sábado, 21 de enero de 2012

ENCUENTRO APOSTÓLICO BOGOTÁ 2011- GIOVANNI TRAETTINO


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                                REINO DE DIOS, IGLESIA Y SOCIEDAD

 Giovanni Traettino PREMISA: CONTINUIDAD Y CORRISPONDENCIA ENTRE EL TEMA DE LA PLENITUD Y EL TEMA DEL REINO

 Deseo, ante todo rendir homenaje en esta sede a la intuición y a la verdadera y particular iluminación del equipo apostólico original de la Comunidad Cristiana de Argentina por la contribución histórica que ha hecho a la Iglesia sobre los temas del Señorío de Cristo y el Reino de Dios. Y me remito a los trabajos preparatorios de base realizados por Jorge Himitian1 y Orville Swindoll2, escritos con el fin de preparar esta consulta y proveer un fundamentos para el desarrollo de nuestra reflexión. Quisiera por lo tanto sugerir que, según entiendo, existe relación y continuidad entre la reflexión sobre el tema “Reino de Dios, Iglesia y sociedad” y la reflexión sobre “El camino de la Iglesia hacia su plenitud” (llevada a cabo por nosotros en años anteriores); esto porque el tema del Reino es fundacional para la Iglesia y atraviesa transversalmente su camino hacia la plenitud. Porque el camino hacia la plenitud coincide con el proceso de crecimiento y avance del Reino. Porque la plenitud no es otra cosa que la plenitud de la vida del Reino, de la plena realización del reino de Dios. A nivel personal (la persona habitada por Dios a través del Espíritu), interpersonal (la comunidad habitada por Dios a través del Espíritu), ecológico y universal (la tierra y el universo que se llenan de su gloria). ¡Dios habrá ya sanado, todas las relaciones y toda la creación, y las habrá habitado y llenado plenamente de él mismo! ¡La nueva criatura! ¡La nueva comunidad! ¡La nueva creación! INTRODUCCIÓN Me agrada poder introducir esta charla sobre ―Reino de Dios, Iglesia y sociedad‖ con dos imágenes tomadas del Antiguo Testamento: 1. Aquella de Daniel en la que dice que una piedra fue cortada, no con mano y arrolló a todos los reino que encontró a lo largo de su recorrido, y fue hecha “un gran monte que llenó toda la tierra”3; y 2. aquella del monte Sión en Isaías4 que, elevándose por encima de todos los otros montes se convirtió en un lugar de atracción universal para todos los pueblos. Y con dos imágenes del último libro del Nuevo Testamento: 1. Aquella que nos muestra al Cordero en pie sobre el monte de Sión5; y 2. aquella que se abre sobre “un cielo nuevo y una tierra nueva” y nos muestra la nueva Jerusalén6. _____________________ 1 Jorge Himitian, The Gospel of the Kingdom of God 2 Orville Swindoll, The Kingdom of God and the Spiritual World 3 31” Tú, oh rey, veías, y he aquí una gran imagen. Esta imagen, que era muy grande, y cuya gloria era muy sublime, estaba en pie delante de ti, y su aspecto era terrible. 32 La cabeza de esta imagen era de oro fino; su pecho y sus brazos, de plata; su vientre y sus muslos, de bronce; 33 sus piernas, de hierro; sus pies, en parte de hierro y en parte de barro cocido. 34 Estabas mirando, hasta que una piedra fue cortada, no con mano, e hirió a la imagen en sus pies de hierro y de barro cocido, y los desmenuzó. 35 Entonces fueron desmenuzados también el hierro, el barro cocido, el bronce, la plata y el oro, y fueron como tamo de las eras del verano, y se los llevó el viento sin que de ellos quedara rastro alguno. Mas la piedra que hirió a la imagen fue hecha un gran monte que llenó toda la tierra…. 44 Y en los días de estos reyes el Dios del cielo levantará un reino que no será jamás destruido, ni será el reino dejado a otro pueblo; desmenuzará y consumirá a todos estos reinos, pero él permanecerá para siempre, 45 de la manera que viste que del monte fue cortada una piedra, no con mano, la cual desmenuzó el hierro, el bronce, el barro, la plata y el oro. El gran Dios ha mostrado al rey lo que ha de acontecer en lo por venir; y el sueño es verdadero, y fiel su interpretación” Daniel 2:31-45. 4 “ 2 Acontecerá en lo postrero de los tiempos, que será confirmado el monte de la casa de Jehová como cabeza de los montes, y será exaltado sobre los collados, y correrán a él todas las naciones. 3 Y vendrán muchos pueblos, y dirán: Venid, y subamos al monte de Jehová, a la casa del Dios de Jacob; y nos enseñará sus caminos, y caminaremos por sus sendas. Porque de Sión saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra de Jehová. 4 Y juzgará entre las naciones, y reprenderá a muchos pueblos; y volverán sus espadas en rejas de arado, y sus lanzas en hoces; no alzará espada nación contra nación, ni se adiestrarán más para la guerra. 5 Venid, oh casa de Jacob, y caminaremos a la luz de Jehová” Isaías 2:2-5 5 ―1 Después miré, y he aquí el Cordero estaba en pie sobre el monte de Sión” Apocalipsis 14:1 6 1 Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más. 2 Y yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido. 3 Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios. 4 Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron. 5 Y el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas. Y me dijo: Escribe; porque estas palabras son fieles y verdaderas” Apocalipsis 21:1-5 .
