lunes, 28 de noviembre de 2011

IGLESIAS CASERAS- MARCOS MORAES- MARIO FAGUNDES






ÍNDICE




INTRODUCCIÓN.......................................................
  2


PRIMERA PARTE: Consideraciones iniciales

 1- La base bíblica para trabajar con  
     iglesia caseras.......................................................
 
  5
 2- Principios absolutos de la iglesia en las casas ....
  6


SEGUNDA PARTE: El líder

 1- El líder y su meta .................................................
  9
 2- El líder y su posición: cooperador ........................
10
 3- El líder y su ejemplo.............................................
12
 4- El líder y su estrategia: Katartismos .....................
14


TERCERA PARTE: El trabajo de la iglesia casera
 1- Distinguiendo niveles y dedicándonos a los
     fieles .....................................................................
 2- Trabajando por niveles: También entre los
     fieles .....................................................................


17

20
 3- Trabajando con el nivel 1: Fundamentos .............
21
 4- Trabajando con el nivel 2: Inicio del servicio ........
22
 5- Trabajando con el nivel 3: Crecimiento en el
     servicio .................................................................

23
 6- Trabajando con el nivel 4: Discipuladores ...........
25
 7- Trabajando con el nivel 5: El núcleo ....................
27
 8- Trabajando con el nivel 6: Los que apuntan
      para líderes..........................................................

29
 9- Trabajando en las calles ......................................
30
10- Buscando un ambiente de familia .......................
33
11- Preparación y conducción de los encuentros
      de la iglesia casera .............................................

34
12- La dinámica de la iglesia casera y la
       planificación del trabajo ......................................

36








INTRODUCCIÓN

Amado hermano líder de la iglesia casera




     Tú eres mucho más que un simple engranaje, y tu papel en la Iglesia del Señor es mucho más importante que una mera posición en una estructura. Deseamos que puedas ver esto con claridad. ¡A qué gloria fuiste llamado! ¡Cuánta misericordia del Padre al hacerte participante de cosas tan grandes!

    Al enemigo, aquel cuya mayor astucia está en cegar el entendimiento, o si eso le fuera imposible, por lo menos nublarlo, le gustaría mucho que nuestros ojos se volvieran hacia la aparente pequeñez, temporalidad y monotonía de nuestras tareas, tan repetitivas y a veces  agotadoras. Su maldito propósito es engañarnos para que nos desanimemos, y derrotados, desistamos.

   Su temor es que veamos que la obra que estamos haciendo no es pequeña, es tan grande que vale toda una vida para el Señor (esos “pequeños” consejos; esas “pequeñas” ayudas, orientaciones, exhortaciones, ejemplos, oraciones: esas “pequeñas” palabras de ánimo, consolación, exhortación y apoyo que procuramos dar a los hermanos, son la mayor obra que un hombre puede realizar sobre esta Tierra). También teme que veamos que esta obra no es temporal, sino que produce frutos eternos. ¿Qué chance tendrá él con nosotros si el Espíritu Santo nos ayuda a ver que este trabajo no es monótono, que los ángeles están animados, hasta excitados, y que el propio Padre está con todo su corazón y su mente infinita, ocupado, cautivado y comprometido con esta obra? Cada oportunidad es de máxima importancia, cada peligro es motivo de acción, todos los ejércitos del Señor están en sus puestos, cada resultado es esperado con expectativa, cada victoria es motivo de fiesta y regocijo, y cada derrota es motivo para una nueva embestida de gran misericordia  del Padre, para convencer, disciplinar, limpiar y levantar.

    ¡Oh, Espíritu Santo, con razón eres llamado el Consolador!

     Esperamos que este apunte sea para ti un instrumento de claridad, de simpleza, de ánimo. Léelo con atención y estúdialo en oración.



CÓMO USAR ESTE MATERIAL


Es muy importante que los líderes hagan un buen uso de este material. En muchas ocasiones, por considerar que lo sabemos todo sobre un asunto, dejamos de revisar, y mucho se pierde.

Nuestro trabajo, a veces, parece un poco confuso, un poco mecánico y monótono, o con indefiniciones. Ciertamente, una buena revisión de todos estos principios y prácticas nos ayudará mucho en esta hora. Aquí van algunas sugerencias:

a)    Estudiar todo el apunte con un compañero; de esta forma será mejor asimilado y comprendido.
b)    Usarlo siempre que se haga un plan de trabajo.
c)    Instruir a los hermanos del núcleo con los capítulos 2, 3 y 4 de la parte 3.
d)    Leer frecuentemente el capítulo 5 de la parte 3.
e)    Leer el capítulo 6 de la parte 3 siempre que se vaya a tener un encuentro con los que están formando discípulos.
f)      Leer el capítulo 7 de la parte 3 cuando se encuentre el núcleo del grupo.


IMPORTANTE

Cada tres o cuatro meses leer este cuadernillo con un compañero, para evaluar, punto por punto, que está siendo practicado, tomando nota de todo lo que se hace de manera errada, para que haya corrección.

                  

















































Primera Parte












CONSIDERACIONES INICIALES































CAPÍTULO 1

La base bíblica para trabajar con iglesias caseras
(Hechos 2:46; 5:42; Rom. 16:10,14-15; 1 Cor. 16:15,19; Col. 4:15)

    Los textos anteriores nos muestran cómo el Espíritu Santo condujo a la Iglesia a concentrar su trabajo en las casas. No hay construcción de templos en el Nuevo Testamento. Los judíos cristianos usaban el templo en Jerusalén, pero es importante recordar que:
a)    El templo judío no era hecho para reuniones de la iglesia, sino para el ritual del sacrificio judaico.
b)    Los cristianos judíos se reunían allí por causa de su costumbre.
c)    Ellos no se reunían dentro del templo, sino en el atrio exterior, en el pórtico de Salomón (Hechos 5:12), pues,
d)    Apenas una pequeña parte de la iglesia cabía en aquel lugar.
e)    El pórtico de Salomón era un lugar público, donde había muchos incrédulos. Mucha gente entraba y salía a voluntad. No era un lugar que pertenecía a la iglesia.
f)      Era en el Pórtico de Salomón que los escribas mantenían sus escuelas y sus debates (ver Marcos 11:27; Lucas 2:46; 19:47; Juan 10:23-24), y es allí donde los comerciantes y cambistas tenían instalados sus mesas (Juan 2:14-16). Jesús declaró que era “casa de mi Padre” porque todavía no había muerto, el velo no había sido rasgado y el Espíritu Santo no había sido derramado. Aún estaba en un contexto judío-religioso
g)    Cuando la Iglesia sale de Jerusalén y va por todo el mundo, jamás se habla de construir o utilizar templos. La Iglesia, en el mundo gentil, se reunía por las casas.

TEMPLOS RELIGIOSOS (*)
CASA DE LOS HERMANOS

FRÍOS

CALOR HUMANO
IMPERSONALES
RECEPTIVAS
AMBIENTE RELIGIOSO
DEMUESTRAN VIDA
CUESTAN DINERO
YA ESTÁN DISPUESTAS
SEPARACIÓN ENTRE LA VIDA NATURAL (DÍA A DÍA) Y LA VIDA CRISTIANA
SU USO INTRODUCE LA OBRA DE DIOS EN EL CONTEXTO DE LA VIDA NATURAL DEL DISCÍPULO
MASIFICACIÓN DE LA OBRA
GRUPOS PEQUEÑOS QUE PRODUCEN COMUNIÓN VERDADERA
FRUTO DE LA RELIGIOSIDAD DEL HOMBRE
INDICACIÓN DEL ESPÍRITU SANTO PARA LA IGLESIA

      Las iglesias en las casas, por ser pequeñas, favorecen el desarrollo de una verdadera comunión entre los hermanos, atención y cuidado específico para cada uno, y el desarrollo de vida y de servicio en cada discípulo.
TODO LÍDER DEBE SER CAPAZ DE DESARROLLAR TODO LO
ANTERIOR SIN EL CUADERNILLO

(*) Hasta el final del siglo III no hay registro de uso de templos. A partir de allí, con Constantino, comenzó la construcción de templos por influencia de las religiones paganas (Heb. 3:6; 1 Tim. 3:15; Hechos 7:48; 17:24)



CAPÍTULO 2

Principios absolutos de la iglesia en las casas


      Este asunto es abordado también, de una manera más amplia, en el escrito “Principios absolutos de la obra de Dios”. En el caso que haya necesidad de  mayor claridad sobre la relación entre principios (absolutos) y prácticas (relativas), aquel material debería ser estudiado. Aquí, simplemente, se transcribirá el ítem 4 de aquel estudio, que habla de aquello que consideramos como principios absolutos específicos para los grupos caseros.

1-    Que sean grupos pequeños
     No siempre es posible mantener los grupos pequeños como nos gustaría, por causa de la lentitud en la formación de líderes. Pero debemos hacer todo el esfuerzo en esta dirección, porque con mucha gente es muy difícil supervisar concretamente todos los ministerios de la iglesia en la casa.

