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SIETE PRINCIPIOS FUNDAMENTALES QUE REAFIRMAN LA UNIDAD DE LA IGLESIA Jorge Himitian





        Pr. JORGE HIMITIAN


          Un cuerpo, y  un Espíritu, como fuisteis también llamados
en una misma esperanza de vuestra vocación; un Señor,
         una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos, el cual es sobre   
          todos, y por todos, y en todos.
                                                                                               Efesios 4: 4 al 6




1 - Un cuerpo

El cuerpo de Cristo es uno, él es la cabeza y cada creyente es miembro del mismo cuerpo, es decir, de la misma iglesia (1 Cor, 12.12-13 ; 12.27 ; Rom. 12.5). Un solo cuerpo significa la unidad orgánica de la iglesia (4.16). La iglesia es un organismo.


2 - Un Espíritu

En el griego “Espíritu” es “pneuma” que significa tanto “espíritu” como “aliento.  Un cuerpo sin espíritu o aliento está muerto.  El Espíritu Santo es el aliento del cuerpo  de Cristo, es lo que le da la vida.

Todos hemos bebido de ese espíritu ( 1 Cor. 12.13 ; Rom. 8.8-11).
El Espíritu Santo obra en nosotros dos experiencias principales y definidas : el nuevo nacimiento (Juan 3.5-8 ; Tito 3.5), y el bautismo o la llenura del Espíritu dándonos poder para ser sus testigos (Hech. 1.8).
Pablo en Ef. 5.18, nos dice : “Sed llenos del espíritu”  lo cual significa que continuamente tenemos que seguir siendo llenos del Espíritu.


3 - Una esperanza

Todos hemos recibido el mismo llamamiento de parte de Dios, tenemos una misma vocación, por lo que tenemos una misma esperanza.

Según la revelación recibida nuestra esperanza común es la edificación completa de la iglesia y su plena restauración, la segunda venida de Cristo, nuestra completa glorificación, las bodas del Cordero, nuevos cielo y nueva tierra, y una eternidad con Dios como una sola familia y el pueblo de su propiedad.  ¡Tenemos una gloriosa esperanza en común !


4 - Un Señor

La confesión de fe más breve y concisa del primer siglo era esta : “Jesucristo es el Señor”.  El que lo confesaba como Señor era salvo (Rom. 10.9 ; Fil. 2.11).  La iglesia está conformada por todos aquellos que confiesan a Cristo como Señor (1 Cor.1 .2). 

Proclamar a Cristo como Señor no es apenas una confesión verbal,  sino un compromiso de sujeción real a la autoridad de Cristo para vivir en obediencia a su Palabra  (Mat. 7.21-23 ; Luc. 6.46).  Esto significa el guardar sus mandamientos, el  ser sus siervos y sus discípulos, el renunciar a todo lo que poseemos, el ser su propiedad con todo lo que somos y tenemos (Luc. 14.33), el vivir y morir para él (Rom. 14.7-8).


5 - Una fe

Hemos dicho que la fe es nuestra respuesta positiva y total a la revelación de Dios.  Cristo es la revelación plena de Dios para toda la humanidad.  Aquellos que creemos en esa revelación somos llamados “creyentes”.  Como la revelación de Dios es una y única  para todos los hombres, la fe de los creyentes es también una ; y debe llegar a ser una. 

Alcanzaremos la unidad de la fe en la medida que cada persona, grupo o denominación  deje de lado sus criterios propios, sus convicciones personales o grupales, sus doctrinas y credos particulares, y volvamos a la revelación dada por Dios a los apóstoles y profetas del primer siglo (Ef. 2.20 ; 4.11-13).


6 - Un bautismo.

El bautismo es la experiencia mediante la cual por la fe nos unimos a Cristo, y somos sepultados en su muerte y resucitamos en el poder de su resurrección para vivir una vida nueva (Rom. 6.3-6). 

En Hechos de los Apóstoles podemos observar que los que querían ser discípulos eran guiados sin demora a estas tres experiencias :
(1) Arrepentimiento y fe. (2) Bautismo en agua. (3) Bautismo en el Espíritu Santo (Hech. 2.38-41 ; 8.12-17 ; 9.3.18 ; 10.44-48 ; 19.1-6).

Es importante también señalar que todo converso es bautizado “en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu  Santo”, y jamás en el nombre de alguna iglesia particular o denominación (1 Cor.1.12-13). Hay un solo bautismo.


7 - Un Dios y Padre de todos

Hay un solo Dios, Omnipotente, Omnisciente,  Creador y Rey del universo.  Este Dios único nos declaró sus hijos mediante su Hijo Unigénito (Jn. 1.12 ; 1 Jn.3.1).

Todos los hombres son criaturas de Dios, pero no todos son hijos de Dios.  Dios no es el Padre de todos, aunque sí quisiera serlo.  Dios es Padre únicamente de aquellos que han nacido de nuevo (1 Jn. 3.9-10).  Cuando Pablo dice “Padre de todos”,  se refiere a todos los que están en Cristo, y no a toda la raza humana.

Pero la verdad que está subrayando es que todos los creyentes tenemos el mismo Padre, por lo tanto somos hermanos y formamos una sola familia.

“El cual es sobre todos”, estamos todos bajo la autoridad de nuestro Padre.

“Y por todos”, ¡Qué seguridad nos da el saber que el Dios Todopoderoso es nuestro Padre, y que está por nosotros, es decir, está a nuestro favor !

“Y en todos”, nuestro Padre, mediante su Espíritu habita en nosotros.

Los hijos de Dios no pertenecemos a diferentes iglesias o familias, todos somos hijos del mismo Padre y conformamos la única familia de Dios en los cielos y en la tierra.

Por lo tanto, es nuestra responsabilidad andar en el mundo con la dignidad que corresponde a los hijos del mismo Padre. Somos llamados a guardar la unidad de la iglesia. Y, particularmente en nuestra generación, Dios nos llama a ir superando las divisiones de los siglos pasados hasta la total restauración de la iglesia como un solo cuerpo. El único protagonista de esta restauración es el Señor, y nosotros somos sus simples siervos y colaboradores.


           

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