TODOS JUNTOS Y POR LAS CASAS Equipo Apostólico de Argentina




El amor nos lleva a estar juntos, y el estar juntos al servicio a los hermanos.
La necesidad de estar juntos resulta tan obvia que parece casi innecesario mencionarla, pues de otro modo no podría haber relación ni comunión unos con otros. Sin embargo, por su importancia, se nos hace imperioso considerar el tema y aun insistir en él, ya que el estar juntos es la circunstancia indispensable para la edificación y formación de la iglesia, la comunidad de los cristianos.
Observemos el ejemplo de la comunidad de los discípulos cristianos en Jerusalén: Hechos 2:41-47 y 4:32.
Se mantenían firmes...en la comunión (2:42).
Todos los creyentes estaban juntos (2:44).
No dejaban de reunirse en el templo ni un solo día (2:46).
Compartían la comida con alegría y generosidad (2:46).
Todos los creyentes eran de un solo sentir y pensar.
Nadie consideraba suya ninguna de sus posesiones, sino que las compartían (4:32).
El tener comunión, el estar juntos, es algo inherente a la naturaleza de la iglesia; no puede haber iglesia sin koinonía. Dios está restaurando su iglesia, y esto implica también la restauración de esa comunión bella y fuerte que había al principio.

MENTALIDAD DE COMUNIDAD

Vivimos en una sociedad individualista. Hay dos factores que presionan sobre nosotros para mantenernos en un estilo individualista de vida.
Uno es externo: la sociedad que nos rodea. Al respecto Pablo nos exhorta:
«No se amolden al mundo actual» (Romanos 12:2). El otro es interno: el egoísmo de nuestro corazón que nos arraiga a este estilo de vida. El apóstol nos dice: «Con respecto a la vida que antes llevaban, se les enseñó que debían quitarse el ropaje de la vieja naturaleza» (Efesios
4:22).
Debemos ser transformados mediante la renovación de nuestra mente (véanse Romanos 12:2; Efesios 4:23). Los cristianos tenemos que imbuirnos en una mentalidad nueva, una mentalidad de comunidad. Esto pondrá fin al individualismo, al personalismo y el exclusivismo. Somos miembros de un solo cuerpo, hijos del mismo Padre, piedras vivas de un solo templo, hermanos por la eternidad. Somos uno en Cristo.
Esta verdad debe dominar nuestra mente y transformar nuestra manera de ser. Nuestro entendimiento precisa renovarse continuamente.

Somos parte de una comunidad; por lo tanto no podemos actuar, pensar, sentir, proyectar de manera individualista sino como participantes de la comunidad. Nuestra vida familiar, el empleo de nuestro tiempo y bienes, el ejercicio de nuestras capacidades, nuestro trabajo y proyectos y aun nuestro lugar de residencia no pueden ser elementos independientes de la comunidad. Precisamos tener una mente comunitaria.

Satanás apunta a desbaratar esto; quiere afirmar los derechos individuales en detrimento de la UNIDAD. Nosotros, en cambio, al tener la mente de Cristo, debemos contribuir a fortalecer la unidad que Dios mismo ha efectuado.