2-    Que todos entiendan cuál es la obra de la iglesia casera
    Deben tener una mente liberada del reunionismo. Deben entender que la principal obra no es la que se hace en el encuentro de la iglesia en la casa, sino aquella que se hace durante toda la semana, por todos los integrantes de la iglesia casera. Esto es, el compañerismo, el evangelismo en las calles, las visitas de los contactos, el cuidado de los discípulos, los encuentros con las coyunturas, con el núcleo, encuentros de líderes, viajes a ciudades próximas, visitas a hermanos de otras congregaciones en otras ciudades, etc.

3-    Que los líderes sean formados en todo aquello que deban producir en el grupo
   Si alguien no tiene una sólida experiencia de compañerismo, evangelismo, edificación de discípulos y formación de discipuladores, ¿cómo va a llevar al grupo a tener esta experiencia?

4-    Que se trabaje por niveles
   Esto es un principio absoluto, porque Jesús es el modelo de la obra. Él trabajaba por niveles: las multitudes, los 500, los 120, los 70, los 12, y entre estos, a Pedro, Juan y Santiago. Para cada nivel dedicaba una intensidad de acompañamiento diferente.

   En este cuadernillo damos orientaciones bien prácticas de cómo trabajar con cada nivel. Estas orientaciones son relativas. Ellas pueden variar de una iglesia local a otra. También, en una misma iglesia, estas prácticas pueden variar con el paso del tiempo. Debe haber flexibilidad para discernir lo que es más conveniente en cada momento. Tenemos que procurar siempre cuál es la mejor manera de imitar a Jesús, teniendo en consideración el momento y las circunstancias locales. Pero distinguir niveles es algo absoluto. Quien no trabaja por niveles está dejando de lado un principio absoluto que observamos en el ministerio de Jesús y que era imitado por Pablo (2 Tim. 2:2; 1 Juan 2:12-14)

5-    Que el encuentro de la iglesia casera sea lleno de participación  
    Los discípulos de la iglesia casera no deben trabajar sólo durante la semana, sino también durante los encuentros, participando con sus oraciones, testimonios de trabajo, etc…

6-    Que haya trabajo en las calles
    Jesús pasó la mayor parte de su ministerio en las calles. Lo mismo cuando edificaba a sus discípulos, estaba en las calles. Esto daba origen a amplias posibilidades de evangelismo. Discípulos miedosos, que se quieren quedar siempre dentro de la casa, difícilmente darán continuidad a la obra. Debemos salir en grupos, salir con los hermanos más maduros, con los discípulos, compañeros, con todo el grupo, de todas las formas y en todas las oportunidades posibles (ver Mateo 5:1-2; 9:36-38; Hechos
16:13-15; 17:17)

























































Segunda Parte












EL LÍDER
























CAPÍTULO 1

                        El líder y su meta

¿Cuál es la meta del líder?
  
a)    La misma que la de los pastores (Ef. 4:12-13), y que toda la Iglesia también debe tener.
b)    Esta meta es lo que define la función del líder: cooperar con el desarrollo del Propósito del Señor.


¿Cuál es la importancia de tener una meta clara?

a)    Esta meta es la fuente de inspiración para todo lo que tenemos que hacer. Toda nuestra pasión, aspiración, acción, dinámica, mente, corazón, fuerza y alma apuntan hacia este objetivo. El objetivo domina todo, determina, conduce, da dirección e inspira.
b)    Pablo dice (Filip. 3:12) que fue asido (conquistado, preso) para cumplir un propósito, definido por aquel que lo conquistó, Jesucristo (Juan 15:16)
c)    Un líder sin meta quedará al margen del Propósito Eterno de Dios. No será útil para nada.


¿De dónde procede la meta del líder?

a)    ¿Dónde encontró el líder su meta? ¿En un escrito o cuadernillo? ¿Él asumió esta meta como su función porque “este es nuestro método”? ¿O porque “los pastores me pidieron que hiciera así”? Si es así, no sirve.
b)    Cada uno debe tener los ojos del corazón iluminados por el Espíritu Santo para comprender su llamamiento (Ef. 1:18)
c)    Si el líder no entiende el llamado del Señor, no irá a ningún lado. Cuando el Propósito Eterno de Dios entra en su corazón, entonces, él entiende que tiene un llamado, una vocación. Su vida, entonces, se entrega a ese Propósito. Quiere verlo desarrollándose en sí mismo y en otros.
d)    Pablo habla de “vocación” (Ef. 4:1), “supremo llamamiento”(Filip. 3:14) y “llamados conforme a su Propósito” (Rom. 8:28).
e)    Debemos buscar este sentir (Filip. 3:15) y confirmar nuestra vocación (2 Pedro 1:10; 1 Cor. 1:26; Ef. 4:4; 2 Tes. 1:11; 2 Tim. 1:9; Heb. 3:1)
f)      Aquello que para Dios es su Propósito, para nosotros constituye nuestra vocación, nuestro llamamiento. Hay en nosotros una capacitación de Dios para atender cualquier deseo de su corazón. Esto demanda fe, y hay esperanza. Cristo en nosotros, la esperanza de gloria.









CAPÍTULO 2

           El líder y su posición: cooperador



El líder tiene una tremenda comisión

     Cuando el líder comienza a meditar  en la comisión que el Señor le dio, puede asustarse. ¡Hacer discípulos! ¡Enseñarles a guardar todas las cosas! ¡Perfeccionar a los santos! ¡Llevar a los santos a desempeñar su servicio! ¡Uyyy! Esto es una obra tremenda.¿No será para superespirituales? ¿Cómo podemos realizarla? ¿No será que sólo el pastor tiene la capacidad para emprender esto?


Somos apenas las ramas (Juan 15:1,5)

   El  Padre es el agricultor, nosotros somos apenas las ramas. No podemos pretender ser los agricultores (obreros) de la vid. Sólo podemos entender la posición del obrero en su relación con el Gran Obrero, el Señor. Si somos llamados obreros, es simplemente porque tenemos parte en la obra, pero debemos entender bien que el verdadero obrero es el Señor. Esta es una verdad que vale para cualquier nivel de responsabilidad en la Iglesia.

   ¿Qué parte tenemos nosotros en la obra del Señor? Somos colaboradores o cooperadores. Yo puedo comunicar la palabra, pero quien hace la obra es el Señor (Hechos 16:14). Él está trabajando para glorificar al Hijo.

    Pablo les dice a los corintios: “Vosotros sois labranza de Dios, edificio de Dios” (1 Cor. 3:9). No de Pablo, sino de Dios. Entonces, toda la gloria y honra será del Señor. El Señor puede trabajar mejor con algunos que no son tan “vivos”, tan inteligentes, y que no pueden hacer mucho. Algunas veces, las mayores obras son hechas con gente completamente “inútil”. Esto es porque el Espíritu Santo trabaja en ellos (1 Cor. 3:4-7; 4:7; 2 Cor. 4:6-7).

    Por lo tanto, cuando hablamos de la responsabilidad del líder, tenemos que tener en cuenta cuál es el límite de nuestra responsabilidad  y cuál es el área de responsabilidad de Dios. Todas las complicaciones son del Señor. Nosotros, simplemente, tenemos que ser comunicadores, hablar, permanecer en la gracia del Señor, estar orando al Señor, dar la palabra que el Espíritu nos da, y ver levantarse la Iglesia que Jesús está edificando ¡Aleluya! Muchas veces estamos preocupados porque queremos edificar la Iglesia ¡Jesús va a edificar la Iglesia! La Iglesia no está en nuestras manos, está en las manos del Señor (Mateo 16:18).

    En un sentido real, no somos más que armonizadores o instrumentistas. Ellos no realizan la cirugía, pero colocan en las manos del cirujano los instrumentos necesarios para que Él lo haga.





Otras ilustraciones

q  El Señor hizo el huevo y la gallina, yo coloco, solamente, el huevo debajo de la gallina. Después, el Señor crea un pollito.

q  El Señor es el que hizo la semilla, la tierra, el sol y el agua. Yo, apenas hago un agujero en la tierra y pongo la semilla. Después, el Señor hace surgir una planta.

q  Alguien tiene hambre y yo tengo un pan, mas el pan viene del Padre. El Señor da el pan y crea el hambre, yo apenas armonizo el pan con el hambre. El Señor se limitó a operar con nuestra colaboración, pero Él es el Gran Obrero. Yo no produzco el hambre espiritual en las personas, el Señor hace eso. Muchos vicios en la forma de trabajar con las personas van a desaparecer cuando entendamos que el Señor es quien da sed espiritual

SOMOS APENAS COLABORADORES

   La comprensión de esta verdad y un adecuado posicionamiento como cooperador, van a influenciar directamente en nuestra relación con los hermanos de la iglesia casera y en toda nuestra estrategia principal de trabajo.
































CAPÍTULO 3

      El líder como ejemplo (vida y servicio)



El ejemplo es la mejor escuela

      El ejemplo es el mejor método de enseñanza, nada lo supera. Hay filósofos que dicen que no hay otro método. Lo que no se enseña con el ejemplo, no se enseña. En la escuela del ejemplo son necesarios dos elementos:

a)    Que el maestro sea y haga lo que él quiere que el discípulo sea y haga.
b)    Que el discípulo tenga la disposición de ser y hacer como su maestro.

