jueves, 31 de mayo de 2012

¿QUIÉN ES DIOS?- SILVIA PALACIO DE HIMITIAN


                                                              ¿Quién es Dios?




Dice la Biblia que “Dios es el Rey de toda la tierra” y “quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder”.
Dios es quien creó el mundo y todo lo que hay en él, se encuentra gobernando su creación. Es un ser con vida que se mantiene permanentemente en acción, no alguien ajeno o ignorante respecto a lo que a nosotros, sus criaturas, nos sucede.
Muchas veces se tiene una imagen distorsionada de Dios. Se lo ve como alguien estricto, severo, que disfruta castigando a los hombres que “se portan mal”. Esto no es así, la esencia de Dios es el amor, es alguien que ama tan infinitamente a sus criaturas que desea ser un padre presente, cercano y lleno de compasión y misericordia para con sus hijos. Por eso, Él intenta acercarse a nosotros, pero a veces, no se lo permitimos, lo despreciamos. Dice Jesús en Mateo 23.37 “¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta a sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste! El es bondadoso pero justo, en Nahum 1.3: “El Señor es paciente pero poderoso, y no dejará de castigar al culpable”.

 ¿Dónde está Dios?

Como creador de todo lo que existe, Dios se encuentra contemplando y gobernando el universo. Mucha gente se acuerda y acude a Dios cuando está pasando dificultades y no encuentra ninguna solución. Piensan que Dios no está disponible para ellos o que los ha olvidado, abandonado.
Dios está en el lugar que nosotros le damos. Al vivir según nuestras propias reglas y normas y dejando a un lado lo establecido por el Señor (expresado en su Palabra, la Biblia), lo hemos colocado lejos de nuestra vida cotidiana. Entonces tenemos la sensación de que Él no está presente en nuestra vida, y sí, eso es el resultado de nuestra decisión, Él no permanece donde no es bienvenido.
Pero hay una buena noticia: Él ama profundamente a sus criaturas y anhela intensamente acercarse a nosotros para restaurarnos y llenarnos de paz. El Señor nos ofrece la oportunidad de comenzar una nueva vida, juntos, tomados de su mano. Él cambiará nuestro dolor en alegría, nos dará la paz que buscamos. En su Palabra (Apocalipsis 3:19-20) dice: “Yo reprendo y corrijo a todos los que amo. Por lo tanto, sé fervoroso y vuélvete a Dios. Mira, yo estoy llamando a la puerta; si alguien oye mi voz y abre la puerta, entraré en su casa” (esa casa es nuestro corazón).La invitación está hecha. La decisión es tuya.

¿Dios me puede cambiar?

Sí. Él es el único que puede lograr un cambio radical en nuestra vida. No importa cuan débil, inútil o fracasado te sientas; si decidís darle a Jesús la oportunidad de entrar en tu vida, nunca vas a ser el mismo. Algunas personas, se han cansado de buscar formas de salir adelante en la vida. Numerosas veces han emprendido caminos que no llegaron a destino, probaron mil maneras, incluso, utilizando recursos cada vez más bajos como el engaño, la mentita, la estafa, etc. Lo único que encuentran al final del camino es desolación, duda, derrota. Se sienten mal consigo mismos y se repiten una y otra vez en su mente: “Nunca voy a cambiar, mi destino es ser un fracasado”. A más de uno se le cruza la idea del suicidio para terminar con su vida, pensando que no vale la pena vivirla, que ya nada tiene sentido…Pero quitándose la vida, no harán desaparecer sus problemas, sino, por el contrario, extenderán y acrecentarán su pesar por siempre ya que la muerte no es un final sino un comienzo: para aquellos que tienen a Cristo comenzará el descanso y la vida eterna; para aquellos que determinen dejar de vivir físicamente, será una vida de perpetuo sufrimiento. Por eso, en lugar de escapar de nuestros problemas, busquemos una solución certera, algo que nos lleve a buen puerto. Elegí a Jesús. Él es la mano extendida que acude en tu auxilio. Él dijo: “Vengan a mí todos ustedes que están cansados de sus trabajos y cargas, y yo los haré descansar” (Mateo 11.28). El quita de nosotros esas pesadas cargas que hacen tan duro nuestro caminar. El perdona nuestros pecados, nos alienta y nos da nuevas fuerzas. Una vez que Jesús entra en tu vida, comienza un profundo proceso de cambio en tu interior, renovando tus pensamientos, tus sentimientos, moldeando tu carácter y restaurándote integral y completamente. Todo esto lo hace a través de la obra del Espíritu Santo y la Biblia, palabra de Dios. En 2 Corintios 5.17 dice: “Por lo tanto el que está unido a Cristo es una nueva persona. Las cosas viejas pasaron; se convirtieron en algo nuevo.” Hay posibilidad de una vida mejor, solo tiene que hacer en vos un deseo de cambiar.



