DOS FILOSOFÍAS, UN PUNTO DE VISTA John Wimber


Pr.John Wimber


(Extracto del Libro "SANIDAD PODEROSA" de J.Wimber)

La idea de Pascal levanta otra razón para que muchos cristianos rechacen la sanidad divina: la penetrante influencia de un punto de vista occidental secularizado. Mientras creen sinceramente en Cristo, mucho del pensamiento cristiano se contamina por el materialismo y el racionalismo. 
Estas dos filosofías, que juntas forman la piedra angular del moderno secularismo, se pueden rastrear hasta la ilustración francesa del siglo dieciocho. En los dos siglos anteriores han tenido mucha influencia en desarrollar la mente occidental.
Una visión mundial materialista sugiere que nada existe a excepción de la materia y sus movimientos y modificaciones; que no hay puntos de referencia sobrenatural en esta vida. El racionalismo propone que hay una explicación racional para todo; que para cada problema humano hay una solución racional y que no hay espacio para la divina providencia.
La mayoría de los cristianos reconocen el más obvio resultado anticristiano del secularismo: la preocupación por adquirir y poseer bienes materiales y la promiscuidad sexual.
Aunque puedan evitar esto, se ven sin embargo afectados de otras maneras por el secularismo. Una de ellas es que encuentran difícil aceptar la intervención sobrenatural, especialmente la sanidad física, en el universo material.
No obstante, muchos cristianos occidentales objetarían este análisis reclamando que el materialismo y el racionalismo no los afectan, que no rechazan los fenómenos sobrenaturales como el alumbramiento virginal, la deidad de Cristo o la resurrección. Pero aun para los creyentes ortodoxos los sutiles efectos de la secularización se encuentran a la vista.
 El secularismo inclina a los cristianos a cuestionar los modernos informes de lo sobrenatural, aunque no crea un rotundo rechazo a la posibilidad de los fenómenos sobrenaturales o de la obra de la divina providencia, especialmente en los acontecimientos que rodean el primer siglo de la vida de Cristo.
Veo la influencia del secularismo en trabajos teológicos, incluso en los que se enseñan en seminarios evangélicos. Por ejemplo, hace varios años uno de mis allegados pidió al bibliotecario de un enorme y prestigioso seminario estadounidense que le proveyera una lista de las obras de referencia usadas con más frecuencia en la biblioteca, en especial los libros que usaban los seminaristas de primer año. El bibliotecario hizo una lista que incluía veintisiete obras, la mayoría de varios volúmenes, entre las que estaba El nuevo diccionario de teología neotestamentaria y enciclopedias como La nueva enciclopedia católica. Mi allegado analizó minuciosamente cada volumen, anotando las páginas dedicadas a sanidad, milagros, señales y prodigios. De 87.125 páginas revisadas, he aquí el total de ellas (y el porcentaje del total) dedicadas a esos temas: Sanidades: Milagros: Señales y prodigios: Porcentaje 0,15).

Cuando se compara el número de versículos dedicados a sanidades, milagros y señales y prodigios en el Nuevo Testamento (especialmente en los Evangelios) con el bajo número de páginas escritas sobre los mismos temas en la literatura moderna, es razonable suponer que el secularismo moderno ha influido en los eruditos cristianos.

Por supuesto, no todo escepticismo es enfermizo. No estoy diciendo que debamos ser crédulos. El problema está con lo que excluimos de nuestro campo de atención, con aquello a lo que no damos importancia en nuestro pensamiento. Muchos informes de sanidades son falsos: las fantásticas mentiras de Elmer Gantrys, hombres y mujeres en busca de lucro a costillas de los fieles, y muchas afirmaciones vienen de individuos auto engañados pero sinceros.
La Iglesia Católica Romana tiene un riguroso criterio en lo relacionado con los milagros, introducido para asegurar la autenticidad de estos, especialmente los de sanidad. La sanidad es una de las condiciones para la canonización de un santo. La capacidad de sanar es una confirmación importante de la vida de un santo, un sello sobrenatural de aprobación.
Por tanto, muchos cristianos, atrapados en las redes del secularismo occidental (y pocos no afectados de ninguna manera), tienen que atravesar una formidable barrera antes de poder orar por los enfermos. Esa barrera es la creencia o sospecha de que hoy día la sanidad sobrenatural es imposible.

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