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Cristo, la piedra; el monte del Reino; la nueva Jerusalén, que es la esposa de Cristo, la Iglesia (―el tabernáculo de Dios con los hombres”), la renovación final de todas las cosas (“He aquí, yo hago nuevas todas las cosas”). EL REINO DE DIOS ES EL GRAN TEMA DE LA BIBLIA La palabra ―reino‖ significa ―autoridad y soberanía ejercidas por un rey‖. La expresión ―reino de Dios‖ (o ―reino de los cielos‖) señala la autoridad y el gobierno ejercido por Dios; podríamos decirlo así: ¡“el reinar de Dios”! En segundo lugar, el ―reino de Dios‖ es la esfera sobre la cual, o en la que Dios reina, en la que se obedecen sus órdenes, en la que se implementa y se cumple su voluntad. La autoridad y el gobierno de Dios (¡Jesús como Señor!) se reciben con gozo, se acogen con obediencia y se manifiestan a través de la vida personal y en las relaciones tanto en la tierra como en el cielo. Podríamos decir, “el reinado de Dios”. En el Antiguo Testamento El Antiguo Testamento nos muestra a Dios como el creador, el rector y el juez del universo, de la tierra y de la historia. Su Reino, como un gobierno y un dominio eterno: “Tu reino es reino de todos los siglos, y tu señorío en todas las generaciones” (Salmo 145:13). “Jehová estableció en los cielos su trono, y su reino domina sobre todos” (Salmo 103:19). “Su reino, reino sempiterno, y su señorío de generación en generación” (Daniel 4:3). “¡Tu Dios reina!” (Isaías 52:7). En el Nuevo Testamento • Juan el Bautista prepara el camino para el rey que viene: “Arrepentíos porque el reino de los cielos se ha acercado” (Mateo 3:1-2). Para Jesús, “El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado: arrepentíos y creed en el evangelio” (Marcos 1:14-15). Por lo tanto, manda a los doce “a predicar el reino de Dios” (Lucas 9:1-2), y a los setenta a decir a la gente: “Se ha acercado a vosotros el reino de Dios” (Lucas 10:9). El mensaje del Reino es el gran mensaje de Jesús en los evangelios: • “La ley y los profetas eran hasta Juan; desde entonces el reino de Dios es anunciado” (Lucas 16:16). Esto incluye todo el sermón del monte (Mateo 5-7), el Padrenuestro: “Padre nuestro…Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra” (Mateo 6:9-13), y la tremenda exhortación: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas…” (Mateo 6:33). El kerigma del evangelio: “El reino de Dios está aquí, está cerca, se ha acercado a nosotros, ¡ha llegado!”. El kerigma apostólico: “¡Jesucristo es el Señor!” En Los Hechos y en las epístolas, por razones de orden cultural, teológico y de contexto histórico, asistimos a una transición de lenguaje. El Mesías y Rey se convierte en el Cristo y en el Señor, ¡en el kyrios! Decimos, por lo tanto, que la afirmación con la que se abre el escrito lucano subraya de manera incontrovertible, más allá de su centralidad y vastedad, la riqueza y la profundidad del tema del Reino. De hecho, leemos que “Jesús, hasta el día en que fue recibido arriba… se presentó vivo con muchas pruebas indubitables, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles acerca del reino de Dios” (Hechos 1:1-3). Después de esto, el libro de los Hechos de los Apóstoles nos mostrará a Pedro como el primero en introducir la transición al lenguaje que mencionamos más arriba: “Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, ¡Dios le ha hecho Señor y Cristo!” (Hechos 2:36). Y luego Pablo, de manera aún más explícita, revela el paralelismo, y más aún la coincidencia, entre el Reino y el Señorío de Cristo: “Les declaraba (a los judíos) y les testificaba el reino de Dios desde la mañana hasta la tarde, persuadiéndoles acerca de Jesús…predicando el reino de Dios y enseñando acerca del Señor Jesucristo” (Hechos 28:23, 31). En resumen, ¡las cosas relativas al reino de Dios se convirtieron en las cosas relativas al Señor Jesucristo! En el Apocalipsis: ¡el Reino ha llegado, y definitivamente se ha establecido en toda su plenitud! “Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos” (Apocalipsis 11:15). “Te damos gracias, Señor Dios Todopoderoso, porque …has reinado” (Apocalipsis 1:17).
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“Entonces oí una gran voz en el cielo, que decía: Ahora ha venido la salvación, el poder, y el reino de nuestro Dios, y la autoridad de su Cristo” (Apocalipsis 12:10). Y oí como la voz de una gran multitud, como el estruendo de muchas aguas, y como la voz de grandes truenos, que decía: ¡Aleluya, porque el Señor nuestro Dios Todopoderoso reina! (Apocalipsis 19:6). De esta manera comprendemos que el reino de Dios tiene que ver con “el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo… (realizarlo) en la dispensación del cumplimiento de los tiempos” y que consiste en reunir todas las cosas en Cristo, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra” (Efesios 1:9-10). ¿DÓNDE ESTÁ EL REINO DE DIOS? He leído una historia acerca de un viejo rabino que en una ocasión les preguntó a sus amigos: ―¿Pueden decirme dónde está Dios?‖ O bien, ―¿Dónde entra Dios?‖ Le respondieron: ―¡Pero si Dios está en todos lados, es omnipresente!‖ Él les señaló que no, y les volvió a preguntar. Finalmente, cansados, le preguntaron a él: ―Entonces, según usted, ¿dónde está Dios?, ¿adónde entra Dios?‖ Él les respondió: ―Es cierto que Dios está presente en la creación y en todo el universo. Pero en lo que hace a la humanidad y al mundo, ¡Dios entra en cualquier lugar en el que alguien le haga espacio!” ―Dios quiere entrar en cualquier lugar en el que haya alguno dispuesto a acogerlo (“a todos los que le recibieron”, Juan 1:12) o a ser portadores de Dios‖. ¡Y es verdad! En todos los tiempos Dios ha deseado entrar en el mundo, que es de él. Finalmente, y de modo ejemplar, lo hizo en el cuerpo de Cristo a causa del sí de María. Posteriormente ha continuado haciéndolo hasta hoy dondequiera haya hombres, comunidades o algún ―espacio‖ dispuesto a recibirlo: en cada relación, actividad o situación en la que haya voluntad de acogerlo.
