sábado, 31 de diciembre de 2011

GENERACIÓN VIRTUAL ¿QUÉ DEBEMOS HACER?- OSCAR GÓMEZ


       
                El JOVEN FRENTE A LA GENERACIÓN VIRTUAL

  Los grandes avances tecnológicos han tenido su modelo en el cuerpo humano. Las herramientas primero, las máquinas después, han sido prolongaciones de sus brazos, de sus ojos, oídos, y ahora finalmente del cerebro.

ü El fenómeno Internet

En primer lugar tenemos que remontarnos a los años sesenta cuando en los Estados Unidos se estaba buscando una forma de mantener las comunicaciones vitales del país en el posible caso de una guerra nuclear, el proyecto contemplaba la eliminación de cualquier "autoridad central", ya que sería el primer blanco en caso de un ataque; en este sentido, se pensó en una red descentralizada y diseñada para operar en situaciones difíciles. Fue en 1968 en Inglaterra donde se experimentó primero con estos conceptos y comenzó a observarse que la mayor parte del tráfico estaba constituido por noticias y mensajes personales.
Podemos definir a la Internet como una “red de redes”, es decir una red que no solamente interconecta computadoras, sino que interconecta redes de computadoras entre sí.
ü Un análisis de la Internet
-Las redes generan una inmediatez de la información, lo que hace que el mundo se encuentre conectado a cada segundo, y con ello, se pueden realizar actividades de todo tipo. Su excesivo aumento ha dado un fuerte cambio en la vida de las personas.
-Se está dejando el contacto directo con la gente por estar más tiempo en la computadora, ya que ésta sirve para estudiar, comprar, conocer gente, escuchar música y ofrece la comodidad de no moverse del hogar.
-Se está produciendo una sobre-información no solamente en la red, sino en toda la sociedad lo cual produce la llamada contaminación visual.
-En Internet existen hoy alrededor de 300 millones de páginas cargadas de impureza sexual, y esta cifra crece a una velocidad alarmante. La palabra sexo es buscada por más del 70 % de los usuarios de Yahoo, Google y otros.
-Los hombres prefieren las imágenes eróticas dos veces más que las mujeres, y las mujeres prefieren las salas de chat dos veces más que los hombres. De este grupo más del 80% terminan por convertir en realidad sus fantasías sexuales virtuales.

ü Pautas que pueden ayudarnos

-Sentirnos sacudidos por estas estadísticas sería el primer gran paso frente a este dramático cuadro. Como discípulos de Cristo necesitamos ofrecer resistencia a lo que rebaja todo lo bueno y noble en el ser humano.
-Dejemos de ser ingenuos. Uno de los conceptos más arraigados es que este problema no nos afecta, “eso a mí no me va a pasar”. Absolutamente todo usuario de Internet está expuesto a este peligro. Haremos bien en prestar atención a la advertencia de Pablo en 1era. Corintios 10:12.
-Evitemos el aislamiento. Muchas personas quedan cautivas por el sexo virtual, no pueden salir porque se sienten avergonzadas por su adicción. Si tienen responsabilidades en la iglesia los persigue la culpa, creen equivocadamente que solo ellos han caído y no entienden que es precisamente la soledad la que los tiene atrapados. Fuimos creados para caminar acompañados, buscar resolver nuestros problemas solos es contrario al propósito de Dios. Nuestro arrepentimiento más profundo no llevará el fruto esperado si no nos acercamos a quienes pueden ayudarnos.
-Prepararnos para enfrentar este peligro. Acá es donde entra en acción la iglesia en su función de restaurar con espíritu de mansedumbre a quienes han caído, ¿cuántos jóvenes que escuchan mensajes de la Palabra de Dios semanalmente están presos por estas páginas llenas de impureza?. Debemos capacitar al pueblo de Dios con informes, estudios, y una clara enseñanza fundada en las escrituras. Dios tiene mucho que decir acerca del pecado y cómo vivir en santidad.
-Tengamos cuidado con los tiempos de ocio. El hecho de estar desocupados es peligroso, porque podemos navegar por Internet sin un propósito determinado. Los tiempos de ocio son propicios para visitar sitios nocivos, y el peligro se acentúa cuando estamos solos. Cuando encontremos la información buscada cerremos el programa y dediquemos el tiempo a algo productivo. Como José es preferible escapar y correr con la posibilidad que nos digan cobardes, que pecar y hacer “un gran mal contra Dios”.
-Debemos entender que el “coqueteo” por chat es pecado. Muchos buscan amistades en la sala de chat para compartir intimidades de su vida personal sin darse cuenta que pueden terminar enredándose en una aventura mentirosa. No debemos ignorar que la otra persona también está escapando de la soledad y el aburrimiento, es cuestión de tiempo antes que la relación pase a otro plano.
-Llamemos las cosas por su nombre. Los sitios de Internet usan palabras engañosas como placer, encanto, etc.; pero las imágenes que se ven no reciben este nombre en la Palabra de Dios, son escenas de prostitución, fornicación, abuso, adulterio, aberraciones sexuales, prácticas abiertamente contrarias a la voluntad de nuestro Creador. Ver Romanos 1:20/32, Gálatas 5:19/21.

ü Preguntas para analizar

¿Qué tiempo dedico diariamente a navegar por Internet ?
¿Es mayor que el tiempo que dedico a la oración?
¿Qué pasos prácticos debemos dar para un uso correcto y edificante de la Internet?
¿Cómo puedo colaborar con la “gran comisión” de hacer discípulos a todas las naciones mediante Internet?
Proclamemos juntos Judas 24 y 25.


             












DAVID Y JONATÁN- MODELO DE COMPAÑERISMO- OSCAR GÓMEZ


Una vez que hemos reconocido a Jesús como el Señor de nuestras vidas y entablado una relación estrecha con El nos encontramos cara a cara con los hermanos, con la familia de Dios. Porque cristianismo no es solamente Dios y yo, El nos puso hermanos, otras personas, para que conformemos su pueblo, aprendamos a convivir y lo sirvamos en comunidad.
Vamos a ver una relación de dos muchachos del antiguo pacto al mejor estilo del nuevo pacto.

