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DISCIPULAR: HACER LO QUE HIZO JESÚS Alejandro Vena







Lo que no es el discipulado

- No es una relación social, de entretenimiento o de simple amistad. Jesús habló de que sus amigos eran los que hacían su voluntad. Amistad con propósito, relación para compartir la verdad de Dios, para ser transformados a la imagen de Jesús. No es sólo para comer juntos un asado o salir a practicar algún deporte (aunque lo puede incluír).

- No es un estudio bíblico. No se trata sólo de sentarnos uno enfrente del otro para dar un estudio, y otro, y otro. Es transferencia de vida. La vida de Cristo, la vida del Espíritu que buscamos contagiar y reproducir en el otro. Vida de poder que ministra poder.

- No es psicología o terapia. Cuando nos encontramos con nuestro discipulador no es para contarle todo lo que nos pasó y desahogarnos de todas mis penas. Aunque esta puede ser una parte de la relación no debe ser la única. Es un tiempo para ser escuchado para también para escuchar y recibir guía de Dios. Los que discipulan deben ayudar a sus discípulos a depender de Dios, a ir a él para llevar sus cargas pues él tiene cuidado de nosotros.

- Tampoco es un tiempo para criticar a la iglesia y a sus líderes.

- No es un padrinazgo: no se trata de reemplazar a los padres en sus funciones espirituales para con sus hijos. Nuestros hijos son nuestros primeros discípulos. Ni quien discipula debe pretender sustituir a los padres de sus discípulos ni los padres deben buscar que alguien discipule a sus hijos con el sólo fin de sacarse un peso de encima. (Pero a partir de la adolescencia es bueno que nuestros hijos se discipulen con algún hermano).

- No es un fin en sí mismo. Es un medio para alcanzar la medida de la estatura de la plenitud de Cristo. Es un instrumento para colaborar con los ministerios (apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros) en capacitar a los santos para la obra del ministerio.

¿Qué es el discipulado?

El discipulado es una relación personal con Jesús. En Marcos dice:
Después subió al monte, y llamó a sí a los que él quiso; y vinieron a él.
 Y estableció a doce, para que estuviesen con él, y para enviarlos a predicar,
y que tuviesen autoridad para sanar enfermedades y para echar fuera demonios: (Mr. 3.13-15).
Es Jesús el que nos llama hacia él mismo. Él nos atrae para estar con él. Él es el que llama, el objetivo es pasar tiempo con él, con el fin de ser enviados a hacer la obra revestidos de su poder y autoridad, para hacer milagros, prodigios y sanidades, para extender el Reino de Dios y hacer que otros sean discípulos de Jesús.

¿Cuáles son algunos aspectos a tener en cuenta por el discipulador y el discípulo?
El que discipula…
- Debe ser lleno del Espíritu; debe ser una realidad en su vida el bautismo en el Espíritu Santo, la manifestación de la gracia de Dios y, en lo posible, evidenciarse mediante los dones, las lenguas.
Cuando Jesús fue bautizado vino sobre él el Espíritu Santo:
…también Jesús fue bautizado; y orando, el cielo se abrió,
y descendió el Espíritu Santo sobre él en forma corporal, como paloma,… (3.21-22)

Cuando fue llevado al desierto para ser tentado, Lucas dice:
 Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán, y fue llevado por el Espíritu al desierto… (4.1)
Y manifestando el poder de Dios en su vida comenzó su ministerio público.
Y Jesús volvió en el poder del Espíritu a Galilea, y se difundió su fama por toda la tierra de alrededor. (4.14)

- Debe tener en claro hacia dónde guiar a sus discípulos. Jesús tenía bien claro para qué había venido y aunque también se ocupó de las necesidades inmediatas de las personas, no permitió que nada lo desviara en su objetivo.
Pero él les dijo: Es necesario que también a otras ciudades anuncie el evangelio del reino de Dios; porque para esto he sido enviado. (4.43)

- No comenzar a discipular a alguien sin orar. No es cuestión de gustos, ni de afinidades sino de voluntad de Dios.
En aquellos días él fue al monte a orar, y pasó la noche orando a Dios.
Y cuando era de día, llamó a sus discípulos, y escogió a doce de ellos, a los cuales también llamó apóstoles… (6.12-13)
Dios se va a encargar de confirmar su voluntad. Hay situaciones de necesidad que a veces nos obligan a cubrir a más personas de las que podemos. Dios es soberano. Pero buscar a Dios en esta decisión puede librarnos de problemas futuros (para nosotros y para los demás).

- Mirar más allá de la multitud y centrarnos en unos pocos.
Por su objetivo claro, y porque conocía que no iba a estar con ellos para siempre, Jesús se abocó de manera específica a los doce. Siguió con la multitud pero dirigió de manera específica sus enseñanzas a quienes serían los que difundirían sus enseñanzas cuando él ya no se encontrara aquí. “Y alzando los ojos hacia sus discípulos, decía…” (6.20).