A. El REINO DE DIOS ESTÁ EN CRISTO
Es Jesús el que inaugura el Reino: “La ley y los profetas eran hasta Juan; desde entonces el reino de Dios es anunciado, y todos se esfuerzan por entrar en él” (Lucas 16:16). El lugar físico para la entrada de Dios, del reino de Dios en el mundo, del reino de los cielos sobre la tierra, el punto de contacto estratégico y decisivo entre el hombre y Dios es Jesús de Nazaret, el hijo de María. Hace un tiempo me ayudó a fijar este punto la imagen de la clepsidra, el reloj de agua. La copa superior es Dios, el reino de los cielos; la inferior, el hombre, los reinos de la tierra. La oración de Jesús “Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra” (Mateo 6:10), interpreta el deseo y el proyecto supremo de Dios en cuanto a la relación entre la tierra y el cielo, entre el corazón de Dios y el corazón del hombre: Transferir el cielo a la tierra, venir a habitar en esa tierra que es el corazón de cada hombre y en sus relaciones. Como está escrito: “Me preparaste cuerpo… oh Dios, para hacer tu voluntad” (Hebreos 10:5-7). Jesús, en el cuerpo de su encarnación, se convirtió en el canal, en el punto de contacto, en el pasaje entre el cielo y la tierra. En él, en su cuerpo, el cielo (el ―reino de los cielos‖) ha tocado a la tierra de modo definitivo, permanente y eterno. Él ha traído el cielo a la tierra y ha unido por la eternidad el cielo con la tierra. En Cristo, la piedra de Daniel, “se ha acercado a vosotros el reino de Dios” (Lucas 10:9).Ya está disponible para nosotros… En él, en su vida (su carácter), en sus palabras (el evangelio del Reino, el kerigma y la didaké) y en sus obras (el poder de realizar milagros y sus exorcismos) el Reino y la salvación están ya disponibles como don para los pobres en espíritu, los puros de corazón, los hambrientos y los afligidos, para todos aquellos que están dispuestos a recibirlo como Señor. En él ha llegado el Reino, en él hemos contemplado la gloria de Dios.7 ________________ 7 “ 9 Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo.10 En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció. 11 A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron.12 Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; 13 los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios. 14 Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad. 15 Juan dio testimonio de él, y clamó diciendo: Este es de quien yo decía: El que viene después de mí, es antes de mí; porque era primero que yo. 16 Porque de su plenitud tomamos todos, y gracia sobre gracia… 32 También dio Juan testimonio, diciendo: Vi al Espíritu que descendía del cielo como paloma, y permaneció sobre él. 33 Y yo no le conocía; pero el que me envió a bautizar con agua, aquél me dijo: Sobre quien veas descender el Espíritu y que permanece sobre él, ése es el que bautiza con el Espíritu Santo”, Juan 1:9-16, 32-33.
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El gobierno y la autoridad de Dios están en Cristo. La voluntad de Dios ha sido expresada en Cristo y manifestada en él. Al mismo tiempo que el Reino, llega a nosotros el gobierno pleno de Dios con Cristo y ―en Cristo‖. Y el recibir el Reino se identifica con el recibir a Cristo: “A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos. Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que está en los cielos” (Mateo 10:32-33). El destino final del hombre se decide en base a su posición con respecto a Cristo. Por lo tanto, no solo el reino de Dios llega con él, sino que es inseparable de su persona. Como ha dicho alguien, la novedad de la predicación de Jesús con respecto al reino de Dios ―es él mismo, simplemente su persona‖ (Schniewind)8. Dios mismo y el reino de Dios están ―en Cristo‖. “Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad” (Colosenses 2:9). Porque está escrito: 13 El cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo, 14 en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados. 15 El es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. 16 Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. 17 Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten; 18 y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia,) él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia; 19 por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda plenitud, 20 y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz (Colosenses 1:13-20). Así que ―en Cristo‖ el Reino se ha acercado a nosotros y se ha hecho asequible a nosotros. El Reino está ―en él‖, con él, se hace visible en él. Como lo dice la bella y antigua oración de la liturgia latina: ―En Cristo, con Cristo y por Cristo, te damos a ti, Dios Padre omnipotente todo honor y gloria‖. “Para que en todo tenga la preeminencia” (Colosenses 1:18). Cristo es el principio (la cabeza/el que dio inicio) y el fin (el que completa) del Reino Cristo es la vida y la simiente del Reino Cristo es la raíz y el fundamento del Reino Cristo es el perímetro del Reino. Cristo es el carácter, la calidad y la naturaleza del Reino Cristo es el modelo del Reino Cristo es la plenitud del Reino Cristo es la anchura y la largura, la profundidad y la altura del Reino ______________________________ 8 B. Klapper, de la palabra ―Reino‖, en el Diccionario de conceptos del Nuevo Testamento, Dehoniana, Bologna, p.1535.
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De este modo, recibir a Cristo significa recibir al Rey del Reino Aceptarlo como Señor significa someterse a su gobierno, hacerle espacio, lugar, al Reino.