                      UN MODELO DE COMPAÑERISMO

(1 SAM.18:1/4)

1. UNA RELACION INTERIOR
“...el alma de Jonatan quedó ligada con la de David”

-La verdadera hermandad en Cristo consiste en ligarse al  
 alma de mis hermanos.

-No es un contacto externo, es de corazón a corazón.
 Si mi alma está enferma con rencores la relación estará viciada.

-La koinonía o comunión espiritual se da en el cuerpo de  
 Cristo, no en otros ámbitos sociales.

-Hechos 4:32 dice que los primeros cristianos eran de “y la 
 multitud de los que habían creído eran de un corazón y un alma”.

-Cuando un hermano se aleja se desprende algo de nuestro
 interior. Ej. Damián S.

2. UNA RELACION DE AMOR
“.....y lo amó Jonatan como asimismo”

-Yo voy a amar de verdad a mi hermano cuando tenga un
 contacto de alma, de corazón. Allí fluye el amor ágape.

-El amor espiritual no brota solamente por lo bien que nos
 llevamos, es producto de nuestra unión espiritual.
¿te quieres? ¿te amas? ¿te cuidas? ¿te alimentas?

-Jesús reafirmó su amor por los suyos, diciendo la escritura  
 que “los amó hasta el fin”. (San Juan 13:1) Esto nos habla que el   
 amor del Señor hacia ellos fue INTENSO y PERSEVERANTE.
 Iván Baker decía que si no hay amor no hagamos coyunturas.
“El profundo amor te hace prisionero de la persona amada” (D.  
 Bonhoeffer)

-Efesios 4:16 recuerda que lo que aceita, fortifica y desarrolla
 las relaciones entre los discípulos es el “amor”

3. UNA RELACIÓN DE PACTO
“E hicieron pacto Jonatan y David”

-El verdadero amor y la ligazón espiritual nos debe llevar a
 confirmar el pacto con los hermanos. Pacto es una obligación  
 contraída, un término legal. Fidelidad. Acuerdo mutuo. Convenio.

             ¡ACA HAY UNA BISAGRA EN LAS RELACIONES!

-El pacto tiene que superar las pruebas en las relaciones y las
 dificultades congregacionales. Nuestro pacto fue firmado con la
 sangre de Jesús.

-Algunos quieren reuniones, pero no quieren pactos, es decir no
 quieren compromisos. El pacto nos obliga, nos lleva a ser leales.
 Cuantas más reuniones menos pactos, porque los pactos no se  
 dan en las reuniones sino en las relaciones interpersonales.

-Un pacto es un acuerdo que te ata y te restringe, uno debe
 estar dispuesto a renunciar a su propia conveniencia por causa
 del pacto.
 Los pactos no tienen que ver con agradar a nadie porque los
 pactos deben ser cumplidos.
 El que rompe los pactos rebaja su categoría moral, porque uno
 para cumplir el pacto se debe limitar.

4. UNA RELACION DE AUTORIDAD
“y Jonatan se quitó el manto que llevaba y se lo dio a David”

-El manto es señal de autoridad, le quiso decir “vos sos mi
 autoridad” “vos sos el primero, yo el segundo” “mandame”
 “enseñame” “aconsejame”.

-La verdadera autoridad se conoce cuando tomamos en serio
 el pacto. La falta de reconocimiento de autoridad tiene que ver
 con una débil comprensión del pacto.
 Aquel a quién se le ha revelado la seriedad del pacto no tiene  
 problemas en reconocer la autoridad espiritual en otros.

5. UNA RELACION PARA LA BATALLA
“...y otras ropas suyas, hasta su espada....”

-No podemos pelear la guerra espiritual sin una relación de amor, de pacto y de autoridad.

-Los unía un espíritu de guerreros, David venía de derrotar al
 gigante Goliat y Jonatan la guarnición de los filisteos.
 Debemos unirnos para orar, interceder, luchar espiritualmente  
 pero en el marco del amor genuino, del pacto, del compromiso.

-Nuestra misión es crecer hasta desarrollar una relación para
 la batalla en pos de la extensión del reino de Dios.
 Al comprender mejor el pacto, entenderemos mejor la dimensión  
 de la guerra espiritual.











RECAMBIO GENERACIONAL- OSCAR GÓMEZ


                      RECAMBIO GENERACIONAL

(Eclesiastés1:4)
     “Una generación se va y viene la otra; pero la tierra permanece siempre”

¿QUÉ ES UNA GENERACIÓN? ¿CUANTO DURA UNA GENERACIÓN?

Según el Diccionario de la RAE generación "Conjunto de personas que por haber nacido en fechas próximas y recibido educación e influjos culturales y sociales semejantes, se comportan de manera afín o comparable en algunos sentidos". Según la esperanza de vida de esas personas la generación será mayor o menor. Creo que también podríamos hablar de una nueva generación cuando la siguiente es engendrada.

LA GENERACION QUE DIOS REPRUEBA

(Mateo 16,4)
¡Generación mala y adúltera! Ustedes piden una señal, pero señal no tendrán, sino la señal de Jonás.» Jesús, pues, los dejó y se marchó.

(Mateo 17,17)
Jesús respondió: «¡Qué generación tan incrédula y malvada! ¿Hasta cuándo estaré entre ustedes? ¿Hasta cuándo tendré que soportarlos? Tráiganmelo acá.»

LA GENERACIÓN QUE DIOS APRUEBA

Salmo 24:6
Tal es la generación de los que le buscan, de los que buscan tu rostro, como Jacob. Selah
(Job 8,8)
Pregunta a la generación pasada y medita en la experiencia de tus padres.

(Salmos 48,13-14)
Recorran Sión y den la vuelta, cuenten sus torres 14. y contemplen sus defensas recorran uno a uno sus palacios; y digan a las nuevas generaciones: Porque este Dios es Dios nuestro eternamente y para siempre; Él nos guiará aún más allá de la muerte.

RELEVO GENERACIONAL

La palabra relevo es tomada del ejército, siendo su significado básico el de cambio de tropas cansadas por otras de refresco. Por analogía se ha aplicado esta palabra a todas aquellas situaciones en que se sustituyen las personas que en su puesto o función no pueden dar ya todo el rendimiento exigible, por otras de renuevo, que están con todas las energías.
Es el caso, por ejemplo, de las carreras de relevos, en que después de cada tramo de la carrera, el corredor es sustituido por otro que le está esperando para
recoger el testigo.