¿Puedo confiar en Dios?

Dios es la primera persona en quien podés confiar, aún cuando hasta tus seres queridos te fallan, El siempre estará dispuesto a recibirte con amor, nunca te desamparará. Dios no es como algunos creen una divinidad tan suprema y grandiosa que permanece alejada de los hombres finitos e imperfectos. No. Él es infinitamente grande, majestuoso y Todopoderoso, pero aún así, se interesa por cada una de sus criaturas. El te conoce más aún de lo que te conocés a vos mismo. ¿Quién puede conocerte más que la persona que te creó? En la Biblia dice que “hasta los cabellos de la cabeza él los tiene contados uno por uno” (Mateo 10.30). Aún cuando todas las puertas se cierren, no dudes en recurrir a Dios, nunca te rechazará. Cuando te animás a confiar en Él y entregarle el control de tu vida, dejando de lado tu orgullo y egoísmo, el ordena y guía tu vida con amor. Él es una puerta siempre abierta a recibir a aquellos que deciden dejar el pecado y las malas conductas. Él es el amigo fiel que nunca falla

¿Por qué siento este vacío interior?

Seguramente, más de una vez sentiste una sensación de vacío en tu interior. Seguramente, has intentado llenarlo con estudio, entretenimientos, trabajo, familia o aún volcándote al vicio. Estas cosas, quizás logran saciarte momentáneamente, pero su efecto no es duradero, pasa el tiempo y volvemos a percibir ese vacío. Ese vacío es real. Quizá te hayas resignado a vivir con esta desesperante y dolorosa sensación, pensás que te acompañará toda tu vida…
¿Experimentaste alguna vez esto? Necesitás a Dios. Él es el único que puede saciarte de verdad y darte paz completa.
San Agustín dijo una vez que en el interior de los hombres hay un hueco que tiene la forma de Dios. Dios nos diseñó y creó para que estemos en relación con él. Él quiere estar cerca de nosotros. Cuando esta relación falta, nuestro espíritu, aquella parte de nosotros capaz de percibir lo sobrenatural, está como dormido, como muerto. La causa de este estado de muerte espiritual es la ignorancia y el pecado. En Efesios 2.1 dice: “Antes ustedes estaban muertos a causa de las maldades y pecados en que vivían”. Lo que nos correspondía a nosotros por esos pecados era la muerte, el castigo eterno… Sin embargo, ya no estás endeudado, hay alguien que ya pagó en tu lugar. Es Jesús. El vino a la Tierra y murió por nosotros cargando en su cuerpo todas nuestras cargas y culpas. Y eso, por el puro amor que nos tiene.

 ¿Qué sucede después de la muerte?

Lo que sucede después de la muerte, se define aquí y ahora en la Tierra. En Hebreos 9.27 dice que “todos han de morir una sola vez y después vendrá el juicio”. Solamente se muere una vez, no se vuelve a la tierra para vivir nuevas vidas. Muchos tienen miedo a la muerte, creen que la muerte física es el término de todo. Pero no. Nuestro paso por este mundo es muy corto comparado con la eternidad que es algo permanente, para siempre. Algunos pasarán al descanso eterno en el cielo y otros al sufrimiento y el castigo eterno en el infierno. ¿Qué es lo qué determina cada destino? La diferencia la hace la decisión que tomemos acá en la Tierra, y el momento para decidir es hoy. Después, puede ser tarde, pues no sabemos cuando vamos a morir. Dios es justo y le da a cada uno según le corresponda, pero también ofrece la oportunidad de librarnos de la perdición, de la condenación eterna. El ofrece salvación. Es para todos. Para esto es sumamente necesario un arrepentimiento sincero. Tomáte un momento para hablar con Dios, confesándole que lo necesitás, que le pedís perdón por tus pecados y que lo aceptás como el Señor y rey de tu vida. El hará aún más feliz tu paso por este mundo, adelantándote aquí algunos de los regalos que nos está preparando en el cielo.

             Fragmento del libro: Dios quiero entenderte. Silvia Himitian