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EL SERVICIO Equipo Apostólico de Argentina



El amor fraternal nos lleva a estar juntos, y el estar juntos es la mejor circunstancia para conocernos y descubrir nuestras necesidades. La necesidad del hermano nos brinda la oportunidad de servirlo, si tenemos la capacidad para hacerlo.
El servicio es amor en acción (1 Juan 3:17-18). Es la demostración de que en verdad nos hemos negado a nosotros mismos. Es liberarnos del atrapante círculo del egoísmo y de una estructura de vida egocéntrica e individualista. El amor (ágape), cuando es auténtico, nos lleva a la comunión (koinonía), y la comunión al servicio (diaconía).

SERVIR ES LA VOCACIÓN DE LA IGLESIA

Entonces la madre de Jacobo y de Juan, junto con ellos, se acercó a Jesús y, arrodillándose, le pidió un favor.
— ¿Qué quieres? —le preguntó Jesús.
—Ordena que en tu reino uno de estos dos hijos míos se siente a tu derecha y el otro a tu izquierda.
—No saben lo que están pidiendo —les replicó Jesús—. ¿Pueden acaso beber el trago amargo de la copa que yo voy a beber?
—Sí, podemos.
—Ciertamente beberán de mi copa —les dijo Jesús—, pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me corresponde concederlo. Eso ya lo ha decidido mi Padre.
Cuando lo oyeron los otros diez, se indignaron contra los dos hermanos.
Jesús los llamó y les dijo:
—Como ustedes saben, los gobernantes de las naciones oprimen a los súbditos, y los altos oficiales abusan de su autoridad. Pero entre ustedes no debe ser así. Al contrario, el que quiera hacerse grande entre ustedes deberá ser su servidor, y el que quiera ser el primero deberá ser esclavo de los demás; así como el Hijo del hombre no vino para que le sirvan, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos. Mateo 20:20-28
La iglesia es la extensión de Cristo. Es el cuerpo de Cristo Jesús, su prolongación en el mundo. Por eso tiene que ser la continuación de la persona y la voluntad de Cristo en la tierra. Todo lo que Jesús fue en su encarnación, lo es la iglesia en su misión actual y debe expresar a Cristo tal como él se manifestó al mundo.

Cristo no vino para ser servido, sino para servir. Lo más asombroso de la encarnación es que el Creador se hace siervo. La gran intención de la encarnación es el servicio. Cristo no vino para ser servido, sino para servir. Servir es identificarse con el necesitado, dar y darse. De igual modo, los discípulos de Jesús no están para ser servidos, sino para servir.

Jesús destaca el contraste que debe existir entre los gobernantes de este mundo y sus discípulos al decir: «Como ustedes saben, los gobernantes de las naciones oprimen a los súbditos, y los altos oficiales abusan de su autoridad. Pero entre ustedes no debe ser así. Al contrario, el que quiera hacerse grande entre ustedes deberá ser su servidor, y el que quiera ser el primero deberá ser esclavo de los demás; así como el Hijo del hombre no vino para que le sirvan, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos.» Como iglesia del Señor debemos encarnar el espíritu de Cristo, que es un espíritu de servicio. Somos sus discípulos y tenemos que ser como él.
Cristo, siendo Dios, se hizo siervo. La actitud de ustedes debe ser como la de Cristo Jesús, quien, siendo por naturaleza Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse. Por el contrario, se rebajó voluntariamente, tomando la naturaleza de siervo y haciéndose semejante a los seres humanos. Yal manifestarse como hombre, se humilló a sí mismo y se hizo obediente hasta la muerte, ¡y muerte de cruz! Por eso Dios lo exaltó hasta lo sumo y le otorgó el nombre que está sobre todo nombre. Filipenses 2:5-9
A sus discípulos Cristo dijo: «Les he puesto el ejemplo, para que hagan lo mismo que yo he hecho con ustedes» (Juan 13:15; lea los vv. 1-17).
Nuestra función o vocación esencial es el servicio. Quien no conoce su vocación, tampoco sabe cuál es su deber. Se desubica, no sabe a qué dedicarse y no se siente realizado. Tiene una insatisfacción interior. Vive una permanente tensión entre lo que hace y lo que quisiera hacer.
En cambio, si reconocemos el hecho de que el hombre fue diseñado para servir (vale decir, que la verdadera naturaleza de su ser es vivir para los demás) nos ubicamos, relajamos y realizamos. Al entender que la vocación esencial de nuestra vida es el servicio, descubrimos nuestro oficio y podemos entregarnos de lleno a servir a los demás como lo hizo Jesús.
Entonces experimentamos la realidad de que «Hay más dicha en dar que en recibir» (Hechos 20:35).
Precisamos tomar conciencia de que somos siervos.
Como discípulos de Cristo, debe formarse en nosotros esta conciencia, pues esto producirá efectos muy saludables. Señalamos algunos:
• Nos liberará de una vida egoísta.
• Enderezará nuestras intenciones y les dará la motivación correcta a todas nuestras acciones. Comprenderemos que predicar el evangelio a los pecadores, enseñar a los discípulos, interceder por los hermanos, profetizar, disciplinar o aun reprender son todos actos de servicio.
• Mejorará la calidad y eficiencia de los oficios y las profesiones que desempeñemos. Todo trabajo sano se realiza para servir a la comunidad, no meramente para ganar dinero. De esta manera, el carpintero, el panadero, el vendedor, el chofer, la maestra, el médico, la enfermera, todos viven para servir.
• Cambiará nuestra óptica y, en vez de sentirnos desdichados y considerar nuestras cargas y responsabilidades como males inevitables que debemos soportar, las veremos como circunstancias determinadas por la buena mano de Dios para que, al servir con gozo a los demás, la vida de Cristo se manifieste en nosotros. Esto se evidenciará, por ejemplo, con respecto a la crianza de los hijos, la atención a los ancianos o enfermos, la lucha por la vida, etc.
Todo deseo y esfuerzo de superación personal debe ser con el fin de capacitamos para un mejor servicio a otros. Aun el cuidado de nosotros mismos será con el propósito de estar en mejores condiciones para servir.


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