                     ¿Quién es nuestro relevo?

En el relevo generacional se trata de que las nuevas generaciones vayan sustituyendo sucesivamente a las antiguas de manera que el peso de la lucha por la vida recaiga siempre sobre los brazos más recios. En este caso relevar, compuesto por el prefijo re: que indica repetición, más levar, cuya forma sustantivada es leva. Se conoce como leva al reclutamiento obligatorio de la población para servir en el ejército. Bajo el reinado del rey inglés Alfredo el Grande (Wessex, 849-899), los súbditos se encontraban divididos en dos, la mitad de los granjeros en sus casas atendiendo las cosechas y la otra mitad reclutada para servir en el ejército, por lo que las tareas militares eran rotatorias entre la población.
Durante la época feudal, las levas de los campesinos eran usuales para cubrir las necesidades de hombres de armas, normalmente como zapadores, exploradores, leñadores, etc., y no como guerreros. En algunos lugares como Francia se desarrolló la institución del diezmo, por la cual los labradores pagaban anualmente un impuesto en especie o bien eran reclutados para trabajar para los señores feudales, ya fuera en labores militares o de otro tipo.
A los efectos que nos interesan, su significado es el de "recluta o enganche de gente al servicio del estado"
En nuestro contexto tiene que ver con el traspaso de la visión y de la tarea a la nueva generación, no como un hecho automático o repentino, sino como un proceso gradual, tal vez lento pero seguro.
Debemos comprender que estamos en una guerra espiritual sin cuartel, que somos soldados al servicio de Jesucristo, pero ¿quién o quiénes son nuestro relevo? Si no tenemos hombres o mujeres de relevo nos vamos a “comer” un plantón de guardia.
Ya, ahora, no hay más tiempo que perder, comenzar a orar y trabajar para formar estos hermanos relevantes, re-pensar en los que nos rodean, si hay generación detrás de nosotros o estamos ante una brecha generacional.

BRECHA GENERACIONAL

Es la distancia que separa las diferentes generaciones, unas de otras, por ejemplo tu infancia de la de tus abuelos, tu adolescencia de la de tus padres, etc.
No es solo una línea imaginaria, sino que cada generación tuvo un contexto social, un pensamiento y una educación muy diferente entre sí. La “brecha generacional” es concepto que hace alusión a las diferencias que van dándose entre generación y generación: padres e hijos, padres con sus propios padres y, en general, adultos con jóvenes y niños.

Rubén Panotto, orientador familiar, dice: “Tan sólo tres o cuatro décadas atrás, cuando se hablaba de desavenencias y confrontaciones entre jóvenes y adultos, caratulábamos y encuadrábamos su causa en la brecha generacional, como si se tratara de una falla biológica y social, una herencia no deseada principalmente por los adultos.
Históricamente, los jóvenes han sido considerados como rebeldes incorregibles; no obstante, cabe reconocer que, en lo positivo, han sido fuente de profundos cambios culturales, políticos y sociales. Tanto es así que muchos se preguntan si la llamada brecha se trata de algo bueno o malo, útil o desechable. Los adultos hemos concebido la brecha como un vacío de comprensión y consenso, en el necesario intercambio de experiencias y saberes entre adultos y las nuevas generaciones. La brecha siempre ha provocado desajustes en las estructuras de la autoridad entre abuelos, padres y nietos; origen de desencuentros en los ámbitos de la familia, la escuela, el trabajo y la sociedad, especialmente en temas sobre la ética y la estética, la moral y la religión, el consumismo y las buenas costumbres. ¿Quién no ha escuchado a una abuela quejarse de los jóvenes que no ceden el asiento en el colectivo, de su vocabulario procaz y la falta de pudor en las actitudes “cancheras” de adolescentes?
No obstante lo expuesto, la idea es proponer y ofrecer algunas definiciones y rescatar el valor que significa la brecha generacional, al momento de considerar el rumbo de la vida de nuestros niños, jóvenes y adolescentes.
Quizás el propio significado de la palabra brecha nos obliga a pensar en una grieta, un quiebre, un vacío que separa, cuando, por el contrario, debemos considerarlo como un espacio, un estado de cambios e inter-cambios entre dos o más generaciones. El intercambio debe ser generoso, abundante, respetuoso, sin agravios, en que los padres y adultos transfieran experiencia, cultura; las raíces que darán la identidad indispensable para que nuestros hijos y jóvenes decidan caminos y establezcan metas que les justifiquen el verdadero sentido de la vida. A la vez, los adultos recibimos de ellos el nuevo mundo que van creando, “en el entorno de nuevos derechos y libertades, la TV y la Internet, el debilitamiento de la autonomía y las tradiciones”, como lo expresa el periodista y escritor chileno José Joaquín Brunner.
La propuesta es no profundizar la brecha, sino tirar puentes, dialogar y sobre todo escuchar con empatía, sin considerarse propietarios indiscutibles de la verdad. Un proverbio bíblico dice “el que mucho habla, mucho yerra; y el sabio refrena su lengua”... y escucha.
Uno de los puentes más eficaces para reducir la brecha es la influencia que proviene de los adultos, que tan bien define la escritora Eda Garnier cuando dice: “La influencia es darse calladamente, sin gritos, como el cartel solitario al costado del camino. No vocifera, no habla, pero indica el camino correcto”. Hoy tenemos que aceptar profundos cambios de paradigmas, como un fenómeno inevitable a nivel mundial, en el acortamiento de las diferencias generacionales.
Un psicólogo manifestaba que un joven de diecinueve años ya no se entiende con un adolescente de trece. La tecnología, el lenguaje y los códigos van cambiando vertiginosamente, transformándose en un desafío gigantesco para los padres de hoy. El tsunami de información al que tienen acceso nuestros hijos por las nuevas tecnologías está produciendo una inédita transformación en la relación padres-hijos, a tal punto que los adultos se sienten avasallados y desplazados, produciéndose lo que el licenciado en Psicología Jorge Galli llama el “síndrome de Homero Simpson”, el adulto borrado.
Estamos en el tiempo apropiado para que los padres, docentes, profesionales de la educación, sociólogos y maestros de la vida propongamos estrategias, desechemos el facilismo, analicemos el relativismo y restablezcamos los valores del diálogo fraterno, la inteligencia emocional, el placer de la tarea cumplida, la importancia del esfuerzo y el ejemplo, y los valores espirituales de la fe, la esperanza y del amor sacrificial”

INVOLUCIÓN O DEGRADACIÓN GENERACIONAL

En la sociedad actual hay proceso de involución generacional, es decir que en vez de ir mejorando vamos empeorando. En vez de ser más cultos somos más incultos, en vez de mejorar la música prolifera la cumbia o cumbé, y así sucesivamente.