Nosotros podemos tener muchos discípulos (¿no más que 12?) pero como Jesús debemos ver a quienes Dios quiere usar de alguna manera especial y edificar en ellos lo que falta para ese fin.
Algunos sólo buscarán los beneficios, mientras que otros estarán sedientos del servicio.

- Debemos transferir vida y no sólo enseñanza. Caminar con ellos, ir a su casa, ayudarlo en cosas prácticas, si es posible viajar con ellos, pasar tiempo de calidad, salir a predicar, a testificar, a visitar. (Ejemplo con Jorge y con Claudio). Una escuela rodante.
Aconteció después, que Jesús iba por todas las ciudades y aldeas, predicando y anunciando el evangelio del reino de Dios, y los doce con él,… (8.1)

Usemos el ejemplo de Jesús con sus discípulos. La idea no es que las personas a quienes guiamos vengan a recibir para llenar su mochila… ¡y listo! Jesús llamó a sus discípulos, les enseñó, les mostró cómo hacerlo, los invistió de poder y autoridad y luego los envió.
Habiendo reunido a sus doce discípulos, les dio poder y autoridad sobre todos los demonios, y para sanar enfermedades.
Y los envió a predicar el reino de Dios, y a sanar a los enfermos. (Lc. 9.1-2)

¿Y cuál fue el encargo? Fue sencillo y práctico: anunciar el evangelio del reino de Dios y manifestar el poder de Dios.
Y saliendo, pasaban por todas las aldeas, anunciando el evangelio y sanando por todas partes.(9.6)

 En cualquier ciudad donde entréis, y os reciban, comed lo que os pongan delante;
 y sanad a los enfermos que en ella haya, y decidles: Se ha acercado a vosotros el reino de Dios.(10.8-9)

-Debemos ser claros en presentar las demandas del Reino de Dios, del discipulado. Jesús no dejó librado al pensamiento de sus seguidores lo que significaba ser un discípulo: negarse a uno mismo, tomar la cruz y seguirle.

Buscar “salvarnos” nos conduce a perder todo; perder nuestra vida por causa de Cristo significa ganar todo.
 Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame.
Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, éste la salvará.
Pues ¿qué aprovecha al hombre, si gana todo el mundo, y se destruye o se pierde a sí mismo?
Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras, de éste se avergonzará el Hijo del Hombre cuando venga en su gloria, y en la del Padre, y de los santos ángeles. (9.23-26).

También aclaró que para seguirlo hay que estar decidido a dejar cosas que son valoradas culturalmente como importantes.
Y dijo a otro: Sígueme. El le dijo: Señor, déjame que primero vaya y entierre a mi padre.
Jesús le dijo: Deja que los muertos entierren a sus muertos; y tú vé, y anuncia el reino de Dios.
Entonces también dijo otro: Te seguiré, Señor; pero déjame que me despida primero de los que están en mi casa
Y Jesús le dijo: Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios. (9.59-62)

Mirar atrás es estar atado a todas esas costumbres, relaciones o formas humanas. Seguir a Cristo debe ser nuestro todo y debe estar por encima de cualquier otra cosa.

Más adelante puntualizó que para seguirle debemos aborrecer (poner en un segundo lugar, quitarlo del centro de la vida) a la familia y hasta nuestra vida, cargar la cruz, renunciar a nuestras posesiones y seguirle. 
Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo.
Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo. (14.26-27)

Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo.(14.33)

Ningún siervo puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas. (16.13)

- Jesús no competía con nadie y animó a sus discípulos a no hacerlo ellos. El reino de Dios es uno solo, y el propósito de todos los discípulos es uno solo. La iglesia de Cristo es una. Creemos en la unidad porque fue la oración de Cristo, porque es su deseo y porque en ella hay poder para la salvación de muchos “que sean uno para que el mundo crea”, rogó Jesús.
Entonces respondiendo Juan, dijo: Maestro, hemos visto a uno que echaba fuera demonios en tu nombre; y se lo prohibimos, porque no sigue con nosotros.
Jesús le dijo: No se lo prohibáis; porque el que no es contra nosotros, por nosotros es. (9.49-50)

- Debemos dejar en claro que el centro del mensaje y de la respuesta a este mensaje es el mismo Jesús, no el discípulo.
El que a vosotros oye, a mí me oye;  y el que a vosotros desecha, a mí me desecha; y el que me desecha a mí, desecha al que me envió.  (10.16)

-  Como discípulos que discipulamos debemos ser cuidadosos en lo que enseñamos y cómo guiamos a los demás. Debemos tener total dependencia de Dios y llevar a los discípulos a vivir dependiendo y siendo guiados por Dios. No ser piedra de tropiezo.
Dijo Jesús a sus discípulos: Imposible es que no vengan tropiezos; mas ¡ay de aquel por quien vienen!
Mejor le fuera que se le atase al cuello una piedra de molino y se le arrojase al mar, que hacer tropezar a uno de estos pequeñitos. (17.1-2)

