ACTITUDES INDEBIDAS EN EL MATRIMONIO




Del hombre

® No asumir su rol como cabeza

Sea porque la mujer no se lo permite o simplemente porque le resulta más cómodo, es una salida inaceptable. El marido debe asumir sus funciones con toda responsabilidad. De otro modo, se sobrecargará su esposa y quedará agobiada bajo el peso de tantas obligaciones familiares. A ella no le corresponde tomar todas las decisiones en cuanto a arreglos de la casa, administración del dinero, cuidado de la salud, disciplina de los niños, vida espiritual, etc. Hay hombres que piensan que su función se limita a trabajar fuera de la casa y traer el sueldo a fin de mes. Luego, su esposa se ocupará de todo el resto. Esto debe ser corregido pues ocasiona un gran desajuste dentro de la familia.

® Anular a su mujer

Dios le concede al varón una ayuda idónea, pero algunos no le dan lugar. Quieren hacerlo todo solo. No conversan con su esposa. No se interesan por su opinión. No le delegan responsabilidades. Son hombres tan absorbentes, tan «completos» y tan necios que subestiman y anulan a su esposa, la valiosa ayuda que Dios les ha dado. La mujer se siente frustrada, amargada. Es preciso que el hombre reconozca las esferas específicas sobre las que la mujer tiene responsabilidad directa, para que ella Pueda desempeñar su responsabilidad con criterio propio, creatividad, gusto y ese casi mágico toque femenino.

De la mujer

® Usurpar el lugar de su marido

Algunas se extralimitan en su esfera de responsabilidad. Asumen el liderazgo de la familia y anulan a su marido. Quieren dirigirlo todo, tener siempre la última palabra. Subestiman la opinión del marido. Sienten que toda la carga de la familia cae sobre ellas.
En alguna medida, en el mundo del occidente esto es una secuela de la segunda guerra mundial, cuando el hombre debía salir de su casa por varios años y la mujer tomó su lugar. La guerra terminó y los hombres volvieron, pero muchas mujeres no supieron devolverle su puesto al marido.
La mujer no ha sido diseñada por Dios para llevar semejante carga. No solo porque rebaja a su marido y viola el orden de Dios, sino porque se sobrecarga y agobia a sí misma. Sus nervios se alteran, ya que vive con tensión, no sabiendo confiar en su marido, relajarse ni descansar en Dios.
Pasados unos años, su salud se quebranta. No conoce el reposo que trae la sujeción. Muchas veces reacciona cuando ya es demasiado tarde; con su actitud ha forjado un marido incapaz de gobernar el hogar. Todo esto resulta en un matrimonio infeliz e hijos criados con un mal ejemplo, que volverán a repetir la historia cuando tengan sus propios hogares.

® Ser independiente del marido

Hay quienes buscan independencia en lo personal. Se fijan objetivos propios. Manejan su propio dinero. Cultivan sus propias amistades.
Buscan su propia realización. Dan prioridad a su profesión, cuando la tienen. No comparten ciertas esferas de su vida. Elaboran sus propios programas.
No se interesan mucho en los proyectos, actividades y amistades de su marido. Cuando estas cosas comienzan a darse, resulta obvio que el matrimonio está errando el camino.
¡Peligro! Es necesario hacer una revisión de fondo, detectar las causas y subsanarlas urgentemente con la ayuda de Dios. El matrimonio es una unidad total. Los dos son «un solo ser».

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