La enseñanza que tenemos que transmitir no se trata de reglas o preceptos, sino
de una persona: Jesucristo, el Hijo de Dios. “Esta es la vida eterna, que te conozcan a ti...” (Juan 17:3). Jesús transmitió este conocimiento al revelarse a sus discípulos. Él era la imagen de Dios con todos sus valores, que se presentaba delante de ellos para ser imitado.

        Ahora somos nosotros los que, teniendo la presencia del Señor por el Espíritu Santo, debemos decir como Pablo: “Sed imitadores de mí, como yo de Cristo” (1 Cor. 11:1)

         El ejemplo es aquello que va a tocar realmente la voluntad del discípulo. Los discípulos son hombres y mujeres con espíritu, alma y cuerpo.. Sus almas están constituidas por la voluntad, las emociones y el intelecto. La enseñanza informativa sólo esclarece la razón. Lo que opera en las emociones es la relación de amor y amistad que abre al discípulo para la práctica de la voluntad de Dios. Pero para influenciar la voluntad del discípulo es indispensable el ejemplo. Prácticas como la exhortación, animar, amonestar, tocan la voluntad del discípulo, pero no habrá efecto duradero si no hay ejemplo: “La palabra convence, pero el ejemplo nos anima a practicarla” (Juan 1:38-39; Filip. 4:9; 1 Tim. 4:16).


Áreas para ser ejemplo

a)    En el fervor y el ardor (Rom. 12:11).
b)    En la relación con Dios: Ser hombres de oración, ayuno, apegados a la Palabra de Dios (Efesios 6:17-18; 2 Tim. 2:15).
c)    En la familia: Si es casado, buena relación con la esposa, cría a los hijos en disciplina, el hogar está en paz y prospera. Si es soltero,  obediente a los padres, correcta relación con las jovencitas, encaminándose hacia la formación de una familia (1 Tim. 4:12; 5:2).
d)    En el trabajo: Diligente, obediente, pacífico, no acomodado (Ef. 6:5-8).
e)    En las finanzas: Moderado, equilibrado, fiel en las obligaciones con el Señor y con los hombres, generoso, que busca la prosperidad con fe y paciencia.
f)      En los compromisos: Responsable, cumplidor de todas sus tareas, puntual en los encuentros y reuniones (Mateo 5:37).
g)    En el carácter: Humilde, manso, dócil, maleable, íntegro, confiable, sincero, transparente, honrado y amoroso (Filip. 2:22; 1 Tim. 4:12)
h)    En la fe: No es  tibio, mezquino, tímido. Tiene una visión y esperanza de gloria.
i)      En el ministerio común: Aunque el líder sea un buen ejemplo en todos los ítems anteriores, el grupo que él cuida no crecerá en la manifestación de su ministerio, si él no es también ejemplo en esta área. La experiencia que él tenga con su compañero, es lo que él tiene para transmitir, y ninguno va a poder transmitir más de lo que tiene. Algunos tienen relaciones flojas y van a transmitir esto mismo. Pero cuando más fervorosos estén con esta relación y con lo que ella produce en su vida, mejor será.












































CAPÍTULO 4

      El líder y su estrategia: Katartismos


Una estrategia que cumple la visión

    Aquí se percibirá la importancia de tener una visión clara. La visión que alguien tiene determinará su estrategia. La estrategia es siempre fruto de la visión. Esta visión y su estrategia fue enseñada detalladamente en el apunte: “Como alcanzar el Propósito Eterno de Dios”.  Es de esperar que el líder conozca y practique todo lo que se enseña allí. El líder que va al encuentro de la iglesia casera y no tiene esta visión, no sabrá que hacer.


Aplicando la visión en el grupo casero

       Imaginemos un grupo nuevo y pequeño (con 4 ó 5 nuevos) ¿cómo comienza?
Los líderes, en su compañerismo, forman estas ligaduras que están unidas de acuerdo a Ef. 4:16, y están desarrollando una relación entre sí que produce crecimiento, ayuda mutua, la presencia del Señor, una comunión bendecida, sacerdocio, predicación, fruto, servicio de discipulado, etc. Esta experiencia que ellos tienen es la que debe ser comunicada a este pequeño grupo que se convirtió. Primero les darán cobertura como discipuladores; cuando crezcan un poco, les enseñarán a entrar en esta relación de compañerismo. Esto debe ser luego, no debe demorar mucho, desde que los fundamentan.

    Esta es la función principal de los líderes del grupo: formar un cuerpo de pequeños grupitos de dos ( o tres) que se ayudan, ganan a otros, cuidan a otros, llevándolos a funcionar y a multiplicarse en muchos otros pequeños grupitos acoyuntados. Estamos entendiendo que, con estas  uniones, el Señor pone a trabajar una máquina de bendición, pone a trabajar al Cuerpo. Los líderes son, básicamente, formadores de cuerpo. Es verdad que están atrapando discípulos del mundo,, pero también los asocian a un cuerpo. Este es el principal trabajo de los líderes y de todos nosotros, traer a las personas del pecado y de la perdición, para colocarlas unidas unas a otras, formando un cuerpo. El Espíritu Santo es el que hace que el Cuerpo funcione (1 Cor. 12:12-14; 25-27).

  Cuando dos hermanos están orando al Señor, y están juntos, unidos, ayudándose mutuamente, el líder puede quedarse tranquilo. De aquí en más sólo necesita dar algunas orientaciones y responder algunas preguntas. Él no está haciendo la obra, el Espíritu Santo está haciendo la obra en la vida de ellos. De esta manera, podemos tener 500.000 haciendo esto. No necesitamos estar preocupados todos los días porque somos los líderes de la iglesia casera y los pastores de la congregación. Somos apenas colaboradores. Cumplimos este papel, armonizando a los hermanos para que el Espíritu Santo haga la obra en ellos.

     Esta es la meta fundamental del líder. Noventa por ciento de su obra depende de formar estos grupitos de hermanos y después orientarlos para que funcionen bien. La primera función del líder no es la de enseñar a los hermanos, sino la de integrarlos y relacionarlos, para que sean enseñados por el Espíritu Santo. El líder no es el que enseña, el instructor es el Espíritu Santo (1 Juan 2:20.27).

   Cuando el líder consiguió que todo el grupo este unido funcionando de esta manera, ya ha hecho la mayor parte del trabajo. Casi puede cruzarse de brazos y sólo orar al Señor para que el diablo no estorbe. Esto va a prosperar, porque es el mismo Señor el que está haciendo la obra. “Jesús está en medio de dos o tres que se reúnen en su nombre”. Entonces se produce lo que Él prometió: “Yo edificaré mi Iglesia…”. El líder debe olvidarse de “no sacar el huevo de debajo de la gallina para ver si está caliente”, “no sacar el grano de la tierra para ver si brotó”. Debe dejarlos tranquilos, que el Señor esté haciendo la obra. Si el líder se pone nervioso, pondrá a “la gallina nerviosa”, esto es un error. Debe descansar, pues el fruto vendrá. Habrá vueltas y vueltas, muchas idas y venidas, y no sé que más, pero el Señor prometió fruto y fruto bueno, que permanece.

      El trabajo principal del líder es unir, enseñar esta unión, cuidar esta unión y solucionar los conflictos de esta unión. No es tanto la cuestión dar palabras, pero sí supervisar a los hermanos para que estas relaciones sean efectivas (debe detener a aquel que está queriendo dominar, animar a otro para que no tenga miedo de opinar, averiguar si la oración de ellos es efectiva, llevarlos a ejercer fe, que no peleen, que el amor de el Señor esté en ellos, que tengan paciencia uno con otro, que sepan que el Señor está con ellos, etc…). Esto es todo una revolución, y también se simplifica mucho, porque no es el líder el que está haciendo la obra, sino que está ayudando a que el Señor haga la obra.

   Cuando estas concertaciones comienzan a funcionar, entonces se perciben las virtudes: Se pueden relacionar, se relacionan con alegría en el Señor, están funcionando en amor, con palabra, con servicio, ganando discípulos y cuidando de ellos, tienen paciencia, tienen comunión con el Señor, hay humildad y apertura, se acepta la corrección sin quejarse. También puede verse quién no puede relacionarse con nadie, quién no pone el Reino del Señor en primer lugar, etc. Estos serán tratados por el ejemplo vivo de otros. Con los que andan bien, continuar el trabajo de la iglesia casera.


Resumen de la estrategia del líder
 
El líder entiende que:
a)    El Señor colocó a los pastores y maestros para el perfeccionamiento de los santos, para el desempeño de su servicio, para la edificación del Cuerpo a la estatura de Cristo y para la unidad,
b)    Todo esto se obtiene haciendo que los miembros funcionen como un cuerpo unido por coyunturas y ligamentos, donde cada uno ayudará, instruirá y aconsejará a otro.
c)    Esta consolidación de coyunturas se produce en los hogares y no en una reunión grande.
d)    El punto central de todo esto es la edificación que viene por las coyunturas a través de los consejos, la exhortación y la enseñanza (Col. 3:16).
e)    Esto producirá crecimiento, porque Jesús está presente (Mateo 18:19-20).
f)      Pablo habla en Efesios 4:15, que todos están unidos por coyunturas a la cabeza y, de esta forma, reciben de la cabeza la gracia para su ministerio.

