HAZ OBRA DE EVANGELISTA Oscar Gómez




2da. Timoteo 4:5

La obra de evangelista lleva fruto siendo sobrios y soportando las aflicciones.
Si perdemos el orden y la disciplinada flaqueando al pasar por aflicciones nuestro trabajo para el Señor quedará sin buenos resultados.
¡Qué importante es ser sobrio y soportar las aflicciones para luego dedicarnos a la evangelización!
Otras versiones:
V. Popular “dedícate a anunciar el evangelio”
Paráfrasis “gana almas para Cristo”
N.V.I. “dedícate a la evangelización”

Tenemos un concepto “estereotipado” de lo que es un evangelista.

Estereotipo es la idea o imagen aceptada por la mayoría como patrón o modelo de cualidades o de conducta. Tiene su origen en una generalización indebida o arbitraria de la realidad, y que, por lo tanto, tiende a estar divorciada de cualquier conclusión lógica.
Acá Pablo le está diciendo a Timoteo que no hay tiempo que perder, que no nos detengamos absortos en otros ministros o ministerios, no nos demoremos en definir teológicamente a un evangelista, sino que pongamos manos a la obra, prediquemos a Cristo, anunciemos con urgencia el evangelio de Dios porque la gente se pierde.
La obra de evangelista es práctica pura, asfalto, pavimento, rutas, caminos, sol, montañas, y también peligros.

El síndrome de la arquidiócesis

Nuestra “respeto” ministerial, delimitaciones geográficas (ej. en esta ciudad o barrio no me meto porque está el pastor fulano) carecen de poco sentido si la gente se sigue perdiendo en cantidades industriales. Si tenemos carga por un lugar tengamos la libertad de preguntarle al pastor del lugar si todavía falta algo por evangelizar en “su terruño”.
La visión de que cada uno es pastor de su manzana es correcta y desafiante a la luz de los tiempos que vivimos y de la eternidad. Una iglesia en cada manzana fue una de los últimos mensajes del reverendo Omar Cabrera.

Hacer obra de evangelista es curativo.

Cuando Pablo le dice a Timoteo que haga obra de evangelista también intentaba sacarlo del encierro en su comunidad cristiana, que los problemas de la iglesia no lo detengan, no lo asfixien al punto de desanimarlo.
Cuidado con el claustro (encierro) espiritual. Salir a hacer la obra, predicarles a nuevos trae sanidad para ellos y para nosotros, encontramos aire y luz que no hay dentro de los templos y donde los dones se ponen en pleno funcionamiento.
Jorge H. nos habla de “la trampa” de estar siempre con los discípulos, que nuestra agenda esté cargada con compromisos puramente internos, sin tiempo y espacio para los que no conocen a Cristo.
¡Arreglá tu agenda. Predica la palabra. Haz nuevos discípulos. No te detengas. Haz obra de evangelista!

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