B. EL REINO DE DIOS Y LA IGLESIA
El reino de Dios está en Cristo y Cristo es la raíz y el fundamento de la Iglesia. La Iglesia (en hebreo qaal; en griego ecclesìa) es “la convocación definitiva” del pueblo de Dios, profunda e indisolublemente unida a Cristo por la eternidad. Toda comprensión correcta de la Iglesia no puede prescindir de Cristo ni existir separada de él. La cabeza y el cuerpo, la esposa y el esposo van juntos. La cristología y la eclesiología van juntas. La eclesiología tiene sus raíces en la cristología. Sobre esto, el apóstol Pablo dice: “Grande es este misterio; mas yo digo esto respecto de Cristo y de la iglesia” (Efesios 5:32); “Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo” (en el griego ―outos o Xristòs‖) (1 Corintios 12:12). Y es por esto que el reino de Dios, en la medida en que por medio de Cristo entra en la vida de las personas, está presente y ―de alguna manera‖ se continúa (se trata de una realidad dinámica, en proceso de realización), también limitado y parcial (―en parte‖), pero en crecimiento, dentro de la comunidad de los redimidos, del Cuerpo de Cristo, de la Iglesia. Por esto está escrito: “Nos ha… trasladado al reino de su amado Hijo” (Colosenses 1:13); “Porque… nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación; y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes” (Apocalipsis 5:9-10); “Y nos hizo reyes” (Apocalipsis 1:6); y “Yo Juan, vuestro hermano, y copartícipe vuestro en el reino‖ (Apocalipsis 1:9)9. Sin embargo, es importante notar que, en tanto que entre Cristo y el Reino existe una total identificación y coincidencia, porque el que recibe a Cristo recibe el Reino (ser el Rey es el ejercicio del gobierno por parte de Dios), no sucede así con la Iglesia. Porque en tanto que Cristo ya es la plenitud del Reino, la Iglesia, que también tiene (en el tiempo de la fe) la plenitud de Cristo (el misterio de Cristo en nosotros: “en él tenemos toda plenitud”), está todavía en camino hacia la plenitud (unidad, calidad, cantidad) que hay en Cristo. La Iglesia, para decirlo juntamente con Cullmann, es un camino ―entre el ya y el todavía no‖, ―entre el aquí y ahora y el allí y entonces‖. Está en un proceso. El hecho de Cristo (la persona y la obra) –por así decirlo- ha dado inicio al “ proceso de Cristo”. ¡Mientras permanecemos en espera de su regreso! Porque “cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria” (Colosenses 3:4). El propósito de Dios es henchir, llenar, cada cosa con la impronta de su esencia10: un proceso dinámico de invasión, conquista y ―llenamiento‖ que, iniciado a partir de Cristo, crece en nosotros (en la persona), en la Iglesia, en el mundo, teniendo en cuenta el ―pleroma‖ (la plenitud) que es Cristo11. Para que al fin del proceso “Dios sea todo en todos” (1 Corintios 15:28). ―A él sea gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos. Amén” (Efesios 3:21). ________________________________ 9 Explorar también, en el episodio de la confesión de Pedro, la relación que Jesús mismo establece entre su persona, la Iglesia y el Reino. 10 “Dios… en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo; 3 el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder” Hebreos 1:1-3. 11 “El cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo, 14 en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados.. 15 El es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. 16 Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. 17 Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten; 18 y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia; 19 por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda plenitud, 20 y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz” Colosenses 1:13-20.
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Desde esta perspectiva, la Iglesia, como Cuerpo de Cristo, es ―la comunidad del Reino‖. Aunque no se identifica con el Reino, es ―la agencia del Reino‖, la testigo del Reino, la custodia del Reino, el instrumento histórico12 y divino de esta estrategia. Ella, con la presencia y la asistencia del Espíritu Santo, lleva adelante su misión de proclamación, testimonio y demostración del Reino. Para llevar a la sociedad y al mundo ―el buen perfume de Cristo‖, la influencia del Reino. ―Existe una relación inseparable entre la Iglesia y el Reino, pero no… una identidad‖ (George Eldon Ladd). Compatible es el punto de vista expresado sobre este aspecto en un documento de la Iglesia Católica13 (que en cuanto a otros pasajes resulta muy controversial): “La Iglesia es el punto primario de entrada del nuevo orden del Reino en la historia presente. Y hace su aparición como una ciudad sobre el monte. No es el Reino y en ocasiones puede traicionar al Reino, no obstante lo cual es, en un modo fundamental… la señal del Reino en el mundo actual… Y aquí se percibe el alto llamado junto con el desafío y las posibilidades constantes de la Iglesia. Sin embargo, con mucha frecuencia los creyentes malinterpretan o ―subexperimentan‖ la Iglesia como comunidad del Reino… La Iglesia ha sido llamada a juntarse y estar presente de una manera redentora en el mundo y sin embargo sin establecer vínculos con los valores del mundo”.
