EL COMPORTAMIENTO DE LA ESPOSA Equipo Apostólico de Argentina




Esposas, sométanse a sus propios esposos como al Señor. Porque el esposo es cabeza-de su esposa, así como Cristo es cabeza y salvador de la iglesia, la cual es su cuerpo. Así como la iglesia se somete a Cristo, también las esposas deben someterse a sus esposos en todo
(Efesios 5:22-24)

que la esposa respete a su esposo
(Efesios 5:33)

Esposas, sométanse a sus esposos, como conviene en el
Señor”
(Colosenses 3:18)

Así mismo, esposas, sométanse a sus esposos, de modo que si algunos de ellos no creen en la palabra, puedan ser ganados más por el comportamiento de ustedes que por sus palabras, al observar su conducta íntegra y respetuosa. Que la belleza de ustedes no sea la externa, que consiste en adornos tales como peinados ostentosos, joyas de oro y vestidos lujosos. Que su belleza sea más bien la incorruptible, la que procede de lo íntimo del corazón y consiste en un espíritu suave y apacible. Ésta sí que tiene mucho valor delante de Dios”  (1 Pedro 3:1-4”

SUJECIÓN A SU MARIDO

• La sujeción tiene que ver con el principio de autoridad vigente en todos los órdenes de la vida social, sea en la nación, en las instituciones, en los colegios, en las fábricas, en las empresas, en la iglesia, en los clubes y, por supuesto, también en las familias. En todo ámbito hay alguien que ejerce autoridad y que, a su vez, está bajo autoridad.
El propósito de la autoridad es establecer orden, una convivencia armónica, funcional y dinámica para el logro de los objetivos. Todos estamos sujetos de uno u otro modo.
• Dios pide que la mujer se someta a su marido, no que el marido se imponga sobre la mujer. En el reino de Dios toda autoridad es reconocida y no impuesta.
• Sujeción es reconocimiento de la autoridad establecida.
Significa obediencia humilde y con buena disposición de ánimo. La mujer sumisa reconoce a su marido como cabeza y en su espíritu se siente unida, ligada a él. La sujeción no es mera obediencia externa, sino una actitud interior de sumisión y respeto.
• La sujeción no anula a la mujer sino que la ubica para secundara su esposo con todas sus capacidades. Un ministro de economía no se siente anulado por estar bajo el presidente de la nación, sino por el contrario, está en un puesto apropiado para desempeñar bien su función.
• La sujeción no rebaja, sino que protege a la mujer. Larry Christenson afirma: La vulnerabilidad de la mujer no está limitada al nivel físico. Incluye también vulnerabilidad en el nivel emocional, psicológico y espiritual. También en tales casos necesita ella la protección y autoridad de un esposo. (Larry Christenson, La Familia Cristiana, Editorial Betania, pág. 36.)
Dios es bueno. Todas sus leyes constituyen una expresión de amor para con nosotros. Dios quiere que la mujer reciba protección y cobertura a través de la sujeción a su marido. No desea ver a la mujer sobrecargada, agobiada y nerviosa sino relajada y feliz, a fin de que críe a sus niños en un clima de paz, alegría y tranquilidad.
• La sujeción de la mujer no se origina porque ella sea inferior y el varón superior. Jesús, siendo igual al Padre, se sujetó a él en todo.
Tenía el mismo poder y gloria pero ocupó un lugar subordinado para lograr el cumplimiento del propósito eterno. La mujer no es menos, y el hombre no es más. Son iguales, pero en puestos diferentes, según el plan de Dios.
• La mujer debe sujetarse a su marido en todo (Efesios 5:24).
El varón es el responsable general de todas las esferas de la vida familiar.
La esposa se verá exceptuada de esta norma solamente cuando su marido le ordene hacer algo contra la voluntad de Dios, es decir, cuando la obligue a pecar o a apartarse del Señor. En tal caso es mejor obedecer a Dios antes que a los hombres (véase Hechos 4:19).
• Las hermanas que tengan maridos incrédulos también deben sujetarse a ellos y comportarse de modo que sus maridos se conviertan al ver la conducta de sus esposas (1 Pedro 3:1-2).
• Sujeción no implica que la mujer no hable, ni opine, ni desarrolle criterio propio, ni haga ningún aporte o tenga injerencia en los asuntos familiares. No precisa decir sí a todo.

Su rol es el de «ayuda idónea». Por lo tanto, debe opinar, enterarse, dialogar dar su punto de vista, asentir o disentir, aprobar o desaprobar, hacer su aporte. Pero siempre mostrará una actitud de respeto y reconocimiento hacia su esposo y tendrá la disposición de dejar las decisiones finales en manos de su marido, sin amargura ni rebelión interior.

• Cuando una esposa considera que su marido se está excediendo o actuando de manera indebida, debe hablarle a solas (con serenidad y en el espíritu del Señor). Sino la escucha, volver a hablarle ante uno o dos hermanos espirituales, siguiendo las indicaciones de Jesús en Mateo 18:15-17.

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