas. Hoy tenemos muchos hombres en medio de la iglesia, hombres comprometidos con la palabra de Dios, con Dios, pero infelizmente muchos están hablando cosas perversas.
   Tal vez en español la palabra perverso tiene una connotación de inmoralidad sexual; pero en hebreo significa torcer, desencaminar, desviar, oponerse, conspirar contra los propósitos y planes salvadores de Dios. Desviar del camino cierto, corromper la mente.
   Hay muchos líderes que conocemos, a quienes no podemos acusar de inmoralidad, de desvío de dinero, o de avaricia, pero muchos están hablando cosas perversas. Cuando hablan de divorcio y recasamiento, están hablando cosas perversas, y Pablo dice que arrastrarán al rebaño, llevarán al rebaño tras ellos.
  
Timoteo en Éfeso
   Ahora, cuando el apóstol Pablo estaba en Éfeso, puso a Aquila y Priscila para que cuidaran de la iglesia allí. Pero también mandó que Timoteo cuidara de la iglesia de Éfeso. Timoteo llevó un buen tiempo de su vida cuidando de esa iglesia.
   Veamos 1 Tim. 1:3:  Como te rogué que te quedases en Éfeso, cuando fui a Macedonia, para que mandases a algunos que no enseñen diferente doctrina,” 
   El apóstol escribe a Timoteo y le da una directiva, y él lo dejó para dos finalidades, según mí entender:
1.     Amonestar a algunos, (ciertas personas, en portugués) porque ya existían ciertas personas que estaban enseñando cosas perversas, enseñando otra doctrina.
1:4  “ni presten atención a fábulas y genealogías interminables, que acarrean disputas más bien que edificación de Dios que es por fe, así te encargo ahora.”
   En la iglesia ya existían ciertas personas que estaban perjudicando, pervirtiendo a la gente, arrastrando a los discípulos.

En una iglesia cercana a Éfeso
   Es muy interesante que el apóstol Juan estuvo preso hasta el año 96, cuando Domiciano era emperador de Roma. Cuando Domiciano murió, surgió un nuevo emperador que dio amnistía a todos los presos políticos. Juan sale de Patmos y va a Éfeso; allí escribe el evangelio después de Apocalipsis, después la primera, segunda y tercera carta. Cuando él estaba en Éfeso, inclusive María estaba con él; él  siguió cuidando de la madre de Jesús y estaba allá con ella. Ella murió en Éfeso.
   Cuando Juan escribe la tercera carta, la escribe  para Gayo. Había tres presbíteros en aquella iglesia. Yo estuve investigando, y esa “señora elegida” era una iglesia que estaba en una ciudad vecina a Éfeso, dependía de Éfeso,  estaba bajo su autoridad. Cuando él escribe, escribe para Gayo, Demetrio y Diótrefes, que eran los tres presbíteros de aquella iglesia. Era una iglesia grande, tenía tres presbíteros.
   Ya en aquella iglesia tenían a un tal Diótrefes que quería ejercer la supremacía del presbiterio. Un hombre que estaba desviando a los hermanos de la verdad. Juan honra la vida de Demetrio, honra la vida de Gayo, pero dice: “Mira, Diótrefes ha causado muchos problemas.” Leamos el vers. 9:”Yo he escrito a la iglesia; pero Diótrefes, al cual le gusta tener el primer lugar entre ellos, no nos recibe.”  Tal vez era una cuarta carta, pero Diótrefes no quería que los hermanos la leyeran. Despreció el ministerio apostólico, el ministerio de Juan.
  V.10: “Por esta causa, si yo fuere, recordaré las obras que hace parloteando con palabras malignas contra nosotros; y no contento con estas cosas, no recibe a los hermanos, y a los que quieren recibirlos se lo prohíbe, y los expulsa de la iglesia”. O sea, a los hermanos que recibían la verdad y querían el apostolado de Juan, no se lo permitía.

  V.11: “Amado, no imites lo malo, sino lo bueno. El que hace lo bueno es de Dios; pero el que hace lo malo, no ha visto a Dios. 
 V.