               ¿A quién le vamos a entregar la antorcha?

El método de transferencia o relevo de la antorcha olímpica es de mano en mano, es decir, de un portador de la antorcha a otro.  El tiempo que se corre en el relevo de la antorcha dura alrededor de seis a diez horas por día, y cubre una distancia de entre 40 y 50 km. El número de los encargados de portar la antorcha y la distancia que se cubre cambia con cada edición de los Juegos. Cada portador de la antorcha cubre una distancia de entre 200 a 400 metros y, participan entre 100 y 200 corredores por día. Cada antorcha se enciende utilizando la llama madre obtenida en  la ceremonia de Olimpia y que se guarda en un recipiente de seguridad durante el viaje de Olimpia a la Ceremonia Inaugural.  Cada corredor recorre una etapa del tramo con la antorcha en la mano y enciende la llama del próximo corredor. El relevo continúa hasta que llega al lugar indicado al final del día adonde se realiza una ceremonia de gala.
Primero debemos estar seguros que la llama de la antorcha está encendida.
Segundo, cerciorarnos que haya corredores y tercero conocer cuál es la meta.

¿CUAL ES NUESTRA RESPONSABILIDAD?:

Servir a nuestra generación.

El ejemplo de David
Hechos 13:36 Porque a la verdad David, habiendo servido a su propia generación según la voluntad de Dios, durmió, y fue reunido con sus padres, y vio corrupción.

El ejemplo de Pablo
Hechos 26:22 Pero habiendo obtenido auxilio de Dios, persevero hasta el día de hoy, dando testimonio a pequeños y a grandes, no diciendo nada fuera de las cosas que los profetas y Moisés dijeron que habían de suceder: 26:23 Que el Cristo había de padecer, y ser el primero de la resurrección de los muertos, para anunciar luz al pueblo y a los gentiles.

(Salmos 105,7-8)
El es Jehová nuestro Dios, en toda la tierra están sus juicios. Se acuerda para siempre de su alianza, de la palabra impuesta a mil generaciones.

Salmos 146,10)
El Señor reina para siempre, tu Dios, Sión, de generación en generación. ¡Aleluya!

Hay una canción que se está escuchando es el hambre por su amor
Hay un temblor que se está sintiendo del sonido de su voz
Es una generación apasionada
Es una generación que esta hambienta
Son corazones que están desesperados
Por su palabra, por su presencia

Y queremos mirar su poder y majestad
Y queremos oír el estruendo de su voz

Hay una corriente que no se puede parar es el rio del señor
Hay una voz que no se puede callar de su amor quieren cantar
Es una generación apasionada
Es una generación que esta hambienta
Son corazones que están desesperados
Por su palabra, por su presencia

Y queremos mirar su poder y majestad
Y queremos oír el estruendo de su voz

Y queremos mirar su poder y majestad
Y queremos oír el estruendo de su voz
// Levántate, levántate que el mundo sepa que eres Dios
Levántate, levántate de la creación eres señor //