C. EL REINO DE DIOS ESTÁ MÁS ALLÁ DE LA IGLESIA.
¡El misterio de Dios, escondido por todas las edades tiene que ver con Cristo (―Cristo en nosotros‖) — El Cuerpo de Cristo (Cristo entre nosotros)! El Reino de Dios nos alcanza en Cristo y tiene –por decirlo así- su expresión en la Iglesia. Ahora bien, la Iglesia vive en un mundo gobernado por otras influencias. Para influir sobre él, está llamada a predicar ―el evangelio del Reino‖ y a vivir la vida del Reino, y enseñar a las personas y a las comunidades a tener la vida y la mentalidad del Reino. Y a atraer al mundo al Reino de Dios ejerciendo o intentando ejercer sobre él una buena influencia, actuando como un fermento dentro de la masa. ―El reino de Dios cuenta con la Iglesia‖ (PN). Más allá del Espíritu Santo que, en su libertad (“el viento sopla de donde quiere”) y soberanía actúa cómo y dónde quiere, son dos los instrumentos fundamentales que el Señor ha escogido para introducir su Reino en la tierra: ¡el creyente y la Iglesia! Nos ilumina aquello que escribe, en su I monachi dell’Occidente [Los monjes de Occidente], el conde de Montalambert acerca de la influencia ejercida por Benito da Norcia sobre la sociedad del sexto siglo: ―Los historiadores han rivalizado en cuanto a alabar el genio y la inteligencia de Benito: han imaginado que él intentaba regenerar a Europa, detener la disolución de la sociedad, restablecer la instrucción pública y proteger la literatura y las artes… Yo estoy firmemente convencido de que él no se preocupó jamás de regenerar cualquier otra cosa que no fuese su propia alma y la de los monjes, compañeros suyos de fraternidad‖14. La contribución fundamental y estratégica de Benito (¡que asimismo constituye el aporte fundamental del cristianismo!) fue la de valorar “la persona” y “la comunidad”. Y junto con la vida contemplativa, la vida activa (―¡Ora y trabaja!‖). La vida contemplativa que, como en la relación de la savia con la planta, alimenta y se traduce en vida activa. La nueva criatura, que se alimenta en la relación con su Señor por un camino activo de transformación personal y comunitaria. La persona y la comunidad que, con su vida y con su acción, transforman el rostro del hombre y de la tierra (la agricultura, la artesanía, la industria, la medicina…) leudan e influyen sobre el mundo (las letras, las artes, la política, la buena administración…). __________________________ 12 ―Para que la multiforme sabiduría de Dios sea ahora dada a conocer por medio de la iglesia‖ Efesios 3:10. 13 Dominis Jesus 14 Cit. de Alister McGrath, Le redici della spiritualità protestante [Las raíces de la espiritualidad protestante], Claudiana editrice, Torino, 1997, pp. 214-222. (Título original: Roots that Refresh. A Celebration of Reformation Spirituality [Raíces que refrescan. Una celebración de la espiritualidad reformada], Hodder & Stoughton, Londres-Sidney, Auckland, 1991, 1995.
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¡Estas dos elecciones en particular, la comunidad y el trabajo (tanto físico como intelectual), demuestran resultar decisivos para el futuro del cristianismo y del mundo! ¡Por lo tanto, importan la persona y la comunidad; la oración y el trabajo! Permítanme ahora hacer una breve digresión. Como herederos de la Reforma, ciertamente tenemos grabado en nuestro ADN espiritual el valor de la persona y la ―necesidad –como lo observa McGrath15- de interiorizar la comprensión de la vida cristiana‖: ―Tal exigencia existe en todo momento. Pero está el peligro de que el cristianismo se entienda de un modo exterior y formal, a la manera de una serie de prácticas religiosas… El surgimiento del existencialismo nos recuerda en forma perentoria la necesidad permanente de establecer un correlato entre el evangelio, por un lado, y la conciencia subjetiva y el mundo de las experiencias en el que viven los individuos, por el otro. Existe una constante necesidad de aquello a lo que Kirkegaard llamaba “un proceso de apropiación de la interioridad más apasionada” (en su Postilla conclusiva non científica del 1846 [Apunte conclusivo no científico de 1846] ). Quien no logra arraigar el evangelio en el mundo de la experiencia de cada uno, se arriesga a poner en juego el futuro mismo del cristianismo”. Y nosotros, como herederos del Despertar, del avivamiento, y del componente pentecostal y carismático del cristianismo, subrayamos aún más la importancia de la experiencia personal con Dios en la conversión, en el bautismo del Espíritu Santo, en el ejercicio de los carismas, en la adoración. Sin embargo, es preciso agregar que: “La Reforma jamás ha aceptado un individualismo cristiano radical16. Su insistencia sobre la necesidad de volver significativa y relevante la fe cristiana de cada uno es acompañada por la insistencia referida a la necesidad de vivir la vida cristiana en el ámbito de la comunidad eclesial. La comunidad de fe no es un apéndice casual de la fe…Muchos libros protestantes modernos, como por ejemplo La vita comune [La vida común], de Dietrich Bonhoeffer, han reafirmado la importancia de la comunidad para la profundización de la fe y del compromiso personal y colectivo…”17 Sin embargo, es importante también para poder alinearnos con la “apropiación de la interioridad más apasionada” tener una valoración de la vida comunitaria, por el individuo y por la sociedad. No solo estar del lado de ese componente tan importante, y muy enfatizado entre nosotros, de la vida contemplativa, sino también de la vida activa. Acerca de estas dos vertientes, la espiritualidad benedictina ejemplifica bien un ideal clásico de la espiritualidad evangélica y de la Reforma. También para la transformación de la sociedad. Resulta interesante, de hecho, considerar que ya sea en Benito o en Lucero la relación con Dios (la vida contemplativa) se traduce inmediatamente en compromiso (vida activa) con la comunidad y en responsabilidad con respecto a la transformación del mundo. ¡Basta pensar en la concepción protestante del trabajo como vocación! Entonces, sí a la conversión, ¡pero también a la transformación! ¡De uno mismo, de la comunidad, del mundo! ¡Causa tristeza considerar que países en los que son millones los evangélicos, no experimentan todavía ninguna transformación significativa! Son millones de ―nuevas criaturas‖ que no introducen los elementos significativos de la ―nueva creación‖ Tal vez porque no hay suficiente conciencia con respecto a la necesidad de liberarnos de las teologías de ―fuga‖ para aproximarnos a una teología de la espiritualidad, de la ―responsabilidad‖ (―I care‖ – ―Me importa‖), del compromiso, una teología redentora, a favor del bien común y desde la perspectiva de la nueva creación. De una manera autocrítica deberíamos concordar en que _____________________________ 15 Op. cit. p. 215. Las cursivas son nuestras. 16 ¡El riesgo pentecostal! (NdA). 17 Op. cit. p. 217. Las cursivas son nuestras.
