domingo, 25 de noviembre de 2012

LA RESPONSABILIDAD DE LOS PADRES Jorge Himitian





(Extraído del Estudio "EPÍSTOLA A LOS EFESIOS")

 Efesios 6.4 “Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor”

(1)   No irritar a los hijos. En Colosenses 3.21 agrega: “para que no se desalienten”
      
(2)   “Criarlos” significa educarlos.
“Disciplina” significa tanto instruirlos par que vivan una vida ordenada y disciplinada, con buenos hábitos, como también corregirlos y disciplinarlos.

Los principales responsables de la educación y formación de los hijos son los padres.

Para darles una buena educación a los hijos es necesario:

(1)   Que los padres sean ejemplo ante los hijos de  todo lo que les quieren enseñar.
      
(2)   Que traten a los hijos con amor, amabilidad, cariño, respeto y con palabras de aliento.
      
(3)   Que actúen con justicia sin hacer diferencia entre los hijos, con sinceridad y verdad
      
(4)   Que sean amigos de los hijos, dediquen tiempo para estar con ellos, para jugar, conversar, pasear, etc.
      
(5)   Que les enseñen la palabra de Dios y los instruyan sobre todos los temas habidos y por haber desde una perspectiva cristiana. Que les enseñen la fe y la vida santa (Proverbios 22.6; 2 Tim.1.5; 3.14-17).
      
(6)   Que enseñen a sus hijos orden y responsabilidad en las tareas de la casa, el amor al trabajo, el comportamiento en sociedad, el tener buenas costumbres y buenos modales, etc.
      
(7)   Que se ocupen del desarrollo intelectual y cultural de sus hijos. Orientarlos en aprender un oficio o profesión, etc.
      
(8)   Que velen sobre su salud y desarrollo físico.
      
(9)   Que, en conformidad a la palabra de Dios, los padres ejerzan sanamente la autoridad  que Dios les dio. Esto no significa gritar, amenazar, sino enseñar a los hijos a obedecer. Para ello es necesario que haya reglas claras, instrucciones precisas, consejos, mandamientos; y si no obedecen deben ser amonestados, y si se rebelan deben ser castigados (Prov. 13.24, 22.15, 29.15). El castigo debe ser medido, aplicado con serenidad y con una previa explicación. La disciplina es una expresión del amor paternal (Prov. 3.11-12).
Necesitamos la gracia y la sabiduría de Dios para cumplir con nuestra responsabilidad paternal.