miércoles, 28 de diciembre de 2011

UN LLAMADO A LA SANTIDAD- IVAN M. BAKER


                                 Hebreos 10: Un Llamado a la Santidad

Meditación de Ivan M. Baker, 23/5/1999

Es el día veintitrés de mayo de mil novecientos noventa y nueve, y viene la carga sobre mí esta mañana bien temprano, a las 4. Sentí la necesidad de clamar a Dios para estar lleno del Espíritu, y quiero expresar algunos pensamientos tomando en cuenta todo lo que Dios me mostró del capítulo 10 del libro de Hebreos.
Es una perfecta predicación del Evangelio: una comparación entre el antiguo pacto, con sus sombras y figuras, y el nuevo pacto, con su tremenda realidad de la verdad del amor de Dios, en cuanto a adecuar a Jesús con un cuerpo para el sacrificio. ¡Tremenda obra de amor, tremenda misericordia! Dios ha conmovido no sólo la Tierra sino también el Cielo. Todo lo ha conmovido, buscando la manera legal de permanecer justo, a la vez que justificar.
En el sacrificio de Jesucristo está estampada la realidad de su indescriptible amor, del Padre, del Espíritu y del Hijo, como ofrenda que estaba preparada para sufrir en un Cuerpo santo que Dios le dio. En Él todo es embate de tentación; todas las corrientes satánicas, todas las cargas del proceso de enfrentamiento con el diablo y sus ángeles vienen sobre Él en la debilidad de un cuerpo, en la perfecta debilidad de Adán. Un cuerpo perfecto, una voluntad vulnerable como la de Adán, en la que fue probado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Mostró así que había hecho a Adán perfecto, perfectamente santo, perfectamente capaz de resistir cualquier tentación. Fue un verdadero siervo obediente: mostró cómo hacer todas las cosas en la voluntad del Padre, cómo depender del Padre en todo, cómo absorber toda la gracia divina y recibirla en un cuerpo humano, un cuerpo vulnerable.
Pero estaba en Él el perfecto equilibrio de Uno que, aunque fue tentado en todo, no cedió. Y en ese cuerpo adámico con que se cubrió Jesús, el perfecto hombre, santo y sin mancha -en eso diferente a nosotros- peleó, luchó contra todas las ondas del mal, contra toda la presión del mundo, todo el encono de hombres carnales, del diablo y sus ángeles, toda la presión del infierno.
“Me preparaste Cuerpo”. No solamente para venir y habitar entre los hombres. Como hombre, el más humilde: nació en un pesebre, fue el hijo del carpintero, menospreciado aún por sus hermanos, permaneciendo en silencio treinta años. Sin manifestación alguna de divinidad, ni obra especial, ni palabra especial, ni declaración, ni anuncio. Dice la Palabra que fue sujeto a sus padres, practicando la sujeción en todo: treinta años de anonimato, predicando luego tres años y medio. Sin embargo, se enfrentó con el diablo todos los días de su vida en la Tierra. ¡Cuántas veces habrá sido acosado en su casa por el diablo! Con todas las manifestaciones comunes de una vida de hombre entre los hombres, de hombre entre las mujeres, de hombre cansado, de hombre fatigado, esperando que el Padre diga: -¡Ya! Esperando fielmente la hora, sin moverse.
¡Qué tremenda lección de sujeción, qué tremenda lección de obediencia!
“Me preparaste Cuerpo”. El sacrificio no fue solamente las seis horas que colgó sobre la cruz, sino de los treinta y tres años y medio que vivió entre la inmundicia del pecado, el egoísmo de los hombres. No solo cuando bebió la copa de maldición. Fue hombre verdadero, probado verdaderamente en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado.
Se mantuvo santo, puro, agradó al Padre, se sujetó al Padre. Su sujeción fue perfecta, su humildad fue perfecta, su dependencia de Dios fue perfecta. “Nada hago de mí mismo, el Padre que está en mí, Él hace las obras”. ¡Qué lección tremenda! “Nada hago de mí mismo. No dedico mi tiempo a escucharme, a razonar yo, a buscar mis intereses, a hacer lo que a mí me agrada, a satisfacer mi estómago, mi voluntad. En ninguna manera. “Me preparaste Cuerpo”. Agradece el Cuerpo que el Padre le ha preparado, agradece poder venir con la misión de obedecer al Padre, agradece el privilegio de obedecerle. Rendir todo, entregar todo y gozarse en poder hacerlo, porque se nota una gratitud: “Me preparaste Cuerpo”.
“Sacrificio y ofrenda no quisiste; holocaustos y expiaciones por el pecado no te agradaron. Entonces dije: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad.”
El “he aquí que vengo”: es una entrega, una entrega total, una entrega gozosa, el privilegio de poder servir, agradar y obedecer al Padre. Su obediencia fue superlativa, absoluta, total. Oh, el corazón del Padre quedó totalmente satisfecho, “Este es mi Hijo amado, en quien tengo contentamiento”. ¡Aleluya! Está hecho el sacrificio, y las palabras tremendas sellan la perfección y aceptación de ese sacrificio: “Con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados·. Lo atestigua el mismo Espíritu diciendo “y nunca más me acordaré de sus pecados y rebeliones”. Tan fuerte, tan perfecto, tan a fondo fue el perdón que “nunca más me acordaré de sus pecados y rebeliones”.
Dios nos salva, nos santifica, nos transforma a la misma imagen del Hijo, para pensar lo que pensó el Hijo, para desear lo que deseó el Hijo, para que el gozo del Hijo al entregarse al Padre, sea nuestro gozo al entregarnos a Dios. Para que la perfección de su entrega sea nuestra perfecta entrega; que aborrezcamos todo lo que Él aborrece; que amemos todo lo que Él ama, porque por su sacrificio nos ha introducido al trono de su gloria.
El Lugar Santísimo ya no es el tabernáculo terrenal, que era un símbolo, sino el trono mismo de Dios.
La presencia íntima del Dios eterno creador: omnisciente, omnipresente, omnipotente, se transformó en nuestra casa eterna, en la habitación de nuestro Papá. Llegamos hasta los brazos del Altísimo, el cual nos abraza y nos besa, y nos recibe como verdaderos hijos y herederos; y con su beso y su abrazo limpia toda mancha con la sangre del Hijo de Dios. Entramos por el velo, que es su carne hendida; entramos por la sangre, garantía del sacrificio consumado, la sangre que nos limpia de todo pecado. Llegamos al lugar de la misericordia, y encontramos al Pontífice de nuestras almas e Intercesor intercediendo.
La salvación que nos ha dado ha sido adecuada a nuestra necesidad, suplida toda debilidad, toda falta absorbida por la grandeza de la gloria, la perfecta obra de redención. ¡Oh, qué cosas fuertes, qué tremenda es la sangre del Hijo de Dios! Una sola vez la derramó por todos nosotros, y así como entró el pecado en el mundo por un solo hombre, por un solo Hombre las huestes celestiales van a cantar la gloria del sacrificio de la ofrenda perfecta, de la santidad perfecta, de la salvación perfecta que Dios ha concedido, que Dios ha preparado. Es la primorosa obra de Dios. Es la obra más grande del Altísimo. La honra que Él recibe de la Creación es mínima, pero la honra que Él recibe de la redención es máxima, por los siglos de los siglos de la eternidad.