TODOS JUNTOS Y POR LAS CASAS

La iglesia es una sola. En los comienzos, en cada ciudad o localidad había una sola iglesia: «La iglesia en Jerusalén» (Hechos 8:1), «la iglesia en Efeso» (Apocalipsis 2:1, Hechos 20:17), etc. Nunca coexistían dos iglesias en la ciudad. Pero se daban dos expresiones prácticas de comunión dentro de ella: la gran reunión de todos juntos y la comunión en pequeños grupos por las casas.
Consideremos esas dos expresiones.
Todos juntos
Todos los creyentes estaban juntos. Hechos 2:44
Todos los creyentes eran de un solo sentir y pensar. Hechos 4:32
Todos los creyentes se reunían de común acuerdo en el Pórtico de
Salomón. Hechos 5:12
Si toda la iglesia se reúne…1 Corintios 14:23
Estos textos se refieren a la gran reunión en un solo lugar, una expresión de unidad, comunión y amor con todos los hermanos residentes en la misma localidad; un testimonio de unidad ante el mundo y, más específicamente, ante la ciudad o localidad. También es expresión visible y práctica de unidad ante la misma comunidad y ante Dios.
Las características sobresalientes de esta reunión son adoración, comunión y ministerio de la palabra de Dios. Dios irá restaurando de manera paulatina esta expresión de la iglesia en la ciudad y en la medida en que suceda, se añadirán a esa gran reunión todos aquellos que tengan el mismo sentir.
Por las casas
La otra dimensión práctica de comunión en la iglesia se señala con la expresión «por las casas».
De casa en casa partían el pan. Hechos 2:46
Este texto se refiere a encuentros en los hogares en los que también se celebraba la cena del Señor.
Y día tras día, en el templo [la reunión de todos] y de casa en casa [la reunión grupal], no dejaban de enseñar y anunciarlas buenas nuevas
de que Jesús es el Mesías. Hechos 5:42
Les he enseñado públicamente y en las casas. Hechos 20:20
Saluden igualmente a la iglesia que se reúne en la casa de ellos. Romanos 16:5
Ya la iglesia que se reúne en su casa. Colosenses 4:15
Estos grupos estaban formados por hermanos bien relacionados entre sí, pero no eran círculos cerrados e independientes de los demás, sino más bien expresiones prácticas de convivencia y comunión íntima.
Esto hacía factible una comunión más intensa, práctica, edificante e inteligente para la realización del propósito de Dios.
Si tomamos como ejemplo una iglesia constituida por unos tres mil discípulos, descubrimos de inmediato que en la práctica resulta imposible conocer a todos y relacionarse debidamente con cada uno. En cambio, cuando el grupo es más pequeño (unas quince, veinte o treinta personas) es factible desarrollar una relación y comunión más estrecha. De modo que pueden conocerse, amarse, servirse, edificarse, corregirse y estimularse unos a otros. Jesús dijo a sus doce discípulos «Ámense unos a otros». En realidad, no nos es posible amar como corresponde a un número mucho mayor de doce personas. Los nuevos convertidos que se integran a un grupo reducido de hermanos reciben ayuda y edificación de manera más eficaz.

LAS REUNIONES: SON BÁSICAS PERO NO SUFICIENTES

Se mantenían firmes en la enseñanza de los apóstoles, en la comunión, en el partimiento del pan yen la oración. Hechos 2:42
No dejemos de congregarnos, como acostumbran hacerlo algunos, sino animémonos unos a otros, y con mayor razón ahora que vemos que aquel día se acerca. Hebreos 10:25
Las reuniones
El participar de los encuentros regulares es esencial para lograr un buen desarrollo de la vida espiritual. El discípulo de Cristo lo sabe y por esto da especial importancia a su asistencia a las reuniones, tanto a las de todos juntos como a las del grupo de hogar o a los encuentros donde se realiza un discipulado más intenso. Todo hijo de Dios da prioridad en su vida y programa al reino de Dios. Por lo tanto, salvo por causa de fuerza mayor, no permite que nada estorbe su asistencia a las reuniones y a los tiempos de comunión con los hermanos.
Necesitamos reunirnos para recibir una misma enseñanza y orientación, participar de las mismas oraciones, experimentar las mismas bendiciones, beber del mismo Espíritu, llevar la misma carga, ser renovados por la misma manifestación de la presencia de Dios.
El tiempo de comunión fuera de las reuniones
El tiempo de los cultos solo no es suficiente. Debemos estar juntos también en otras ocasiones, de modo que lleguemos a conocernos e intimar unos con otros. Si solo nos vemos en las reuniones, nuestra comunión será un tanto superficial. Los encuentros informales nos ayudan a abrirnos y conocernos mejor dentro de un marco muy natural y espontáneo. Precisamos, por lo tanto, fomentar las ocasiones de estar juntos, como por ejemplo:
• Encontrarnos para comer «con alegría y generosidad» (Hechos 2:46).
• Visitarnos para conversar y compartir la vida.
• Hablarnos por teléfono.
• Organizar paseos.
• Programar vacaciones juntos algunas veces.
• Realizar algún trabajo, quizá para ayudar a un hermano.
• Hospedarnos unos a otros (1 Pedro 4:9).
• Salir a predicar, a visitar, a hacer la obra de Dios.
• Planear retiros espirituales y campamentos.
• Viajar a alguna otra localidad por actividades de la obra de Dios.

No es simplemente una cuestión de estar juntos, sino de procurar conocernos y edificarnos mutuamente en una sana comunión.

Al encontrarnos debemos cuidarnos de la liviandad, de la murmuración, de la superficialidad y de todo lo que no edifique. También se pueden proyectar, bajo la dirección del Señor, algunas medidas de fondo, como procurar vivir cerca los unos de los otros y trabajar relacionados o aun juntos.