- Todo esfuerzo o renuncia que hagamos por Dios tendrá su recompensa en Cristo.
Entonces Pedro dijo: He aquí, nosotros hemos dejado nuestras posesiones y te hemos seguido.
Y él les dijo: De cierto os digo, que no hay nadie que haya dejado casa, o padres, o hermanos, o mujer, o hijos, por el reino de Dios, que no haya de recibir mucho más en este tiempo, y en el siglo venidero la vida eterna. (18.28-30)

El discípulo…

- Debe tener una actitud sincera, reconocer su condición y ser obediente.
Aconteció que estando Jesús junto al lago de Genesaret, el gentío se agolpaba sobre él para oír la palabra de Dios.
Y vio dos barcas que estaban cerca de la orilla del lago; y los pescadores, habiendo descendido de ellas, lavaban sus redes.
Y entrando en una de aquellas barcas, la cual era de Simón, le rogó que la apartase de tierra un poco; y sentándose, enseñaba desde la barca a la multitud.
Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar.
Respondiendo Simón, le dijo: Maestro, toda la noche hemos estado trabajando, y nada hemos pescado; mas en tu palabra echaré la red.
Y habiéndolo hecho, encerraron gran cantidad de peces, y su red se rompía.
Entonces hicieron señas a los compañeros que estaban en la otra barca, para que viniesen a ayudarles; y vinieron, y llenaron ambas barcas, de tal manera que se hundían.
Viendo esto Simón Pedro, cayó de rodillas ante Jesús, diciendo: Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador.
Porque por la pesca que habían hecho, el temor se había apoderado de él, y de todos los que estaban con él,
y asimismo de Jacobo y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Pero Jesús dijo a Simón: No temas; desde ahora serás pescador de hombres.
Y cuando trajeron a tierra las barcas, dejándolo todo, le siguieron. (5.1-11)

- Debe estar dispuesto a escuchar a Dios y seguirle.
Después de estas cosas salió, y vio a un publicano llamado Leví, sentado al banco de los tributos públicos, y le dijo: Sígueme.
Y dejándolo todo, se levantó y le siguió (5.27-28)

Seguir a alguien es “Imitar o hacer algo por el ejemplo que alguien ha dado de ello” (Dicc. Real academia Española), o en griego “uno que va por el mismo camino”.
En el llamado no hay muchas explicaciones, sólo un mandato que podemos o no obedecer. Depende de nosotros.

- A quienes reconocemos nuestra necesidad de ser enseñados y nos sometemos con humildad para ser discipulados, Dios nos concede la gracia de “conocer los misterios del reino de Dios”.
Y sus discípulos le preguntaron, diciendo: ¿Qué significa esta parábola?
Y él dijo: A vosotros os es dado conocer los misterios del reino de Dios; pero a los otros por parábolas, para que viendo no vean, y oyendo no entiendan. (8.10)

- Estar con Jesús nos da la oportunidad de ver su gloria y la manifestación de su poder. Estar bajo discipulado es una puerta abierta a ser parte de las manifestaciones del poder de Dios. No es excluyente pero prepara el camino.
Aconteció como ocho días después de estas palabras, que tomó a Pedro, a Juan y a Jacobo, y subió al monte a orar.
Y entre tanto que oraba, la apariencia de su rostro se hizo otra, y su vestido blanco y resplandeciente.
Y he aquí dos varones que hablaban con él, los cuales eran Moisés y Elías; quienes aparecieron rodeados de gloria, y hablaban de su partida, que iba Jesús a cumplir en Jerusalén.
Y Pedro y los que estaban con él estaban rendidos de sueño; mas permaneciendo despiertos, vieron la gloria de Jesús, y a los dos varones que estaban con él. (9.28-32)

- Debe tener en claro a quien oír, a quién prestar atención. Cuidado con escuchar cualquier voz, cualquier consejo, cualquier opinión. Si hay sumisión, obediencia, espíritu de siervo, eso es lo que vamos a escuchar. “El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el hombre malo, del mal tesoro de su corazón saca lo malo; porque de la abundancia del corazón habla la boca”. (6.45)
Y vino una voz desde la nube, que decía: Este es mi Hijo amado; a él oíd. (9.35)

- Un discípulo es un siervo, que busca seguir y servir a su Señor y a los hombres. En el reino de Dios no hay escalafones. Todos somos siervos.
Entonces entraron en discusión sobre quién de ellos sería el mayor.
Y Jesús, percibiendo los pensamientos de sus corazones, tomó a un niño y lo puso junto a sí,
y les dijo: Cualquiera que reciba a este niño en mi nombre, a mí me recibe; y cualquiera que me recibe a mí, recibe al que me envió; porque el que es más pequeño entre todos vosotros, ése es el más grande. (9.46-48).

Hubo también entre ellos una disputa sobre quién de ellos sería el mayor.
 Pero él les dijo: Los reyes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que sobre ellas tienen autoridad son llamados bienhechores;
 mas no así vosotros, sino sea el mayor entre vosotros como el más joven, y el que dirige, como el que sirve.
Porque, ¿cuál es mayor, el que se sienta a la mesa, o el que sirve? ¿No es el que se sienta a la mesa? Mas yo estoy entre vosotros como el que sirve. (22.24-27)


16 de Octubre de 2011

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