Esta es la obra, este es el recuerdo, esta es la canción de los redimidos, la estabilidad del reino de Dios, el triunfo del Altísimo sobre todo enemigo: Dios para siempre venció a la rebelión en todas sus formas, con el gran sacrificio de Cristo: perfecto, santo, adecuado, proclamado, entregado. La Buena Noticia corre por todo el mundo: “Vengan, ya está todo aparejado”. Dios preparó todo: abrió la entrada, estableció el pacto, proclamó el Evangelio, la Buena Noticia, “Vengan, coman, beban, está todo aparejado”. Está el vestido, está el calzado, está el anillo, está el beso, está el abrazo de reconciliación, está la fiesta: “Vengan porque está todo aparejado”. Vengan con corazones verdaderos, purificada la conciencia, lavada la mente de mala conciencia, buscando la comunión entre los que han recibido esta misma gracia de amor. Reúnanse, únanse, estimúlense unos a los otros al amor y a las buenas obras. Únanse comprometidamente, únanse para cuidarse, para velar el uno por el otro.
Me doy cuenta de que este trabajo de estimularnos los unos a los otros es la verdadera comunión que debe haber entre los santos, que sobrepasa toda comunión efímera, la comunión del saludo, del “como estás querida”, “-¿cómo estás?” el abrazo…. ¡La sobrepasa! Detrás de estas palabras: “estimúlense al amor y a las buenas obras” está toda la Palabra que habla de la comunión de la Iglesia como Cuerpo, de la relación de los miembros como Cuerpo, de los dones y gracia que Dios ha dado a cada uno para contribuir al bien del otro. Y luego leemos el versículo veintiséis: “Porque si pecáremos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por los pecados.” Lo que sigue es una de las más solemnes advertencias que hay en la Biblia.
En un devocional que hice con los Pastores en la reunión anual que tenemos, llamada “de Apóstoles”, yo hice la pregunta: Este versículo, ¿qué contiene? ¿Cómo tomamos esta palabra? ¿No podrá ser por ejemplo, que yo venga al Señor, no para aceptar y cumplir sus condiciones sino para imponer un estilo de entrega, de una conversión a mi gusto, donde vuelvo a admitir la posibilidad de ser un poco mundano, un poquito carnal a la vez que espiritual? En otras palabras, dije: ¿Será que nosotros ponemos condiciones a Dios, y decidimos que la salvación es un poco menor de lo que Él dice; que el llamado es un poco
diferente al que Él propone? Es decir, anteponemos nuestras condiciones a las de Dios. ¿No será éste el pecado del cual se habla aquí?
Los teólogos enseñan que hay que terminar el discurso siempre con una nota elevada, llena de gracia, porque la gente no tiene que irse a casa preocupada, tiene que irse contenta a comer la comida el domingo al mediodía. Yo creo que el espíritu de la teología es otro espíritu, no el de Cristo. Los teólogos están más interesados en los estilos del hombre y en cómo llegar a influenciar su mente, que en llegar a impactar con el Evangelio y con el Espíritu de Cristo la vida toda. Derrumbar la voluntad humana, someterla a Cristo, es una operación que no la puede hacer carne ni sangre, ni la inteligencia del hombre, sino la de Dios.
“Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las revelaste a los niños.” Toda palabra de Dios viene por revelación.
Si la palabra llega a nosotros auxiliada por el Espíritu, y en el impacto y poder del Espíritu, hace su obra. Transforma, convierte, y no vuelve vacía. Pero con muchos vuelve vacía.
¿Quiénes son los creyentes que tienen piedras en su almácigo, que no van a permitir que las raíces del reino realmente se arraiguen? ¿Qué va a pasar con los que realmente han gustado de la palabra de Dios, que se han hecho partícipes del poder del siglo venidero, que han tocado a Dios, que han vivido la gloria del Evangelio, pero tienen espinas, inadvertidamente y muchas veces advertidamente?
Como compañeros unos de otros, como miembros del Cuerpo, uniéndonos unos con otros, debiéramos señalar estas piedras. Debemos ayudar a quitar las piedras los unos de los otros, pues ¿cómo las veo, cómo las entiendo, si mi hermano no me ayuda? ¿Cómo me pueden ayudar si no somos un Cuerpo unido? ¿Cómo las veré si no hay alguien que también vele por mí? “Que el justo me castigue, será un favor, y que me reprenda será un excelente bálsamo que no me herirá la cabeza”.
Estas piedras, estas espinas, son los impedimentos que no fueron percibidos. Es como un niño que no crece: la verdad no se profundiza en él, no hay progreso en su desenvolvimiento y perfeccionamiento de su vida. No está el fruto. “Tenéis por vuestro fruto la santificación, y como fin, la vida eterna.”. ¿Cuál es el fruto? La santificación. La sucesión de las etapas de crecimiento para ir conociendo a Dios, para ir conformándonos a Él, para ir bebiendo de su fuente, para desear de todo corazón ser conformados a su imagen.
No nos medimos respecto a nuestro nivel sino el nivel de Dios: Dios tiene toda la paciencia, todo el amor, todos los recursos. Entonces vamos creciendo, vamos creciendo; y mientras seguimos creciendo, comprendiendo, santificándonos, y seguimos entendiendo más a Dios, hay paciencia, hay esperanza, hay perdón, hay presencia del Espíritu Santo, hay intercesión de Cristo, hay auxilio del Espíritu. Porque qué hemos de pedir como conviene no sabemos, qué hemos de pensar como conviene no podemos, qué hemos de entender como conviene no lo entendemos, pero el mismo Espíritu pide por nosotros, enseña a nuestra voluntad, a nuestro corazón, nos enseña a crecer en la gracia, a crecer en el amor, en el conocimiento de Dios, en santidad. Crecer a la imagen de Cristo, que es el Todo de la Iglesia.
Leamos todo este capítulo 10.
“Porque si pecáremos voluntariamente”, es decir, anteponiendo nuestros planes a Dios, o pensando: “Dios tiene su salvación, pero yo tengo mi forma de tomarla; Dios me propone algo, pero yo tengo mi manera de eludir algunas propuestas del Señor. Dios me propone ser conformado a la imagen de Cristo, pero no quiero realmente eso, porque hay algunas cosas que mi corazón guarda como buenas y como aceptables en el mundo. Yo vivo en la Tierra, al fin.
Yo tengo que vivir 60 / 70 años aquí, 80 o más y tengo también mi plan, tengo mi forma de pensar…” Uhhhh… ¡qué terrible! Dios al tal le dice: “Ya no quedan más sacrificios por los pecados”. Es decir, para ese pecado no hay perdón. Dios no tiene en cuenta la posibilidad de que alguien haga este razonamiento.