ESTAR JUNTOS: ES INDISPENSABLE PARA CONOCERNOS Y SERVIRNOS MUTUAMENTE

Ya mencionamos que el principal mandamiento referido a la relación entre hermanos es el amarnos unos a otros como Jesús nos amó. El amor necesita un eslabón concreto que lo una a la acción: «el estar juntos». Al estar juntos nos conoceremos los unos a los otros. El círculo donde se da esto de manera más práctica es el grupo de hogar.
Precisamos interesarnos los unos por los otros: conocer a los hermanos, sus nombres y apellidos, los de sus familiares, sus trabajos, sus necesidades, sus situaciones y circunstancias, sus dificultades, sus virtudes, sus defectos, sus habilidades, sus casas, sus problemas, sus pruebas, sus cargas, sus aspiraciones, etc. ¿Cómo sobrellevaremos las cargas de nuestros hermanos si ignoramos cuales son? (véase Gálatas 6:2) ¿Cómo lloraremos con el que llora si no conocemos la razón de su tristeza? ¿Cómo nos gozaremos con el que se goza si no estamos enterados de sus alegrías (Romanos 12:15)? ¿Cómo alentaremos al de poco ánimo si no hemos tenido ocasión de conocer su estado (1 Tesalonicenses 5:14)? ¿Cómo compartiremos con el que padece necesidad si ignoramos su verdadera situación (1 Juan 3:17)? Bien dice el refrán: «Ojo que no ve, corazón que no siente».
De modo que el estar juntos permite que nos conozcamos y descubramos las necesidades de cada uno y esto posibilita el ministramos y servirnos unos a otros. El estar juntos también exige que cada uno crezca en santidad, ya que comenzamos a ser conocidos por nuestros hermanos y nos exponemos a la reprensión si no andamos como debemos. Una fachada de espiritualidad se puede sostener en las reuniones grandes pero no al convivir. Además, la convivencia proporciona numerosas ocasiones para ejercer todas las virtudes cristianas: paciencia, dominio propio, humildad, sujeción, amor, amabilidad, etc. También nos lleva a practicar la confesión de nuestras ofensas y el perdón hacia los que nos ofenden. En un sentido, es más fácil vivir solos y no tener problemas con nadie.
Pero en la convivencia crecemos y nos desarrollamos mucho mejor.

CONSEJOS PRÁCTICOS

• La comunión requiere reciprocidad. Es decir, depende de ambas partes. Podemos ser amigos con quienes no pertenecen a Cristo, pero no tener comunión con ellos. Nos relacionamos 5. ¿Qué barreras naturales (o trabas personales) debemos con ellos para ganarlos para Cristo, pero es imposible tener vencer a fin de poder estar juntos con frecuencia? Verdadera comunión con quienes no son nuestros hermanos.
• Debemos tomar la iniciativa en acercarnos a los hermanos.
Amar en vez de esperar ser amados. Brindarnos a los demás y abrir el corazón.
• No es conveniente asociarnos siempre con los más fuertes.
Los más débiles nos necesitan; debemos incluirlos en nuestra comunión.
• Al estar juntos no nos detengamos en conversaciones triviales y superficiales. Es bueno abrirnos y hablar de aquellas cosas que más nos pesan, compartir nuestras experiencias, ser sinceros y veraces con nuestros hermanos.
• La comunión crece de manera gradual. En la medida en que nos conocemos, va aumentando el amor. La confianza también viene con el tiempo. Dios quiere que nuestra relación no sea estática sino dinámica y que se fortalezca cada vez más. La meta de Dios es que seamos uno como el Padre en el Hijo y el Hijo en el Padre (Juan 17:20-21).

PARA PENSAR Y CONVERSAR

1. ¿Qué diferencia hay entre una mentalidad individualista y una mentalidad comunitaria? Ilustrar esa diferencia en la conducta de un cristiano.
2. Enumere algunos de los beneficios del encuentro de todos los cristianos juntos.
3. Señale los beneficios que proporcionan los pequeños encuentros regulares.
4. Haga una lista de las razones que nos llevan a encontrarnos con los hermanos de modo ocasional e informal (aparte de las reuniones regulares). Considerar algunas cosas prácticas que se puedan realizar juntos.
5. ¿Qué barreras naturales (o trabas personales) debemos vencer a fin de poder estar juntos con frecuencia?

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