12: Todos dan testimonio de Demetrio, y aun la verdad misma; y también nosotros damos testimonio, y vosotros sabéis que nuestro testimonio es verdadero”.
   El presbiterio de la iglesia estaba dividido. Con Diótrefes causando mucho problema en la Iglesia.

 La advertencia de Dios a la iglesia
   Volvamos a la 1ª carta a Timoteo. Él habla también de otra cosa: exhorta a los hermanos para que no se ocupasen de fábulas y genealogías sin fin, que solo promueven discusiones.  La Iglesia de Éfeso no recibió la advertencia.
   En Belo Horizonte Dios nos está advirtiendo. Ha hablado muy serio con nosotros, que debemos quedarnos con pocas cosas bien aprendidas, bien practicadas, bien repetidas, para ser bien transmitidas a otros. Estamos ocupándonos con pocas cosas que son fundamentales. Porque ¿cuándo comienzan los ministerios de los llamados “estrellas”, los que andan en las nubes en el espacio sideral, aquellas jirafas que comen de las copas de los árboles? Nosotros estamos aprendiendo que debemos ser como ovejitas que comen pasto.
   Tenemos que entender que esas fábulas comienzan con hombres queriendo ejercer una autoridad en la iglesia basada en mensajes, en predicaciones. El Señor nos dio una orden. La tarea más noble de un apóstol, de un presbítero, es hacer discípulos. Hacer un discípulo no es predicar el evangelio desde el púlpito a las masas. Es ganar a una persona y formar a esa persona. Dios nos está exhortando a quedar en esas pocas cosas. Porque había en ese tiempo en Éfeso personas que querían ocuparse en fábulas sin fin, en genealogías, para descubrir los misterios del Reino de Dios. Y despreciaban las pocas cosas. Aquellas pocas cosas que recibieron en el principio, por ejemplo que Dios quiere tener una familia de hijos semejantes a Jesús. ¿Cómo quiere que lo hagamos? Siguiendo la estrategia de Dios: el servicio de todos los santos ¿Cuál es el servicio de los santos? Ser testigos y proclamadores del Evangelio. ¿Cómo se desarrolla ese servicio? Concientizando, equipando, relacionando, y movilizando a los santos para el trabajo. Pocas cosas. Esa es la base, el fundamento que recibimos del Señor, y nosotros no vamos a dejar perder esas cosas.
   Dios nos está advirtiendo. Dios advirtió a Israel, pero Israel no escuchó. El Señor dijo “si ellos supiesen lo que les espera, me oirían”. Aquí el Señor está exhortando a la iglesia de Éfeso, y a nosotros a través de ella. Nos está corrigiendo. Pero además habla de otra cosa. Pablo advierte a Timoteo para que advierta a la iglesia:
   “Pues el propósito de este mandamiento es el amor nacido de corazón limpio, y de buena conciencia, y de fe no fingida,” (1ª Tim.1:5)
   Muchos hombres caen ahí. Son personas solas, aisladas. Se vuelven hipócritas. ¿Qué es un hipócrita? El antónimo es sincero. Cuando los escultores hacían las estatuas de los reyes,  a veces estaban un año con un solo trabajo, con el cincel. Muchas veces se les iba la mano un poco más pesada, y se partía la nariz, luego de mucho trabajo paciente. Entonces tomaban un poco de cera, y tapaban el agujero. Luego venía el que había encargado el trabajo, inspeccionaba la estatua, y cuando llegaba el momento de pagar, preguntaba: “¿sin cera?” De allí surge la raíz de la palabra sincero. Hombres que comienzan a andar solos, a actuar solos, a pensar solos, van perdiendo la visión. Y para mantener el rebaño, tienen que inventar cosas. Porque Dios nos llamó para pocas cosas. Estamos viviendo un tiempo en que Dios nos está advirtiendo.