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―El movimiento evangélico ha dado lugar a una espiritualidad inadecuada y falta de autenticidad, del todo incapaz de responder a las necesidades de la realidad moderna. Una actitud sectaria, dominada por el impulso de retirarse del mundo, ha asumido un lugar predominante dentro de un movimiento que en sus orígenes estuvo empeñado en la conversión y en la transformación del mundo‖18. El mensaje claro que nos llega de Benito y de la mejor herencia del cristianismo histórico, de Lutero y de la Reforma (teniendo en cuenta también la reincidencia de la teología de Calvino en términos de espiritualidad del ascetismo en cuanto al mundo y de la ética de la responsabilidad, y a la lectura weberiana sobre los orígenes del capitalismo), y hasta de algunos movimientos de renovación y avivamiento de la Iglesia (considerando a Wesley y al movimiento metodista), tiene que ver con el compromiso ―interior‖ de lograr la transformación del hombre (conversión y santificación) y de la Iglesia, pero también con el compromiso ―horizontal‖ de búsqueda del bien común, en aras de la transformación de la sociedad y del mundo. Una verdadera conversión de la persona a Cristo no puede no traducirse en transformación personal y comunitaria, cambio del clima social y político de la ciudad y de la nación, bendición y –aunque sea parcialmente- una transformación real del mundo. La sociedad y la civilización ―influenciadas‖ por el cristianismo llevan su señal. Algunos de los movimientos de reforma espiritual y moral más significativos de la historia del cristianismo han producido un profundo impacto en la vida civil y política de la sociedad y del mundo. Pensemos también, además de aquellos ya citados, en William Wilberforce y el movimiento por la abolición de la esclavitud, en Martin Luther King y en la lucha en contra del racismo, en la madre Teresa de Calcuta y su compromiso y servicio a favor de los más desposeídos. Es necesario establecer, según mi opinión, en tensión creativa, la diferencia entre en pero no del (la necesaria distancia del mundo – ―en el mundo pero no del mundo‖) y el “como si no”19 con el compromiso de la búsqueda del bien común y del amor al prójimo. Debemos mantener siempre clara la distinción que existe entre ―levadura‖ y ―masa‖, ―influencia‖ y ―control‖, ―servicio‖ y ―poder‖, ―las cosas últimas‖ y ―las cosas penúltimas‖, aquello que tiene un carácter bueno –aunque parcial y temporal- (a veces ―lo bueno es enemigo de lo mejor‖) y aquello que sale al encuentro del ―futuro‖ del Reino que viene: ¡la nueva humanidad! ¡La nueva sociedad! ¡La nueva creación! POR UNA TEOLOGÍA DEL TRABAJO En esta dirección me parece particularmente influyente la perspectiva teológica que, de modo consciente o inconsciente, tengamos acerca del valor y significado del trabajo. Porque una de las esferas fundamentales del mandato de Dios al hombre al momento de la creación fue ciertamente el trabajo. El trabajo como instrumento indispensable de colaboración con Dios para la preservación, el gobierno y la transformación de la creación. ¡De cara a la nueva creación! Las Escrituras dicen que: “Estos son los orígenes de los cielos y de la tierra cuando fueron creados, el día que Jehová Dios hizo la tierra y los cielos, y toda planta del campo antes que fuese en la tierra, y toda hierba del campo antes que naciese; porque Jehová Dios aún no había hecho llover sobre la tierra, ni había hombre para que labrase la tierra” Génesis 2:4-5 Esto parece sugerir “una asociación” entre Dios que crea y los hombres que trabajan‖20. De aquí se desprende el alto significado y la alta dignidad del trabajo. _____________________ 18 Op. cit. p. .220 19 Pero esto digo, hermanos: que el tiempo es corto; resta, pues, que los que tienen esposa sean como si no la tuviesen; 30 y los que lloran, como si no llorasen; y los que se alegran, como si no se alegrasen; y los que compran, como si no poseyesen; 31 y los que disfrutan de este mundo, como si no lo disfrutasen; porque la apariencia de este mundo se pasa. 1 Corintios 7:29-31 20 Miroslav Volf., Work in te Spirit, ―Toward a Theology of Work‖ [Trabajar en el Espíritu, ―Hacia una teología del trabajo‖], Oxford University Press, Nueva Cork, 1991, p. 95.