   La comisión más importante del Señor para el líder es llevar a las coyunturas a funcionar bien, amonestar a los miembros para que sigan funcionando y velar por este funcionamiento.
 
 
 
 
 
 
Tercera Parte












EL TRABAJO DE LA IGLESIA CASERA
























CAPÍTULO 1

    Distinguiendo niveles y dedicándonos a los  
    fieles


     Es muy importante saber cómo dedicar nuestro tiempo, ya que hay muchas personas necesitadas que toman todo nuestro tiempo. Entonces no tenemos tiempo para aquellos que están en condiciones de ser formados.

   Al diablo le gustaría que perdiéramos nuestro tiempo disponible dedicándonos a los que no pueden recibir mucho, y los que pueden recibir quedan esperando. Pero, si nos dedicamos a aquellos que están en condiciones de ser verdaderos discípulos (aquellos que son como nosotros), que pueden entender lo que estamos hablando y reproducir la misma vida que tenemos, estos se multiplican como obreros, para tomar, junto con nosotros, la carga por la otra parte del Cuerpo de Cristo.

   La Iglesia no es una institución de caridad, es la Casa de Dios, una casa de discípulos. El Señor quiere lo mejor. ¿Y aquellos que vienen para comer migajas...? Pues que vengan. Recibimos a todos los que vienen, pero cuando se trata de hacer discípulos, nosotros seleccionamos como seleccionó Jesús.

   Hay un principio en esto: No soy yo el que hago la obra, sino el Espíritu Santo. Donde Él está trabajando, yo puedo trabajar. Cuando nos esforzamos por formar a una persona que no escucha, no obedece ni entiende lo que es la Palabra de Dios, estamos trabajando por nuestra propia cuenta. Este es alguien con quien el Espíritu Santo no está trabajando. De todas maneras, el Espíritu Santo es Dios de milagros, no importa que la persona esté muy mal. Cuando Él comienza a trabajar hace una obra maravillosa, porque escogió “las cosas débiles y las que no son...” (1 Cor. 1:27-29; 2 Tim. 2:20-21).

   Entre todas las artimañas del diablo, una de ellas es colocar en nuestras manos “paquetes”, personas que no están dispuestas a ser trabajadas. Y nos gastamos, porque pensamos: “¡Yo tengo que hacerlo! ¡El Señor está conmigo! ¡Ellos tienen que entender esto!”. Estamos dando y dando, pero nunca comprenden. Son “paquetes” de Satanás. No estamos diciendo que estas personas vienen de Satanás. Ocurre que hay una forma equivocada de encarar la construcción de la Iglesia. Atendemos a quien deberíamos dejar de lado, y abandonamos a quien deberíamos atender. Entonces, la verdadera Iglesia (este grupo de hombres y mujeres que están con su corazón dedicado) termina no siendo formada, orientada, ni se multiplica como debería. Queda intranquila, desordenada y se siente sola.

    Nuestro problema es que salimos a predicar sin una conciencia clara del fruto que debemos buscar. Entonces nos metemos con estos “paquetes”, en lugar de seguir procurando los verdaderos frutos. Nos ocupamos de estas personas y nos gastamos para transformarlos en discípulos. Entonces estamos siempre buscando una nueva forma, una fórmula mágica, algún material, alguna cosa que finalmente les haga entender y crecer.
  
   Pero cuando los discípulos, la fuerza de la Iglesia, junto con los líderes y los pastores, hacen la obra, procurando discípulos de su misma clase, forman la columna vertebral de toda la obra. Están siempre dispuestos, bien orientados, el corazón ardiendo con la presencia del Señor, ahí hay prosperidad y se multiplican discipuladores que saben que hacer con las personas. Cuando el líder habla con estos nuevos discipuladores, debe decirles: “ Tengan cuidado con los paquetes del diablo, no pierdan tiempo con aquellos que el Señor no está formando”. Y así debe ser de generación en generación de discípulos. Es claro que, luego surgen ondas que van al lado y que reciben la bendición de todo esto, pero esta parte principal está marchando.

      El Señor nos dice que llevemos a la oveja cansada sobre los hombros, cuidemos a la quebrada, tengamos paciencia con todos, pero no invalida lo que fue dicho antes. Si el líder se dedica a estos, se acaba el grupo.

     Estos errores provocan situaciones como estas: Había un discípulo que andaba muy bien, entonces ninguno se preocupaba por él. Había otro que estaba mal y todo el mundo tenía mucho cariño con él. El primero preguntó: “¿Cómo haces para que todos te miren tanto?”. La respuesta fue: “Vos tenés que andar mal,. Aquí, en este grupo, si vos andás mal, todo el mundo te presta atención”. No debe ser así. El noventa por ciento debe ser para aquellos que andan bien.

    Establecer la diferencia es algo muy serio. Cuando se distinguen la personas, se define quién no está bien. Estos se van quedando y nadie pierde nada en ellos. No van a ningún retiro importante, no son parte del núcleo y no son llevados a visitar a nadie. Saben que son un problema. Si el líder se dedica a estos, nivelará para abajo. Los que están bien descenderán para quedar a la altura de éstos, y todo el grupo quedará deteriorado. Pero si el líder se dedica a tres o cuatro discípulos que están bien, éstos comenzarán a fructificar. Así, comienza a quedar claro que el verdadero trabajo del hogar es esto que está ocurriendo. Los otros tendrán que escoger: o entran en esta onda, o quedan al margen.

        Otra cosa más. No sólo los líderes tienen que vigilar para no dedicar todo su tiempo a los que tienen problemas, además tienen que evitar que aquellos que andan bien ocupen su tiempo con estos. ¡Cuidado! Si el líder insiste con una persona que no entiende, perderá toda la visión y el empuje del Espíritu Santo. Comenzará a decir: “ Mi evangelio no es oído, no es entendido, tengo que buscar otra cosa”. Es como si tuviéramos la obligación de hacer que alguien que no quiere entender, entienda ¡No! Si el Espíritu Santo no le hace entender, no tenemos por qué hacerlo. Cuando queremos encontrar una nueva manera de hacer las cosas, perdemos la visión de gloria que hay en este evangelio para transformar, para ganar a nuevos que van a seguir e ir al frente. Entonces, algunos se van desanimando. Después que el líder se desanima, se desaniman los discipuladores, y después todo el grupo. No sólo es una pérdida del tiempo del líder, sino que también es causa de desánimo.

  Si el líder insiste en que la responsabilidad de enseñar es suya, ya no es más un cooperador, es responsable.. Este es el camino del diablo. Cuando decimos que estas personas son  “paquetes” del diablo, no estamos despreciando a ninguno. Pero entender esto ayudará a los discipuladores a entender mejor su función espiritual como cooperadores del Espíritu Santo: Que ellos no estén insistiendo en traer al que no quiere venir, que traigan a quien está deseoso, con el corazón tocado por Dios, y a los demás los dejen por ahí.

   La palabra del evangelio es como un radar. El discípulo del Señor debe esperar el retorno que viene como resultado de la palabra que dio. Cuando el retorno es débil, casi nada, no debe procurar fabricar un retorno. No debe insistir para que la persona acepte. En los casos que insistimos con alguien que recibió con indiferencia la palabra, este puede acabar por aceptarla, pero con toda certeza se convertirá en un problema. Deje que esta persona se vaya ahora, este “pez no debe ser pescado”.

   El Señor no nos mandó a buscar a cualquiera, sino a los sedientos. El radar es muy importante. Tenemos que descubrir, con la palabra del evangelio, donde están el sediento y el hambriento.



















































CAPÍTULO 2

    Trabajando por niveles: También entre los  
    fieles


En el capítulo anterior vimos la importancia de trabajar haciendo diferencia entre los que crecen y los “paquetes”. Además, también será necesaria una diferenciación entre los que están bien. Porque también entre éstos, hay diferentes niveles. Son diferencias normales y aceptables, por causa del tiempo que cada uno tiene en el Reino de Dios, y se dedica a su servicio.

    Vemos que, también entre los fieles, Jesús distinguía niveles. Entre “los 500”(1 Cor. 15:6), Jesús tenía 120 que eran más dedicados (Hechos 1:15). Entre estos, Él había entrenado unos 70 (Lucas 10:1), pero no se dedicó a una relación profunda con ellos. Esto hizo con los doce (Marcos 3:14) y, en muchas ocasiones, separó a Pedro, Santiago y Juan para que lo acompañaran. Cuando menor era el círculo al que un discípulo pertenecía, mayor era la dedicación de Jesús. Los líderes deben hacer lo mismo en los grupos caseros. Reconocer niveles, formar grupos para cada nivel y trabajar con cada grupo conforme a sus necesidades.

   Veamos una lista de motivos para trabajar por niveles dentro del grupo casero:
¨     Seguir el modelo de Jesús.
¨     Transmitir a los hermanos una imagen clara y objetiva de crecimiento.
¨     Dar a cada discípulo una idea de su situación actual, papel a cumplir, próxima etapa a alcanzar y cuáles son los pasos para esto.
¨     Aprovechar mejor el tiempo del encuentro, trabajando con cada uno de acuerdo a su necesidad.
¨     Tener condiciones para evaluar el real crecimiento de la iglesia en la casa.
¨     Insertar a los discípulos en un proceso que culmina en la formación de liderazgo.


