DISCÍPULOS QUE ENSEÑAN LA PALABRA Jorge Himitian



Tomado del cuadernillo "MINISTERIO DIDÁCTICO DE LA IGLESIA" del mismo autor.

QUE ENSEÑEN LA PALABRA


Mateo 28:19, 20; 2ª Timoteo 2:2; Hebreos 5:12; Hechos 8:4

Esta es la dinámica del crecimiento continuo y es esencial que apuntemos a este tercer objetivo. Jesús enseñó a los doce y les encargó enseñar a todas las naciones. Pablo enseñó a Timoteo para que éste a su vez enseñara a hombres fieles que enseñaran a otros. Según el pasaje de Hebreos 5:12, lo normal es que los que son enseñados en la palabra lleguen a ser maestros.

Se debe instruir a cada nuevo convertido, haciéndole ver que es un obrero del Señor, por lo cual es necesario capacitarlo y enseñarle de tal modo que él pueda predicar con claridad el evangelio del reino, guiar a los pecadores a la conversión y dedicarse luego a la edificación y formación. Lógicamente, no todos tendrán la misma medida de gracia, pero cada uno según su nivel y fe, podrá hacerlo.

1)  Para enseñar a otros es esencial que el discipulador conozca bien la palabra y que la viva. La iglesia se estanca en su desarrollo cuando los discípulos se limitan a vivir la palabra sin enseñar a otros (si es que tal cosa pudiera existir). La iglesia se destruye si los discípulos conocen la palabra y, sin vivirla, la enseñan a otros. Por lo tanto, se puede apuntar a ese tercer objetivo solamente si los anteriores están logrados.
2)  Llevar algunas veces a los discípulos con nosotros cuando hacemos la obra, ya sea evangelizando o edificando, para que aprenda sobre la marcha cómo se hace (Jesús lo hizo con sus discípulos).
3)  Animar a los discípulos a atender nuevos discípulos y contactos que tengan, una vez que hayan alcanzado cierto crecimiento básico.
4)  Instruirles, lo que deben enseñarles y cómo deben tratarles. En realidad, ellos discipularán a otros de la manera en que ellos mismos fueron discipulados.
5)  Supervisar la obra que hacen, escuchando informes e inicialmente estando cerca de las personas a las que están enseñando.
6)  Delegar responsabilidad, y en la medida que crezcan, dejarles cierta libertad para que hagan la obra en su propio estilo y gracia. Darles campo para que ensayen, prueben, se equivoquen, pregunten, se corrijan, y así aprendan experimentalmente.
7)  Velar siempre sobre los discípulos, sus familias y sus obras. Ser una verdadera cobertura espiritual sobre ellos. Seguir instruyéndoles sobre la marcha y desarrollo de la obra. Orientarles y animarles a crecer en estatura espiritual. Reconocer su gracia y don y promoverles a funciones de mayor responsabilidad.

CONCLUSIÓN:

1)  La iglesia primitiva no tenía seminarios, pues la iglesia era el ‘seminario’ y cada creyente era considerado un ‘seminarista’. Los obreros no se formaban en la frialdad de un aula académica sino en el contexto normal de su vida y sus relaciones. Los enseñadores eran hombres experimentados en pescar hombres, formar obreros y edificar comunidades. Los pastores no se recibían, sino que eran reconocidos por la ascendencia que habían adquirido por su madurez y el fruto de su ministerio. Los pastores surgían en medio de la comunidad.
2)  Si los pastores nos abocamos intensamente a la formación de discípulos apuntando a estos tres objetivos señalados, estaremos creando el ambiente y la dinámica adecuada para el surgimiento de los nuevos obreros, estaremos perfeccionando a los santos para la obra del ministerio. Hacer bien esta obra significa echar las bases para la formación de nuevos pastores y ministerios.
3)  Es necesaria una estructura de funcionamiento apropiada a esta manera de enseñar.  Por ejemplo:
Ø Los pastores forman un presbiterio plural sobre la grey. 

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