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Luego, la crisis del trabajo que siguió al pecado tiene relación con causas personales (actitudes y acciones, falta de integridad o de corrección personal), con causas estructurales (políticas del sistema, crimen organizado, decisiones económicas corporativas), y hasta –en el mundo moderno- con causas tecnológicas (reestructuraciones en lo económico, obsolescencia de las maquinarias). El punto es este: ¿Qué margen de dignidad y significado le queda al trabajo? La teología tradicional, partiendo de la influencia que tiene sobre el cristiano la nueva vida en Cristo y la doctrina de la santificación, se inclinaba hacia: a. el valor y la importancia del trabajo con el fin de suplir las propias necesidades, y también de ayudar a los pobres y necesitados; b. la ayuda que proporciona el trabajo en cuanto al dominio de la “carne” y a la formación del carácter cristiano. ¡Todo eso es verdad! Pero dentro de este esquema –argumenta el teólogo croata Miroslav Volf21- la concepción del trabajo (la vida activa) resulta instrumental y subordinada a la vida contemplativa. Arriesgándonos de este modo a herir y redimensionar fuertemente el estatus y la dignidad de la vida activa. Sobre todo desde la perspectiva de una concepción escatológica que, más que pensar en la transformación del mundo (Transformatio mundi) piensa en la destrucción del mundo (Annihilatio Mundi). La primera perspectiva de hecho implica –aunque sea a través de una dramática crisis de transformación y de purificación- la continuidad (¡como por una resurrección!) de este mundo; la segunda, en cambio, la total destrucción y discontinuidad entre el orden presente y el orden futuro. Ambas posiciones tienen sustentadores convencidos entre los teólogos. “Dos teologías del trabajo diferentes se derivan de estos dos modelos escatológicos fundamentales… Si el mundo va a ser aniquilado y se ha de crear uno nuevo ex nihilo, entonces el trabajo mundano tiene solo un significado terreno para el bienestar del que trabaja, de la comunidad y de la posteridad… los resultados del trabajo acumulativo de la humanidad quedarán anulados en la catástrofe apocalíptica final, el trabajo humano se verá vaciado de toda dirección y de su último significado… todo trabajo y compromiso cristiano quedará devaluado…22 ―Creer en el aniquilamiento escatológico y en el compromiso social lógicamente es compatible. Pero resulta teológicamente incoherente‖.23 ―El cuadro cambia radicalmente si suponemos que el mundo no termina con una destrucción apocalíptica sino con una transformación escatológica. Entonces los resultados del trabajo acumulativo de los seres humanos tienen un valor intrínseco y adquieren un significado último porque encuentran un correlato con la nueva creación escatológica…‖24 Resulta claro que esta segunda posición puede ser sostenida coherentemente solo sobre la base de la atribución de un valor y de una bondad intrínseca a la creación. Esta opción provee de fundamento y dignidad al trabajo de preservación y de transformación del mundo. En la expectativa de que esta tierra, junto con la entera ―creación,… será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios” (Romanos 8:21). De hecho, como se ha dicho: ―La liberación de la creación… no puede venir a través de la destrucción sino solo a través de su transformación‖.25 E. F. F. Bruce añade: ―si las palabras significan algo, estas palabras de Pablo no indican el aniquilamiento del presente universo material en el día de la revelación, para ser reemplazado por un universo completamente nuevo, sino la transformación del presente universo de modo que cumpla el propósito para el que Dios lo ha creado‖26. El argumento parecería estar implícitamente reforzado por el mismo Pablo, teniendo en cuenta el paralelo que él establece con “la adopción, la redención de nuestro cuerpo” (Romanos 8:23). La misma fe en la resurrección de la carne parecería postular este curso de desarrollo. Por otro lado, ________________________________________ 21 Miroslav Volf, Op. cit., p. 73 22 Miroslav Volf, Op. cit., pp. 89-90 23 Miroslav Volf, Op. cit., p. 89 24 Miroslav Volf, Op. cit., p 91
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25 Miroslav Volf, Op. cit., p 95 26 Miroslav Volf, Op. cit., p 95 la creación misma ―gime a una, y a una está con dolores de parto” (Romanos 8:20) “porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios” (Romanos 8:19)… la nueva creación. Ahora bien, el Espíritu introduce al cristiano a la experiencia de la nueva creación. Por medio de su irrupción y de habitar en él. ―La vida del cristiano es la vida en el Espíritu de la nueva creación, o no es para nada vida cristiana, y es el Espíritu el que debe determinar toda la vida del cristiano, sea lo espiritual o lo secular‖24. De todo este razonamiento se desprende que: 1. el trabajo tiene uno de sus fundamentos en el mandato dado en la creación y una altísima dignidad que se deriva de poder ser un colaborador de Dios, por el Espíritu, para preservar, administrar y transformar mejor a este mundo (como es para el hombre la santificación) en anticipación de la nueva creación; 2. todo cristiano está llamado a discernir cuál es su don y a practicarlo para ser útil a los demás, no limitando los carismas a aquellos que forman la iglesia y comprendiendo que esos carismas son el don que Dios nos ha dado para el mundo. ¡De esta manera se establece el fundamento para una concepción y una práctica del trabajo en el Espíritu! En esta dirección se podría naturalmente argumentar a favor de un cierto tipo de compromiso, además de la esfera del trabajo, también en el ámbito de la política y en el de la economía. Este enfoque teológico creará las premisas para pensar de una nueva manera en cuanto a nuestra relación con el mundo, y nos introducirá a una actitud nueva para fecundar ―ya desde aquí y ahora‖ la tierra con algunos elementos del reino de Dios. ¡Una perspectiva nueva para nuestra pastoral y para un posicionamiento fecundo del discípulo y de la Iglesia en el mundo! Traduccion: Silvia Palacio de Himitian _______________________________ 24 Miroslav Volf, Op. cit., p. 69

lunes, 9 de enero de 2012

HUGO DE FRANCESCO- NOTAS DE FIN DE AÑO


NOTAS DE FIN DE AÑO
Josué: 3: 1-5: Josué se levantó de mañana, y él y todos los hijos de Israel partieron de
Sitim y vinieron hasta el Jordán, y reposaron allí antes de pasarlo.
