EL CONTEXTO Y TRASFONDO DE MATEO 23:24 Oscar Gómez




“¡ Guías ciegos, que coláis el mosquito y tragáis el camello!”
                                                              Mateo 23:24

Los fariseos se enorgullecían por guardar la ley al pie de la letra. Ellos se preocupaban por cumplir los pequeños detalles de la ley, y se olvidaban de guardar las cosas más importantes, ignoraban lo primordial, mientras que se ocupaban en mantener celosamente las cosas más minuciosas. Habían perdido su perspectiva y erraban al blanco. El Señor comparó su práctica con la de “colar el mosquito y tragarse el camello”.
La Ley judía prohibía comer ciertos alimentos por ser inmundos, entre los cuales estaban los insectos voladores (Lev. 11:20-23), y el mosquito era uno de los más pequeños. Dios también había ordenado que una vez que cayera un insecto dentro de una vasija de barro, la vasija debería ser quebrada (Lev. 11:33). Por ello, cuando el jugo de las uvas exprimidas se echaba en vasijas de barro, se colaba con una tela para remover no tan sólo las semillas y la pulpa, sino también cualquier insecto volador que pudiera haber caído en el jugo de manera accidental. Los judíos literalmente colaban el jugo de uvas para evitar contaminarse con algún insecto y así desapercibidamente violar la Ley de Dios.
Por otro lado, uno de los animales inmundos más grandes era el camello. “...el camello, porque rumia pero no tiene pezuña hendida, lo tendréis por inmundo” (Lev. 11:4). ¡Ningún judío o persona que guardaba la ley de Dios pensaría jamás en comer carne de camello! Jesús comparó la hipocresía de los fariseos con uno que meticulosamente se guardaba de no ingerir el mosquito pero que se comía la carne del camello. Aunque no se contaminaba con el mosquito, el comer carne de camello lo hacía culpable de haber desobedecido la Ley. Era el todo o nada. Guardar la ley en un punto pero quebrantarla en otro significaba quebrantar la ley en su totalidad. Aunque pensaban que todo estaba en orden, no era así.