La última advertencia a Efeso
   Ahora, el Señor se vuelve a la Iglesia treinta años después. El Espíritu Santo lleva a Juan a escribir a Éfeso. Y Éfeso ya ha caído. El Señor le dice:
   “Pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor.  Recuerda, por tanto, de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras; pues si no, vendré pronto a ti, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido”. (Apoc.2:5)
   El candelero es lámpara, es testimonio. El Señor dice “quitaré tu testimonio de este lugar”. Hoy en Éfeso solo quedan ruinas. No existe más esa iglesia. Se pulverizó. Son musulmanes todos. Porque no se arrepintieron. No volvieron a practicar las primeras obras. El Señor les dice “recuerda de dónde has caído”. El apóstol Pablo advierte aquí en 1ª Timoteo. ¿Cuándo cayeron? Cuando comenzaron a producir sermones, fábulas, genealogías sin fin, comenzaron a entrar en discusiones. Cuando hombres comenzaron a tener primacía en la iglesia. Cuando dejaron entrar el espíritu del nicolaísmo. El Señor dijo: “Odio a los nicolaítas”. ¿Quién era Nicolás? Posiblemente, uno de los que fueron elegidos diáconos en Jerusalén. No lo podemos afirmar, pero algunos estudiosos dicen que podría ser él. Y tal vez Nicolás estaba en aquella reunión, en la que Pablo exhortó a los ancianos de Éfeso por el peligro de hombres que hablarían cosas perversas para arrastrar a los discípulos. Es impresionante que aquí en Éfeso existían las obras de los nicolaítas, pero algunos años después en Pérgamo ya era doctrina. Se había transformado en algo legítimo. La iglesia se desvió de la verdad, se perdió. Y nosotros estamos bajo mucho temor de Dios, porque el apóstol Pablo escribe a Éfeso, y treinta años después Juan escribe a Éfeso. Treinta años es el tiempo para comenzar la decadencia de un mover de Dios. Lo más difícil no es recibir una visión, lo más difícil es mantener una visión. Mucho más difícil es mantener la visión. Y Dios nos dio una visión, amados.
Las primeras pocas cosas
   Les quiero decir que cuando escuché estas cosas por primera vez, yo era un pastor de una iglesia evangélica. Fueron estas cosas pocas y simples que impactaron mi corazón. Yo quedé impresionado cuando oí hablar del Propósito Eterno, que Dios quiere una familia de hijos parecidos a Jesús. Con hijos obedientes, sujetos, con maridos que aman a sus esposas, esposas que se sujetan a sus maridos. Pero no tenemos ambiente en la iglesia para estas cosas, si deseamos muchas cosas. Tenemos que mantenernos en las pocas cosas. Para mi entender, cuando hablamos del Reino de Dios, se resume en tres cosas: hijos que se someten a sus padres, maridos que aman a sus esposas, esposas que se sujetan a sus maridos. Esta es la mayor expresión del reino de Dios. Cuando miras la primera familia, ¿cuál fue el resultado? Un hombre flojo, una mujer insujeta, un hijo muerto, y el otro asesino. Pero Dios quiere restaurar ese hogar. Con pocas cosas. Pero no hay espacio. Queremos muchas cosas, andar en las nubes. Pablo quedó tres años en Éfeso. Y les dice “les pasé todo el consejo de Dios”. ¿Y cuál es el consejo de Dios? Son las cosas relacionadas con todas las áreas de nuestra vida: finanzas, trabajo, relación con Dios, relación con los hermanos, familia, carácter personal, principios elementales de la fe en Cristo, desarrollo del Propósito Eterno. Esto resume nuestro papel como discipuladores, como líderes. ¿Para qué llenarnos de tantas cosas?