        Para cada nivel debemos tener un grupito de trabajo distinto dentro de la iglesia casera, con una forma específica de trabajar. También debe haber metas claras, que serán las condiciones que deben ser alcanzadas para que el discípulo pase al siguiente nivel. Todo esto lo veremos en los próximos capítulos.















CAPÍTULO 3

    Trabajando con el nivel 1: Fundamentos


     Son parte de este grupo todos los nuevos, los que vienen de otra congregación, de otras ciudades, o que son antiguos, pero no crecen (deben permanecer en este grupo hasta que alcancen las metas citadas luego). En algunos casos es conveniente tener un grupo por separado de hijos de 8 ó 9 años (cuando son muchos). También, si hay muchos antiguos que no crecen, se puede hacer un grupo aparte con ellos.


Metas para los discípulos del nivel 1


a)    Tener claridad sobre cada punto de la predicación de Jesús.
b)    Tener claridad sobre cada punto de la puerta del Reino.
c)    Demostrar sumisión a la enseñanza.
d)    Demostrar sujeción a la autoridad de Cristo y al Cuerpo de Cristo.
e)    Demostrar compromiso.
f)      Vencer los principales problemas del viejo hombre (impurezas, rebeldías, mentira, deshonestidad, etc.).


Cómo trabajar con el grupo 1


a)    Responsables: Una o dos personas del núcleo (puede ser una hermana, si hay un hermano que ejerza autoridad sobre el grupo).
b)    Objetivo: Animar a los discípulos a buscar revelación, supervisar la enseñanza de los discipuladores. Ayudarlos con orientaciones.

c) Funcionamiento práctico:

ü  Mantener una lista con los integrantes de la iglesia casera.
ü  Situar en que lección está cada uno y cual es su progreso.
ü  Llevar al grupo a orar buscando revelación.
ü  Evaluar a través de preguntas y diálogos.
ü  Catequizar juntos.
ü  Acompañar con anotaciones en los cuadernos.
ü  Ser creativo (buscar testimonios de revelación y crecimiento, hacer que respondan a preguntas de otros, enseñen unos a otros, etc.).
ü  Evaluar a los discipuladores.
ü  Orientar a los discipuladores, buscarlos y ayudarlos en lo que deben hacer con los discípulos: Si deben repetir alguna lección que está mal entendida, o proseguir más rápido, o estrechar la amistad, etc. Este procedimiento es importante e indispensable, porque el grupo no es para enseñar, sino para apoyar y orientar el trabajo del que forma discípulos.
ü  Prepararse con anticipación, no trabajar con improvisación.







CAPÍTULO 4

    Trabajando con el nivel 2: Inicio del servicio


    Deben pasar a este grupo todos aquellos que alcanzaron las metas propuestas para el grupo de fundamentos. Los discípulos pueden ser transferidos en bloque o aisladamente.


Metas para los discípulos del nivel 2


a)    Tener claridad sobre el Propósito Eterno
b)    Tener claridad sobre la estrategia de Dios (el servicio de los santos)
c)    Encontrar un compañero
d)    Comenzar a funcionar satisfactoriamente en el compañerismo (orar, revisar enseñanza, catequizar, evangelizar)


Cómo trabajar con el nivel 2


a)    Responsables: Una o dos personas del núcleo (puede ser una hermana, si hay un hermano que ejerza autoridad sobre el grupo).
b)    Objetivo: Animar a los discípulos a buscar revelación, supervisar la enseñanza de los discipuladores. Ayudarlos con orientaciones. Ayudar a formar compañerismo y supervisar el inicio de esta relación.

c) Funcionamiento práctico:

ü  Mantener una lista con los integrantes de la iglesia casera.
ü  Situar en que lección está cada uno y cual es su progreso.
ü  Llevar al grupo a orar buscando revelación.
ü  Evaluar a través de preguntas y diálogos.
ü  Catequizar juntos.
ü  Acompañar con anotaciones en los cuadernos.
ü  Ser creativo (buscar testimonios de revelación y crecimiento, hacer que respondan a preguntas de otros, enseñen unos a otros, etc.).
ü  Evaluar a los discipuladores.
ü  Orientar a los discipuladores, buscarlos y ayudarlos en lo que deben hacer con los discípulos: Si deben repetir alguna lección que está mal entendida, o proseguir más rápido, o estrechar la amistad, etc. Este procedimiento es importante e indispensable, porque el grupo no es para enseñar, sino para apoyar y orientar el trabajo del que forma discípulos.
ü  Prepararse con anticipación, no trabajar con improvisación.
ü  Ayudar a encontrar un compañero, orar, buscar posibilidades, sugerir.
ü  Acercarlos a otros que ya están funcionando para que vean como es la práctica.
ü  Cuando comienzan, supervisar los primeros encuentros, preguntar que se está haciendo, animar y sugerir.
ü  Después de un mes o un poco más, evaluar minuciosamente para ver si pueden pasar al siguiente nivel.





CAPÍTULO 5

 Trabajando con el nivel 3: Crecimiento en el 
                                            servicio


     Deben pasar a este grupo todos aquellos que alcanzaron las metas propuestas para el grupo de inicio del servicio. Los discípulos pueden ser transferidos en bloque o aisladamente.



Metas para los discípulos del nivel 3


En cuanto a compañerismo

a)    Tener una clara revelación de la importancia de su servicio.
b)    Funcionar efectivamente, lograr:
ü  Gran frecuencia de encuentros.
ü  Amistad, transparencia y confianza.
ü  Servicio mutuo, cuidado y protección.
ü  Honra, estímulo, ánimo.
ü  Sujeción mutua.
ü  Edificación, consejos, exhortación y amonestación.
ü  Oración constante.
ü  Predicación, evangelismo, visita a contactos.
ü  Cuidado conjunto de los discípulos.

En cuanto a fructificación

a)    Clara revelación de su vocación.
b)    Todos deben ser “maestros” y estar llenos del contenido de la predicación (persona y obra de Cristo, evangelio del Reino, puerta, etc.).
c)    Todos deben buscar capacidad y gracia para transmitir la palabra.
d)    Tener un ambiente de fe y ardor por la conversión de los hombres.
e)    Tener amor y compasión por las vidas.
f)      Predicar constantemente la palabra (diligencia y perseverancia).
g)    Interés, atención y cuidado con los “contactos calientes”.



Cómo trabajar con el grupo 3


a)    Responsables: Los líderes de la iglesia casera.
b)    Objetivo: Desarrollo del servicio de compañerismo y testimonio. Animar a los hermanos a fructificar. Crear opciones de entrenamiento en el evangelio y conquistar el barrio.
c)    Funcionamiento práctico :
ü  Evaluar a los discipuladores.
ü  Supervisión constante del compañerismo, por lo menos, una vez por mes (no superficial, sino a fondo). Preguntar, corregir, amonestar, sugerir, animar.
ü  Revisión constante: Preguntas, catequesis, llaves para predicar, testimonio personal, ganchos, equilibrio entre la proclamación de Cristo y la exigencia del Reino (arrepentimiento). No ser legalistas ni ser flojitos.
ü  Llevar a todos a desarrollar su testimonio personal.
ü  Conversar sobre las “llaves “ para evangelizar.
ü  Afirmar: Fundamentos, Propósito Eterno y su estrategia.
ü  Tener una lista de ganchos.
ü  Colocar metas semanales de ganchos.
ü  Lista de contactos (personales y de la iglesia casera).
ü  Orar por todos los contactos.
ü  Programar ayuno y oración por los contactos y por el barrio.
ü  Salidas regulares por el barrio (hablar con las personas en la calle y llamando a las casas).
ü  Enseñar a los que tienen “contactos calientes”, cuales son los primeros pasos a dar con un discípulo nuevo.







































CAPÍTULO 6

 Trabajando con el nivel 4: Discipuladores


       Deben participar de este grupo todos los hermanos que están discipulando a otros. Este es un grupo que requiere especial atención del líder. El entrenamiento y el acompañamiento de los discipuladores es de importancia fundamental para la salud de la iglesia en la casa. Esto es porque, según nuestra experiencia, las coyunturas de discipulado han sido el ministerio más importante para la fundamentación, integración y crecimiento de los discípulos.

   En estas coyunturas está la base de la transmisión de la enseñanza. Jesús depositó su mayor esfuerzo en esto: 12 discípulos. No es el remolque de la gran comisión. El líder no puede acompañar bien a todos los hermanos de la iglesia casera. Discipuladores capacitados, maduros y que funcionan bien, garantizan el crecimiento de la iglesia en la casa y alivian mucho la carga del líder.

  Cuando no están bien orientados, los discipuladores no saben que hacer con sus discípulos. Algunas veces el trabajo es inspiracional (lo que les viene a la mente en esa hora), en otras es por demás académico (con tareas y exigencias muy rígidas). Falta en algunos un sentido de responsabilidad en la edificación, que debe lograrse a través de una relación de amistad y amor.

   Por eso, los líderes deben instruirlos y enseñarles cómo desempeñar bien su servicio. Direccionar su trabajo para que no se desvíen de la visión. Animarlos, elogiarlos y honrarlos. Acompañarlos, verificar el desempeño de sus trabajos y garantizar el cumplimiento de sus responsabilidades.