Sin embargo este razonamiento es muy, muy común en las iglesias. ¿Cuánto del mundo entró en la Iglesia? ¿A nuestra Iglesia? En este supuesto mover del Espíritu, ¿cuánto del mundo entró en las casas de los discípulos? ¿Cuánto tiempo dedican los hermanos de nuestra congregación a beber de las fuentes impuras del mundo? ¿A entretenerse con las cosas del mundo, las tentaciones del mundo?
Tenemos el carro al revés: en vez de huir, apartarnos, no tocar, hemos encontrado un método para tocar, para estar cerca, para no alejarnos tanto. Dios dice que para ese pecado ya no hay perdón, sino “una horrenda expectación de juicio y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios”. Una de las peores cosas que puede tener la Iglesia en esta clase de pecado es un ministerio complaciente. Un ministerio que nunca llega a fondo, que nunca entristece los corazones. Siempre hay una oportunidad de alabar, de cantar, de sentirme bien, porque la espada de dos filos se volvió mocha, desafilada: le falta la punta y el filo. Hemos destruido el elemento de transformación.
Ya la Iglesia no está detrás de la edificación de cada discípulo a la imagen de Cristo, eso hay que olvidarlo. Hemos hecho liviana la verdad. “Sus atalayas son ciegos, todos ellos ignorantes; todos ellos perros mudos”. Hemos enturbiado las aguas, y Dios tendrá que levantar otro pastor.
No me animo a leer el versículo 27, pero allí da a entender la expectación y juicio, el hervor de fuego que hará caer sobre estos que el Señor llama “los adversarios”.
La ilustración de los versículos 28 y 29 es contundente: habla de la Ley de Moisés, bajo la
cual ante dos testigos que testificaban la desobediencia de una persona, esta moría irremisiblemente. “¿Cuánto mayor castigo pensáis que merecerá el que pisoteare al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del pacto en la cual fue santificado?” ¿Qué es lo que hace inmunda la sangre del pacto? Pretender tenerla y abrazar junto con ella al mundo. Profesar ser partícipe de la redención, ser parte de la bendición de Dios, del Plan de Dios en la justificación, y a la vez tener mis ideas propias. Contaminarme con el mundo, con el pecado, aceptar una posición más liviana: “yo no quiero ser pastor, no quiero ser apóstol, yo quiero ser salvo, yo quiero tener mi forma de tomar la salvación. Yo manejo las cosas, decido el nivel de espiritualidad, decido la medida de lo que voy a entregar al Señor”. Quizás la persona no lo llama así. Jamás pensaría que esto es hacer inmunda la sangre del pacto en la cual fue santificado, sin embargo la Palabra dice que esta es la resultante.
El que pone sus condiciones a Dios, el que desobedece lo más sagrado, o introduce su plan anteponiéndolo al Plan de Dios, sus condiciones a las de Dios, su voluntad de cambiar, de reordenar, de acomodar, está pisoteando la sangre en que fue hecho limpio. ¿Por qué pisotea la sangre? Porque no está interesado en alcanzar lo que la sangre le hace alcanzar.
No está interesado en recibir el fruto de la cruz como Dios lo presenta, sino que está tan lleno del mundo y del pecado, tan lleno del gozo de hacer su voluntad, que no tiene interés en tener una voluntad sobre él que le exige todo. Y dice el Señor que el justo que todo lo entrega con dificultad se salva. ¿Cuál es la dificultad? Se salva orando, confesando, gimiendo, clamando, buscando a Dios, buscando su alta aprobación. El justo llega pero con dificultad, con esfuerzo, con dedicación, con solicitud constante de perdón, apoyándose en la gracia para recibir el bien de Dios, para caminar fielmente en su camino, para estar lleno de la gracia de Dios. Y esto es una lucha sin cuartel día y noche, contra un mundo infiel, contra el diablo acusador, tramposo, ladrón, asesino, que me rodea; y contra el corazón engañoso que quiere volver  sacar los clavos, quiere desprenderse del pacto y volver a hacer su voluntad, y debe ser frenado todos los días de la vida.
El justo con dificultad se salva.
Vers. 35: “No perdáis, pues, vuestra confianza que tiene grande galardón”. Vers. 38: “Mas el justo vivirá por fe; y si retrocediere, no agradará a mi alma”. El vers. 39 nos señala la única manera: “Pero nosotros no somos de los que retroceden para perdición, sino de los que tienen fe para preservación del alma”.
Digamos todos nosotros que no queremos ser de los que retroceden para perdición, sino de los que tienen fe para preservación del alma. Fe preciosa, los que han alcanzado fe preciosa igualmente que la nuestra. ¿Cuál es esa fe preciosa? La fe en que Dios me ayudará a comprender y a alcanzar sus designios, su propósito en mí, porque mi corazón anhela la perfecta salvación del Señor. Ser partícipe en todo lo que Él ha comprado a tan alto precio para mí. Yo no pongo las condiciones, Él pone las condiciones.
Y si es así, demos marco a las reflexiones de Pablo que están registradas en el capítulo 8 de Romanos: “Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu. Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz. Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden; y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios. Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros”.
Aquí llegamos a un punto muy importante y es lo siguiente: la entrada al santuario, ¿es una entrada en libertad para entrar toda vez que queremos y salir toda vez que queremos? Cuando salimos llevamos impresiones, llevamos palabra, recibimos profecía que podemos después contar, recibimos fuerza, autoridad, dones, quizás. O entramos para no salir más. ¿Qué desea Dios? ¿Qué entremos para no salir más, o para salir y ser la misma persona que entró pero con alguna bendición? Yo pienso que El quiere que entremos para no salir más. El Salmo 15 da la clave: “¿Quién habitará en tu tabernáculo? ¿Quién morará en tu monte santo?” Elías entró y no salió más. Eliseo entró y no salió más.
Pablo entró y no salió más. Todos los que entraron fueron transformados. “Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu”.
Aquí se da la misma palabra de Jesús, cuando dijo a Nicodemo: “Lo que es nacido de la carne, carne es y lo que es nacido del Espíritu, Espíritu es”. No da la idea de mezcla. La cruz nos transforma, el Evangelio nos hace nuevas criaturas: “Si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”. Todas. Y ese “todas” no es relativo, es absoluto. Y si quien es nueva criatura tiene dificultades, tentaciones, peligros, tiempos de debilidad. ¿Cómo será el que adrede, voluntaria y conscientemente admite estas tentaciones y no entiende que lo que nació de Dios es Espíritu?