   Yo fui pastor de iglesia evangélica muchos años, y tenía congregaciones grandes. Pero nunca formé un discípulo. Nunca. Hoy miro a la iglesia en Belo Horizonte, y ¡tengo discípulos hoy! Gente que agarré en las calles, y hoy está formada en Cristo. Estamos formando líderes, presbíteros de la congregación. Amados, ¡qué más queremos que esto! El Espíritu Santo nos está advirtiendo para que no erremos el camino. Él advirtió a la iglesia de Éfeso, pero ella no escuchó. Así como él advirtió a Israel; vean la advertencia que Dios hace a Israel, mostrándoles toda la trayectoria que tendrían en el futuro. Pero Israel no oyó. Y hoy también el Señor está advirtiendo a la Iglesia. También mostró el futuro de la Iglesia aquí en las cartas. ¿Cómo  lo vamos a hacer? Yo me siento bajo mucho temor este tiempo. Temor de Dios. Porque en Belo Horizonte estamos ya con diecisiete años de existencia. Pero Salvador ya tiene treinta años. Otras localidades, veintinueve. Está llegando  el momento de la declinación, de entrar en la caída. ¡Pero no vamos a caer! Vamos a mantenernos en la visión que Dios nos ha dado. Si hemos perdido alguna cosa, ¡volvamos! Paguemos el precio que tengamos que pagar, ¡pero volvamos! Para que Dios nos apruebe. No nos interesan los aplausos de hombres, queremos que Dios nos aplauda, nos honre. Yo me siento advertido, me siento disciplinado por Dios. Dios nos está corrigiendo.
   Yo les quiero decir que estoy debajo de mucho temor estos días. Porque comienzo a mirar lo que sucedió a Israel. ¿Cuándo cayó Israel? Aquel día cuando Jesús entró en la ciudad montado en un burrito, y los niños y personas simples clamaban “¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna!” Las autoridades, los fariseos, pedían que se callen. Porque estaban usando una expresión que era para el Mesías. Pero Jesús dice: “Si ellos callaren, las piedras clamarán”. Y Jesús se vuelve a Israel y dice: “Vuestra casa os es dejada desierta, hasta el día en que digáis: ¡Hosanna, Bendito el que viene en nombre del Señor!”. Ahora, Israel es una nación como cualquier otra.
   Amados, queremos volver atrás. Y ver dónde caímos. Queremos ver de dónde hemos caído. Queremos que Dios nos ayude, que tenga misericordia de nosotros. Que nos corrija, nos discipline. Porque queremos recibir la aprobación de Dios cuando lleguemos allá, en el fin.
   Daniel Divano: El último día de vida de Iván (él murió el viernes 30 de diciembre) yo estuve con él desde las 10 de la mañana hasta la 1:30 de la tarde. Él falleció  a las 8, ó 9 de la noche. Por supuesto que ni imaginamos que ese era el último día de su vida. Pero a la mañana leímos juntos las siete cartas de Apocalipsis. Él me pidió que yo las lea. Cuando terminamos de leerlas, Iván me miró y me dijo: “- Daniel, este es Dios advirtiendo a la Iglesia de hoy, sobre cómo son sus juicios. Cómo van a ser sus juicios a la Iglesia. A lo que hay que prestar especial atención, es a las advertencias que Dios le hizo a las iglesias, para no equivocarnos”. Él lo tomaba como una bondad de Dios para la Iglesia de hoy, de conocer cómo va a ser juzgada. Porque hay posibilidad de que ese juicio no llegue, si son atendidas las advertencias. Esa fue la última palabra que recibí de Iván.
 Oración final: Padre nuestro, te pedimos que nos ayudes a mantener esta visión que nos diste, de una Iglesia simple, con cosas simples. Espíritu Santo de Dios, llévanos a arrepentirnos de todo aquello que no es sencillez, de lo que no pusiste en nosotros. No queremos hacer crecer la iglesia confiando más en nosotros mismos que en tu poder, Señor. Ayúdanos, Señor, ten misericordia de nosotros. Que podamos ser sensibles para no salirnos del camino. Que podamos seguir en pos de la meta, del Propósito Eterno. Llévanos a la sencillez, a las pocas cosas. Llévanos a producir lo que tú quieres que produzcamos: discípulos, vidas. Ten misericordia de tu iglesia, Señor. Somos instrumentos en tus manos. Abre nuestros ojos. Que podamos entender lo que tu Espíritu nos está mostrando a cada uno. Abre nuestros oídos. Que podamos conducir a tu Iglesia conforme a tu Voluntad, a tu dirección. Amén.

A CONTINUACIÓN (To be continued)

Ahora estamos viviendo 500 años después de la reforma con Martín Lutero. Estamos agradecidos por lo que él hizo, pero no vemos la Iglesia...