Metas para el discípulo del nivel 4


a)    Tener claridad sobre este ministerio.
b)    Mantener la carga y la responsabilidad por los discípulos.
c)    Crecer en la gracia y la capacitación para este ministerio.
d)    Desarrollar una relación profunda con los discípulos.
e)    Llevar a los discípulos a tener fruto. Esta última meta es importantísima. Muchos fallan aquí. No transmiten carga para que los discípulos fructifiquen, no salen con ellos, no oran por este asunto. La obra se estanca. Un discípulo que no es llevado a fructificar da como resultado muchos pámpanos de la vid que se pierden.



Cómo trabajar con el grupo 4


a)    Responsables: Los líderes de la iglesia en la casa.
b)    Objetivo: Guiar y animar a los discipuladores. Supervisar su ministerio. Evaluar las metas propuestas.
c)    Funcionamiento práctico:
ü  El encuentro con los discipuladores debe ser más frecuente (quincenal o mensual) cuando los líderes detecten que el ministerio está flojo o un poco desorientado. Todavía podría espaciarse más (6 a 8 semanas) cuando todos estén bien orientados y se necesite sólo un trabajo de mantenimiento.
ü  En este último caso, debe haber pequeños encuentros (20 a 30 minutos) cada 15 días o semanal, durante el propio encuentro de la iglesia casera, para una rápida evaluación del cumplimiento de tareas.
ü  Orar y ayunar por los discípulos.
ü  Estudiar algún asunto específico.
ü  Estudiar el ministerio de los discipuladores.
ü  Rever textos básicos sobre el servicio del discipulador.
ü  Evaluar el desempeño de los discipuladores.
ü  Generar una comunicación entre los discipuladores y los responsables de los grupos 1 y 2 (fundamentos e inicio del servicio), para información, intercambiar consejos y metas.
ü  Evaluar el crecimiento de cada discípulo.
ü  Conversar sobre los discípulos que están en crisis y establecer pasos prácticos para ayudarlos.
ü  Planear, establecer metas, etc.
ü  Distribuir tareas y recoger los resultados.
ü  Evaluar el compañerismo de ellos.
ü  Salir juntos a hacer la obra.


































CAPÍTULO 7

            Trabajando con el nivel 5: El núcleo


     ¿Qué es el núcleo?  El núcleo de la iglesia en la casa es, como sugiere la palabra, el propio meollo de la iglesia en la casa. Los líderes no pueden ni deben trabajar solos. Por eso ellos seleccionan hermanos para que sean sus ayudantes más directos. A este grupo lo llamamos el núcleo.

         Deben ser llamados a este grupo los discipuladores más experimentados: los que se muestran responsables (en las tareas, los compromisos, la puntualidad), tienen mayor fruto (vidas transformadas, discípulos que crecen), que tienen carga por otras vidas, además de sus propios discípulos y que demuestran carga por el buen funcionamiento de la obra y la edificación de la iglesia.

         El líder debe imitar a Jesús (dentro de la limitación de su contexto). Así como Jesús llevaba sus principales discípulos consigo en toda la obra que hacía, el líder también debe traer a sus ayudantes a una relación más íntima con él, y llevarlos como compañeros en cualquier obra que haga.

         Cuando un grupo casero crece numéricamente, pero no se forma un núcleo de personas responsables que asuman junto con el líder la carga por la iglesia en la casa, la tendencia es que el trabajo se estanque. No habrá formación de nuevos líderes, y el líder permanecerá enredado por los problemas de tantos hermanos.
  EL ÉXITO DE LA IGLESIA EN LA CASA DEPENDE DEL NÚCLEO
                        Y NO SÓLO DE LOS LÍDERES.   


Objetivos para el discípulo del núcleo

a)    Desarrollar una carga creciente por toda la iglesia en la casa.
b)    Desarrollar el don de su sacerdocio, capacitándose para discernir y aconsejar en todo tipo de situación, ayudar a discipuladores, etc.
c)    Comprender toda la dinámica del funcionamiento de la iglesia en la casa.
d)    Cooperar en la supervisión del trabajo y en la dirección de las actividades de la iglesia en la casa.
e)    Desarrollar la capacidad de cuidar a todo el grupo, para aliviar la carga del líder y sustituirlo satisfactoriamente en caso de ausencia.


Cómo trabajar con el núcleo

a)    Responsables: Los líderes de la iglesia casera.
b)    Objetivo: El desarrollo del servicio de los hermanos más adelantados. Ampliación y multiplicación del ministerio. Dividir la “carga” del líder. Tener una  “multitud de consejeros” para la dirección de la iglesia en la casa. Formar los futuros líderes.
c)    Material de trabajo: Apunte “Iglesia en la casa: Principios y orientaciones”
d)    Funcionamiento práctico:
·       El núcleo debe tener un encuentro extenso (de 2 a 3 horas) cuando el líder está necesitando hacer una planificación del trabajo de la iglesia casera, o hacer una evaluación del camino recorrido dentro de su estrategia (por ejemplo, cada dos meses) o su grupo está un poco perdido y desorientado, etc.
·       Si el grupo está bien orientado, puede ser suficiente que los líderes se reúnan con el núcleo durante 20 ó 30 minutos, en el día del encuentro de la iglesia casera, para ver si hay alguna carga circunstancial, alguna dirección específica para el encuentro del día, alguna situación nueva, emergencia, etc.
·       Es  muy bueno también que los hermanos del núcleo puedan llegar una hora más temprano al encuentro de la iglesia casera, para,  además de tratar las cuestiones anteriores, poder tener unos 30 o 40 minutos de oración.
·       Lo importante es que los hermanos del núcleo estén unidos lo máximo posible a los líderes. Estos deben llevarlos cuando aconsejan y siempre dejar en claro los principios usados en estas situaciones. Llevarlos también para ver contactos juntos y animarlos a que participen de la conversación, etc.
·       IMPORTANTE: Los líderes deben orientar detalladamente a los discípulos del núcleo para la supervisión del trabajo con los discípulos nuevos (en afirmación) y los discípulos fieles que comienzan a servir.
·       Los líderes deben estar constantemente transmitiendo carga y visión, delegando responsabilidades y autoridad. La iglesia en la casa tiene muchas actividades y trabajos. Los líderes no pueden hacer todo solos. Es indispensable que ellos deleguen muchas cargas en el núcleo. Ya vimos que los líderes deben integrar al núcleo en la planificación del trabajo, en la responsabilidad de la ejecución, en la supervisión de los distintos niveles de discípulos, en discernir la carga circunstancial para un encuentro y la oración por todo el grupo. Además de eso, deben delegarle responsabilidad por:
a  Ministrar alguna palabra para todo el grupo.
a  Dar una revisión esporádica con los que forman discípulos.
a  Aconsejar discípulos con dificultades.
a  Organizar actividades especiales como retiros, encuentros de matrimonios, encuentros de adolescentes, paseos, asados, etc.
a  Cuidar de los necesitados.
a  Cuidar de la administración, finanzas, etc.

Los líderes deben honrar y dar importancia al trabajo del núcleo delante de los hermanos


















CAPÍTULO 8

 Trabajando con el nivel 6: Los que apuntan
                                            para líder

    Los hermanos que están en este nivel de desarrollo del servicio no forman propiamente un grupo de trabajo aparte. Son hermanos que forman parte del núcleo, que reciben esta calificación porque están desempeñando su servicio muy bien. Su dedicación y su experiencia indican que en el corto o mediano plazo ellos se convertirán en líderes.

   ¿Cuáles son sus metas y cuál su entrenamiento? Las mismas del núcleo. Quien participa activamente de las responsabilidades del núcleo, va adquiriendo la experiencia necesaria para liderar un grupo casero.

   Mientras tanto, a pesar de que estos hermanos no constituyen un grupo específico, es necesario que los líderes identifiquen y califiquen a estos hermanos y se dediquen a ellos en una medida mayor que a los demás hermanos del núcleo.

    También será parte del entrenamiento de estos hermanos llevarlos a estudiar detalladamente este apunte. Y en algunas ocasiones dejarles la responsabilidad de toda la reunión de la iglesia casera, del núcleo y los discipuladores. Es muy importante desarrollarlos al máximo.





























CAPÍTULO 9

                    Trabajando en las calles

   
  El estar en las calles no debe ser visto sólo como una estrategia de evangelismo (aunque este sea el enfoque central). Los líderes, juntamente con los hermanos del nivel 3, de crecimiento en el servicio, deben entender bien este principio de la iglesia en las calles, porque surge de un principio aún mayor: Jesús como nuestro punto de referencia, y también la práctica apostólica.


La estrategia de Jesús para hacer y entrenar discípulos

 Jesús pasó la mayor parte de su ministerio en las calles. Raramente vemos a Jesús dentro de cuatro paredes. Él estaba constantemente en las calles. Con esto, Él hacía siempre, por lo menos, dos cosas a la vez:

1- Cuando Él quería ministrar al pueblo y evangelizar a las personas, salía a las calles con sus discípulos. Ellos aprendían viendo. La escuela de Jesús para entrenar a sus discípulos no era una clase con pizarrón negro, ni una reunión, sino era el trabajo propio con el pueblo en las calles. Entonces, cuando  estaba predicando a las personas, estaba al mismo tiempo entrenando a sus discípulos.

