EL FUEGO DE LA COMPASIÓN POR LOS PERDIDOS Jorge Himitian




Más allá de los pasajes ya conocidos sobre la compasión de Jesús por los perdidos, como Mateo 9.35-38, y otros.
Permítanme llevarlos a un texto que ha quebrantado últimamente mi corazón.

Romanos 8.19-22 (B.A.):
Porque el anhelo profundo de la creación (humanidad) es aguardar ansiosamente la revelación de los hijos de Dios. Porque la creación (humanidad) fue sometida a vanidad, no de su propia voluntad, sino por causa de aquel que la sometió, en la esperanza de que la creación (humanidad) misma será también liberada de la esclavitud de la corrupción a la libertad de la gloria de los hijos de Dios. Pues sabemos que la creación (humanidad) entera a una gime y sufre dolores de parto hasta ahora…

El mundo está mal. Muy mal. Hay mucho dolor en todas partes. La humanidad gime a una y sufre dolores de parto. Hay sufrimientos inimaginables en el mundo. A pesar de la abundante información internacional que recibimos por los medios masivos de comunicación, para nosotros es imposible conocer todo el dolor y el sufrimiento que existe en el mundo.
Sin embargo, Dios lo ve todo. Él percibe el dolor de cada criatura en cada rincón del planeta, y se conduele con cada uno. Dios llora. Sufre con cada uno de los que sufren… ¡Oh, si supieran cuánto los ama Dios!
La creación -se podría leer la humanidad- vive en esclavitud. Se ha corrompido, y es esclava de su propia corrupción. La corrupción está presente en todos los niveles y esferas de la sociedad, y somete a los pueblos al dolor y al sufrimiento con injusticias de toda índole.
Pero este texto, que tan dramáticamente describe el estado de la sociedad, señala a la vez una esperanza. La esperanza ignota y sub-conciente que, en medio de tanto dolor, subyace aún en el corazón de los hombres: el anhelo profundo de la humanidad es aguardar ansiosamente la revelación de los hijos de Dios.
Nos están esperando a nosotros, están aguardando ansiosamente la manifestación de los hijos de Dios. Alguien debe interpretar sus gemidos indecibles. Alguien debe interpretar sus gemidos. Los gemidos de las niñas violadas por sus padrastros; de las mujeres golpeadas por sus maridos o por su pareja; de los inmigrantes engañados y explotados; de las mujeres que se prostituyen para llevar pan a sus hijos; de las madres que ven a sus hijos morir por el flagelo de las drogas; de los jóvenes sin trabajo ni futuro; de los pueblos bombardeados y masacrados por la locura de las guerras; de los secuestrados, torturados, violados y abusados; de los inocentes condenados por jueces corruptos; de aquellos que están solos en el mundo; de los que se acuestan con hambre cada noche; de los que están tan destruidos que ni tienen fuerzas para llorar; de los que se retuercen de dolor en el lecho de algún hospital; de los oprimidos por el diablo…
La lista de los que gimen es interminable. Todos ellos, como si hablaran en lenguas -que ni ellos entienden- nos están diciendo (y permítanme interpretar sus gemidos indecibles):

¡Ey, ustedes, los hijos de Dios, qué están esperando! ¿No son ustedes la iglesia? ¿No son la luz del mundo? ¿No ha sido derramado el amor de Dios en sus corazones? ¿No son los poseedores de la verdad que nos puede hacer libres? ¿No son los que tienen la solución para nuestros problemas?  Nosotros, esclavos de la corrupción, estamos anhelando profundamente que nos saquen de la esclavitud de nuestra corrupción y nos conduzcan a la libertad gloriosa de los hijos de Dios ¿Qué están esperando? ¿Por qué no dejan sus pequeñeces y sus entretenimientos religiosos y se lanzan por completo a la misión a la que fueron llamados a favor de esta humanidad sufriente?”
      
El texto sagrado revela que “el anhelo profundo de la creación es aguardar ansiosamente la revelación de los hijos de Dios. Porque la creación fue sometida a vanidad, no de su propia voluntad, sino por causa de aquel que la sometió, en la esperanza de que la creación misma será también liberada de la esclavitud de la corrupción a la libertad de la gloria de los hijos de Dios.

El cuadro actual de la humanidad no es su cuadro final. La creación fue sometida a la vanidad en la esperanza de que será liberada de la esclavitud de corrupción a la libertad de la gloria de los hijos de Dios.

¡Es urgente! El mundo está mal. No tiene la solución; no tiene la medicina para curarse de su propia corrupción, egoísmo, avaricia, injusticia y mentira. La única solución es el reino de Dios.

¿Qué están esperando? Que tú y yo nos manifestemos. Están anhelando profundamente la manifestación de los hijos de Dios. Sin saberlo ellos nos están esperando a nosotros, porque en nosotros está Dios. “Es Cristo en vosotros la esperanza de gloria (Colos. 1.27).
Lo que hará que nos lancemos decididamente a cumplir nuestra misión en el mundo es el fuego de la PASIÓN POR DIOS y LA COMPASIÓN POR LOS PERDIDOS.


Entradas populares de este blog

LOS MONTES EN LA BIBLIA- OSCAR GÓMEZ

EL SIGNIFICADO DE LOS BARCOS EN LA BIBLIA Oscar Gómez

9 BENEFICIOS DEL ESPÍRITU SANTO- OSCAR GÓMEZ