LA ENCARNACIÓN DEL VERBO DE DIOS Claudio Lancioni y Gustavo Leegstra



(Tomado del cuadernillo "EL HECHO DE CRISTO")


El cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse,  sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres (Filipenses 2:6-7)

Por lo cual, entrando en el mundo dice:  Sacrificio y ofrenda no quisiste; mas me preparaste cuerpo. Holocaustos y expiaciones por el pecado no te agradaron.  Entonces dije: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad (Hebreos 10:5-7)

Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz.  (Isaías 9:6)

Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados. Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta, cuando dijo: He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Emanuel (Mateo 1:21-23)


El Verbo se hizo hombre

   Por tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel. (Isaías 7:14)

   “…Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros…” (Juan 1:14). Nuestra mente humana y limitada jamás podrá comprender esta sublime realidad: El Dios omnipotente, creador del universo, se hace un hombre, un bebé, toma forma y condición humana para salvarnos.  Las señales que brinda Isaías hablan de un hecho en extremo sobrenatural: una virgen concibe en su vientre un niño, y su nombre debe ser Emanuel… ¡Dios con nosotros! Dios viviendo entre nosotros, como uno de nosotros. Por eso dice Pablo que se despojó de todo para venir a este mundo.



Su nombre es Emanuel ¡Dios entre nosotros!


La sencillez y humildad de Jesucristo

   Pero el ángel les dijo: No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor. Esto os servirá de señal: Hallaréis al niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre. (Lucas 2:10-12)

Veamos algunas características de su encarnación:

Nace en un establo, ya que su madre y José no encuentran otro lugar.

Los ángeles anuncian esta tremenda noticia a… unos pastores que cuidan sus ovejas en el campo.

Permanece en obediencia a sus padres y en el más absoluto anonimato hasta los 30 años. Es llamado “el carpintero”, oficio que ha heredado de su padre adoptivo. ¡Que hermosa humildad hay en nuestro Señor Jesús!

El Verbo se despojó de su gloria

  Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese. (Juan 17:5)

“Tu dejaste tu trono y corona por mí, al venir a Belén a nacer…” Así comienza un conocido himno de Navidad ¡Cuánta verdad hay en estas palabras! El Dios hecho hombre se despojó de su gloria. Pero, ¿qué es la gloria de Dios? Es el resplandor que emana de su Persona, es la luz cegadora de toda su perfección. Se la compara a un fuego abrasador (Éxodo 24:17). Abate, inspira temor, reverencia y adoración. 

El hombre no puede ver la gloria real de Dios y seguir vivo. Esta clase de gloria era la que tenía el Hijo, junto al Padre, en la eternidad pasada. De esa magnífica gloria se despojó, se vació, para hacerse hombre. 

Por eso, al acercarse al fin de sus días sobre esta tierra, Jesús ruega: “Padre, devuélveme la gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese”. ¡Cuánto amor nos tuvo el Padre al enviarnos a Jesucristo, el Dios-hombre! ¡Qué sujeción perfecta la del Hijo a su Padre!



El Verbo se despojó a sí mismo, dejó su gloria y se hizo hombre









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