   El Padre y el Espíritu Santo no funcionan en lugares teóricos. Ellos operan donde está la necesidad. Ellos acompañaban a Jesús en toda la obra. Por eso, las conversaciones eran todas reales, respondiendo a preguntas reales. Los discípulos captaban el mensaje de Jesús, captaban los problemas de las personas, las respuestas de Jesús, su carácter, su disposición de amor. Captaban su gracia, su compasión por los perdidos, su oración, su sujeción al Padre. Captaban toda su vida. El aula de Jesús era ir delante de ellos y mostrarse a sí mismo.


2-  Lo inverso también es verdadero, siendo la iglesia en la calle. Cuando Jesús quería enseñar a sus discípulos (como en el sermón del monte), Él lo hacía en las calles, y todos los incrédulos los podían ver. Entonces, mientras Él les enseñaba a los discípulos, las multitudes podían ser impactadas por su doctrina (ver Mateo 5:1-2 y 7:28).



La práctica de la iglesia de Jerusalén

   Cuando leemos textos como Hechos 2:46 y 5:42, podemos pensar que ellos se reunían en un templo (un lugar de reunión como es tan común hoy), y en las casas. Mas la verdad es otra. Ellos se reunían en las casas y en un lugar público. Podemos afirmar esto con certeza porque sabemos que ellos no podían reunirse dentro del templo. No se reunían en el atrio, donde quedaban los hombres israelitas, sino en el atrio exterior, en el pórtico de Salomón (Hechos 3:11; 5:12).

    Los responsables por el culto, cuidado y administración del templo eran los mismos que pedían la muerte de Jesús y sobornaron a los guardias que afirmarían su resurrección, o sea, los sacerdotes, escribas y ancianos. Estos nunca hubieran permitido que la iglesia, que anunciaba a Cristo resucitado, se reuniese en el atrio de “su” templo (Mateo 27:20,62-66; 28:11-15; Hechos 5:17-42; 21:27-29).

    El Pórtico de Salomón era un lugar público, donde los escribas mantenían sus escuelas y sus debates. Es donde los comerciantes y cambistas instalaban sus mesas.

    ¿Qué hacían los hermanos en un lugar así...? Estaban imitando a Jesús. Se estaban relacionando y edificando a los discípulos en un lugar público.


Imitando a Jesús y a los apóstoles

     La Iglesia de hoy peca por no ver a Jesús como un modelo para la obra. Tenemos que soplar el polvo de 2000 años de costumbres y tradiciones. Jesús no vivió en un tiempo remoto. Dios no cambió. El Espíritu Santo no cambió. Jesús es el mismo. Y el mensaje es el mismo. ¿Qué cambió...? La tecnología cambió. Tenemos sillas, aviones, micrófonos, etc. Pero el hombre no cambió. Es el mismo, con los mismos pecados, las mismas necesidades y los mismos problemas.

     Nos engañamos cuando pensamos que Jesús se entusiasma con los recursos que tenemos. La Iglesia, en aquellos tiempos, fue mucho más sin estos recursos. Debemos volver a Jesús. “Mis caminos no son vuestros caminos, dice el Señor” . Sus pensamientos... su forma de actuar...sus métodos... son más altos que nuestros pensamientos. Debemos despreciar nuestra inteligencia y ser niños. Debemos imitar a Jesús.

    Imagine un discípulo que sólo se encuentra con sus discípulos dentro de la casa. Siempre ve a sus contactos solo.  Los discípulos sólo ven a su maestro sentado. ¿Qué van a aprender? Cuando estamos en las casas, lo máximo que puede ocurrir es lo programado. Cuando estamos en las calles, lo mínimo que puede pasar es lo que está programado. Los discípulos tienen que vernos haciendo discípulos, respondiendo preguntas, amando, yendo detrás (Col. 4:5)

APROVECHEMOS BIEN CADA OPORTUNIDAD



¿Cómo salir?

a)    Debemos salir como Jesús.  Él no llevaba nada. Entonces, no debemos llevar papeles, folletos, música, etc.
b)    Debemos preparar a los discípulos. El lugar, generalmente, es incómodo y hay barullo. Debemos esforzarnos en estar concentrados. Siempre explicar a los discípulos por qué estamos allí. Porque Jesús nos mandó y porque tenemos que vencer el miedo, vencer la vergüenza y aprender a predicar.
c)    Debemos ir en oración. Orar por intrepidez, por compasión (aprender a mirar a las personas). Tener confianza en la presencia del Señor. Ir sin pretensiones, Nos alegramos porque estamos yendo por obediencia.
d)    ¿Cómo hablar con esas personas? Edificar es construir lo que falta. Por eso yo tengo que descubrir cuánto de las “paredes” ya fueron colocadas. Jesús habló con personas de mentalidad judaica. Nosotros tenemos que descubrir cómo es un argentino. ¿Qué tienen ellos en la cabeza? ¿Cuánto le hablaron de Dios? ¿Qué confusiones tienen ellos? ¿Qué preguntas hacen? ¿Qué preguntas puedo hacerle a un argentino para descubrir su situación espiritual? ¿Qué preguntas tienen que nunca les fueron respondidas?
e)    Cuando estamos con el pueblo, entramos en un curso acelerado de Dios para comprender cómo son las personas, y cómo se debe hablar con ellas. Cuando comenzamos a salir procurando respuestas a las preguntas anteriores, descubrimos algunas cuestiones comunes. Esto nos da algunas “llaves” para el evangelismo que todos los discípulos del nivel tres deben aprender.



Actitudes al salir

a)    En obediencia (Jesús nos mandó).
b)    Con fe (Jesús está con nosotros).
c)    Sin pretensiones (con ternura, sin discutir).
d)    Con intrepidez (gracia y dependencia).
e)    Con compasión (la misma que había en Cristo, aprender a mirar a las personas).



De qué forma salir

    De acuerdo con la estrategia de Jesús para hacer y entrenar discípulos tenemos:

1- Para ministrar al pueblo y evangelizar
a)    Con un/a compañero/a por las calles
b)    Con uno o dos discípulos
c)    Con un grupo de discípulos, en alguna esquina o una plaza, enseñando alguna cosa (catequesis, fundamentos, llaves de evangelismo, algún tramo de la Biblia, etc.) Cuando se junta un grupo de personas para ver qué está ocurriendo, se puede comenzar a hablar con ellos.
d)    Lo mismo que lo anterior, con el núcleo y el grupo de crecimiento en el servicio. También con toda la iglesia casera.

2- Ser iglesia en la calle
a)    Salir con un grupo de discípulos o con toda la iglesia casera, sin una pretensión evangelística. Solo para hacer en la calle todo lo que se haría en la reunión del grupo casero (enseñanza, grupitos, testimonios, cánticos)
b)    No hacer de esto más que un programa de la iglesia, sino creando el hábito de estar en las calles.



Dónde se puede ir

a)    Plazas, parques.
b)    Barrios populares donde hay mucha gente paseando por la noche.
c)    Bares y pizzerías.
d)    Estaciones (ferroviarias, de ómnibus).
e)    Conjuntos residenciales.



CAPÍTULO 10

             Buscando un ambiente de familia

La importancia

    El “espíritu” de familia es una de las marcas más típicas de una verdadera iglesia casera. Es uno de los aspectos que se presenta en forma muy pobre en las reuniones grandes, y se desarrolla en forma plena en este grupo.

   Cuando cultivamos esta característica preciosa, podemos observar una fuerte unión entre los hermanos, con ingredientes como  naturalidad, intimidad, apertura, confianza, libertad y cuidado por los otros. Estos ingredientes forman un ambiente que produce frutos que cooperan decisivamente para el correcto funcionamiento y edificación de los hermanos:

a)    Los nuevos son recibidos con calor y cariño
b)    Consiguen integrarse rápidamente, participando con libertad de las actividades
c)    Los hermanos se sienten seguros para abrirse y confesar sus pecados
d)    Profundiza el nivel de apertura y trato de las vidas
e)    Crece la edificación mutua y el servicio entre los hermanos


Cómo alcanzarlo

    Lo que sigue son algunas sugerencias de actividades que ayudan a promover este ambiente. Mientras tanto, es necesario que todos los hermanos estén comprometidos y dispuestos a crecer en esto.

a)    Programar encuentros informales de la iglesia casera, donde se promuevan conversaciones y oportunidades de cada uno para hablar de sí mismo (historia, familia, aspiraciones, dificultades, etc.).
b)    Buscar que todos se desarrollen con los nuevos convertidos, procurando el cuidado de ellos (no sólo de los discipuladores).
c)    Tener encuentros para comer juntos (esto ayuda mucho al crecimiento de la libertad de uno para con otros).
d)    Aprovechar los feriados para programas de día entero (parques, playas, clubes, etc.). Programar con anticipación.
e)    Programar retiros (producen gran avance en las relaciones).
f)      Tener días enteros juntos para: ayuno, oración y edificación (también ayuda mucho a la comunión).
g)    Visitarse unos a otros. Conocer las familias (no se limita a los discípulos yendo a las casas de los discipuladores y de los compañeros).
h)    Incentivar a los casados a abrir sus casas para cenar.
i)      Promover caminatas para ejercicio, oración catequesis o edificación.
j)      Practicar deportes y juegos juntos.
k)    Programar eventos especiales los maridos para las esposas, los muchachos para las chicas (comidas, tomar helados, etc.) o viceversa.
l)      Telefonear regularmente unos a otros para animar, consolar o estimular.
m)  Recordar los aniversarios y promover pequeñas conmemoraciones en los encuentros.