No hay un punto medio. La mezcla no existe acá. Si alguno está en Cristo (que es la única forma de ser salvo), no significa tener la doctrina de Cristo, ni haber oído a Cristo, ni haberse entregado a una doctrina de Cristo, sino “estar en Cristo”. Si alguna persona está en Cristo, es porque tomó las condiciones de Dios, se entregó conforme a lo que Dios dice para un pacto que Dios hizo con él, y se adhiere en obediencia como esclavo a ese pacto.
Como Pablo lo expresa: “Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo.” Esta es la medida de nuestra entrega: Todo. Todo lo que para mí era importante, ahora no es más importante. Los planes que yo tenía han sido destruidos, el camino que yo había elegido está viciado, no lo quiero más, me horrorizo de ese camino. ¿El mundo? Al mundo le doy las espaldas totalmente, no pongo mis ojos en el mundo, ni mi corazón, ni mi mente en el mundo.
No quiero llevar sobre mí, en mi cuerpo, en mi vestido, en mi forma de arreglo, señales que indiquen mundanalidad, que imiten a las mujeres o a los hombres de pecado. La jerga del mundo, las diversiones del mundo, la política del mundo, lo que al mundo le agrada. He dado mis espaldas a todo eso. Que no esté sobre mi persona el más mínimo índice de haberme inclinado hacia el mundo, hacia la carne. “Huid, apartaos, no toquéis lo inmundo, y yo os recibiré”.
Así que Pablo dice aquí: “Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz. Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden; y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios”. Los que viven según la carne no pueden agradar a Dios. “Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de Él. Pero si Cristo está en vosotros, el cuerpo en verdad está muerto a causa del pecado, mas el Espíritu vive a causa de la justicia”.
Termino con Gálatas 5:16: “Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne. Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu; y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis”.
¿Qué vamos a hacer entonces?
Vamos a hacer la voluntad de Dios. ¿Cómo lo haremos? Conforme al pacto que hizo con nosotros: no tocando cosa inmunda, apartándonos, huyendo, saliendo de en medio de ellos. Son palabras muy significativas. Si caen en tu corazón como nacieron en el corazón de Dios, te van a indicar la necesidad de no hacer enmiendas en el Plan de Dios. Te van a llevar a aceptar todo el Plan de Dios para tu vida. Y esto requiere mucho más que reuniones y encuentros: requiere que seamos consolidados unos con otros en un cuerpo, que es el Cuerpo de Cristo, “bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la operación propia de cada miembro, para ir edificándose en amor”.
Esta herramienta de la que habla Pablo en el Capítulo 12 de 1ª Corintios, en Colosenses, en Romanos y luego en Efesios más extensamente, no es una parábola: es una enseñanza doctrinal categórica e indispensable. La única manera en que tú puedes descubrir las piedras en tu vida es que venga un hermano a ayudarte; y no es el señorío de uno sobre otro, sino el compañerismo y el amor, la gracia de servirnos unos a otros.
La responsabilidad de exhortarnos, de enseñarnos mutuamente, se da cuando tenemos verdaderas coyunturas, hombres y mujeres que nos conocen, no que están hoy y mañana no están, sino quienes se unen para servir a Dios. Se unen para el reino de Dios, para servirse personalmente uno a otro, para colaborar con el Espíritu Santo, con los dones del Espíritu.
Necesito estar contenido en el Cuerpo, necesito pertenecer a un cuerpo viviente que se nutre por todas las coyunturas. Cada miembro, un instrumento útil a Dios para santificación, para consolación, para orientación, “hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a la plena estatura de un hombre en Cristo”.
“Para que no seamos niños fluctuantes llevados de aquí para allá por cualquier viento de doctrina, con estratagemas de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error, sino que siguiendo la verdad en amor crezcamos en todo en Aquel que es la cabeza, esto es Cristo. De quien todo el cuerpo bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor”. Amén.
¡Que Dios bendiga nuestros corazones! Padre, ayúdanos a entender tu Palabra, que la entendamos profundamente por la guía y operación de tu Espíritu. Que tu Palabra y tu Espíritu nos transformen, que nos hagan hombres aptos en esta hora para oír tu voz, y cumplir en nuestras vidas lo que pertenece a tu reino y tu gloria, a lo cual tú nos llamaste a cada uno de nosotros. Te bendecimos, Señor, por tu amor. Confiamos en la soberana gracia y misericordia tuyas sobre nuestras vidas, conduciéndonos a las verdaderas fuentes divinas de tu verdad, de tu amor, de la guía de tu Espíritu, en esta hora y a través de nosotros. Tu Nombre sea glorificado. Amén.
[Luego el casete parece terminar y luego de un período corto de silencio Ivan parece volver a grabar mientras continúa meditando con estas palabras:]
…Profundamente al levantar la Iglesia, cuerpo de Cristo, que Él va a levantar en los últimos días. Él lo va a hacer, porque Él dice: Yo edificaré mi Iglesia, todo el infierno y todos los enemigos no podrán disuadirme, no podrán impedirme, Yo con mi mano fuerte, la edificaré. El Rey de Reyes y Señor de Señores será el último que tendrá la última palabra. Él es el Alfa y la Omega, principio y fin, todavía está buscando un pueblo que ponga su mirada solamente en Él, que tome en su corazón sus leyes, su pacto, su voluntad y la manera que en Él quiere llevar a cabo sus propósitos y se ponga voluntaria y consagradamente a cumplir en esta hora este mandato: edificar la casa que Dios quiere levantar.
Sometámonos a la voluntad del Altísimo. Su Espíritu poderoso nos ayudará, estará con nosotros la súper abundante potencia del Espíritu, que es la súper eminente grandeza de su poder. ¿Es suficiente? -Es suficiente. Si tú quieres ser santo, si tú quieres implantar en tu vida, en tu ministerio las condiciones del reino de Dios a la altura del nivel con que Él te ha llamado para una santidad plena, para una separación total del mundo y de sus obras, de su mente, del espíritu del mundo, todo eso que es inmundo para Dios, apartarte totalmente y guardarte santo y sin mancha delante de Él, en amor, en santidad, asociándote con los que te encuentras que están igualmente deseando la misma cosa, harás así una obra para Dios, contribuirás a la edificación de la Iglesia en esta hora crucial y Dios te hará insigne, usará tus talentos y tus dones que Él te da y te ayudará a ser contribuyente a esa edificación.

Ivan M. Baker

A CONTINUACIÓN (To be continued)

Ahora estamos viviendo 500 años después de la reforma con Martín Lutero. Estamos agradecidos por lo que él hizo, pero no vemos la Iglesia...