  Y  después de tres días, los oficiales recorrieron el campamento,  y mandaron al
pueblo, diciendo: Cuando veáis el arca del pacto de Jehová vuestro Dios, y los
levitas sacerdotes que la llevan, vosotros saldréis de vuestro lugar y marcharéis
en pos de ella,  a fin de que sepáis el camino por donde habéis de ir; por cuanto
vosotros no habéis pasado antes de ahora por este camino. Pero entre vosotros
y ella haya distancia como de dos mil codos; no os acercaréis a ella.
  Y Josué dijo al pueblo: Santificaos (hoy), porque Jehová hará mañana maravillas
entre vosotros.
 Llegamos al fin de un periodo. Ya llevamos en Rosario, como movimiento, unos 42
años. El Señor, junto a nuestros  mayores nos ayudaron a entrar en una tierra que
desconocíamos.
¡Que tremendas fueron nuestras experiencias del principio!
 El bautismo en el Espíritu Santo
 La adoración, la danza, la vida en el Espíritu.
 La comunidad.
 La Biblia
 Las experiencias predicando el evangelio y haciendo discípulos.
 Las distintas etapas de la vida, soltería, casamiento, hijos,… nietos.
Todo un camino por recorrer.
Algunos de nosotros, en ese tiempo, éramos adolescentes, como lo son muchos de
Uds. hoy.
Tuvimos desafíos, vivimos una vida de mucha aventura en Dios (¿Quién nos quita lo
bailado?)
Todos nosotros, sin saberlo en ese momento, seríamos llamados y usados por Dios
para experimentar…cosas que ojo no vio ni han subido a corazón humano…
Alegrías, sufrimientos, experiencias, desafíos, gente a conocer… camino por recorrer.
Algunos de nosotros ya pisa (o pisó) los 60 años. Pero hay mucho por recorrer.
Comenzamos un año nuevo, no sabemos cómo será. La gente piensa que porque es
nuevo, será distinto. AÑO NUEVO, VIDA NUEVA, dicen.
No habéis pasado antes de ahora por este camino.
Cada día, cada año, es un camino nuevo. ¿Cómo lo andaremos? ¿Será mejor que el
anterior? ¿Será peor?2
De paso:
Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo. Einstein
Sin embargo, Dios quiere que sepamos por qué camino debemos ir:
V: 4:  ¨…cuando veáis el arca del pacto… y los sacerdotes…vosotros saldréis y
marcharéis en pos de ella…a fin de que sepáis el camino por donde habéis de ir…¨
V: 5: ¨Josué dijo: …santificaos hoy, porque Jehová hará mañana maravillas entre
vosotros…¨
Y cruzaron el río de una manera milagrosa. A 30 km. de distancia (Adam) las aguas se
detuvieron y un millón y medio de personas pasaron el Jordán.
¡Dios hizo maravillas!
 ¿QUE SIGNIFICÓ PARA JOSUÉ Y EL PUEBLO LA SANTIFICACIÓN SEGÚN
DIOS?
Ellos habían pasado el río, Jericó estaba cerca. Parece que la batalla estaba por
comenzar… Pero faltaban algunas cosas antes.
 La circuncisión: v: 7-9. Limpieza interior.
Cortar con cosas que se nos han pegado en el desierto. Un  corazón completamente
rendido.(En Colosenses se asemeja al bautismo en agua).
 La pascua: v: 10. Liberación.
Después de muchos años, vuelven a celebrar la Pascua. Su salida triunfal de Egipto.
Vuelven a recordar con agradecimiento la salida de Egipto. Un corazón agradecido.
 La nueva comida. v: 11- 12. Cesa el maná.
El maná cesó y comenzaron a comer los frutos de la tierra. En la tierra prometida hay
alimento nuevo. No es siempre igual como en el desierto. Hay comida más sólida. Si
estás en el DESIERTO estarás cansado de que la vida sea siempre igual (siempre el
mismo maná) y aún de no valorar ese precioso maná que Dios te da todos los días.
Cuando uno está en la TIERRA PROMETIDA, todo cobra un nuevo valor. La Biblia
comienza a decir mucho a mi corazón. Ya no es ese libro aburrido. Comienzo a
experimentar a ese Dios viviente, a escuchar su voz.3
 El encuentro con el Señor. v: 13- 15.
Josué está cerca de Jericó. Quizás pensando cómo poder tomarla. Muchos planes hay en su
cabeza.  ¿Escalar los muros? ¿Derribar las puertas?. Se aparece un varón con la espada
desenvainada. "¿De qué lado estás?"
"VENGO A HACERME CARGO DE LA SITUACIÓN"
Josué se tira al piso al reconocer al Señor. "¿Que dice mi Señor a su siervo?" "¿Cuáles son
tus planes, Señor?."
Josué está en el piso. El Señor no puede bendecir (ni usar) a un hombre si primero no le
ha conquistado (TOZER).
"No he venido a unirme a tu ejército, he venido para ser tu REY, he venido para tomar
el mando. Quita el calzado de tus pies porque el lugar donde estás es santo."
 En mi presencia tus zapatos (planes) arruinan mi santidad.
 Quiero que entres en contacto fuerte con mi santidad. Sácate los zapatos.
 Estar descalzos habla de  humillación (¿te imaginás estar frente a un personaje
importante, de traje y en "patas"?).
En la nueva tierra, en el nuevo año, veremos milagros (como Josué).
En la nueva tierra habrá peligros que si seguimos de cerca al Señor, Él nos ayudará a
superar.
Santificaos hoy… esfuérzate… sé valiente… medita su palabra…conoce al Señor.
¡Veréis maravillas mañana!

A CONTINUACIÓN (To be continued)

Ahora estamos viviendo 500 años después de la reforma con Martín Lutero. Estamos agradecidos por lo que él hizo, pero no vemos la Iglesia...