CAPÍTULO 11

             Preparación y conducción de los
           encuentros de la iglesia en la casa

     Este punto requiere una atención muy especial, para entender la dirección que Dios nos está dando. También es necesario un pequeño análisis histórico de la Iglesia en Salvador.

    Hasta el año 1989, el énfasis en los encuentros de la iglesia casera estaba en buscar la dirección de Dios para la reunión. Esto se acentuaba más por la práctica de reunir al núcleo una hora antes y preguntar a cada uno cuál era la carga que tenía para aquel día, y después orar juntos para recibir la dirección de Dios.

    El punto positivo de esta práctica estaba en que los encuentros eran llenos de participación y espontaneidad. Era difícil que la obra cayera en la monotonía o se volviera mecánica.

    Mientras tanto, había una desventaja: Con frecuencia, los líderes quedaban un poco “perdidos”. No sabían cómo usar el encuentro de la iglesia casera para desarrollar el servicio de los demás. Y muchas veces el grupo caía en una “reunionitis” sin producción de fruto adecuado.

    En el año 1989 comenzamos a distinguir niveles de una manera más efectiva, dividiendo al grupo en grupitos menores para trabajar por separado. Hubo una instrucción más detallada de qué hacer con cada nivel, lo que generó una dirección previa en cuanto a las reuniones de la iglesia en la casa.

   A partir de ahí, todos los grupos comenzaron a trabajar de una manera más efectiva para el desarrollo del servicio de los hermanos. La “reunionitis” fue casi totalmente eliminada. Y los líderes rara vez quedaron “perdidos” en cuanto a cómo conducir el grupo.

   Las desventajas no se evidenciaron enseguida. Comenzaron a surgir dos o tres años después. Muchos líderes se limitaron a dividir el grupo en niveles para hacer sus trabajos y las reuniones se volvieron mecánicas, monótonas y sin espontaneidad. Se excluyó la posibilidad de una reunión de otro tipo. Los grupos pasaron a tener reuniones exclusivamente con un objetivo: trabajar en grupitos por niveles. Con esto se perdieron muchas cosas importantes: Los líderes dejaron de desarrollar la sensibilidad para entender la necesidad del momento. Casi desaparecieron los encuentros para comunión, oración, adoración y para trazar una enseñanza debido a una necesidad circunstancial. Y se perdió mucho del ambiente de familia.

    Para seguir adelante, tuvimos que buscar un camino muy claro y simple: buscar las ventajas que teníamos en cada una de las etapas analizadas, y eliminar las desventajas demostradas. Para esto, nos basta con asociar las dos prácticas en una sola.

    Debemos dedicar parte del tiempo de nuestro trabajo para dividir al grupo por niveles y supervisar el servicio de los santos. Pero debemos mantener también, la práctica de encuentros más inspiracionales, donde vamos a buscar la dirección de Dios para el momento, estimular la participación de todos, la manifestación de dones, la oración, testimonios, enseñanzas circunstanciales, adoración, etc. Además de eso debemos practicar dentro de las reuniones lo que vimos acerca de la catequesis, donde todos participan repitiendo todo acerca de la didaqué y el kerigma.

    Recordemos también el promover actividades que ayuden para la formación de un ambiente de familia, como fue explicado en el capítulo anterior.















































CAPÍTULO 12

            La dinámica de la iglesia en la casa
                  y la planificación del trabajo

¿Qué es la planificación del trabajo?

   Cuando hablamos de la planificación del trabajo, no queremos transmitir a los líderes una idea de que deben inventar una dinámica propia para el grupo. La dinámica de la iglesia casera es la práctica de todos los principios que vimos en esta tercera parte del estudio (distinguir niveles, como trabajar por niveles, estar en las calles, buscar dirección para los encuentros, etc.). Por lo tanto, no hay nada para “inventar”. Tenemos sí, que poner en práctica aquello que Dios  ya nos mostró a través de los años.

    Mientras tanto, en esta implementación de la visión, aunque no debamos inventar, será necesario cierto espíritu “creativo”, una flexibilidad, una capacidad de discernir la circunstancia propia de la iglesia casera, a fin de descubrir cuál es la mejor manera de implementar todo esto en el grupo en cuestión. Este es un trabajo simple, pero va a requerir oración (para depender de Dios), discernimiento (para comprender las condiciones de la iglesia en la casa), flexibilidad (para ajustarlo conforme a las necesidades y posibilidades), y sobre todo mucha perseverancia (para conducir al grupo a alcanzar los objetivos propuestos con firmeza).

    ¿Qué constituye, entonces, esta planificación del trabajo? Son las definiciones tomadas por los líderes, de cómo van a usar el tiempo semanal, mensual y también anual, con respecto al desarrollo de varias actividades que componen el trabajo de la iglesia en la casa. Para esto, los líderes necesitan conocer bien las condiciones de los hermanos que pertenecen al grupo. Cuáles son los horarios de mejor disponibilidad de tiempo. De que manera se pueden distribuir las varias actividades de la iglesia casera durante el calendario semanal y mensual, para trabajar mejor con cada nivel. Cuales son los hermanos que tienen grandes dificultades de tiempo y necesitan una liberación de algunas actividades. Cuáles son los que tienen mayor disponibilidad y pueden ser más involucrados. Nuestro objetivo es aproximarnos al modelo que vemos en Hechos 2:46 y 5:42, donde vemos las expresiones “cada día” y “todos los días”.

    Para desarrollar el trabajo de la iglesia casera, será necesario programar varias actividades diferentes (con todo el grupo, sólo con el núcleo, sólo con los discipuladores, sólo con los del nivel 3, casados, solteros, etc.). Para esto, los líderes deben contar con la ayuda de los presbíteros que supervisan la zona. Más adelante hay algunas sugerencias.
Cuando usamos la expresión “encuentro de la iglesia en la casa”, nos estamos refiriendo a la reunión de toda la iglesia casera.



Sugerencias para la planificación del trabajo

a)    Hacer la planificación junto con el núcleo.
b)    Tener dos o tres noches de la semana para actividades del grupo (encuentro de la iglesia casera, encuentro de discipuladores, o del núcleo, o para evangelismo, o de oración, etc.)
c)    Tener dos o tres noches de la semana dedicadas a las relaciones de coyuntura.
d)    Tener intercalaciones quincenales o mensuales. Ejemplos:
q  Intercalación quincenal: Un grupo que se reúne un día de la semana y usa otra noche para intercalar. Una semana evangeliza, en la otra ora, otra evangeliza, otra ora...
q  Intercalación mensual: Un grupo que se reúne un día de la semana y usa otra noche para intercalar. Una semana el núcleo, en la otra discipuladores, en la tercera solamente los nuevos, en la cuarta oración, o evangelismo, etc.
q  Dos intercalaciones: Un grupo que se reúne un día sobre el fin de semana y usa otras dos noches para intercalar, una quincenal y la otra en forma mensual.
e)    Cuando un grupo se llena de contactos para visitar y de nuevos para cuidar, se puede cancelar, por algún tiempo, algunas de estas actividades para poder cuidar de todo este trabajo que surgió (cuidando siempre de no dejar de tener encuentros de núcleo y de discipuladores).
f)      En el encuentro de la iglesia casera, usar la mitad del tiempo con todo el grupo junto, para desarrollar alguna actividad, como está sugerido en el último párrafo del capítulo 11 (preparación y conducción de los encuentros), y usar la otra mitad del tiempo para dividir en grupos para supervisar los niveles 1, 2 y 3.
g)    Si el grupo tiene su encuentro en una noche de la semana, y el tiempo disponible es menor, será difícil practicar lo sugerido anteriormente, pero puede hacerlo en una semana todos juntos y en la siguiente, dividir por grupos, y así sucesivamente.
h)    Programar encuentros especiales como retiros, vigilias, paseos, asados, pasar el día juntos, ayunos, etc.
i)      Siempre procurar de hacer la mayor cantidad de actividades posibles en las calles (para hacer dos cosas al mismo tiempo).
j)      El líder no necesita estar en todas las actividades.



El uso del tiempo de los líderes

    Es muy común ver a los líderes sobrecargados. Muchas veces será difícil hacer una planificación del trabajo con las actividades sugeridas. Cuando el líder está así, sin tiempo para la familia y para el descanso, esta planificación debe ser hecha junto con alguno de los pastores que supervisa su zona, para que este problema sea solucionado.



















 




































































A CONTINUACIÓN (To be continued)

Ahora estamos viviendo 500 años después de la reforma con Martín Lutero. Estamos agradecidos por lo que él hizo, pero no vemos la Iglesia...