EL CRECIMIENTO Y LA MADUREZ COMO RESPUESTA AL ERROR II José Alberto Pagura





“…añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor. Porque si estas cosas están en vosotros, y abundan, no os dejarán estar ociosos ni sin fruto en cuanto al conocimiento de nuestro Señor Jesucristo. Pero el que no tiene estas cosas tiene la vista muy corta; es ciego, habiendo olvidado la purificación de sus antiguos pecados. Por lo cual, hermanos, tanto más procurad hacer firme vuestra vocación y elección; porque haciendo estas cosas, no caeréis jamás.” (2° Pedro1:5-11)

“Antes bien, creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo”

Tenemos fe es decir, tenemos convicciones, ese es el punto de partida. Para ser salvos creímos en la obra salvadora de Jesús y supimos que él debía gobernar nuestras vidas ya que es el Señor de todo. Creemos que Jesús es el Hijo de Dios, que murió y resucitó para salvarnos, que es Señor de los muertos y de los que viven, que volverá.
Al creer que Jesús es el Señor de nuestras vidas hemos aceptado y creído que su enseñanza es el conjunto de verdades y mandamientos que debemos atender. Pero la fe sin obras es muerta.

Añadid a vuestra fe virtud” La transformación de nuestras vidas producto de la fe que tenemos, la aparición de cualidades por las que la gente nos distingue, es haber agregado a la fe, virtud. Virtud significa también poder, poder para transformar nuestras vidas y el poder para hacer cosas sobrenaturales es también virtud. En el ejercicio de nuestra fe, estaremos agregando virtud. Virtud puede hacer referencia a excelencia oral y bondad.
Entre los resultados de la presencia del Espíritu Santo en nuestras vidas encontramos la transformación a la imagen de Jesús, es decir, el agregado de virtud.

“Conocimiento” Es importante el conocimiento de las enseñanzas de Jesús. Pedro muestra como preocupación que los creyentes tengan ese conocimiento. Establece como “medida patrón” lo revelado por los profetas y lo enseñado por los apóstoles (II Pedro 3:1-3). No cualquier enseñanza, no cualquier cosa que anda por ahí y parece linda, o tiene el aspecto de herramienta útil, o salva contradicciones que deberían tratarse por otra parte (en ese momento, la incumplida segunda venida de Jesús).

“Dominio propio”. Se encuentra también en la lista de frutos que produce el Espíritu Santo.
En contraste con la descripción que hace Pedro de los falsos maestros, desenfrenados, encontramos como respuesta el dominio propio. ¿Podemos gobernar, en el buen sentido, nuestras vidas? (es decir, hacer que Jesús sea efectivamente el Señor de nuestras vidas) ¿Se nos “sale la cadena” a menudo?

“Paciencia” La característica que da perdurabilidad a todo lo que se adquiere. La que ayuda a esperar. Uno de los temas que se trata en esta carta es la segunda venida de Cristo y como los falsos maestros tomaban ese tema como erróneo. II Pedro 3:9 Pedro argumenta diciendo “El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento”. En I Samuel 13:8-9 encontramos uno de los grandes errores de Saúl por no ser paciente y esperar aquello de debía (la presencia de Samuel). Estás esperando el regreso del hijo pródigo? Engorda el becerro con paciencia, perseverancia, ¿esperas alguna promesa de Dios? Gran oportunidad para ejercer la paciencia. Esta cualidad hace que podamos mantener la convicción en cosas que no vemos, que tal vez no veamos (espero que sí, que las veamos) pero que sucederán porque Dios lo ha dicho.

“Piedad” La devoción a Dios va agregada a las cualidades anteriores. Si no mantenemos vigente el culto a Dios, la meditación en él, la alabanza y la adoración personal, la situación es similar a la de 2:17: “…fuentes sin agua…”. La piedad es el combustible necesario, se va gastando y debe renovarse, da vida al conocimiento y a la fe.

“Afecto fraternal” En apariencia, queda disuelto en la cualidad que sigue. No sé si fraternal hace referencia a la clase de afecto (amor de hermano) o destaca hacia quien va dirigido el afecto. Sin hacer especulaciones innecesarias (a veces usar tiempo en darle vueltas a algo que no entendemos pero que queda incluido en otra enseñanza, no tiene mucho sentido) el NT contiene muchas expresiones acerca de buscar el bien de los hermanos.
Nuestros hermanos merecen una consideración especial: “Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe”. Tenemos muchas ocasiones para hacerlo: servicio a los hermanos y a la Iglesia, si trabajas para un hermano, hazlo con más cuidado y atención, si eres empleador de un hermano, se especialmente considerado, si está en un momento difícil, acompáñalo con el fin de “estirar” su paciencia, si te toca señalar algo, hazlo con buenas intenciones, etc. La Iglesia y los hermanos no son nuestros proveedores sino que son objeto de nuestro servicio y de nuestro amor.

“Amor” (otra cualidad incluida en la lista de frutos del Espíritu Santo). I Corintios 13 habla muy claro sobre el amor. Jesús nos dejó enseñanza y ejemplo sobre el amor. Expresiones como “dar la vida por los demás”, “amar a nuestros enemigos” (y no solo cuando los demás nos ven y lo que hacemos es mezclar la obediencia al difícil mandamiento opuesto al sentimiento natural, dando satisfacción a ese sentimiento con la recompensa del “ser
vistos”). Términos como “amor no fingido”, “entrañable” y otros adjetivos de tanto peso, nos hablan de la calidad del amor. Tenemos mucho para aprender del amor, tanto como
de la oración. Razonando así podríamos terminar en la expresión “hay falta de amor”, lo cual choca de frente con la enseñanza de I Corintios 13 acerca del amor (todo lo soporta, todo lo espera, no guarda rencor) que hace recaer en uno mismo todas las responsabilidades.
Podríamos enumerar en cuantas situaciones se prueba nuestro amor por los demás? Posiblemente serían tantas o más como aquellas en la que nuestra fe es probada.
El tener estas cosas no nos dejarán sin fruto en el conocimiento de Dios, seremos lo opuesto a almas inconstantes.

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